CIUDAD DE GUATEMALA.— En un enrarecido ambiente de tensión y con alertas y amenazas reiteradas de enfrentamientos que terminarían por agravar una campaña que arrastra decenas de asesinatos políticos, Guatemala acude hoy a una de las elecciones más violentas desde la firma de la paz en 1996.A la histórica cita en las urnas acudirán los mismos protagonistas de una añeja factura social pendiente de saldar: exclusión por raza y cultura, miseria, analfabetismo, concentración de riqueza, impunidad y creciente inseguridad, mientras se consolidan las redes de privilegio y corrupción.
“Ningún partido político pudo presentar un plan de gobierno que incluya una senda para los pueblos indígenas”, reclamó Rodolfo Pocop, coordinador general de la Convergencia Nacional Maya, que aglutina a comunidades étnicas.
“Los planes no responden a las grandes demandas indígenas de reconocimiento pleno de los derechos colectivos o reforma agraria”, agregó, en entrevista con EL UNIVERSAL.
Para un país de 13 millones de habitantes en el que, según Pocop, 68% de la población es de una de las 23 etnias mayas, la exclusión indígena es uno de los graves de la crisis. Ayer, la premio Nobel de la Paz 1992 y candidata presidencial Rigoberta Menchú dijo que el miedo de las élites guatemaltecas a los indígenas afectó el resultado electoral de su campaña.
La deuda socioeconómica se agrava en una nación en la que más de 50% vive en la miseria y cerca de 13.5% subsiste con menos de un dólar diario. Asimismo, y de acuerdo con el Comité Nacional de Alfabetización, hay aproximadamente 24% de analfabetos, aunque otros aseguran que la cifra asciende a 31%.
“Reflexionemos sobre lo que han dejado 52 años de gobiernos de hombres oligarcas, militares, racistas y de derecha”, afirmó ayer Sector de Mujeres, grupo no gubernamental, al pedir a las guatemaltecas meditar su voto. Seguridad en Democracia, ente no gubernamental, abogó por romper décadas de impunidad, arrastradas por el conflicto armado (1960-1996) entre ejército y guerrilla izquierdista.
En un editorial, el diario Prensa Libre, el principal de Guatemala, recordó ayer que “en 186 años de vida independiente, son contadas las gestiones de gobierno en donde ha primado el interés social y se ha visto algún grado de promoción humana. Una de las grandes omisiones de la mayoría de regímenes es que han llegado al poder sin una visión del país y del Estado deseado por los guatemaltecos”.
En este panorama, cerca de 5.9 millones de guatemaltecos podrán acudir hoy a 13 mil 756 juntas receptoras en 2 mil 60 centros de votación, para elegir presidente, vicepresidente, diputados y alcaldes municipales, en una jornada de las 07:00 a las 18:00 horas, ante centenares de observadores nacionales y extranjeros.
Aunque hay 14 aspirantes presidenciales, sólo dos—el ingeniero socialdemócrata Álvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), y el general retirado Otto Pérez, del derechista Partido Patriota (PP)—podrían ganar hoy, pero sin 50% más uno de los votos, por lo que habría segunda ronda en noviembre próximo, según recientes encuestas. Nadie descarta una sorpresa de último momento.
Tras una sangrienta campaña —con 43 crímenes políticos en 18 meses y decenas de heridos— y el acoso del narcotráfico y el crimen organizado, los observadores foráneos temen que estalle la violencia. Las autoridades reforzaron la seguridad. La violencia “preocupa y alarma” y debe imperar la “civilidad”, dijo el observador mexicano Emilio Álvarez Icaza, de la Comisión de Derechos Humanos de DF. El presidente guatemalteco Óscar Berger pidió “respetar la voluntad de las mayorías”.