Una
madre soltera por elección. Un soltero que decidió
adoptar a un niño. Dos mujeres y su hija biológica,
producto de una inseminación artificial anónima.
Un hombre y una mujer que sin ser pareja comparten la crianza
del hijo de ambos. Un par de divorciados que se casan por tercera
vez y viven con los hijos anteriores más un bebé
en común. Una pareja que no quiere tener descendencia...
¿Cuántos tipos de familia puede haber? Tantos
como la gente imagine. A medida que la humanidad tiene más
oportunidad de manifestar abiertamente su diversidad, se multiplican
las formas de convivencia. Cada quien hace los arreglos que
mejor le acomodan. |
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| Foto:
Elena Anaya |
Con las nuevas
tecnologías, en los próximos cien años los
niños vendrán indistintamente de úteros o de
probetas. Habrá cada vez más embriones que permanecerán
congelados un tiempo indeterminado antes de nacer. En caso de ser
clonados, quién sabe si tengan hermanos o, de plano, si necesiten
padres y madres.
Con todo, el modelo tradicional papá-mamá-hijitos
no camina hacia la extinción, sino a la transformación.
Es inevitable. Por eso el tema de las nuevas familias es el tema
de este siglo.
Cambio
generacional
¿Menor
de 30 años y sin deseos de casarte ni tener hijos? Es una
realidad que avanza. Los chavos ya no se sienten tan atraídos
por la idea de “sentar cabeza” y, en automático,
convertirse en padres.
Marta Lamas, antropóloga y directora del Grupo de Información
en Reproducción Elegida (GIRE) explica que la realización
personal a través de la paternidad ha sufrido un cambio notable,
sobre todo entre los jóvenes, que cada vez más buscan
realizarse en el ámbito profesional y económico, así
que posponen, o cancelan, el tener hijos.
Es una consecuencia de “la modernización de la vida:
y los valores de autonomía e independencia que surgen con
ésta”. Sin embargo, el cambio no es parejo porque sólo
se está dando en las clases medias de las zonas urbanas más
desarrolladas y es “marcadamente generacional”.
También es un cambio lento. Enoé Uranga, ex diputada
independiente, recuerda que las nuevas generaciones todavía
enfrentan presiones sociales, morales y religiosas para que un estereotipo
de familia se sostenga “a la fuerza, así se haya acabado
el amor”.
En las instituciones del Estado se sigue tratando el tema de la
familia con una óptica anticuada, en todo caso limitada.
La directora general del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral
de la Familia (DIF), Ana Teresa Aranda, reconoce que “la familia
está en constante transformación” y más
que hablar de nuevos tipos de familia se refiere a la “desintegración
familiar” como causa de “enormes conflictos sociales
y comunitarios”.
En crisis
y a la baja
¿A qué
tipo de familia perteneces? En las estadísticas, las etiquetas
empiezan a ser insuficientes. Se habla de familia nuclear (tradicional),
extendida (papás e hijos más abuelos, tíos
o primos), monoparental (sólo con madre o padre) y reconstituida
(divorciados que se vuelven a casar). Fuera del vocabulario oficial,
los académicos utilizan ya el término de familia homoparental
para denominar a los hogares encabezados por homosexuales.
Los números oficiales reflejan hacia dónde va la familia
tradicional. Enoé Uranga no duda en decir que “va a
la baja... según las propias cifras del Consejo Nacional
de Población (Conapo)”. Y cita de memoria: las familias
de conformación amplia constituyen 33 por ciento de los hogares
a nivel nacional. Los hogares llevados por mujeres, 20 por ciento
y en el DF, 25 por ciento. Diez por ciento más está
integrado por amigos que viven juntos, ancianos solidarios, parejas
gay.
Marta Lamas matiza: “No estaría en la perspectiva de
que es el fin de la familia tradicional. En cambio, diría
que va hacia la crisis”, dado que se empeña en reproducir
conductas poco sanas, como la relación desigual y autoritaria
entre hombre y mujer.
