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Hace
dos años me dieron una idea asombrosa para un libro: hacer
una antología de blogs. Yo estaba segura de que no había
manera de hacerla. Los libros son concisos. Los blogs son prolijos.
Los libros son lentos. Los blogs son rápidos.
Los libros te piden conservarse entre sus cubiertas. Los blogs te
invitan a extraviarte. Los libros se preocupan por los derechos
de autor y evitan la difamación. Los blogs toman lo que necesitan
impunemente —noticias, chismes, películas, videos.
Hacer un libro con materiales de blog, si pudiera hacerse, acabaría
con éste, ¿no es así? (De hecho lo hice: Ultimate
Blogs, Vintage, 2008.)
Un blog, para aquellos que no lo saben, es un diario o bitácora
que aparece en un sito de la red. Se escribe en línea, se
lee en línea. Está ahí para que cualquier persona
conectada a internet pueda verlo y (en muchos casos) comentarlo.
Los textos que se suben a la red, o posts, se organizan en un orden
cronológico inverso, como un montón de correos sin
abrir, con los nuevos posts hasta arriba y los viejos debajo. Algunos
blogs parecen revistas on-line, con gráficas, barras y fotos
con pie. Otros sólo tienen el nombre del blog en el título
y los posts fechados después. Puedes encontrar blogs con
una búsqueda en Google, bajo el nombre del blog (si lo sabes)
o haciendo una búsqueda en Google Blog mediante palabras
clave.
La palabra “blog” es una palabra mixta para web log
o weblog. En 1997 Jorn Barger, el autor de Robot Wisdom, un sitio
de la red lleno de textos sobre James Joyce, la inteligencia artificial
y el judaísmo como racismo (él mismo tiene fama de
racista), acuñó la palabra weblog. En 1999 Peter Merholz,
el autor de un weblog llamado Peterme, la dividió en dos
así: we blog inventando una palabra que podía usarse
como nombre y como verbo. Nació entonces “blog”.
Actualmente existen más de 100 millones de blogs en el mundo,
15 millones de los cuales están activos. (En Japón
los blogs olvidados o abandonados se llaman ishikoro, guijarros.)
Existen blogs políticos, confesionales, de chismorreo, sexuales,
para las mamás, científicos, para soldados, de parafernalia,
de ficción, de video, fotográficos, y de dibujos animados,
por mencionar algunos. Algunas personas entran solas a los blogs
y otras en grupo. Todo periódico o revista que se respete
tiene a reporteros y críticos hurgando en los blogs, incluyendo
a The New York Times, The Atlantic y The New Yorker.
Cada deporte, cada guerra, cada huracán hace surgir toda
una cosecha de bloggers, que a menudo superan a los medios con su
puntualidad, su alcance geográfico y su obsesión por
los detalles. Puedes enterarte de detalles de la guerra de Irak
por los bloggers iraquíes, por los soldados estadounidenses
(frecuentemente censurados) o por estudiantes como Juan Cole, cuyo
blog, Informed Comment, resume, analiza y traduce las noticias que
vienen del frente. En el terreno de la ópera, por ejemplo,
está Parterre Box, algo pretencioso, o Sieglinde’s
Diaries y My Favorite Intermissions, escritos por los asiduos al
Met [Metropolitan Museum of Art], o bien Opera Chic, un blog basado
en La Scala de Milán (que siguió con todo detalle
el escándalo de la salida de Aída de Roberto Alagna
hace un año).
* * *
Con tal riqueza, parecería que, en un abrir y cerrar de ojos,
sería posible reunir un montón de blogs en un libro
y denominarlo antología. Falso. ¿El problema? Los
vínculos [links] —esos fragmentos de texto resaltados
en los que uno da clic para ser transportado a otro blog o a otro
sitio. (Los vínculos son los equivalentes en la red a las
notas a pie de página, excepto que te llevan directamente
a la fuente.) No es que sea difícil transcribir los vínculos
a la palabra impresa. Es que toda la cultura del vínculo
—componer al vuelo, tomar y pegar lo que quieras, hacer extrañas
e inexplicables relaciones y referencias— no entra fácilmente
en un libro. Sí, hablo de la escritura del blog en sí
misma.
