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Cuba, la isla impredecible

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CÉSAR GONZÁLEZ-CALERO/CORRESPONSAL
El Universal
Lunes 25 de septiembre de 2006

LA HABANA.- Hace ahora 90 años, Cuba transitaba por su incipiente andadura como república independiente arrastrando el lastre del intervencionismo estadounidense que se plasmó, manu militari , en la Enmienda Platt de 1902. En la década de los 10 del siglo pasado, la corrupción estaba instalada en la vida política del país. Buena prueba de ello fueron los gobiernos de José Miguel Gómez, alias Tiburón, que aplastó la revuelta de los negros y mestizos de la localidad de Color (1912); o de su sucesor, Mario García Menocal, apodado el Mayoral, quien consiguió la reelección como presidente en 1917 bajo graves acusaciones de fraude.

En esos años, Cuba vivía el frenesí de lo que se denominó "la danza de los millones", los desembolsos millonarios de inversionistas locales y extranjeros para hacerse con el sabroso negocio del azúcar. En el otro lado de la balanza, la acusada pobreza de amplias capas de la población dio origen a los primeros movimientos obreristas y estudiantiles, embriones de las organizaciones revolucionarias, como el primer Partido Comunista de Cuba. Uno de sus fundadores, y emblema del régimen actual, Julio Antonio Mella, fue asesinado en México a finales de los años veinte por pistoleros del dictador cubano Gerardo Machado.

En 1955, un cuarto de siglo después de que Mella fuera abatido en la ciudad de México, otro líder estudiantil y revolucionario, Fidel Castro, pisaría las mismas calles para urdir desde allí los mimbres de una guerrilla que, a la postre, determinaría el destino de Cuba durante décadas. En menos de cuatro años, Fidel, Raúl, el Che, Camilo Cienfuegos y los demás iluminados que se adiestraban en las afueras de Chalco, entraban triunfantes en La Habana, arropados por miles de seguidores y empujando al exilio al dictador Fulgencio Batista.

Desde ese 1 de enero de 1959 en que el Ejército Rebelde se hizo con las riendas del país, Fidel Castro ya no abandonó el bastón de mando hasta el pasado 31 de julio, cuando una grave dolencia gastrointestinal le obligó a delegar (provisionalmente, eso sí) sus cargos en su hermano Raúl. Un periodo de nada más y nada menos que 47 años, lo que supone un récord de permanencia en el poder, sólo superado en Occidente por la reina Isabel II de Inglaterra.

Si algo ha caracterizado al gobierno de Castro en este medio siglo ha sido su capacidad de sortear las dificultades con una habilidad fuera de toda duda. Desde la fallida invasión de Bahía Cochinos (en abril de 1961) o la crisis de los misiles (en octubre de 1962), a las salidas masivas de balseros (en 1980 y 1994) y, sobre todo, al denominado "periodo especial" de los años 90, cuando el país sufrió su más severa crisis económica tras el colapso de la URSS.

¿Y dentro de 90 años?

En estos momentos, predecir lo que pasará en Cuba dentro de 90 años es un ejercicio especulativo que, tomado como juego, supone mucha menos osadía que aventurar, por ejemplo, lo que sucederá en la isla dentro de 90 días.

En un país donde el secretismo y la opacidad informativa caminan de la mano en las altas cimas de la política, quien ponga la mano en el fuego sobre los próximos movimientos del régimen corre un riesgo seguro de quedar chamuscado hasta el hombro. El regreso de Fidel Castro al poder tras la cirugía intestinal a que fue sometido es un enigma de Estado. Algunos analistas sostienen que su cesión de poderes es irreversible y fundamentan su argumento en el hecho de que una decisión tan drástica sólo puede estar motivada por un deterioro grave en la salud del comandante. Pero la historia reciente de Cuba está colmada de errores de escrutinio sobre el destino de la isla. Sea como fuere, tanto Fidel Castro (80 años) como su hermano Raúl (75) no estarán muchos años más al frente de un país que han gobernado durante casi la mitad del tiempo de vida que tiene la República de Cuba. La gran incógnita es saber si el sistema de partido único que implantaron poco después del triunfo revolucionario de 1959 pervivirá en la isla tras su muerte, adoptando quizá una versión caribeña del modelo chino, como conjeturan algunos.

 
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