Para Brígida García, investigadora de El Colegio de
México, el cambio no ha llegado a ser dramático. “Nuestro
país es uno de los pocos de América Latina donde el
divorcio y las separaciones no aumentan significativamente todavía,
ya que en el contexto nacional sigue pesando mucho la familia. La
edad del matrimonio se mueve muy despacio y, fuera del ámbito
urbano, los jóvenes aún no prevén entre sus
opciones la postergación del casamiento”.
La familia
natural
¿Qué
es lo natural? Los hombres prehistóricos no se organizaban
en familias, vivían en comunidad y ni siquiera tenían
conocimiento de quién era el padre de los niños; las
madres sí sabían quiénes eran sus hijos, pero
todos cuidaban de la progenie. Eso fue lo natural, aclara Ángeles
Haces, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores
en Antropología Social.
La familia nuclear formada por papá, mamá e hijos
apenas se consolidó en el siglo XIX. Antes, en el siglo XVIII,
la gente vivía en familias extendidas y en modelos de apoyo
doméstico muy distintos a los actuales, precisa Marta Lamas.
Sin considerar la ciencia, la historia y, particularmente, el carácter
laico del Estado mexicano, el gobierno foxista impulsa el fortalecimiento
de la “familia natural”, un precepto religioso que le
sirve de eje para la elaboración de políticas públicas.
Ana Teresa Aranda establece qué es la familia según
el DIF: “Es muy fácil. Nada más hay que ir a
la definición de la Real Academia de la Lengua Española
e ir a la definición de los ordenamientos legales: por consanguinidad
o por adopción. Esas leyes que tenemos obedecen ambas a la
ley natural”.
Los especialistas consideran que este planteamiento es tramposo.
“No hay familia natural. La familia no existe por naturaleza,
la construimos socialmente”, dice Ángeles Haces.
Los días 29 y 30 de marzo pasado, el DIF avaló la
realización en el Distrito Federal del tercer Congreso Mundial
de la Familia, convocado por organizaciones católicas de
Estados Unidos que promueven el matrimonio como “institución
insustituible” que se debe defender de los “ataques
modernos”.
“Imagínate lo que les falta para aceptar la existencia
de hogares que tienen una estructura fundacional distinta”,
expresa Enoé Uranga, única legisladora mexicana que
ha declarado abiertamente su homosexualidad y que impulsó
la Ley de Sociedades de Convivencia.
Lamenta, además, que “la Iglesia vaya dos siglos atrás
de lo que ha evolucionado la sociedad. Decretó que la familia
se iba a acabar si las mujeres votaban... Desde luego eso no sucedió.
Ahora descalifican a los hogares alternativos”.
En México hay 23 millones de familias reconocidas como tales
por el DIF. Aparte, existe un amplio abanico de relaciones de pareja
no convencionales: el Conapo registra más de siete millones
de familias no tradicionales.
Hasta
que el juez nos separe
¿Matrimonio
y mortaja... del cielo bajan? Ni hablar, el modelo de familia tradicional
ha caído en un bache. El abandono y el divorcio aumentan
día a día. Las madres y los padres solteros se multiplican.
Es el tiempo de los “monógamos sucesivos”.
De 24 millones de madres mexicanas, 20 por ciento crían a
sus hijos solas. Pero a diferencia de hace diez años --subraya
Marta Lamas-- la sociedad reconoce su papel y el esfuerzo que representa
sacar adelante a los niños sin el apoyo de una pareja. Además,
hay más mujeres que abiertamente eligen ser madres sin tener
un compañero.
En cuanto a los matrimonios, la tercera parte de los que terminan
en divorcio dura de uno a cinco años, y la quinta parte alcanza
de seis a nueve años.
“¿Todos los hijos que Dios te dé y hasta que
la muerte te separe, así sea la muerte a golpes por tu marido?
Eso ya no funciona”, apunta Enoé Uranga.
