WASHINGTON.— Como si no fuera suficiente el complicado escenario que envuelve a la contienda por la nominación del Partido Demócrata, ayer estalló un escándalo sexual que involucra al gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, un miembro destacado de esa institución, con una red de prostitución que en cuatro años ganó de manera ilegal un millón de dólares.
El asunto sumergió a Nueva York y a Estados Unidos en general en una atmósfera de incredulidad y estupefacción, porque no se trata de cualquier político: Spitzer, un abogado de 48 años, casado y padre de tres hijas, fue fiscal general del estado de Nueva York durante ocho años, donde construyó una carrera política basada en la integridad y una lucha sin cuartel contra la corrupción en Wall Street, el crimen organizado y las redes de prostitución y trata de personas.
Spitzer apareció ayer ante un centenar de reporteros congregados en sus oficinas de la ciudad de Nueva York. “Actué de una forma que viola mis obligaciones con mi familia”, declaró, acompañado por su esposa. Ofreció disculpas y se dijo decepcionado por no haber estado a la altura de lo que esperaba de sí mismo, pero no se refirió a la investigación que lo vincula con la banda de prostitución.
“Ahora dedicaré algún tiempo a recuperar la confianza de mi familia”, dijo Spitzer, con los ojos anegados y un rostro que denotaba abatimiento. No está claro si enfrentará cargos federales ni tampoco si renunciará a la gubernatura, como se especuló a lo largo del día.
El asunto fue destapado por The New York Times, que ayer dio a conocer que Spitzer estaba involucrado con una banda de prostitución que fue desarticulada por autoridades federales la semana anterior.
El gobernador habría sido grabado en conversación con una de las mujeres que trabajaba para Emperors Club VIP, un negocio que operaba por medio de una página web que ofrecía los servicios de prostitutas que eran calificadas con una escala que oscilaba entre uno y siete diamantes. El servicio de una mujer con tres diamantes podía ascender a tres mil dólares y los clientes con membresía especial podían acceder a prostitutas que recibían hasta 5 mil 500 dólares por una hora de compañía.
Las autoridades fiscales no suelen montar cargos contra clientes que contratan servicios de prostitución, pero las leyes y las circunstancias podrían hundir a Spitzer. De acuerdo con una ley que data de 1910, quienes trasladen a una persona de un estado a otro para contratar servicios de prostitución pueden ser sujetos a cargos federales.
Spitzer habría hecho una llamada a una de las mujeres que trabajaba para la banda de prostitución para acordar una cita y la mujer se habría trasladado de Nueva York a Washington DC para encontrarse con él la noche del 13 de febrero.
“El cliente número nueve”
De acuerdo con The New York Times, la investigación federal en curso detalla que el hombre identificado como “el cliente número nueve” acordó reunirse con la prostituta en un hotel. Colaboradores de Spitzer confirmaron que el 13 de febrero el gobernador viajó a la capital de Estados Unidos y se hospedó en la habitación 871 del hotel Mayflower. Los registros del hotel reportan que en esa habitación se registró una persona con otro nombre.
En un país habituado a los escándalos sexuales ayer nadie tenía claro qué sucederá con Spitzer.
El gobernador decidió apoyar de manera formal la candidatura de Hillary Clinton a la Presidencia de Estados Unidos y es uno de los “superdelegados” que deberán decidir cuál de los dos candidatos es el nominado, en caso de que ninguno de ellos logre alcanzar la cifra vital de 2 mil 25 delegados que establecen las reglas del Partido Demócrata para obtener la nominación.