![]() | Formato de impresión patrocinado por | ||
| Revolucionan el teatro |
|
Julio Alejandro Quijano
El Universal Ciudad de México Miércoles 10 de octubre de 2007 |
|
Actores se vuelven empresarios y buscan que el teatro sobreviva, trabajan en equipo como las reinas chulas o dan funciones gratis como Bruno Bichir
|
|
Son pocos pero efectivos y actúan de manera sorpresiva. Sus métodos difieren pero su objetivo es el mismo. Por ejemplo, de pronto, en la esquina de Zamora y Puebla se anuncia: teatro gratis. Basta llamar al teléfono del Foro Shakespeare para ver Los amores ausentes, Noches de satín blanco, o El anfitrión. Bruno Bichir, administrador del foro, explota cuando explica sus razones: “¡Claro que pierdo dinero pero ese no es el punto importante; de lo que se trata es de romper el cerco gubernamental, de hacer teatro a pesar de todo!”.
Otro foco rojo se enciende también en Madrid 13. Su método es distinto porque aquí la entrada no es gratuita pero si un cliente pide una coca cola para acompañar el espectáculo, las administradoras del foro, Las reinas chulas tienen una respuesta implacable: “Se la pellizca porque aquí solo vendemos Lulú Cola. Nada de Coca, preferimos apoyar a refrescos Pascual que es una cooperativa y es mexicana”. Son actores, directores, teatreros en general que se convirtieron en empresarios para producir y administrar sus propios foros y espectáculos. A diferencia de la mayoría de los empresarios, su objetivo no es la plusvalía capitalista, sino la defensa de ciertos ideales. Si se dijera que son guerrilleros del teatro no sería exagerado. Bruno Bichir es aún más lapidario: “En última instancia hablamos de ser revolucionario, de ir en contra de los cercos económicos y sociales que imponen las instituciones. Hay que ir al teatro ¡como sea! Si tenemos que dar funciones gratis, las damos”. El Proyecto Xola dirigido por Otto Minera hace su propia lucha en otra esquina: Gabriel Mancera y Eje 4 sur Xola. Desde hace un año, este director teatral programa, produce y a veces dirige las obras que se montan en el teatro Julio Prieto. Su ideal no es la revolución ni el boicot a alguna transnacional refresquera, sino un valor más alto: “la verdad”. Otto Minera explica: “Dice Mamet que el teatro es a dónde vamos a escuchar la verdad. Así es por ejemplo, en la obra que actualmente presentamos Por razones oscuras que dirige Angélica Aragón”. Pero volvamos a Madrid 13, al sur de la ciudad de México. Es el foro El Vicio, anteriormente conocido como El Hábito. Ubicado en el predio que fuera casa de Salvador Novo, parece por tanto muy natural que no entren los camiones de la Coca-Cola. El lugar es administrado por Las reinas chulas, grupo de actrices que heredó el foro de manos de Jesusa Rodríguez. Además de vender sólo refrescos Pascual, sueñan con la utopía de hacer de México un mejor lugar para vivir. “Eso quisiéramos pensar, que no sólo somos unas cuentachistes muy graciosas, sino que en algo contribuimos a la concientización de los problemas de este país”, dice Cecilia Sotres al tiempo que se caracteriza para actuar en Coopelas o cuello, espectáculo que tiene su origen en aquella noticia del decomiso de 205 millones de dólares a Zhenli Ye Gon. La crítica social hacia el “mal gobierno” es una constante en las funciones de El Vicio al punto de que han sido objetos de algunos vituperios ideológicos. “Algunos hasta nos han dicho perredistas”, dice divertida Blanca Loaria. “En realidad somos un grupo de actrices que está de acuerdo en ciertas cosas —¿Y qué pasaría si alguien viniera a ofrecerles esa suma de dinero similar para invertirla en El Vicio? Las Reinas Chulas difieren en la respuesta. Ana Francis Mor dice: “No creo que nadie quiera venir a invertir 205 millones en estas Reinas”. Blanca Loaria es más precavida: “Pues primero que vengan a ofrecerlo porque la verdad es que sí estamos medio pobres. El BMW que ves ahí afuera no es nuestro, ha de ser robado”. Nora Huerta ofrece la respuesta más guerrillera idealista, revolucionaria: “Yo creo que todos tenemos un precio. Y el precio de Las reinas chulas no son 200 ni 300 millones de dólares, nuestro precio es ver un México más justo, equitativo y democrático”. Gerardo Quiroz es otro ejemplo y aunque no se ubica como un idealista que defiende causas revolucionarias con sus montajes, las razones para seguir invirtiendo a pesar de las pérdidas son las mismas que las de sus compañeros.
|
|
© Queda expresamente prohibida la republicación o redistribución, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL |