DEKALB, Illinois (Agencias).— El tiroteo registrado el jueves en la Universidad del Norte de Illinois, al oeste de Chicago causó ayer una oleada de indignación, mientras se revelaban nuevos datos del incidente en el que perdieron la vida cinco estudiantes, entre ellos Catalina García, una joven de 20 años de ascendencia mexicana.Mientras funcionarios de la universidad identificaban al agresor, que luego se suicidó, como Steven P. Kazmierczak, que en el pasado estudió en dicha institución, y aseguraban que nada en el historial del joven pudo pronosticar lo ocurrido el jueves, los padres de Catalina, originarios de Guadalajara y residentes en Cicero, ciudad vecina a Chicago, se mostraban devastados por haber perdido a la menor de sus hijas, a la que describieron como el “orgullo de la familia”.
“La adorábamos porque quería ser alguien en la vida, y es por eso que iba a la universidad”, dijo Jacinto García, padre de la muchacha, en una entrevista. Catalina, que cumplió 20 años el 15 de enero, quería ser maestra porque amaba trabajar con niños, declaró, a su vez, su hermana mayor, Mayra García.
Jacinto García dijo que no se enteró del tiroteo sino hasta que llegó a su casa, por la tarde, y encontró a Mayra y a su esposa llorando. Catalina no respondía su teléfono celular y la familia estaba preocupada, aunque su padre dijo que inicialmente pensó que podía estar entre los 21 estudiantes heridos.
“Esa no es forma de morir. Es muy cruel”, lamentó el padre.
Michael Parrie, profesor de química en el primer año de García en la universidad donde ocurrió el tiroteo, describió a Catalina como una alumna que “siempre andaba con una sonrisa, con una actitud y una perspectiva positivas de la vida que eran contagiosas”.
La policía asegura que aún se desconocen las razones por las que Kazmierczak cometió la masacre. No hubo nota de despedida. El joven, de 27 años, había dejado de tomar medicamentos antidepresivos y en las últimas semanas tuvo un comportamiento errático.
Sin embargo, los profesores que trabajaron con él durante el tiempo en que estudió Sociología en la Universidad del Norte de Illinois lo describen como una persona respetuosa y agradable. Donald Grady, director del departamento de seguridad pública en la institución, aseguró que Kazmierczak era “respetado tanto por el personal de la facultad como por los estudiantes”. Tampoco tenía historial de ser un tipo conflictivo o de carácter violento. “No hubo señales de alarma”, insistió Grady.
Kazmierczak se graduó en 2006 y después se fue a estudiar a la Universidad de Illinois, en Urbana-Champaign. Desde entonces se perdió entre los miles de estudiantes, hasta el jueves.
En cuanto a las armas que ocupó, cuatro en total, se sabe que Kazmierczak compró dos de ellas —una escopeta que ingresó escondida en el estuche de una guitarra y una pistola Glock 9 mm— el 9 de febrero a un vendedor en Champaign, y las registró legalmente. Las autoridades investigan dónde y cómo consiguió las otras dos pistolas, una 9mm y una calibre 38, que ocultó bajo un abrigo.
John G. Peters, presidente de la universidad donde ocurrió el tiroteo, y que permaneció cerrada ayer, dijo que “hicimos todo lo que pudimos para garantizar la seguridad” de los alumnos.
Dos oficiales de policía llegaron a la zona menos de un minuto después de iniciado el tiroteo, y otros llegaron unos minutos después, pero el atacante se suicidó antes de que las autoridades entraran al edificio, dejando tras él una estela de sangre y 21 víctimas, de las cuales cinco murieron.
Reacción en la campaña
El tiroteo intensificó el debate sobre lo fácil que es adquirir armas en un Estados Unidos, que en las últimas semanas se ha visto asolado por una serie de matanzas en distintas partes del país. Ayer mismo, el aspirante presidencial demócrata Barack Obama dijo que EU debe “hacer lo que sea necesario” para erradicar la violencia con armas, aunque aclaró que cree firmemente en el derecho de las personas a poseerlas.