CARACAS.— La nave del chavismo seguirá navegando, pero está averiada. Eso es lo que se desprendía ayer de los diferentes testimonios de los propios funcionarios chavistas. No está herido en su estructura por la mera derrota electoral que frenó sus ansias totalitarias de perpetuación en el poder, sino porque los autores materiales de ésa, su primera derrota electoral, surgieron de la propia base chavista. La misma que no concurrió a votar o votó por el No en las zonas más populares del país, como Catia, por ejemplo.De ahí que la oposición debe medirse al colocarse los oropeles. De 44% de abstencionistas, los consultores estiman que la mayoría pertenece a la clase media y clase media alta. “Muchos chavistas, guiados por gobernadores que con la reforma veían perder su poder, o votaron en contra o no votaron”, admite un alto funcionario del gobierno en charla con EL UNIVERSAL, para luego reclamar “un amplio debate porque ahora nos dimos cuenta de que no somos invencibles y que podemos perder el poder”.
Chávez se quedó sin la reelección indefinida. Se quedó sin su socialismo del Siglo XXI y su liderazgo sufre ahora cuestionamientos. No sólo por un error de cálculo, como el mismo lo admitió ayer, sino por un cúmulo de factores que van desde su perfil autoritario hasta la carencia de una gestión de gobierno.
La escasez de alimentos, el crecimiento de la inseguridad, la falta de respuesta a los problemas de vivienda, entre otros desajustes económicos que elevan peligrosamente la inflación, son algunos de los puntos que van limando la popularidad del gobierno. “Y eso se notó en la campaña”, afirman desde las entrañas del oficialismo.
En este contexto, la aparición de los estudiantes en la primera fila de la oposición, pareció descolocar al gobierno. Nunca es fácil querer ser de izquierda y tener al movimiento estudiantil en contra. La irrupción de Raúl Baduel, ex fundador del Movimiento bolivariano, y el hombre que evitó el golpe de Estado de 2002, llamando a las Fuerzas Armadas a jugar un papel preponderante en las últimas horas, resultaron tan claves como esos votos del partido Podemos —que desertó de las filas del chavismo por lo mismo que muchos reclaman ahora: debate interno—, a la hora de entender la primera derrota de Hugo Chávez.
Un Chávez que se mostró al país golpeado políticamente. Un presidente que después de pugnar durante horas ante la cúpula militar para no reconocer el resultado, según lo pudo confirmar este diario de distintas fuentes políticas y militares, no tuvo más remedio que tenderle la mano a la democracia.
Al menos “por ahora”, como repitió en el discurso más difícil de su carrera pública, en la madrugada del domingo. De aquí en más, el Chávez omnipotente está obligado a recapacitar (algo difícil si se observa su actitud después del golpe del 11 de abril de 2002). Deberá recogerse hacia la política interna y abandonar su “proyecto continental” que tanto le preocupaba durante la difícil reunión con los altos mandos.
Algo de lo que gobiernos como el boliviano ya parecen haber tomado nota si se observa que el vicepresidente Álvaro García Linera ofreció renunciar a la reelección en la empantanada Constituyente.
Nadie descarta aquí rupturas y nuevas fugas en las filas del chavismo. Mucho menos cambios de gabinete, y en todos surge una gran duda: ¿Podrá Chávez gestionar y mantener cohesionada a su fuerza ahora que su mandato tiene fecha de caducidad? La respuesta a primera vista es negativa. No en vano, una de las personas que mejor lo conoce, no dudó en calificar esta derrota como “el 11 de abril electoral” en la historia del chavismo.