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Mensajes pro inmigrantes

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ANTONIO ROSAS-LANDA
El Universal
Lunes 01 de mayo de 2006

El arcaico sistema migratorio de Estados Unidos es corresponsable de que haya 12 millones de inmigrantes indocumentados en este país. Este hecho propició que se presentara la iniciativa de Ley HR 4437, aprobada en la Cámara Baja, que convertiría en criminales a los indocumentados y a quienes los asistan. Así regresó a Washington D.C. el explosivo tema migratorio.

Lo asombroso fue que quienes viven y trabajan en las sombras salieron a las calles demandando reconocimiento. El movimiento pro inmigrante mostró su fuerza el 10 de marzo pasado en la megamarcha de Chicago y movilizó a más de un millón de personas en todo el país un mes después. La articulación fue tan rápida que no ha permitido generar nuevos liderazgos y dificulta la reflexión de las medidas más acertadas sobre el futuro de su lucha. Este 1 de mayo se convocó a marchas monumentales, a un boicot al consumo y a un paro de labores en escuelas y centros de trabajo. Con su ausencia, los inmigrantes pretenden demostrar su importancia.

Es entendible que la frustración producida por los efectos de leyes disfuncionales provoque que los inmigrantes consideren el bloqueo y el paro como recursos válidos. Pero en vez de beneficiarlos les dará un estigma temerario y desafiante.

La evaluación del bloqueo y del paro adelanta una guerra de cifras y declaraciones entre los organizadores, que dirán que superó las expectativas, y el grueso de la sociedad, que no le concederá demasiada importancia, aunque la haya tenido, pero que sí reprobará el método. En realidad, los beneficiados son aquellos que promueven esas acciones incitando su protagonismo.

Por increíble que parezca, el ciudadano estadounidense promedio comenzó a tener una perspectiva más educada sobre la inmigración hasta que las televisoras mostraron a cientos de miles marchando por las calles.

Es ahora que algunos medios de comunicación en inglés dicen con timidez que los indocumentados aportan 7 mil millones de dólares al año a los fondos de retiro del Seguro Social; que el 95% de los varones indocumentados tienen trabajo; que han depreciado los salarios de la mano de obra no calificada sólo en un 1%; y que por ser extranjeros, ajenos a la cultura y al idioma inglés, no compiten por los empleos de los estadounidenses.

El hecho de organizar gigantescas movilizaciones en tiempo récord, operar medidas que castigan la economía, y presentar una versión bilingüe del himno nacional estadounidense al que cambiaron partes de la letra original, ocasionará resultados desfavorables a su lucha. De hecho, los estadounidenses ya temen a su enorme y rauda movilización, social y reprueban las medidas económicas punitivas hacia el país que los aloja y en el que viven ilegalmente. La lucha por una reforma migratoria ha establecido códigos de comunicación en donde el acertado lenguaje político, como lo fue adoptar la bandera de Estados Unidos en las marchas, es fundamental para sumar aliados.

Dicen en el Senado que podrían ofrecer su propuesta de reforma migratoria antes de Memorial Day (29 de mayo). Conversando con el vicecoordinador de los senadores demócratas Dick Durbin, un progresista que favorece la reforma, él pidió evitar enviar mensajes negativos a los estadounidenses.

Hay que mantener la cabeza fría y la inteligencia espabilada para enviar el mensaje correcto a la sociedad y clase política estadounidenses. Las marchas sacaron de las sombras a los indocumentados; la prudencia y la inteligencia los llevarán victoriosos hasta el interior del Capitolio.

Jefe de la Página Editorial del Diario HOY, con ediciones en Los Ángeles, Chicago y Nueva York

 
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