WASHINGTON.— Casi al mismo tiempo que el demócrata Barack Obama se pronunciaba en Las Vegas a favor de una reforma migratoria amplia y de otorgar licencias de conducir a los “sin papeles”, el republicano Mike Huckabee terminaba de cocinar en Iowa el apoyo electoral de James Gilchrist, el fundador del movimiento antinmigrante de los Minuteman, y anunciaba un plan para sellar las fronteras con México y expulsar a millones de inmigrantes indocumentados.
Ambos sucesos, registrados con apenas una semana de diferencia entre noviembre y diciembre pasados, han permitido ilustrar las posiciones encontradas de demócratas y republicanos en un tema extremadamente sensible en tiempos electorales.
En la agenda de la lucha por la nominación entre demócratas y republicanos, el tema de la inmigración indocumentada y la porosidad de la frontera con México se ha convertido en un campo sembrado de minas.
Para los republicanos, preocupados por retener el apoyo de una base conservadora, la cruzada a favor de unas fronteras seguras les ha convertido en compañeros de viaje de un virulento sector antiinmigrante que ha permeado y condicionado su discurso político en pos de la nominación a la Presidencia.
“El discurso a favor de sellar las fronteras y expulsar a millones de indocumentados les ha funcionado a candidatos como Mike Huckabee en Iowa. Sin embargo, les ha comenzado a restar apoyos en estados que serán claves en las presidenciales de noviembre próximo”, aseguró un analista de la Fundación Americas Majority en alusión a los estados de Nevada, Nuevo México, Arizona y Colorado, donde el electorado latino podría castigar el radicalismo antiinmigrante de los republicanos.
En el caso de Obama, su lance a favor de una reforma migratoria y de conceder licencias de conducir a indocumentados le permitió distanciarse de sus principales contendientes Hillary Clinton y John Edwards, dos candidatos que han contemporizado con el discurso republicano en materia de seguridad interna y migración indocumentada.
Su posición, sin embargo, podría acarrearle la animosidad de un electorado demócrata que, si bien apuesta por sacar de las sombras a millones de indocumentados, rechaza abiertamente la fórmula de una amnistía.
A pesar de ello, Obama ha insistido en que “no se puede dar las espalda a la realidad de un sistema (migratorio) que está roto, que compromete la seguridad nacional y que hoy afecta por igual a inmigrantes legales o indocumentados” que sólo buscan salir de las sombras para tener la oportunidad de una vía legal a la ciudadanía.