SAN JOSÉ.— El huracán Félix se ensañó con Nicaragua y dejó una secuela de muerte —por lo menos 38 personas perecieron— y desolación, con más de 50 mil damnificados y profundos daños en la infraestructura del sector noreste de territorio nicaragüense. Tras debilitarse a su paso por Honduras, El Salvador, Guatemala y Belice, donde los daños son menores, Félix prosigue hacia México.En un informe que rindió ante el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en la norteña comunidad de Bilwi, el gobernador de la Región Autónoma del Atlántico Norte, Reynaldo Francis, describió un escenario de destrucción y explicó que aunque la cifra ya es de 38 muertos, “es posible que crezca”, por lo que “necesitamos agilizar las operaciones de salvamento”.
Francis narró a Ortega, quien se desplazó a la zona de desastre, que “el número de afectados crece” y que, según la información que continúa llegando a los puestos de atención de la emergencia, hay muchas personas que todavía “están flotando” y logran sujetarse a ramas para evitar sucumbir. Muchas poblaciones del litoral Caribe norte están aisladas y requieren de urgente ayuda, añadió.
Un recuento oficial nicaragüense sobre el impacto del meteoro en esa zona confirmó que está destrozada 90% de la infraestructura de Puerto Cabezas, la principal localidad del Caribe norte, cercana a Bilwi y sitio emblemático de la región. Otros sitios aledaños, habitados especialmente por indígenas miskitos hundidos en décadas de miseria y marginación, registran gigantescos daños materiales.
El gobierno de Nicaragua lanzó un dramático llamado de auxilio para enfrentar las graves secuelas de Félix, que el martes en la mañana llegó a las costas nicaragüenses con su máxima fuerza de huracán con categoría 5 en la escala de Saffir-Simpson y, pese a que luego se debilitó, atacó a un país con un largo historial de desastres naturales, como terremoto, maremoto, huracanes, erupciones volcánicas e inundaciones, entre otros.
Ortega pidió a Estados Unidos y América Latina que acudan en socorro de los nicaragüenses, decretó “estado de desastre” en el noreste y dispuso de 322 mil dólares para comenzar a enfrentar la crisis, dentro de un plan de contingencia para distribuir alimentos, medicinas, frazadas y demás ayuda humanitaria.
Mientras tanto, Félix se convirtió en depresión tropical y atravesó la frontera entre Honduras y Guatemala, con fuertes lluvias y vientos de unos 45 kilómetros por hora. Los ríos crecieron y se desbordaron en Guatemala por las intensas lluvias, mientras que en El Salvador también hay fuertes aguaceros, pero la situación tiende a normalizarse.