Un buen número de libros ha ponderado los efectos de los
blogs y los bloggers en la cultura (We’ve Got Blog and Against
the Machine), en la democracia (Republic.com 2.0), en la política
(Blogwars), en la privacidad (The Future of Reputation), en los
medios (Blog: Understanding the Information Reformation and We’re
All Journalists, Now), en el profesionalismo (The Cult of the Amateur),
en los negocios (Naked Conversations), y en todo lo que mencioné
antes (Blog!). Pero, ¿qué sucede con el efecto de
los blogs en el lenguaje?
¿Son un nuevo género literario? ¿Tienen sus
propios conceptos, formas y reglas? ¿Tienen una esencia?
* * *
Leer blogs no es como leer un artículo periodístico
o un libro. Los lectores de blogs saltan de aquí para allá.
Siguen vínculos. Pasan de blogs a anuncios de noticias a
videos de You Tube, y lo hacen más fácilmente de lo
que se puede dar vuelta a la hoja de un diario. Siempre los están
guiando —a alguna parte. Los bloggers buscan fragmentar la
atención y repartirla como limosna —autores de una
sola línea, fragmentos de canciones, noticias resumidas y
juicios sumarios. Algunas veces ni siquiera los detiene la puntuación.
Y si ni siquiera pueden poner la inflexión correcta en una
frase, utilizan las iniciales OMG (Oh My God!) o un emoticón:
por ejemplo, una carita feliz :-) o un guiño ;-) o un ceño
fruncido :-( en lugar de palabras. (Es necesario inclinar la cabeza
a la izquierda para encontrar sentido a los emoticones anteriores.)
La mayoría de los bloggers no escribe mucho que digamos.
Son más bien empresarios, curadores o redactores recogiendo
cosas que encuentran en línea, cayendo ocasionalmente en
un titular gracioso o agregando un comentario sarcástico
(léase irritable y chismoso). Algunas veces, lo único
original que puede uno leer en un blog es el equivalente a “Lean
esto… Echen un vistazo… Pero, en serio, esto es inaceptable…
¿Pueden creer esto?”.
Veamos estos dos posts, sin relación alguna entre sí,
del 5 de diciembre de Instapundit, un blog político muy conocido,
cuyo autor es Glenn Reynolds, profesor de Leyes en la Universidad
de Tennessee:
HUCKABEEING
AND NOTHINGNESS: Gran Título
Pegado a las 07:28 AM
Por Glenn Reynolds
ALCEE
HASTINGS renuncia al comité de Intel. Eso parece una buena
cosa, aunque Hastings no está de acuerdo:
En una entrevista con Congressional Quarterly en abril, Hastings
expresó estar furioso con el artículo “Democrats
in high places” que causó controversia —por el
hecho de haber sido denunciado y removido del cargo de juez federal
en 1989 por cargos de corrupción y perjurio.
Sí, ¿pueden creer que estén tan tensos?
Pegado a las 07:21 AM
Por Glenn Reynolds
Los
temas son breves y elípticos —engorrosos. Para saber
de qué se tratan das clic en los vínculos. Aquí,
al dar clic en las palabras resaltadas “AND NOTHINGNESS”
pasas rápidamente al blog de John Podhoretz en el sitio de
la revista Commentary con el título “Huckabeeing and
Nothingness”; al dar clic en “renuncia al comité
de Intel” llegas a un artículo sobre Hastings abandonando
el House Intelligence Comitee que fue pegado en CQ Today, las noticias
diarias del sitio de Congressional Quarterly. Seguir vínculos
es como ponerse lentes de tercera dimensión. Qué lástima
que no exista un equivalente en la letra impresa.
Los blogs políticos están entre los más difíciles
de reunir en un libro porque generalmente se basan en vínculos
e información efímera. Pero aun los blogs que tienen
pocos vínculos o ninguno, muestran la huella de la red, su
ethos asociativo, y su obsesión con las conexiones —the
stink of the link [literalmente, la peste del vínculo. N.
de la. T.]. Los blogs son permeables al mundo de los textos y los
hechos y las opiniones en línea. (Y esto es probablemente
lo más cerca que puedo estar de definir la esencia de la
escritura del blog.)
Los bloggers asumen que si los estás leyendo, eres uno de
sus amigos, o por lo menos participas del chisme, la broma o los
nombres que dejan caer. Normalmente comienzan sus posts entre pensativos
y arrogantes —según la moda de los medios. No les importa
si te dejan en babia. No son responsables de tu educación.
