Raúl Castro Ruz hereda un país con graves dificultades económicas y un contexto internacional adverso que lo obligarán a impulsar reformas estructurales de su sistema económico, principalmente abriendo los sectores agrícola, comercial y de servicios a empresarios y cooperativistas; en el ámbito social, entregando las tierras ociosas, flexibilizando las salidas de cubanos al exterior y eliminando los excesos de prohibiciones que existen en todo el país.
Cuba inició ayer una nueva etapa de su vida política, con un gobierno compartido que será encabezado por un militar de alto rango y combatiente de la Sierra Maestra y dos civiles que no participaron en ninguna de las acciones del Ejército Rebelde, pero que se han convertido desde 1990 en los hombres más importantes de los cambios internos, después de la caída del bloque socialista de Europa del Este.
El hermano más pequeño de la familia Castro Ruz está considerado como el hombre que encabezará “una transición pacífica, lenta, moderada y controlada” en Cuba a las nuevas generaciones con las que compartirá el poder. Será el dirigente que realice las reformas necesarias para lograr una economía que genere más divisas y abra a las empresas extranjeras sectores estratégicos como el petróleo, el azúcar o la minería, particularmente el níquel.
Raúl Castro ha tenido un papel protagónico desde la profunda crisis que vivió la isla, conocida como “periodo especial”, tras el derrumbe de la Unión Soviética. Vale recordar que como ministro de Defensa creó, junto con generales y soldados, granjas, empresas y apoyó la creación de cooperativas para dar alternativas en ramos como el turismo, tabaco, caña, producción de alimentos y la minería.
En los 19 meses de gobierno interino, el hermano menor de Fidel ha criticado la “ineficiencia gubernamental” y los “excesos de prohibiciones” para el pueblo cubano; desde que asumió el interinato, aunque antes lo había hecho en un par de veces, provocó el debate sobre el futuro económico de Cuba; transformó su figura al cambiar en los actos públicos el traje de militar por el saco y corbata, y ha buscado tener un perfil diferente al referirse en varias ocasiones a la necesidad de hacer reformas estructurales.
La designación de José Ramón Machado Ventura como primer vicepresidente sorprendió a los analistas políticos extranjeros, que apostaban por Carlos Lage, un médico de 56 años que en la década de 1990 dirigió las reformas económicas que abrieron la isla a la inversión extranjera y formas limitadas de iniciativa privada.
Sin embargo, Lage podría ser nombrado próximamente por los parlamentarios como el encargado del Consejo de Ministros —un cargo semejante al de primer ministro en otros sistemas políticos—, al decidir la Asamblea Nacional del Poder Popular buscar un gobierno compartido por generaciones.
El segundo civil con mayor poder en el nuevo gobierno será sin duda Ricardo Alarcón de Quesada, quien fue ratificado como presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba.
En el reacomodo de las generaciones históricas y de las emergentes, se mantendrán dentro del gobierno tres de los dirigentes históricos: Juan Almeida, Ramiro Valdés Menéndez y Guillermo García Frías.