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| El tránsito de las dos Españas Con el paso del tiempo y tras sufrir en carne propia la severidad de una guerra civil y una férrea dictadura, la nación española se ha convertido en un paradigma de desarrollo y creación de riqueza
Ana Anabitarte El analfabetismo, la economía basada en el cultivo de frutas y hortalizas, la ganadería y una industria incipiente, así como la inestabilidad política y el descontento social por un régimen absolutista y totalitario, eran las señas de identidad de la España de principios del siglo pasado. El país venía de sufrir uno de los siglos más calamitosos de su historia, el XIX, en el que dejó de ser una potencia colonial tras perder sus últimas "colonias": Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Del régimen monárquico de Alfonso XIII, se dio paso a la primera dictadura militar del país, la del fascista José Antonio Primo de Rivera. Este periodo histórico fue breve gracias a la llegada de la Segunda República que encabezó Manuel Azaña, y que se convirtió en una de las épocas más florecientes en cuanto a derechos sociales y búsqueda de una mejor distribución de la riqueza. Sin embargo, todo cambió el 18 de abril de 1936. Aquel día, Francisco Franco encabezó la sublevación del Ejército contra las autoridades civiles, dando inicio al periodo más triste y sangriento de la historia contemporánea española: la de la guerra civil (1936-1939) y de la posterior dictadura franquista, que se prolongó hasta la muerte del dictador, en 1975. La guerra civil, además de convertirse en el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial, al haber sido el primer enfrentamiento entre las fuerzas fascistas y el bloque de izquierda, incluido el comunista, también se transformó en una parte muy sensible de la memoria colectiva de este país. Tanto es así que hasta la fecha se sigue hablando de las "dos Españas", aquéllas que poetizó Antonio Machado antes de ser condenado al exilio. La poesía del escritor andaluz se convirtió en profecía. La guerra condenó a centenares de miles de personas, las que formaban parte de una de esas "dos Españas" enfrentadas al destierro, la muerte o la cárcel. La gran diáspora española, la de los republicanos desterrados de sus pueblos al grito de "¡Viva la muerte!", inició su trágica andadura. Un camino que, sin embargo, se mitigó en alguna medida gracias al apoyo y a la solidaridad de países como México, que acogieron con generosidad y respeto a todos los que huían de la guerra, la persecución y el hambre. 40 años de dictadura Esas "dos Españas" se mantuvieron distanciadas y sin apenas hablarse durante los 40 años de dictadura franquista, en la que se impuso un régimen "nacional-católico", en el que imperó el "orden" con base en una justicia militar y un modelo económico que fue variando con el paso de los años. Al final de la dictadura, es decir, cuando Franco languidecía y se convertía en un viejo cansado y decrépito, se empezaron a experimentar cambios discretos, pero profundos y de amplio calado, como el comercio exterior, el debate político y la transformación de los usos y costumbres impuestos por la moral militar y religiosa. El 20 de noviembre de 1975 la muerte de Franco abrió las puertas a una nueva época de intenso debate y cambios en todos los órdenes de la vida. Fallecido el dictador surgieron de la clandestinidad los partidos políticos, los sindicatos, la prensa libre, el pensamiento heterodoxo y, sobre todo, las ansias de un mejor futuro de la sociedad; y comenzó la llamada "transición a la democracia". Este periodo se convirtió en el cimiento del actual sistema político, económico y social, al congregar en torno a un mismo concepto de país a todas las facciones políticas, empresariales, sindicales, universitarias y culturales. Así nació la "monarquía parlamentaria", que preside el rey Juan Carlos de Borbón, y se acordó el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea (hoy Unión Europea). Esto permitió que en pocos años carreteras derruidas se convirtieran en autopistas modernas, que el analfabetismo desapareciera, que la industria y las empresas españolas se volvieran referencia internacional y que el nivel de vida se elevara. España lleva a cuestas un pasado convulso y doloroso. Incluso aún sigue viva la llaga que dejó abierta la guerra civil y el envite ideológico de las "dos Españas". Sin embargo, en menos de un siglo el país ha consolidado su sistema político y activado una economía sólida y en expansión.
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