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26 de abril de 2004

Testimonios
¿Adiós a la familia?
Modelos de convivencia del nuevo siglo
 
Por: Viétnika Batres
 
Una madre soltera por elección. Un soltero que decidió adoptar a un niño. Dos mujeres y su hija biológica, producto de una inseminación artificial anónima. Un hombre y una mujer que sin ser pareja comparten la crianza del hijo de ambos. Un par de divorciados que se casan por tercera vez y viven con los hijos anteriores más un bebé en común. Una pareja que no quiere tener descendencia...

¿Cuántos tipos de familia puede haber? Tantos como la gente imagine. A medida que la humanidad tiene más oportunidad de manifestar abiertamente su diversidad, se multiplican las formas de convivencia. Cada quien hace los arreglos que mejor le acomodan.
 
Foto: Elena Anaya

Con las nuevas tecnologías, en los próximos cien años los niños vendrán indistintamente de úteros o de probetas. Habrá cada vez más embriones que permanecerán congelados un tiempo indeterminado antes de nacer. En caso de ser clonados, quién sabe si tengan hermanos o, de plano, si necesiten padres y madres.

Con todo, el modelo tradicional papá-mamá-hijitos no camina hacia la extinción, sino a la transformación. Es inevitable. Por eso el tema de las nuevas familias es el tema de este siglo.

Cambio generacional

¿Menor de 30 años y sin deseos de casarte ni tener hijos? Es una realidad que avanza. Los chavos ya no se sienten tan atraídos por la idea de “sentar cabeza” y, en automático, convertirse en padres.

Marta Lamas, antropóloga y directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) explica que la realización personal a través de la paternidad ha sufrido un cambio notable, sobre todo entre los jóvenes, que cada vez más buscan realizarse en el ámbito profesional y económico, así que posponen, o cancelan, el tener hijos.
Es una consecuencia de “la modernización de la vida: y los valores de autonomía e independencia que surgen con ésta”. Sin embargo, el cambio no es parejo porque sólo se está dando en las clases medias de las zonas urbanas más desarrolladas y es “marcadamente generacional”.

También es un cambio lento. Enoé Uranga, ex diputada independiente, recuerda que las nuevas generaciones todavía enfrentan presiones sociales, morales y religiosas para que un estereotipo de familia se sostenga “a la fuerza, así se haya acabado el amor”.

En las instituciones del Estado se sigue tratando el tema de la familia con una óptica anticuada, en todo caso limitada. La directora general del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), Ana Teresa Aranda, reconoce que “la familia está en constante transformación” y más que hablar de nuevos tipos de familia se refiere a la “desintegración familiar” como causa de “enormes conflictos sociales y comunitarios”.

En crisis y a la baja

¿A qué tipo de familia perteneces? En las estadísticas, las etiquetas empiezan a ser insuficientes. Se habla de familia nuclear (tradicional), extendida (papás e hijos más abuelos, tíos o primos), monoparental (sólo con madre o padre) y reconstituida (divorciados que se vuelven a casar). Fuera del vocabulario oficial, los académicos utilizan ya el término de familia homoparental para denominar a los hogares encabezados por homosexuales.

Los números oficiales reflejan hacia dónde va la familia tradicional. Enoé Uranga no duda en decir que “va a la baja... según las propias cifras del Consejo Nacional de Población (Conapo)”. Y cita de memoria: las familias de conformación amplia constituyen 33 por ciento de los hogares a nivel nacional. Los hogares llevados por mujeres, 20 por ciento y en el DF, 25 por ciento. Diez por ciento más está integrado por amigos que viven juntos, ancianos solidarios, parejas gay.

Marta Lamas matiza: “No estaría en la perspectiva de que es el fin de la familia tradicional. En cambio, diría que va hacia la crisis”, dado que se empeña en reproducir conductas poco sanas, como la relación desigual y autoritaria entre hombre y mujer.

Para Brígida García, investigadora de El Colegio de México, el cambio no ha llegado a ser dramático. “Nuestro país es uno de los pocos de América Latina donde el divorcio y las separaciones no aumentan significativamente todavía, ya que en el contexto nacional sigue pesando mucho la familia. La edad del matrimonio se mueve muy despacio y, fuera del ámbito urbano, los jóvenes aún no prevén entre sus opciones la postergación del casamiento”.

La familia natural

¿Qué es lo natural? Los hombres prehistóricos no se organizaban en familias, vivían en comunidad y ni siquiera tenían conocimiento de quién era el padre de los niños; las madres sí sabían quiénes eran sus hijos, pero todos cuidaban de la progenie. Eso fue lo natural, aclara Ángeles Haces, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

La familia nuclear formada por papá, mamá e hijos apenas se consolidó en el siglo XIX. Antes, en el siglo XVIII, la gente vivía en familias extendidas y en modelos de apoyo doméstico muy distintos a los actuales, precisa Marta Lamas.

Sin considerar la ciencia, la historia y, particularmente, el carácter laico del Estado mexicano, el gobierno foxista impulsa el fortalecimiento de la “familia natural”, un precepto religioso que le sirve de eje para la elaboración de políticas públicas.

Ana Teresa Aranda establece qué es la familia según el DIF: “Es muy fácil. Nada más hay que ir a la definición de la Real Academia de la Lengua Española e ir a la definición de los ordenamientos legales: por consanguinidad o por adopción. Esas leyes que tenemos obedecen ambas a la ley natural”.

Los especialistas consideran que este planteamiento es tramposo. “No hay familia natural. La familia no existe por naturaleza, la construimos socialmente”, dice Ángeles Haces.

Los días 29 y 30 de marzo pasado, el DIF avaló la realización en el Distrito Federal del tercer Congreso Mundial de la Familia, convocado por organizaciones católicas de Estados Unidos que promueven el matrimonio como “institución insustituible” que se debe defender de los “ataques modernos”.

