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Cumbres borrascosas

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JOSÉ VALES • CORRESPONSAL
El Universal
Martes 13 de noviembre de 2007

BUENOS AIRES.— El altercado verbal entre el rey Juan Carlos I y el presidente venezolano, Hugo Chávez, fue inédito y, aunque de una gravedad inusitada en términos diplomáticos, no fue el único de la historia de las cumbres iberoamericanas que arrancaron en Guadalajara (México) en 1991.

Aunque el venezolano debutó en el rubro “enfrentamientos”, en lo que a cumbres respecta, fue Fidel Castro un protagonista destacado no sólo por su participación en sí, sino por los altercados verbales que supo protagonizar. Aunque nunca como el del sábado, que concluyó con la muy borbónica tapada de boca al presidente venezolano.

En la capital de Jalisco, Castro fue la novedad, porque se reunía por primera vez con todos los mandatarios iberoamericanos. Fuera de agenda ocurrió un episodio que sólo trascendería años más tarde. En la noche de la primera jornada, el mexicano Carlos Salinas, el español Felipe González y el colombiano César Gaviria se reunieron a solas con Fidel para tratar de convencerlo, infructuosamente, de que abriera políticamente el país y convocase a elecciones. Cuba se encontraba en pleno apogeo del denominado “periodo especial”.

Eso fue un año antes de la, hasta el sábado, pelea más importante de las cumbres. Fue en el año 2000, en Panamá, cuando el propio Fidel se trabó en una discusión con el entonces presidente salvadoreño, Francisco Flores. Castro se había negado a suscribir una condena contra los separatistas vascos de ETA, a pedido del entonces jefe de gobierno español, José María Aznar, y el cubano le endilgó a su par salvadoreño ser el heredero “de los escuadrones de la muerte, del partido de los paramilitares”, de ARENA. Todo quedó zanjado cuando Anzar agradeció el voto de “todos los países democráticos de Iberoamérica”.

Aquel había sido el momento áspero, duro y nunca imaginado hasta entonces, a pesar de que en 1994 en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias y en 1997, en la Isla Margarita, Fidel estuvo a punto de ser protagonista de otros altercados similares. En el archipiélago venezolano cuando el nicaragüense Arnoldo Alemán le reclamó democracia para Cuba y, por algo semejante, pero de boca del boliviano, Gonzalo Sánchez de Lozada, en Cartagena, llegó a amagar con levantarse y retirarse del centro de convenciones, sede del encuentro.

Pero Fidel está de licencia y se sabe que Chávez busca reemplazarlo a su modo. Ya en 2005, tuvo su rol más ácido, en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, pero el sábado pasado, en Santiago la emprendió con Aznar y superó a su aliado más estrecho y guía ideológico, como él siempre lo admite.

Sencillamente estableció un antes y un después en la historia de este tipo de eventos. Al menos hasta la del año próximo, que tendrá lugar en San Salvador.



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