Si volteamos al cielo podemos ver cómo las nubes se transforman en animales, objetos, personas, en fin, todo depende de la imaginación de quien esté viendo.
Pero aquí no hace falta voltear hacia arriba, a nivel de tierra también tenemos figuras escondidas. Rostros humanos, zapatos, camellos, pájaros, elefantes, patos, soldados, bueno, hasta platillos voladores, tú eliges qué ves en el Valle de Piedras Encimadas, un jardín de esculturas naturales.
Al entrar en este lugar, especialmente en esta época de lluvias que parece no acabar nunca, es como si nos adentráramos en un bosque encantado donde habitan seres gigantes de piedra que aparecen de entre la niebla. Y es que se cuenta que aquellas rocas superpuestas una sobre otra en perfecto equilibrio son en realidad gigantes cuya maldad fue castigada por un dios prehispánico que los convirtió en piedras.
El Valle de Piedras Encimadas es uno de los sitios más famosos de Zacatlán de las Manzanas, un pintoresco pueblo adornado por un enorme reloj de flores. Las casas de dos plantas con techos de teja, muros de piedra, balcones de herrería y enormes zaguanes están rodeadas de escenarios que sólo la naturaleza podría crear.
En la Barranca de los Jilgueros se puede ver un monolito que data de por lo menos un millón de años. La Cascada de San Pedro es perfecta para un día de campo y las Grutas de Zapotitlán ideal para ver figuras caprichosas formadas a través de los años.
Y si ya estás por allá, échate un vinito de manzana, claro, aunque también hay otras exóticas opciones: Durazno, membrillo, pera, zarzamora, capulín, catorce tortillas, nuez, limón y algunas más.
Dónde
Tomar la salida por Indios Verdes hacia Tulancingo; pasando Tulancingo se encuentra la laguna El Tejocotal y a pocos kilómetros de ahí está la desviación a Chignahuapan-Zacatlán, Puebla.