Los bloggers, como anotó Mark Liberman, uno de los fundadores
del blog llamado Language Log, son como Platón. :-) El mensaje
oculto es: Hey, estoy aquí platicando con mis cuates. Puedes
seguirme o no. Como tú quieras. Este es el comienzo de la
República de Platón:
Fui
ayer al Peiraeus con Glaucon, el hijo de Ariston, a pagar mis devociones
a la Diosa, y también porque quería ver cómo
conducirían el festival, ya que era la inauguración.
¡Un
momento! ¿Quién es Ariston? ¿Qué Diosa?
¿Qué festival?
Y a continuación, por amor a las comparaciones, un pasaje
de Julia en {Here Be Hippogriffs}, un blog sobre la maternidad y
la infertilidad:
Después
de que dejé a Steve hacer sus propios asuntos los pasados
tres días estoy fuertemente presionada a dejar la red (¡a
ti! ¡quiere que te abandone a ti!) y bajar las escaleras para
ver SG-1 con él…
Así que debemos ser rápidos. Vite! Aprisa aprisa!
Fui a Blogher. Fue entre divertido y ridículo y me siento
contenta por haber ido aunque no sé si volvería. Una
observación para mis infértiles amigos de blog: NI
SIQUIERA LO PIENSEN. No vayan. Nunca vayan a Blogher.
¿Qué?
¿Quién es Steve? ¿Qué es Blogher? ¿Un
blog? (No.) Un club para madres (No.) Una conferencia de blog? (Sí.)
Llegamos al punto. Los bloggers pasan fácilmente por lugares,
personas, textos y blogs que puedes o no conocer sin proporcionarte
ninguna identificación útil. Piensan que aunque no
te proporcionen los vínculos puedes obtener todos los antecedentes
que necesitas buscando en Google términos poco familiares,
dando clics aquí y allá por toda la Wikipedia (la
cooperativa enciclopedia en línea) o buscando los archivos
de sus blogs.
El tono de la mayoría de los blogs —reactivos, vitales,
coloquiales, hábiles y de asociación libre—
se funda en el “concepto de vínculo” y está
plagado de ellos. Y no es casualidad. Hace mucho tiempo los blogs
no eran otra cosa sino vínculos con algunos comentarios.
* * *
Aunque los blogs datan de principios de los años 80 —noticiarios
en línea, diarios en línea, y las secciones “What’s
New” de las homepages [páginas iniciales] personales—
comenzaron a popularizarse alrededor de 1998 (según el ensayo
de Rebecca Blood en We’ve Got Blog). Fue entonces cuando una
gran cantidad de personas comenzó a usar sus sitios en la
red para registrarse en y vincularse con los nuevos sitios que habían
descubierto. Estos primeros bloggers no siempre ofrecían
muchos comentarios. Lo que hacían era ofrecer nombres de
lugares y coordenadas en la red —como una bitácora.
Proporcionaban, según Blood, “una valiosa función
de filtro para sus lectores”. “Pre-surfeaban”
la red.
Ese pequeño y acogedor mundo estalló en 1999, el año
en que apareció en internet un puñado de herramientas
reunidas por el lema “construya-supropio-blog” —LiveJournal,
Diaryland, y la más importante, Blogger, gratuita, cortesía
de la empresa Pyra Labs. Después de eso, cualquiera que tuviera
una computadora y acceso a internet podía crear un blog.
Simplemente buscabas un servicio como Blogger (propiedad de Google
ahora) o, en los últimos años,
un sitio como MySpace. Luego seguías las instrucciones: elija
un nombre para su blog, considere qué tanto debe revelar
en la página “About Me”, decida si permitir o
no comentarios de los lectores y escoja una plantilla —incluyendo
el formato, la fuente y la pantalla de fondo.
A principios de 1999 sólo había algunas docenas de
blogs, informa Blood. A finales del mismo año había
miles, y era imposible seguirlos. Para fines del 2003 había
dos millones de blogs y el número se duplicaba cada cinco
meses. En 2006, Technorati, un rastreador de blogs, contó
27 millones. A fines de 2007, se sobrepasaron los 100 millones.
(El mayor número de posts en los blogs, un 37%, está
ahora escrito en japonés, según un reciente artículo
que publicó Blaine Harden en The Washington Post, y casi
todos ellos son correctos y modestos —“karaoke para
gente tímida”. 36% de los posts están escritos
en inglés y la mayoría de éstos son lo opuesto
a la corrección y la modestia.
Cuando llegó el apogeo del blog, el tono de la blogósfera
comenzó a cambiar. Muchos de los nuevos blogs —aunque
no todos— no eran tanto filtros para la red sino espacios
para la opinión y la autorrevelación. En vez de inventar
formas para mostrar descubrimientos frescos, muchos de los nuevos
bloggers se obsesionaron con ser descubiertos. De modo que la importancia
misma del vínculo comenzó a cambiar. Los vínculos
que tenían importancia eran los que tú ofrecías
en tu blog, los llamados outbound [de salida] que señalaban
otros sitios. Ahora los vínculos que importan más
son los de otros blogs señalando hacia tu blog, los llamados
inbound [de entrada]. Esos son los que contabilizan los rastreadores
de blogs como Technorati. Son la medida de la fama.
Ahora que la fama y los vínculos son una y la misma cosa,
hay bloggers que harían prácticamente todo —iniciar
rumores, mentir, crear personalidades falsas, y pegar videos incómodos—
para llamar la atención
y conseguir vínculos. Son, en el lenguaje de la blogósfera,
link whores. Y los que tienen éxito son celebridades del
blog o blogebrities.
Una de las formas más seguras para elevar tu blog al lugar
más alto de la tabla es pegarle a un periodista o político
célebre. (Los bloggers que acosan constantemente a los medios
han sido apodados Pajamahadeen.) En 2004 los blogs Little Green
Footballs y Power Line promovieron el Rathergate al difundir la
tesis de que los memos que Dan Rather presentó en 60 Minutes
II sobre las tareas de George W. Bush en la Guardia Nacional Aérea
eran falsos. (Desde entonces, un panel de la CBS que investigaba
el asunto no pudo probar que la nota de Rather sobre la carrera
militar de Bush estaba sustancialmente equivocada y Rather demandó
a la CBS por “destitución errada”. En 2006 los
de Little Green Football se anotaron otro tanto al señalar
que la fotografía de Reuters de un choque aéreo israelí
había sido manipulada para que las nubes de humo sobre Líbano
parecieran más grandes y más oscuras. En 2004 muchos
blogs de derecha ayudaron a los Swift Boat Veterans a hacer naufragar
la candidatura de John Ferry a la presidencia. En 2002 fueron bloggers
como Joshua Micah Marshall de Talking Points Memo and Atrios (un
seudónimo) de Eschaton quienes publicitaron antes que nadie
las observaciones racistas de Trent Lott en la fiesta de cumpleaños
número 100 de Strom Thurmond, lo que llevó a que Lott
renunciara como líder de la mayoría del senado.
* * *
El sexo, por supuesto, también puede hacer que tu blog sobresalga.
En 2004 una “Staff Ass” (asistente del staff) de Capitol
Hill llamada Jessica Cutler usó su blog Washingtonienne para
divulgar relatos sexuales de primera mano (a veces por dinero) de
un montón de personajes de la empresa, incluyendo a uno casado
con una funcionaria del gobierno de Bush. Cuando Ana Marie Cox,
que se hacía llamar en el blog Wonkette, lo difundió
al mundo, Washingtonienne se volvió famoso y Wonkette se
volvió más famosa. Ambas bloggers decidieron publicar
novelas. En 2005 Diablo Cody, una ex stripper de Minnesota que tiene
un blog llamado The Pussy Ranch, escribió un libro (Candy
Girl: A Year in the Life of an Unlikely Stripper) [Un año
en la vida de una stripper inigualable]; y este año la película
que escribió (Juno) fue un éxito. Cito una parte de
su blog:
Estoy
en la casa de mis padres. Llegué de Seattle anoche y dormí
14 horas seguidas. Mi madre se asomó a mi cuarto al mediodía
y me dice que soy tan irresponsable que tuvo que checar mi respiración.
Hace 29 años probablemente hacía lo mismo por la noches,
sólo que yo era evidentemente más linda y no murmuraba
verga mientras dormía.
Para
muchos bloggers la infamia es mejor que nada de fama. En su libro
The Future of Reputation, Daniel Solove cita a Jessica Cutler del
blog Washingtonienne: “Algunas personas con blogs nunca serán
famosas, y lo hacen con ese fin, por lo menos durante un año.
