SANTIAGO DE CHILE (DPA/AP).- Tan pronto como se conoció la muerte del ex general Augusto Pinochet, miles de chilenos se volcaron a la tradicional plaza Italia, en el centro de la capital, para celebrar con champaña la partida del dictador.El sitio, lugar de encuentro de los capitalinos para festejar los triunfos políticos y deportivos, se llenó de banderas del partido comunista, de los socialistas y de otras colectividades de izquierda, mientras manifestantes gritaban consignas contrarias a la dictadura militar y expresaban su alegría por la desaparición del personaje que dirigió el país con puño de hierro por casi 17 años (1973-1990).
En varios lugares de la capital chilena, automovilistas, algunos portando pequeños emblemas nacionales que agitaban por las ventanas, tocaban las bocinas en señal de jolgorio por la muerte del dictador. "´Ojalá se haya ido al infierno", expresó una mujer.
Un grupo de jóvenes exhibía una cartel con fotos de detenidos desaparecidos durante la era del pinochetismo.
Las manifestaciones de celebración por el deceso de Pinochet derivaron en disturbios frente a la sede de gobierno de La Moneda, donde la policía antimotines utilizó carros lanzaagua y gases lacrimógenos para dispersar a grupos que arrojaban piedras e intentaban obstaculizar el tránsito de la principal avenida capitalina.
Los manifestantes intentaron traspasar las barreras policiales y encendieron fogatas. Por la noche, en el sector de Villafrancia, los carabineros se enfrentaron con antipinochetistas que instalaron barricadas en las calles y les prendieron fuego. En una intersección cerca del centro de Santiago incendiaron dos autos, en tanto se registraron saqueos aislados.
El contraste
A poca distancia de la plaza Italia, frente al Hospital Militar, el lado opuesto: por lo menos unos mil partidarios de Pinochet lloraban y expresaban su desolación por el fallecimiento del que consideran el hombre que los salvó de una dictadura comunista.
Los manifestantes, en su mayoría mujeres, enarbolaban banderas, fotos y carteles en apoyo a su líder. "Jamás, jamás lo olvidaremos, salvador de Chile", gritaban.
Trandy Thieck, una mujer de mediana edad, manifestó que "estaba comprando por aquí cerca y vi en un televisor de una tienda la información y me vine corriendo. Lo menos que podía hacer era estar presente".
Una joven de 18 años contó que "no soy muy fanática, pero mi abuelo sí lo es y él me ha contado del gobierno de Pinochet. Me contaron que ayudó mucho".