SAO PAULO.- "La elección terminó y yo ya no tengo adversarios. Ahora tenemos que estar todos juntos. El único adversario es la injusticia social". Con una contundente victoria, Luiz Inacio Lula da Silva, 61 años, obtuvo ayer la reelección por otros cuatro años al obtener 60.80% y de inmediato le tendió la mano "a toda la oposición" para impulsar "las reformas que están faltando y dar un salto de calidad para que Brasil deje de ser un país emergente y se convierta en un país desarrollado".Con el rostro distendido, como si se hubiese sacado la espina de no haber ganado la reelección en la primera vuelta, fruto de las denuncias de corrupción en lo que se conoció como Dossiergate, Lula prometió "un gobierno mucho mejor que el primero, acelerando las reformas y reparando los errores que cometimos".
Después de recibir la felicitación de su adversario, el candidato socialdemócrata, Geraldo Alckmin (39.20%), Lula ofreció una extensa conferencia de prensa, en la que resaltó que para este segundo acto de su gobierno "están dadas las condiciones, están firmes los pilares para que haya crecimiento económico, mayor desarrollo y, por sobre todo, mayor transferencia de la renta. Porque gobernaremos para todo Brasil, pero sobre todo para los sectores más desfavorecidos".
Luciendo una playera con la bandera brasileña y con la inscripción: "la victoria es de Brasil", un Lula considerado hasta con los periodistas -a quienes prometió "cambiar mi actitud y dar más conferencias de prensa"- resaltó la necesidad de "cuidar el gasto público y seguir creciendo y distribuyendo".
"Yo no lo aprendí en la facultad de economía. Lo aprendí en la vida cotidiana, que no podemos gastar más de lo que ganamos", advirtió, para luego aclarar que "el ajuste no recaerá en los que menos tienen".
En una jornada, alterada sólo por incidentes aislados, el oficialista Partido de los Trabajadores celebró por adelantado un triunfo que se predijo en las encuestas, se olía en las calles desde hace días y hasta los colaboradores de Alckmin admitían.
"Hice todo lo que pude. Recorrí el país pero no alcanzó. Felicito al presidente y le deseo el mejor gobierno que será lo mejor para todos los brasileños", dijo Alckmin, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), en la noche al admitir su derrota.
Tal como lo venía advirtiendo con señas más que claras, a partir de hoy Lula iniciará la tarea de tejer alianzas para garantizar una mayoría de la que carece en el Congreso y un acuerdo con el PSDB. "Quiero conversar con todos, y no habrá partido con el que no converse. Los voy a llamar para decirles que yo soy el presidente pero ahora la responsabilidad es de todos los brasileños".
Tampoco se olvidó Lula de celebrar el acuerdo que la estatal Petrobrás, firmó ayer con el gobierno de Evo Morales, para permanecer con sus operaciones en Bolivia. "Me criticaban y decían que tenía que ser más duro con Bolivia, pero negociamos y firmamos un excelente acuerdo. Los que criticaban se olvidan que yo nací en la vida política negociando y negociando", dijo el jefe de Estado.
En el plano regional sostuvo que "hoy nadie habla del ALCA (tratado de libre comercio continental promovido por EU), pero sí se habla del Mercosur. Queremos fortalecer el Mercosur, la Confederación Sudamericana de Naciones y esperemos que pronto tengamos un Mercosur para toda la América Latina".
La elección de ayer volvió a mostrar la división social de dos países en uno. El sur del país le dio la victoria a Alckmin (53.4 a 46.3 de Lula) y el empobrecido norte y nordeste del país favoreció al presidente por más de 40 puntos porcentuales, lo que obliga a Lula a articular una política que brinde las soluciones a las distintas demandas de los dos Brasil.
En los 10 estados en los que se decidían las gobernaturas, el PT venció en Pará (sumando cinco gobernaciones) y no logró recuperar su otrora bastión histórico, en Río Grande do Sul.
Consciente de que enfrentará una coyuntura por demás dificultosa a pesar de los 58 millones de votos obtenidos, Lula, "repleto de confianza" y en un nuevo capítulo de su vibrante historia personal, advirtió que "la elección terminó y ahora es hora de trabajar, trabajar y trabajar".