El señor muerte le cambió la vida a Graciela Iturbide. Lo conoció en un panteón de Dolores, Hidalgo, cuando la fotógrafa mexicana llevaba casi siete años obsesionada por retratar niños muertos. Entonces se encontró con un hombre que yacía a la entrada del cementerio, cuyo rostro había sido devorado por una parvada de pájaros que dejaron a la vista su cráneo. La imagen la impresionó tanto que decidió dejar de fotografiar angelitos. Luego de más de 30 años de haberla captado, Iturbide exhibirá Mr. Death en la exposición Ojos para volar, que se inaugura mañana en el Centro de la Imagen.
A pesar de que la captó en 1976, la fotografía estuvo guardada durante mucho tiempo porque Iturbide no la imprimió. La guardaba inédita en sus contactos por el mismo temor que le provocaba. Ella había comenzado a retratar angelitos en los panteones de cuanto pueblo visitaba como una forma de exorcizar el dolor que le provocó la muerte de su hija Claudia, cuando apenas tenía seis años.
“Cuando lo vi tomé tres o cuatro fotos de él. Inmediatamente después vi el cielo que estaba lleno de pájaros. Ahí dije: hasta aquí. Seguí fotografiando a la muerte pero disfrazada: las calaveras de azúcar, la de las fiesta populares donde aparece embarazada, niña y juguetona. La muerte lúdica”, señala en entrevista.
Esta fotografía acompaña a otras 49 imágenes poco conocidas de Graciela Iturbide, las cuales forman parte de la colección del estadounidense Bill Wittliff. Tras conocer una serie de 10 libros que se editaron en España sobre diversos artistas, el coleccionista decidió adquirir una parte de ese trabajo de Iturbide y, junto con la Universidad de Austin, Texas, realizaron un libro con las fotografías de la mexicana y una entrevista que le hizo Fabienne Bradu.
“Son las fotos de las que yo hablo en la entrevista, que es un poco mi vida: cómo empecé a ser fotógrafa, un poco mi relación con Manuel Álvarez Bravo, en fin, mi vida como fotógrafa. Lo ideal sería que la gente leyera el libro para que supiera lo que Fabienne habla de mí y lo que yo cuento. Es un libro que está en español y en inglés y se presentará en febrero de 2008”, señala Iturbide, quien curiosamente presenta por primera ocasión una exposición individual en el Centro de la Imagen.
Aunque ha conocido toda la República Mexicana y varias partes del mundo a través de su cámara, Iturbide dice que puede sorprenderse en cualquier momento con una imagen.
“Henri Cartier-Bresson decía que hay que trabajar con el cerebro, con el corazón y con la sensibilidad de la mano. Yo pienso que lo primero es la emoción de lo que encuentras, después, al ver los contactos hay otra emoción porque cosas que pensabas que eran buenas resulta que en el contacto no son lo que pensabas, quizá la emoción te comió y no pudiste captar lo que esperabas.
“Yo creo que el fotógrafo debe de tener un lenguaje propio, haga lo que haga. Siempre tiene que haber un sello propio que tiene que ver con lo que lees, con tu preparación, con la fotografía y la pintura que miras, con las influencias que has tenido, pero siempre Graciela Iturbide tendrá que estar presente en todo lo que fotografía, se tendrá que notar —por más que cambie— que hay un espíritu, un corazón y una cultura que la acompaña”.
La exposición Ojos para volar permanecerá en exhibición hasta el 2 de marzo en el Centro de la Imagen, ubicado en Plaza de la Ciudadela 2, Centro Histórico. Entrada gratuita.