“Imagínate lo que les falta para aceptar la existencia de hogares que tienen una estructura fundacional distinta”, expresa Enoé Uranga, única legisladora mexicana que ha declarado abiertamente su homosexualidad y que impulsó la Ley de Sociedades de Convivencia.

Lamenta, además, que “la Iglesia vaya dos siglos atrás de lo que ha evolucionado la sociedad. Decretó que la familia se iba a acabar si las mujeres votaban... Desde luego eso no sucedió. Ahora descalifican a los hogares alternativos”.

En México hay 23 millones de familias reconocidas como tales por el DIF. Aparte, existe un amplio abanico de relaciones de pareja no convencionales: el Conapo registra más de siete millones de familias no tradicionales.

Hasta que el juez nos separe

¿Matrimonio y mortaja... del cielo bajan? Ni hablar, el modelo de familia tradicional ha caído en un bache. El abandono y el divorcio aumentan día a día. Las madres y los padres solteros se multiplican. Es el tiempo de los “monógamos sucesivos”.

De 24 millones de madres mexicanas, 20 por ciento crían a sus hijos solas. Pero a diferencia de hace diez años --subraya Marta Lamas-- la sociedad reconoce su papel y el esfuerzo que representa sacar adelante a los niños sin el apoyo de una pareja. Además, hay más mujeres que abiertamente eligen ser madres sin tener un compañero.
En cuanto a los matrimonios, la tercera parte de los que terminan en divorcio dura de uno a cinco años, y la quinta parte alcanza de seis a nueve años.

“¿Todos los hijos que Dios te dé y hasta que la muerte te separe, así sea la muerte a golpes por tu marido? Eso ya no funciona”, apunta Enoé Uranga.

La ex asambleísta se remite de nuevo al dato duro. “La composición hombre-mujer-hijos atraviesa una crisis ascendente, que se refleja en los índices de violencia intrafamiliar: tres de cada diez de este tipo de hogares padece maltrato físico”.

El matrimonio se está redefiniendo, “cada vez es menos un intercambio de linajes y patrimonios. Hoy se da una revisión, no sólo de con quién te casas, sino de por qué y para qué te casas”. Cuando la relación no prospera, también se analiza si vale la pena intentarlo de nuevo.

Los cambios afectan a hombres y mujeres, aunque no por igual. De acuerdo con Adriana Ortiz, investigadora de El Colegio de México, “para algunas mujeres la familia tradicional ya no es opción, y para los hombres cada vez es más difícil asumir el rol de proveedores”.

Ireri de la Peña, fotógrafa de 43 años, está separada del padre de sus dos hijas. Luego de irse a juicio logró un convenio extrajudicial para garantizar la contribución económica y normalizar la presencia de su ex pareja, “pero ni así cumplió”.

Ireri se queja de que la mayoría de los hombres separados o divorciados “es incapaz de sostener un trato responsable y maduro con los hijos. Conozco muchos niños cuyo padre no logra tener la fortaleza emocional, económica, de educación, de simple compromiso con las cosas cotidianas”.

Si los padres se separan se constituyen dos hogares, “pero con frecuencia se da un desequilibrio entre las dos casas que altera el desarrollo de los niños. Al final, no pueden establecer el mismo tipo de relación con la mamá y con el papá”.

A pesar de que la vida en pareja va perdiendo encanto, muchos divorciados –tanto hombres como mujeres– optan por un segundo o tercer matrimonio. O más, si se puede. Es el fenómeno de la “monogamia sucesiva”. Se da con mucha mayor frecuencia que antes y ha ido sustituyendo a la casa chica porque el divorcio ya no está estigmatizado y sale muy caro mantener más de un hogar a la vez.

La otra opción, volver a la soltería, gana adeptos con velocidad, “aunque no deja de haber miradas muy jodidas sobre las mujeres solas”, comenta Ireri. “Entre que no saben si eres puta o tonta. Una de las dos has de ser para estar sola. No puede ser que haya sido tu decisión, eso no les cabe en la cabeza”.

Tres siglos, un país

¿Tres en uno? Pues sí. En México coexisten tres épocas: hay quienes viven plenamente en el siglo XXI, sobre todo en las grandes ciudades. Hay gente que continúa atorada en el siglo XX, y otros –las comunidades rurales más apartadas– se quedaron en el siglo XIX y hasta en el XVIII, explica Marta Lamas.

Mientras los países de la Unión Europea modifican sus legislaciones para ir a la par de la evolución de sus sociedades, uno de esos Méxicos, el más adelantado, apenas está entrando al debate sobre la transformación de la familia.

Pero no es de extrañar. En las leyes e instituciones mexicanas se sigue asumiendo que el hombre será el proveedor, la mujer se quedará en casa y los hijos nacerán en un hogar con esta estructura.

Por ejemplo, dice Enoé Uranga, “sólo hace tres años se reformó la Ley del Seguro Social para que las mujeres, que somos 37 por ciento de la fuerza laboral, pudieran darle protección médica a sus maridos. Tal era la rigidez del Estado”.

Ha habido otros avances. Los criterios para dar menores en adopción se están abriendo. En el estado de México ya se permiten las adopciones de niños de más de diez años por parte de adultos solos. Hasta ahora, cinco infantes han sido entregados a mujeres sin pareja y uno a un soltero: es el caso de Juan José Navarrete Barrios, padre adoptivo de Emmanuel, y pionero de esta modalidad en México.

El tema de las nuevas familias es el tema de este siglo. El debate, en palabras de Enoé Uranga, “es imparable”. La conformación de los hogares diversa es una realidad incontenible, “y la van a tener que reconocer”.




   
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