En Japón la flor del cerezo es venerada como un símbolo nacional que representa la impermanencia de las cosas, ya que es muy poco el tiempo que dura floreciendo. A partir de este símbolo, "Las flores del cerezo", una nueva cinta dramática examina el matrimonio y la búsqueda de la felicidad dentro de una familia alemana.
Rudi (Elmar Wepper) y Trudi (Hannelore Eisner) llevan muchos años casados. Él está retirado y disfruta el tener una existencia tranquila, alejado de sus hijos que ya son adultos. Por su parte, Trudi admira el arte japonés y desearía más que nada conocer el Monte Fuji.
Las circunstancias conspiran para que Trudi pueda hacer realidad su sueño de conocer Japón, donde además vive Karl (Maximiliam Brueckner), su hijo más pequeño, cuando convence a Rudi de que es tiempo de visiten a sus hijos.
Pero Trudi fallece antes de llegar a Japón, cuando se encuentran visitando
a sus otros hijos que viven en Alemania. Con el corazón roto y extrañando a su esposa, Rudi decide terminar el viaje en honor a Trudi, donde tiene tiempo de reflexionar sobre la vida al conocer el Monte Fuji y ver las flores del cerezo.
Pero sobre todo adquiere otra perspectiva de la vida cuando reanuda su relación con Karl, de quien estaba distanciado, y conoce a Yu (Aya Irizuki), una bailarina de Butoh, un baile tradicional japonés que Trudi siempre admiró.
Dirigida y escrita por Doris Dorrie, quien tiene además otra carrera prolífica como escritora de literatura, "Las flores del cerezo" es quizá demasiado obvia en cuanto a sus simbolismos, pero eso no impide que se pueda disfrutar la sencillez con que narra su historia, la cual no oculta sus deseos de querer despertar en la audiencia simpatía.
Las flores del cerezo
Alemania, 2009
Dir. Doris Dorrie
Con Elmar Wepper, Hannelore Eisner y Maximiliam Brueckner