Toma una fresa fresca, sumérgela en un poco de nata y embárrala de azúcar morena. Ahora dale un mordisco. Delicioso y muy natural. “Es un platillo muy simple”, dice el chef Azari Cuenca, quien además de crear los platillos, es uno de los dueños de Litoral.
Efectivamente, este postre no resulta complejo ni demasiado sofisticado, pero ahí radica parte del encanto y ahí también está una de las razones por las que el restaurante pronto cumplirá una década de experiencia.
En Litoral todos los platos son así, naturales y sencillos, pero con un toque de sofisticación, un pequeño detalle que lo hace especial sin perder el sabor real de los ingredientes. Para muestra, un tournedo de atún ($155): Una rueda del pescado fresco salteada y sellada con limón y pimienta. Así, simple, el sabor del atún es lo importante. Una salsa de sabayón de naranja le da un toque especial. Acompañado por un poco de guacamole con cebolla morada caramelizada y totopos de masa azul y amarilla. Y como ese, otros. Pulpo a la gallega ($146), filete de robalo Juan ($148), Filete Azari ($152) o unos tradicionales Huauzontles ($125).
Cada uno es una paleta de colores tan atractiva a la vista como al paladar. Todo acompañado por un pan aderezado con aceite de oliva y un poco de ajo, servido calientito. “Hay gente que sólo viene por su pan”, asegura el chef. Aquí el menú lo creas tú y la naturaleza.
Algunos platillos que surgen como especiales se quedan gracias a la demanda; otros desaparecen porque los ingredientes se hacen más caros y difíciles de conseguir; unos más regresan después de varios meses; en fin, que la carta, como la comida, es un ente vivo que evoluciona con los años.