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Incertidumbre en Atlanta

La ya de por sí frágil tranquilidad en que viven los indocumentados se ha visto alterada por los rumores de redadas
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TEXTOALEJANDRO TORRES . ENVIADO
El Universal
Domingo 30 de abril de 2006

ATLANTA, Georgia.- El viento frío que sopla en el estacionamiento del centro comercial acentúa el clima de zozobra que invade a un grupo de trabajadores indocumentados latinoamericanos cada vez que alguien repite, como un teléfono descompuesto, los rumores de supuestas redadas en diferentes puntos de la ciudad.

Zeferino, en cambio, tiene experiencia en estos asuntos y dice en voz alta y con un movimiento de cabeza que no puede ser cierto que agentes de migración hayan llegado de improviso, el jueves pasado, a la zona de Lindbergh, al norte de la ciudad, para detener a varios indocumentados en las calles y deportarlos. "No, así no operan los de migración", expresa.

Adelina Nicholls, presidenta de la Coordinadora de Líderes Comunitarios, tampoco da crédito a versiones similares de redadas que trajo un joven centroamericano al grupo de indocumentados que cada día espera durante horas en el estacionamiento del centro a ser contratados.

Los rumores están a la orden del día, alterando más la frágil tranquilidad en la que viven, comen, trabajan y se divierten los hispanos indocumentados en Atlanta y sus alrededores. Este fenómeno se alimenta, además, por la reciente promulgación, apenas el 17 de abril, de la Ley SB529, que endurece las medidas contra los migrantes ilegales para ser contratados y acceder a servicios públicos.

Arturo Adonai, administrador de la Plaza Fiesta, piensa en voz alta al llegar a los pasillos del que es el principal centro comercial hispano de la ciudad: "Está muy baja, muy baja", dice en referencia a la afluencia de clientes. "A esta hora tendría que estar lleno". Lo atribuye al nerviosismo por la nueva legislación estatal, pero también a los rumores que se propagan inclusive por las estaciones de radio en español. El ambiente que se ha generado estos días no le gusta nada, y su rostro refleja preocupación.

A consecuencia de esa ley, Zeferino se pregunta si la patrulla de la policía que ahora permanece estacionada a unos metros de donde todos los días espera al contratista que le dará trabajo, mañana no lo detendrá para entregarlo a los agentes de migración. De acuerdo con la ley, los policías estatales podrán exigir documentos de estancia legal a quienes sean detenidos por una infracción de tránsito.

La legislación entrará en vigor el 1 de julio de 2007, y el joven oriundo de Saltillo dice que empleará ese lapso para reflexionar sobre su futuro en este país, al que llegó hace casi siete años con 500 pesos en la bolsa y 22 años de edad.

La especialidad de Zeferino son los trabajos de remodelación, y en particular los pisos de madera, y al menos cuatro días a la semana acude por la mañana al estacionamiento del centro comercial para esperar a los contratistas que con regularidad van para dar empleo temporal a algunos indocumentados, en su mayoría jóvenes procedentes de México y Guatemala.

No siempre las cosas salen bien a los trabajadores, explica Adelina Nicholls, porque en ocasiones son víctimas de abusos laborales y a sus derechos humanos.

"Los llevan temprano a trabajar a lugares remotos, que están a dos o tres horas de distancia, los dejan ahí sus patrones todo el día, muchas veces sin comer. Por la noche van por ellos y los dejan en cualquier lugar, o no les pagan todo el salario que les prometieron, o los dejan a su suerte y son golpeados", dice, mientras una decena de indocumentados se arremolina en la ventanilla de una lujosa camioneta negra conducida por una mujer de rasgos asiáticos que acaba de llegar al estacionamiento.

Zeferino escucha qué trabajos requiere la mujer asiática y descarta contratarse con ella. Su celular no deja de sonar mientras se acerca el mediodía. Un amigo pasará por él y es probable que por hoy no trabaje. No le preocupa mucho porque mañana tiene asegurado un trabajo que le dejará al menos 300 dólares. Son clientes que ha logrado contactar en los más de seis años que ha vivido en este país.

Este joven, que cruzó a pie durante siete noches la frontera con Reynosa -"Los últimos dos días mi compañero y yo comimos sólo dos puños de papitas y mucha agua"-, dice confiar en que las movilizaciones que se están organizando en Atlanta y el resto del país para demandar una reforma migratoria integral tengan éxito y así pueda volver a Coahuila, y cada año entrar legalmente a Estados Unidos para trabajar por temporadas, sin necesidad de preocuparse por los rumores de redadas cada vez que salga a buscar trabajo y sin necesidad de esperar en un estacionamiento o de vigilar los movimientos de la patrulla que se encuentra, por ahora, a unos metros de distancia.

 
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