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Un gobierno de una crueldad singular

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Robert H. Reid
El Universal
Sábado 30 de diciembre de 2006

BAGDAD.- A los pocos días de tomar el poder, Saddam Hussein citó a unos 400 funcionarios y anunció que había descubierto una conjura contra el partido gobernante, el Baath. Los conspiradores, dijo, estaban en esa sala.

Cuarenta y dos hombres fueron ejecutados. La acusación de conjura era falsa. Pero en pocos minutos aterradores del 22 de julio de 1979, Saddam eliminó a sus posibles rivales, consolidando el poder que mantuvo hasta que las fuerzas extranjeras lo derrocaron, en 2003.

Saddam Hussein gobernó Irak con una crueldad singular. Nadie estaba a salvo, ni siquiera su familia. Sus dos yernos fueron asesinados por orden suya después de que huyeron a Jordania.

Esa brutalidad y poder de intimidación lo mantuvieron en el poder durante la guerra con Irán (1980), la derrota en Kuwait (1990) y las rebeliones de los kurdos y los chiítas, junto con las sanciones internacionales, conjuras y conspiraciones.

Pero Saddam se dejó llevar por sus aduladores y, cuando fue derrocado, en abril de 2003, dejó un país empobrecido -a pesar de la vasta riqueza petrolera- y lleno de tensiones étnicas y sectarias.

Los soldados de Estados Unidos lo encontraron en diciembre de 2003 barbudo, despeinado, con sus brazos en alto. Hussein buscó forjar una imagen de líder todopoderoso, siguiendo el modelo del guerrero del siglo XII Saladino, que tomó Jerusalén -hasta entonces en manos de los cruzados- y coincidentemente nació, como Saddam, en el área de Tikrit, en el norte de Irak.

Alentó la ilusión de un Irak poderoso, con el cuarto Ejército más grande del mundo y armas letales. Sin embargo, en 2003, Bagdad cayó ante una sola brigada estadounidense.

Las armas de destrucción masiva que aseguraba tener también eran un engaño. En cambio, Saddam destinó grandes sumas de dinero a palacios opulentos, con vestíbulos de mármol, lujosas alfombras y costosos muebles.

Saddam se unió al partido Baath, una organización nacionalista árabe laica, radical, a los 20 años. Un año después huyó a Egipto, tras participar en un intento por asesinar al gobernante del país, el general Abdul-Karim Kassem, y fue condenado a muerte en ausencia. Regresó cuatro años después, cuando Kassem fue derrocado por el partido Baath.

El 16 de julio de 1979, sustituyó a su primo Ahmed Hassan al-Bakr como presidente.

Tras la invasión a Kuwait, la ONU impuso una serie de sanciones económicas a Irak y una fuerza liderada por EU atacó; los iraquíes debieron salir de Kuwait.

El 20 de marzo de 2003, con el falso argumento de que Irak poseía armas de destrucción masiva, EU invadió el país árabe.

En tres semanas, el Ejército iraquí había colapsado y Bagdad había caído.

Los soldados extranjeros tiraron la estatua de Saddam en el centro de la capital y el dictador huyó hacia su tierra natal, en el norte del país. Su reinado había llegado a su fin.



 

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