Un derviche (del persa darvish, mendigo) es un miembro de una agrupación religiosa ascética sufi. El término persa significa el que busca las puertas y se refiere a una persona que vive una pobreza mendicante, indiferente a las posesiones materiales y dedicada al aprendizaje de la religión.
Los derviches son conocidos popularmente por una danza que interpretan que consiste en dar vueltas sobre sí mismos de manera prolongada, y de gran concentración, con la cual establecen contacto con Dios.
Hoy, la figura de estos hombres sirve de leit motiv a Ximena Escalante para su obra Derviche, cuentos sufis para incomodar a los convencionales, un montaje maravilloso, que bien vale la pena diseccionar.
Primero debemos hablar del texto dramático, en el que de manera muy ágil y poética, Escalante cuenta cuatro historias al mismo tiempo hermosas y terribles.
Sin duda, con cada nueva obra, Ximena Escalante ha demostrado su eterno talento como dramaturga, y su interés por temas ligados a diferentes culturas.
Desde Fedra y otras griegas o Yo también quiero un profeta, hasta La piel, Colette, Te odio o Touché, Ximena ha mostrado un trabajo sólido, que no se conforma con lo alcanzado y que arriesga en cada propuesta escénica.
Ahora bien, el estupendo texto crece con la creativa y exacta dirección escénica de Carlos Corona, quien dota al montaje de una fuerza y una ternura al mismo tiempo contrastantes y complementarias.
Para lograr esto, Corona se apoya en dos creativos realmente excelentes: Jorge Ballina (escenografía e iluminación) y Jerildy Bosch (vestuario) quienes realmente se anotan un diez con propuestas hermosas, funcionales y novedosas.
Ahora bien, gracias a este entorno estupendamente bien cuidado, el trabajo de los actores luce a plenitud: Erika de la Llave, perfecta como siempre; Miguel Flores, Miguel Conde, Talía Marcela, y Héctor Holten, todos muy bien.
Derviche, una joya escénica que vale mucho la pena.
Derviche
Sala Xavier Villaurrutia
Unidad Artística y Cultural del Bosque S/N Col
Polanco
Mié, 20 hrs
$150