WASHINGTON .— Primero fue su aparición ante los comensales de “Mi Lindo Michoacán”, un pedacito de México en el corazón de Las Vegas, donde la concurrencia le festejó a Hillary Clinton aquella frase de “¡ninguna mujer; ningún hombre son ilegales!”.Un día después, la aspirante demócrata a la Casa Blanca irrumpía, del brazo del alcalde Antonio Villaraigosa, en un conocido restaurante del este de Los Ángeles para saborear un par de tacos de carne asada, mientras prometía resolver la crisis hipotecaria que afecta a miles de familias latinas. El recorrido terminó en la casa de Norma Hernández, una voluntaria de su campaña en San Diego, donde arengó al vecindario con la promesa de una reforma migratoria amplia y justa.
La batalla de Hillary por la mente y el corazón de los latinos se ha desarrollado en un ambiente de urgencia. A pesar de mantenerse a la cabeza de las encuestas a nivel nacional, el empuje de su contrincante, el senador por Illinois, Barack Obama, le han obligado a apretar el paso en Nevada y California, dos estados claves en la lucha por la nominación del partido.
A unos días del caucus del 19 de enero en Nevada —donde disputará a John Edwards y Barack Obama una bolsa de 33 delegados—, Hillary Clinton se dejó ver en los barrios latinos de Las Vegas, donde un ejército de trabajadores que laboran en hoteles, casinos y restaurantes le vieron llegar al frente de una nutrida comitiva que incluía al asambleísta de origen mexicano Rubén Kihuen.
Allí, en actos de campaña que conjugaron el español como segunda lengua de batalla electoral, Hillary prometió trabajar por ese “ejército de invisibles” que han trabajado muy duro para contribuir a la riqueza y el progreso de EU.
Pero el momento más emotivo —y quizá más comprometido para Hillary—, se produjo en el restaurante Lindo Michoacán, donde un trabajador que le confesó que su esposa era una “ilegal”, se quedó sorprendido cuando la aspirante a la Casa Blanca le contestó: “Ninguna mujer y ningún hombre son ilegales”.
La batalla de Hillary de cara al supermartes del 5 de febrero, cuando más de 20 estados decidirán la suerte de la nominación, la ha obligado a redoblar sus esfuerzos entre los electores latinos no sólo de Nevada, sino, sobre todo, de California, donde ha pedido el apoyo de los gremios afiliados y la estructura del Partido Demócrata para contrarrestar el impacto mediático del respaldo ofrecido por el senador por Massachusetts, John Kerry, y la gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, a la candidatura de Obama.
Y es que el 5 de febrero, el voto latino en California podría ser clave para decidir el apoyo de 441 delegados —10% del total que acudirá a la Convención Demócrata—. De ahí la urgencia de Hillary por granjearse a los latinos, que se perfilan como un factor decisivo en la lucha por la Presidencia en EU.