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Muestran facetas desconocidas de Benito Juárez

Notimex
El Universal
Lunes 20 demarzo de 2006
Museos, Galerías y Libros



Muebles, documentos, pinturas, ropa y objetos varios recrean la forma de vida del Benemérito de las Américas y dan cuenta de aspectos, para muchos desconocidos, como su afición a los juegos de azar, el baile y la música, a lo largo de las once salas del Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez.

Ubicado en el segundo patio mariano del Palacio Nacional, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el recinto fue inaugurado el 18 de julio de 1957 por el entonces presidente de México Adolfo Ruiz Cortines, para que sus visitantes pudieran conocer aspectos familiares y personales del ex mandatario de origen zapoteco.

"Juárez fue un personaje de múltiples facetas, algunas de ellas poco exploradas o investigadas como fue su afición por el baile y las tertulias familiares", explicó José Ramón San Cristóbal Larrea, director general de Promoción Cultural, Obra Pública y Acervo Patrimonial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Entrevistado con motivo del bicentenario del natalicio de Benito Juárez (1806-1872), el responsable del recinto explicó que el Gran Patricio tenía un notable gusto por la música y los naipes.

De hecho, expresó el también arquitecto, contamos con un espacio que recrea la forma en la que posiblemente vivía Don Benito. Sabemos que era muy amante de las tertulias y que llegó a organizar algunas cuando los tiempos así lo permitían, en una época de gran efervescencia política y social.

En esas tertulias se reunían amigos cercanos al presidente, así como la familia Juárez-Maza, para entonar las canciones de moda, recitar poesía y pintar algunos cuadros, como el que elaboró Soledad Juárez, su hija, que llamó "Familia de felinos" y que se encuentra en la sala siete del museo.

En otra área de esta misma sala se encuentra un piano de cola que trae a la memoria la afición de don Benito por la música y el apoyo que brindó a los compositores e intérpretes mexicanos, los que seguramente asistían con regularidad a la casa del Presidente.

Asimismo, se sabe de la afición de don Benito Juárez por los juegos de mesa. Incluso, dijo, existe una fotografía conservada por su familia, en la que se le ve jugando a las cartas durante su exilio en Nueva Orleans.

De ahí que en este mismo salón haya un espacio que recrea la escena de una partida de naipes, donde destaca una silla conocida como la del "mirón", que ostenta las iniciales de don Benito Juárez.

De acuerdo con información al respecto, Juárez se reunía con los intelectuales liberales de la época, como Sebastián Lerdo de Tejada, Leopoldo Río de la Loza, Francisco Díaz Covarrubias, y con su ideólogo, el filósofo y maestro del positivismo mexicano Gabino Barreda, sin dejar de lado artistas incipientes que acudían a Palacio Nacional para dar a conocer sus obras durantes esas tertulias.

Queremos pensar, manifestó San Crsitóbal, que el gusto de Juárez por la música, fue tal que se vio reflejado en la fundación del Conservatorio Nacional de Música, el 1 de julio de 1866, con lo cual se escribió una de las páginas más notables en la historia de la música nacional.

Sin menospreciar, los esfuerzos de la Sociedad Filarmónica Mexicana -conformada por José Mariano Elízaga, Joaquín Beristáin, Agustín Caballero y José Antonio Gómez- que gestionó la construcción del Conservatorio y fue la responsable de la formación de la mayoría de los más ilustres exponentes del arte musical nacional, según relatan historiadores del recinto musical.

Cabe recordar que la Sociedad Filarmónica Mexicana se desarrolla inicialmente al amparo de la corte imperial habsbúrgica, a la usanza de las antiguas academias medievales y renacentistas, pero después obtiene el apoyo del régimen juarista, no obstante que su contribución a la cultura es menor, dado lo complicado de la época.

"Fue un periodo (1859-1872) muy turbulento, seguramente fue un momento muy difícil y cerrado para la cultura en México, porque el belicismo llevó al país a una situación en la que no creo que haya habido tiempo para la cultura", lamentó el arquitecto.

Al hacer un recorrido por el recinto asentado en Palacio Nacional, donde Juárez vivió sus últimos días, el visitante puede percibir a un ciudadano austero, humano, amante de la vida en familia y preocupado siempre por la soberanía de su país.

A la entrada del recinto es posible ver, en la primera sala dedicada a exhaltar los valores del presidente indígena como gobernante y político liberal, una copia del documento por el cual en mayo de 1865, el Congreso de Colombia lo nombró Benemérito de las Américas, por su defensa de las libertades humanas que sirvió de ejemplo a otros países latinoamericanos.

