Uno de los clásicos relojes derretidos del genio surrealista español Salvador Dalí (1904-1989) convive con los mexicanos en el centro histórico de la ciudad, junto a otras catorce esculturas suyas en una exposición.
Un unicornio sangrante, una versión enloquecida de Newton y su manzana y la visión daliniana de una Venus despliegan surrealismo ante los curiosos que, en plena vía pública, observan el arte del maestro de Figueras que se recoge en Dalí: juego y deseo .
Mujer en llamas, Alicia en el país de las maravillas, Perseo, Homenaje a Benvenuto Cellini y Cristo de San Juan de la Cruz son cuatro esculturas de gran tamañao que se presentan en el atrio del templo de San Francisco, situado en el Centro Histórico de la urbe, a un costado de la ciclópea Torre Latinoamericana.
El resto de las obras se mostrará en el Museo Soumaya, situado en el barrio colonial de San Ángel, en el sur de la urbe, y en la explanada comercial frente a él.
La pieza que recibe primero a los visitantes, un reloj derretido -el queso Camembert del espacio y el tiempo, como los definía Dalí-, afronta dócil los cuidados de un técnico que la acicala con una especie de secador, poco antes del inicio oficial de la exposición.
Es La danza del tiempo I, que comparte espacio en la explanada con Venus espacial, Newton surrealista -que sustituye la manzana del físico por una esfera dorada, El unicornio y Gabinete antropomórfico.
Las quince piezas exhibidas han sido elegidas por estar hechas en bronce dorado, lo que les facilita soportar los rigores de la exhibición pública.
Las esculturas forman parte de las 42 que el empresario Carlos compró a un particular suizo, autentificadas por el que fuera secretario personal del artista y por diversos estudiosos.