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La guerra no acaba para la familia de Ehud

La madre y la esposa de uno de los soldados secuestrados por Hezbolá, origen del conflicto que durante más de un mes ensangrentó Líbano e Israel, hablan de su dolor
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TEXTOJANA BERIS . CORRESPONSAL
El Universal
Sábado 19 de agosto de 2006

NAHARIA, Israel.- La noche del 12 de julio en la que el grupo integrista islámico Hezbolá cruzó la frontera entre Líbano a Israel, mató a ocho soldados en una patrulla israelí y secuestró a otros dos, los padres de uno de los cautivos -Malka y Shlomo Goldwasser- se hallaban fuera del país.

"Entré a internet y leí noticias sobre Israel!", cuenta Malka (Miki), la mamá de Ehud, a quien todos llaman Udi. "Leí sobre lo que había pasado y aunque era en Zarit, donde él estaba en la reserva, no me preocupé porque sabía que mi hijo ya tenía que haber finalizado el servicio y que estaría de regreso en casa. De todos modos, lloré, como madre, porque para nosotros cada uno de los soldados es como un hijo nuestro". Malka se detiene por un segundo y con la mano en el pecho agrega: "No sabía que estaba llorando por mi propio hijo".

El otro secuestrado es Eldad Regev. Tres semanas antes, había sido secuestrado Gilad Shalit, del servicio regular, en la frontera con Gaza, del lado israelí.

Desde entonces, nada es igual tampoco para Karnit, la esposa de Udi desde hace 10 meses, su pareja desde hace nueve años. "Si me dices que esto pasó hace dos días, te creo. Si me dices hace dos meses, también te creo, porque para mí, el tiempo se detuvo".

La familia toda se ha organizado para desplegar su principal misión: todos los esfuerzos y contactos posibles, para devolver a Udi a casa. Para eso se han reunido con dignatarios internacionales, han hablado en los medios, sin descanso. Y todo esto mientras seguían viviendo en uno de los puntos más hostigados por los cohetes de Hezbolá: Naharia, a tan sólo nueve kilómetros de la frontera israelí-libanesa.

Malka y Karnit sonríen mucho. Es difícil saber si es simplemente su personalidad que aflora, o un mecanismo que han adoptado para no caer. "Udi me enseñó que siempre tengo que tratar de ser lo más optimista posible", dice Karnit, aclarando que está tan enamorada de él "porque es especial y es distinto".

"Me preocupa pensar cómo la está pasando y si lo tratan bien, pero sé que no logro nada con dedicarme a eso, porque no lo podré cambiar. Tengo que dedicar mis energías a cosas positivas, para devolver a Udi a casa y sé que lo vamos a lograr". La base de tanta fuerza, al parecer, es la convicción de la familia toda, de que Udi está vivo.

"Yo lo siento latir en mi corazón. Jamás pensé otra cosa, ni pienso, ni voy a pensar", afirma Karnit. Y su suegra, a la que ella llama segunda madre, habla al respecto con el mismo estilo: "Su corazón latió junto al mío nueve meses. Y sé que siguen latiendo al mismo ritmo".

Es esa cercanía, también, lo que dificulta el lidiar con la situación actual. "Es muy difícil irme a acostar sola y levantarme todos los días sin Udi", dice Karnit con una triste sonrisa. "Pero sé que volverá y allí mi vida toda, será felicidad". Y Miki agrega: "No hay palabras para describir lo que vivimos, lo que siento. Es como si se me desgarrara el útero donde lo llevé nueve meses".

La familia no deja abierta ninguna opción que no sea que Udi y el otro soldado secuestrado, Eldad Regev, vuelvan con vida "a su lugar natural, a su tierra y a sus familias, de donde los han sacado por la fuerza"; afirman tener fe en el gobierno y en el primer ministro Ehud Olmert que se comprometió a devolverlos a casa. "Pero confío sólo en nosotros mismos, en mi gobierno", dice Miki al preguntársele si confía en la comunidad internacional, que ayude.

Para Karnit "está claro que la guerra no ha terminado desde nuestro punto de vista, mientras Udi no esté en casa, pero esa la seguiremos por otras vías". Y Malka aclara que la guerra en efecto no ha acabado para ella, pero que el alto el fuego en sí, está bien. "Es que no quiero que ningún otro soldado muera o resulte herido. No quiero más huérfanos, ni viudas, ni madres y abuelas de duelo". "Yo lo sigo esperando", dice Malka. "Y espero que el último soldado que salga de Líbano lleve de una mano a Udi y de la otra a Eldad".

 
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