El primer triunfo del cine sonoro en Estados Unidos fue cantando. Sus primeros balbuceos no tuvieron repercusión hasta que en 1927 llegó El cantante de Jazz, de Al Jolson, y a partir de ahí se inauguró un género que con el tiempo se fue puliendo: la comedia musical.
"No has oído nada todavía", es la famosa frase de esa cinta mítica que auguraba lo que vendría después, ya que se ha mantenido desde entonces y nunca ha dejado de producirse.
Su mayor auge se dio en los cincuenta, su caída en los ochenta y su gran resurrección en los noventa, cuando hasta un director como Lars Von Trier le entró aunque con una tragedia, Bailando en la oscuridad, donde la cantante islandesa Björk sucumbió ante la ley.
Pero la comedia ahí está: inamovible, repitiendo una fórmula probada, seduciendo a millones de personas y poniendo a prueba actores y actrices que, aunque no sea lo suyo, están dispuestos a jugarse la garganta para participar de él.
Y la prueba más reciente es Mamma mía! dirigida por Phyllida Lloyd que vuelve a lo retro y abre el oído a la música de un grupo setentero que, cuando desapareció, parecía condenado al olvido en el cielo del pop kitsch: ABBA.
Y es que la nostalgia como motor creativo ha sido utilizada infinidad de veces y reafirmada, sobre todo en el siglo XXI, con producciones como El molino rojo, (Baz Luhrmann , 2001) Chicago, (Rob Marshhal, 2002) o, A través del universo, (Julie Taymor, 2007) en la que Los Beatles se erigen como el sonido de una época que continúa moviendo los cuerpos juveniles por más que sus integrantes vivos se encuentren en la tercera edad.
El fenómeno ABBA
Pero ABBA no son Los Beatles ni de lejos, pues su culto nace de su calidad incuestionable y por ello, la rehabilitación pública del grupo sueco no tiene precedentes. Se ha dado poco a poco de manera soterrada, a pesar de que desde hace un cuarto de siglo, su promedio de venta es de 3 millones de discos al año.
En 1994 un par de películas australianas, rescató sin pudor su música, globalizándola en La boda de Muriel de P.J. Hogano y Priscilla, reina del desierto, de Stephan Elliot y así su sonido comenzó a desperezarse, aún más en las mesas de los DJ.
Cuatro años después de esas cintas, Catherine Johnson creó un musical basada en las canciones de ABBA, y escrita por los dos integrantes masculinos del grupo, Benny Andersson y Björn Ulvaeus; así nació Mamma Mia!, que es escenificada en los teatros londinenses y neoyorkinos con gran éxito, bajo la batuta de la misma directora que ahora la lleva a la pantalla grande.
Fue en Broadway donde la vio Meryl Streep y quedó tan entusiasmada que cuando le ofrecieron el papel protagónico para la película ni dudó, pues con ello salda, además, una deuda con el género, después de que Madonna le ganara la partida en Evita.
El camino al cine
Filmada en Grecia, Mamma mía!, cuenta una sencilla historia de enredos, en la que Sophie (Amanda Seyfried), a punto de casarse, decide descubrir quién es su padre.
Tras escudriñar el diario de juventud de su madre Donna (Merryl Streep), una ex hippie liberal, invita en secreto a sus tres posibles progenitores, encarnados por Colin Firth, Stellan Skarsgård, y Pierce Brosnan (quien demuestra que James Bond no sirve para la cantada), como sí las amigas de Donna que interpretan Julie Walters y Christine Baranski.
Una cinta divertida que se entreteje con canciones que convocan la nostalgia.
Mamma mia!
EU, 2008 Dir. Phyllida Lloyd
Con Meryl Streep, Pierce Brosnan, Amanda Seyfried, Colin Firth y Stellan Skarsgard