Según la mitología griega, alguna vez existió una criatura que era mitad toro, mitad humano y que vivía atrapada en un laberinto.
En esta versión fílmica, el minotauro ha perdido su parte humana, sin embargo, aún mantiene el punto central del relato de enfrentar a simples mortales en un gran desafío.
Los mortales de la aldea de Minos saben que cada siete años algunos serán sacrificados y arrojados al laberinto de Creta para que el minotauro los devore, y Theo (Tom Hardy), el hijo del líder de la aldea, siempre está fuera del grupo condenado; sin embargo, cuando su novia si es enviada a la muerte, el joven decide rescatarla, y de paso forja una relación con la hija del rey Deucalian (Tony Todd), quien alberga un interés incentuoso en su hija.
El resto es fácil imaginarlo, unos vivirán, otros morirán, pero todos se toparán con el minotauro, el cual es más grande y feo de lo que el mito decía.
A pesar de que a muchos no les agradaran los cambios que se le hicieron al mito griego, hay que agradecer a los realizadores de Minotauro el hecho de que se animaron a hacer una película donde la criatura asesina no es producto de una mutación genética, es un niño muerto como en las cintas japonesas, o un asesino enloquecido armado con una sierra eléctrica.
Sin embargo, no es nada sobresaliente, cumple a ratos, pero no es una buena cinta.
Minotauro
Reino Unido, 2006.
Dir. Jonathan English.
Con Tom Hardy, Michelle Van Der Water, Tony Todd.