ENRIQUE F. MOLINERO . CORRESPONSAL
El Universal
Martes 12 de diciembre de 2006
BERLÍN.- Poco antes de ser envenenado con una dosis mortal de polonio 210, el ex agente del KGB de 43 años, Alexander Litvinenko, hizo gala de una elocuencia que, quizás, aceleró los preparativos para que alguien firmara su sentencia de muerte, un asesinato que ha conmocionado a toda Europa y que ha hecho creer que los viejos tentáculos del imperio soviético aun siguen estando activos.El 19 de octubre, durante una reunión pública organizada por el Frontline Club, una organización británica interesada en promover el periodismo independiente, Litvinenko se presentó como un antiguo oficial de la KGB y acusó a Vladimir Putin de haber consentido el asesinato de la periodista Anna Politkovskaya.
"Ella me preguntó si yo creía que la podían asesinar", dijo Litvinenko al público que abarrotaba la sala. "Le respondí que sí", insistió el ex agente, quien concluyó su charla con una acusación que aún se recuerda con pasión en Londres. "Yo sé que una periodista de su renombre sólo puede ser atacada con el consentimiento del presidente ruso. Anna era una opositora política y por eso fue asesinada".
Poco antes de sucumbir a la dosis mortal de polonio 210, que posiblemente ingirió el 1 de noviembre en el Pine Bar del hotel Millennium Mayfar de Londres, Litvinenko volvió a culpar al presidente ruso de su muerte. "Usted ha tenido éxito en silenciar a un hombre, pero el retumbar de las protestas en el mundo entero sonará en sus oídos, señor Putin, durante el resto de su vida", acusó el ex agente en un comunicado antes de morir.
Es fácil llegar a la conclusión, si creen las denuncias del agente asesinado, de que el presidente ruso está detrás de un crimen que ha conmocionado a Europa y cuyas ramificaciones se están extendiendo a lo largo y ancho del continente como una peligrosa telaraña de intrigas, muertes y conjuras que harían palidecer de envidia a Ian Fleming, el creador de James Bond.
Vladimir Putin, como es lógico, rechazó las acusaciones de Litvinenko y prometió la cooperación de Moscú en el esclarecimiento del crimen. Mientras, los sabuesos de Scotland Yard continúan su trabajo para buscar al asesino, la famosa policía londinense ya logró reconstruir la jornada en que Litvinenko fue envenenado.
A las 10:00 horas del 1 de noviembre, el ex agente se reunió en el Pine Bar del hotel Millennium con Sergei Lugovoy, también un ex agente del KGB convertido en empresario y otras dos personas, Dimitri Kovtun y Vyacheslav Sokolenkop. Cinco horas mas tarde, Litvinenko comía en un restaurante japonés en Picadilly junto a un contacto italiano.
El viernes pasado, las autoridades británicas anunciaron que siete empleados, que trabajaron el 1 de noviembre en el Pine Bar habían quedado expuestos a la radiación de polonio 210. Pero el peligroso resto radiactivo dejó una huella en tres aviones de British Airways, en el estadio de futbol del Arsenal y en la vivienda de la ex mujer de Kovtun y de su ex suegra en Hamburgo.
La pista radiactiva descubierta en el puerto alemán y la certeza de que Kovtun se encuentra hospitalizado en una clínica de Moscú con síntomas de radiación, hizo creer que el asesinato de Litvinenko podría haber sido planificado en Hamburgo, donde Kovtun cogió un avión, el 1 de noviembre, para volar a Londres.
La policía alemana confirmó ayer que cuatro personas, del círculo familiar de Kovtun, fueron ingresados en un hospital de Hamburgo, norte de Alemania, debido a las radiaciones del polonio 210.
Una portavoz de la policía de Hamburgo explicó que un BMW que se empleó para recoger a Dmitry Kovtun en el aeropuerto de dicha ciudad, procedente de Moscú, el 28 de octubre, tenía rastros de polonio 210. Esto convierte a Kovtun en uno de los principales sospechosos.
Todavía nadie se atreve a responder a una pregunta crucial: ¿Quién ordeno asesinar a Alexander Litvinenko. Fueron sus antiguos colegas de la KGB o fue la mafia rusa. Litvinenko tenia enemigos en todas partes.