Me dan tristeza… Todo el mundo debería tener un blog.
Es la cosa más democrática que ha existido nunca”.
Pasar inadvertido en esta democracia es no existir. Este tipo de
presión existencial, naturalmente, eleva la apuesta en el
lenguaje.
La injuria —la injuria burlona, avinagrada, con frecuencia
usada con falsas apologías— está por todas partes.
La ley de la blogósfera es hobessiana: la sobreviencia de
lo sarcástico. En 2004 una blogger británica conocida
como Eurotrash se fue en contra de un crítico culinario de
The New York Times que había escrito una reseña muy
elogiosa de un restaurante. Ésta es una muestra de su ataque:
Hiciste
que mis dientes quisieran vomitar. La última vez que te subiste
al metro fue en 1983. Alguna vez leíste una novela de Kurt
Vonnegut y fingiste que la comprendías. Te ríes como
una hiena, pero suplicas aprobación. Tu ropa es bonita, sin
embargo. No sé. No te conozco en absoluto. Lo siento.
El
ataque de la blogger fue tan despiadado que la gente se dio cuenta.
Y al poco tiempo alguien descubrió que el chef mencionado
en la reseña estaba promocionando el libro de la autora de
la reseña. La autora fue descubierta y pronto perdió
su mérito. La reacción del blogger: “Una tormenta
en un vaso de agua para mí… La vida en Nueva York.
Hey ho”.
En 2006 una feminista en Texas que tiene el blog
I Blame the Patriarchy se divirtió mucho con el lío
que provocó entre otras feministas al opinar que la felación
era “vulgar”. Suavizó su ataque con una disculpa,
falsa por supuesto:
Me
enmiendo. Olvidé que cuando se trata de sexo, el deber de
la feminista radical es cerrar la pinche boca… Debo haber
estado loca para cuestionar el degradante teatrito sexual que es
un derecho por nacimiento de cualquier mujer, cuando el dominar
este teatrito es su invitación al rico festín de la
vida. Todo mundo sabe que la mayoría de las mujeres saltan
de la cama cada mañana cantando: “¡Espero poder
mamársela a algún tipo hoy!”.
No
puedo demostrarlo, pero estoy casi segura de que los bloggers tienen
bocas más podridas, pellejos más gruesos y vocabularios
más floridos que la mayoría de las personas que he
leído en papel impreso. Este es un ejemplo de las palabras
entresacadas de mis blogs favoritos:
anyhoo,
bichitude, fan-fucking-tabulous, hole-esque, nastified, alternapop,
coffin-snatching, YouTube-ization, touzing, Daddio, manky, nutters,
therapised, Boo-Ya Nation, dildopreneur, dudely, flava, haz-mat,
nut sac, sexbot, underwearian, fugly, vomity, consciousness-jumped,
tear-assed, fetbryo, grapetastically, mommyblogdaciousness, Nero-crazy,
Engrish, pidginized, votenfreude, angsty, malgovernment, bejesus,
Jumbo Tron, man-dresses, babe-aliciousness, droit de senny.
Los
bloggers le dan nuevo sentido a los significados de viejas palabras.
Un troll en la red es alguien que escribe cosas provocativas sólo
para causar un escándalo. Astroturfing es crear un falso
movimiento popular. Los bloggers también rocían sus
blogs con expresiones como WTF (traducción: What the fuck?;
¡qué diablos!), lol (laugh out loud; reir a carcajadas),
y meh (un encogerse de hombros verbal). Voluntariamente deletrean
mal —como “le” por “el”. Llaman a
internet “las internets”, parodiando el desliz de George
Bush. Si alguien escribiera así para su publicación,
sería despedido. Y, sin embargo, hay un término para
los castigados por sus blogs: “dooced”, del blogger
Dooce, ahora una stay-at-home-mother (SAHM) o, como lo dice ella
misma, una “Shit Ass Ho Motherfucker”, a quien despidieron
por criticar a su jefe en su blog.
* * *
Escribir así parece fácil, pero tan sólo inténtenlo.
