WASHINGTON.— John McCain ha pasado media vida curándose las heridas (provocadas por la guerra, un cancer de piel que se repite de tanto en tanto y algunos fracasos politicos) y la otra mitad aprendiendo lecciones. Hoy, en una de las contiendas republicanas más cerradas de la historia, su principal desafío es imponerse a sí mismo: poner freno a su estilo de decir las cosas directamente, utilizar las estrategias correctas sin salirse del guión y avanzar en el convencimiento de una sector importante de republicanos que no sólo no lo quiere, sino que incluso lo odia.
Hace siete años, McCain se peleó con varios sectores del partido y perdió la candidatura ante George W. Bush. Ahora su estrategia nodal apunta a hacer una campaña sin caer en provocaciones, pero respondiendo con efectividad y por otras vías a la guerra sucia y de denuncias que ha comenzado a llover dentro de la contienda republicana. McCain, un militar disciplinado con fama de no estarse quieto un segundo, ha recibido una instrucción ineludible por parte de sus asesores: No subirse al ring para contestar todo lo que le han lanzado y lo que surgirá en las próximas semanas y dejar que otros lo hagan por él.
Una instrucción difícil de acatar para un ex veterano de Vietnam, McCain desestimó el mismo consejo en la pasada contienda republicana y, tras apabullar a Bush en New Hampshire, se convirtió en un fajador que conectaba jabs a la menor provocación. Se negó a lanzar promocionales para responder los ataques de sus rivales, bajo el argumento de que pensaba en una forma de hacer política distinta, así que optó por responder él mismo a todo de lo que se le acusaba.
En aquel entonces se peleó con sectores conservadores del Partido Republicano, Bush lo exhibió como un candidato que promovía una campaña de ira y poco a poco McCain dilapidó lo que había ganado y comenzó a desplomarse. El golpe mortal fue la guerra sucia lanzada por seguidores de Bush que lo acusaron de ser padre ilegítimo de una niña. El senador por Arizona respondió con furia y el momento político por el que atravesaba se evaporó. Ganó votantes independientes, pero perdió a la base del partido y fue derrotado por Bush.
A los 71 años McCain parece vivir bajo la premisa de que en tiempos difíciles hay que ir sin prisa. Espera convertirse en el estadounidense más longevo en ser electo Presidente para un primer término y ahora camina con el cuidado de quien pisa territorio minado. Sobre todo ante las bombas que comenzaron a lanzarle desde distintas trincheras esta semana.
Primero un grupo de ex veteranos de guerra publicó un folleto acusándolo de traicionar a un prisionero de guerra para ser liberado en Vietnam. Luego un grupo conservador ligado a Mike Huckabee desató una tormenta de llamadas telefónicas que pudo haber alcanzado a un millón de casas en Carolina del Sur, la estación de las próximas primarias, para acusarlo de votar a favor del uso de bebés no natos para realizar investigaciones científicas.
Esta vez McCain escuchó a sus asesores y actuó con inteligencia: fundó un “Escuadrón de la Verdad” para responder a todas las acusaciones, las que considera falsas y otras medias verdades. El Procurador de Justicia de ese Estado, un aliado de McCain, declaró que el Senador por Arizona ha sido un férreo defensor de los derechos de los nonatos y un veterano de guerra que estuvo cautivo con él en Vietnam dijo que McCain rechazó ser liberado y que es una infamia la historia de que había traicionado a un soldado.
Esta vez McCain ha resistido la tentación de asistir a la línea de fuego y se ha concentrado en los temas que cree que pueden ganarle votos: la economía, el empleo y la necesidad de fortalecer la seguridad en la frontera, un asunto en el que ha variado su posición de principio. A diferencia del Partido Demócrata, donde la discusión se centra en el futuro del país, los republicanos necesitan con urgencia pasar de los ataques de campaña a los temas importantes.
Lo que sucederá hoy en las primarias de Carolina del Sur será clave para las internas republicanas. McCain, Huckabee y Mit Romney saben que es fundamental ganar aquí para despegarse.
Pero la campaña de acusaciones puede generar un efecto contrario: Que uno de ellos triunfe hoy, pero en el próximo proceso gane otro. Luego vendrá Florida, donde Rudolph Guiliani espera que llegue su momento, lo que supondría un carrusel de victorias momentáneas.