TEXTOJOSÉ CARREÑO . CORRESPONSAL
El Universal
Sábado 11 de noviembre de 2006
WASHINGTON.- La relación con México se verá impactada por el cambio de poder en el Congreso estadounidense, y está por verse cuál será el impacto de las nuevas pero insuficientes mayorías demócratas en la relación bilateral.En América Latina en general y México en particular existe la impresión de que los demócratas son más liberales, o por lo menos mejor dispuestos a dialogar con la región.
Pero el Partido Demócrata que ocupará las nuevas mayorías en el 110 Congreso parece más cercano a la izquierda sólo en comparación con la extrema derecha que parece dominar el discurso en EU, aunque por lo menos en términos públicos parece más dispuesto a dialogar con "enemigos" como los gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Corea del Norte o Irán.
Los demócratas responden ahora a nuevas realidades políticas y sociales en un país políticamente desplazado a la derecha, en el que no están seguros de si la elección fue un voto en su favor o simplemente un castigo contra los republicanos, y en el que varios de los principales temas de la relación con México son preocupaciones de política doméstica.
Migración, seguridad fronteriza, comercio, agricultura, medio ambiente y derechos humanos son sólo algunos de los temas en que un Congreso dominado por los demócratas puede ejercer una influencia que no necesariamente ayudará al tono de la relación.
La estridencia del debate migratorio y la retórica usada por los republicanos hizo ver a los demócratas como mucho más sensibles. Pero si bien rechazan la idea de una barda, es tanto como concesión política a los hispano-estadounidenses como la consideración de que es una idea inútil y costosa.
De hecho, uno de los alegatos electorales demócratas fue el fracaso de la administración Bush y el Congreso republicano en traer seguridad al país y proteger las fronteras, puertos y sistemas de transportación. Los demócratas favorecen la idea de una reforma integral, muy cercana a la propuesta original de los senadores John McCain y Ted Kennedy, que incluye más vigilancia fronteriza y supervisión de los empleadores dentro del país, junto con la creación de un programa de trabajadores temporales y un camino que permita la regularización de los residentes indocumentados.
Pero algunos de los nuevos senadores como Jim Webb, de Virginia, o Jon Tester, de Montana, se declararon durante sus campañas en contra de lo que ellos y la derecha republicana calificaron como "amnistía" para residentes indocumentados.
Al mismo tiempo, para no pocos demócratas los problemas se refieren sobre todo a seguridad. Veteranos como el diputado Charles Rangel, próximo presidente del Comité de Medios y Procedimientos, se interesó desde principios de los 80 en el tema de drogas y narcotráfico.
Por su parte, la futura líder de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, hizo un viaje de muy alto perfil a la frontera para ver de cerca los problemas de migración y de violencia.
Temas que preocupan
Para Tom Lantos, nuevo presidente del Comité sobre Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados, el tema de derechos humanos es de una importancia suprema y se ha quejado en especial del tráfico de personas, uno vinculado muy de cerca al de la migración ilegal. Asimismo, en varias ocasiones expresó preocupación por situaciones particulares, como la de los indígenas en Chiapas y la investigación de crímenes de mujeres en Ciudad Juárez.
La violencia significada por esos crímenes y por la "guerra entre cárteles" de Nuevo Laredo puede crear también fricciones con legisladores fronterizos, muchos de ellos mexicano-estadounidenses como Silvestre Reyes, de El Paso; Henry Cuéllar, de Laredo; Solomon Ortiz, de Brownsville, o Rubén Hinojosa, de Texas.