La ex asambleísta se remite de nuevo al dato duro. “La
composición hombre-mujer-hijos atraviesa una crisis ascendente,
que se refleja en los índices de violencia intrafamiliar:
tres de cada diez de este tipo de hogares padece maltrato físico”.
El matrimonio se está redefiniendo, “cada vez es menos
un intercambio de linajes y patrimonios. Hoy se da una revisión,
no sólo de con quién te casas, sino de por qué
y para qué te casas”. Cuando la relación no
prospera, también se analiza si vale la pena intentarlo de
nuevo.
Los cambios afectan a hombres y mujeres, aunque no por igual. De
acuerdo con Adriana Ortiz, investigadora de El Colegio de México,
“para algunas mujeres la familia tradicional ya no es opción,
y para los hombres cada vez es más difícil asumir
el rol de proveedores”.
Ireri de la Peña, fotógrafa de 43 años, está
separada del padre de sus dos hijas. Luego de irse a juicio logró
un convenio extrajudicial para garantizar la contribución
económica y normalizar la presencia de su ex pareja, “pero
ni así cumplió”.
Ireri se queja de que la mayoría de los hombres separados
o divorciados “es incapaz de sostener un trato responsable
y maduro con los hijos. Conozco muchos niños cuyo padre no
logra tener la fortaleza emocional, económica, de educación,
de simple compromiso con las cosas cotidianas”.
Si los padres se separan se constituyen dos hogares, “pero
con frecuencia se da un desequilibrio entre las dos casas que altera
el desarrollo de los niños. Al final, no pueden establecer
el mismo tipo de relación con la mamá y con el papá”.
A pesar de que la vida en pareja va perdiendo encanto, muchos divorciados
–tanto hombres como mujeres– optan por un segundo o
tercer matrimonio. O más, si se puede. Es el fenómeno
de la “monogamia sucesiva”. Se da con mucha mayor frecuencia
que antes y ha ido sustituyendo a la casa chica porque el divorcio
ya no está estigmatizado y sale muy caro mantener más
de un hogar a la vez.
La otra opción, volver a la soltería, gana adeptos
con velocidad, “aunque no deja de haber miradas muy jodidas
sobre las mujeres solas”, comenta Ireri. “Entre que
no saben si eres puta o tonta. Una de las dos has de ser para estar
sola. No puede ser que haya sido tu decisión, eso no les
cabe en la cabeza”.
Tres
siglos, un país
¿Tres
en uno? Pues sí. En México coexisten tres épocas:
hay quienes viven plenamente en el siglo XXI, sobre todo en las
grandes ciudades. Hay gente que continúa atorada en el siglo
XX, y otros –las comunidades rurales más apartadas–
se quedaron en el siglo XIX y hasta en el XVIII, explica Marta Lamas.
Mientras los países de la Unión Europea modifican
sus legislaciones para ir a la par de la evolución de sus
sociedades, uno de esos Méxicos, el más adelantado,
apenas está entrando al debate sobre la transformación
de la familia.
Pero no es de extrañar. En las leyes e instituciones mexicanas
se sigue asumiendo que el hombre será el proveedor, la mujer
se quedará en casa y los hijos nacerán en un hogar
con esta estructura.
Por ejemplo, dice Enoé Uranga, “sólo hace tres
años se reformó la Ley del Seguro Social para que
las mujeres, que somos 37 por ciento de la fuerza laboral, pudieran
darle protección médica a sus maridos. Tal era la
rigidez del Estado”.
Ha habido otros avances. Los criterios para dar menores en adopción
se están abriendo. En el estado de México ya se permiten
las adopciones de niños de más de diez años
por parte de adultos solos. Hasta ahora, cinco infantes han sido
entregados a mujeres sin pareja y uno a un soltero: es el caso de
Juan José Navarrete Barrios, padre adoptivo de Emmanuel,
y pionero de esta modalidad en México.
El tema de las nuevas familias es el tema de este siglo. El debate,
en palabras de Enoé Uranga, “es imparable”. La
conformación de los hogares diversa es una realidad incontenible,
“y la van a tener que reconocer”.
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