En seguida, una de las vitrinas encierra el Himno Patriótico que el músico Mariano Ramo le compuso en su honor;,en otra más, el bastón de mando que le obsequiaron los habitantes de Santa María Ixcatlán, en reconocimiento a su liderazgo.

La sala dos, dedicada a exposiciones itinerantes, actualmente exhibe un ejemplar de la Constitución Federal de 1824, impresa en seda y un retrato del prócer mexicano, pintado por David Alfaro Siqueiros.

La sala tres, cuyo tema principal son Las Leyes de Reforma que el Gran Patricio impulsó durante las décadas de 1850 y 1860, exhibe el documento que establece la separación entre los asuntos del gobierno y de la iglesia, la bandera del Ejército Mexicano utilizada durante la invasión francesa y un retrato de Juárez pintado por José Escudero Espronceda.

La sala cuatro, "El perfil de un hombre", permite al visitante conocer aspectos más íntimos de Benito Juárez, como lo fue su austeridad en el vestir y la sencillez de sus costumbres republicanas que lo mantenían alejado de cualquier lujo.

Con el 70 por ciento de prendas donadas por los descendientes de la familia Juárez-Maza, la sala muestra a un Juárez austero, que siempre vestía una casaca de color negro, camisa impecablemente blanca, unos catalejos que utilizó durante el tiempo que permaneció en el exilio en Nueva Orleans, así como un reloj de bolsillo que en lugar de números lleva su nombre.

Estos objetos contrastan con los bastones de mando con empuñaduras de oro y piedras preciosas que le obsequiaron durante su gestión presidencial, explicó por su parte Martha López, encargada del resguardo del recinto.

Los objetos presentados en esta sala permite conocer a Juárez como miembro de la logia masónica, a la cual ingresa el 15 de enero de 1847 y en la cual alcanza ocho reconocimientos, uno de ellos el grado 33, que es el máximo de este gremio.

Esta austeridad republicana también se vio reflejada en su vida familiar, donde en las salas cinco, seis, siete y ocho es posible apreciar los objetos de cocina y en los que ingerían sus alimentos como utensilios de plata y de cerámica para el servicio de mesa, así como otros objetos de mantelería con el monograma de la familia Juárez.

Asimismo, se exhiben bordados que hizo Doña Margarita Maza para ayudar económicamente a su marido, quien se encontraba en el exilio, pues había que mantener a su numerosa familia que constaba de 12 hijos, cinco de ellos fallecidos antes de alcanzar la adolescencia: (María Guadalupe, Amanda, Jerónimo, Antonio y José María, el más querido por Juárez).

Destaca la sala ocho, donde se encuentra la recámara donde Juárez murió el 18 de julio de 1872. Su principal adorno consiste en un águila republicana y el mobiliario típico en una habitación de aquella época.

Entre los objetos existentes destacan varias fotografías de la familia Juárez-Maza, un costurero de madera tallada, obsequiado a doña Margarita por el maestro artesano Manuel Liceaga, en 1867, y un retrato de ella misma, fallecida años antes que el presidente.

Se encuentra también la llave del féretro, la mascarilla en bronce, vaciada del original en yeso que se tomó momentos después de su muerte, y el último libro que leyó, así como la escritura de división y aplicación de bienes entre sus herederos.

La sala nueve exhibe el despacho privado de Juárez, donde pasó largas horas tomando decisiones importantes sobre el destino del país, en él, además de su escritorio, se encuentran documentos y objetos personales también donados por la familia.

Martha López comentó que buena parte de éstos -300 aproximadamente, entre ellos cerca de 30 fotografías- ya han sido restaurados para su edición en un disco compacto para que puedan ser consultados.

A la muerte de Juárez, su figura se convirtió en un símbolo y su imagen pasó a ser parte de la iconografía popular. Los gobiernos lo convirtieron en héroe y el pueblo en mito, de allí que el museo dedica sus dos últimas salas, la 10 y 11, a exhibir algunas de las condecoraciones y objetos que se realizaron como homenaje póstumo.

Resaltan monedas, estampillas, medallas, libros y un retrato caligrafiado, obra maestra realizada en 1877 por José Joaquín Fernández de Lizardi, en la que, a través de los trazos que dan forma a la imagen de Juárez, el autor narra la biografía del prócer y hace una detallada descripción de sus funerales.

También se exhibe una litografía donde aparecen Benito Juárez y sus ministros, un retrato con 24 firmas al calce que certifican la autenticidad de la misma, y una pintura del homenajeado, realizada por B. J. Delauney.

Con motivo del bicentenario del natalicio del Benemérito de las Américas, José Ramón de San Cristóbal destacó que desde el inicio del año, el número de visitantes al recinto se ha incrementado notoriamente, ya que los fines de semana han llegado a registrar hasta dos mil personas.




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