Geoffrey Numberg, un lingüista de Stanford que escribe para
prensa y radio y algunas veces colabora en el blog Language Log,
reconoció en la NPR [National Public Radio] en 2004, “Todavía
no logro comprender la forma”. Y, agregó, muchos periodistas
a quienes sus editores les piden que mantengan blogs están
igualmente confundidos: “elaboran sus argumentos metódicamente,
dan contexto y antecedentes, y anexan IDs útiles a los nombres
que introducen”. Adivinen qué: se leen como periodistas,
no como bloggers.
Los bloggers son de oro cuando están al fondo del montón,
dando patadas para salir. Si les das un salario, un contrato para
un libro, o una credencial de prensa la cosa cambia. (Y esto incluye,
la mayoría de las veces, los blogs de las revistas, las empresas
y los periódicos.) ¿Por qué? Cuando escribes
por dinero te preocupas por las demandas, la estructura de la frase,
y la elección de las palabras. Te preocupas por tu jefe,
tu editor, tu mamá, y tu superego asomándose sobre
tu hombro. Y esa no es la manera de hacer un blog.
Tener un blog con toda la libertad es como asistir a un baile de
disfraces. Puedes decir todas las cosas rencorosas, infantiles que
no se te ocurriría decir en una publicación o si estuvieras
cara a cara con otro ser humano. Puedes coquetear con cualquiera,
o intentarlo. Puedes decirle al presidente exactamente lo que opinas
de él. Puedes dar opiniones políticas que tus amigos
despreciarían. Incluso puedes difamar a personas que no te
gustan y ocultarte detrás de un seudónimo. (Es muy
difícil vengarse de los bloggers anónimos que te difaman
porque, por un acta del Congreso, los administradores de los sitios
web no son responsables de lo que se escribe en sus sitios. Y borrar
algo en la red es casi imposible.) Puedes asumir una nueva identidad
y ver cómo vuela —libre de ataduras.
Un blogger llamado El Guapo, que usa libremente el espanglish y
firma cada texto con “Mucho Amor”, es inflexible sobre
mantener secreta su verdadera identidad. (Al hacer mi antología,
fracasé en el intento
por descubrir quién era.) Escribe como un guatemalteco-americano
de veintinueve años que vive en Washington, D.C., sobre cosas
como ayudar a un amigo adicto al sexo a comprar condones al por
mayor en Costco y luchar contra una pandilla de asaltantes con la
frase “Yo Quiero Taco Bell”. Intenté desesperadamente
que fuera un testimonio. Pero, ¿a quién le importa?
En un libro, puedes meterte en problemas por escribir bajo falsas
pretensiones o escribir un falso testimonio. En un blog no pasa
eso.
En 2006 Lee Siegel, un crítico cultural y editor de The New
Republic (que por cierto acuñó el término “blogofascismo”
para describir los intentos de los bloggers por controlar a sus
críticos) fue sorprendido en el blog de The New Republic
usando un sock puppet, un alias llamado Sprezzatura, para frenar
a sus propios críticos. Se autoelogiaba como “valiente”
y “brillante” y tachaba a sus detractores de “borregos
abusivos”. Según sus propias palabras, “se enlodó”
junto con ellos. Cuando alguien trató de evidenciarlo, Sprezattura
respondió: “No soy Lee Siegel, imbécil. Si supieras
quien soy tú y tus cuates se cagarían en los pantalones”.
The New Republic suspendió a Siegel. Ahora está de
vuelta y acaba de publicar un libro sobre la cultura del blog: Against
the Machine.
Al hacer mi antología, en repetidas ocasiones me sorprendió
la cantidad de bloggers obsesionados con héroes enmascarados.
(En el acto pienso en posts sobre Superman, El Hombre Araña
y Linterna Verde.) Lo que sigue es un post sobre la película
Superman Regresa que encontré en un blog llamado Johnny i
hardly know you:
así
que vi superman regresa anoche, btw [by the way]… estoy sentado
aquí devorando hambrientamente cada imagen de la mitología
de clark kent sin saber que lo estaba haciendo: los maizales, la
granja, el viejo camión, el perro labrador de la granja,
el sol naciente sobre las praderas…
pero había algo más. algo que me golpeó. y
era brandon routh [el actor de Superman]. y luego estaba el vuelo…
en serio. era como si la película hubiera tomado la huella
exacta de mis movimientos, y los agilizara y delineara su curso
fuera de mis sueños. la suave e imposible velocidad, la suspensión
de la gravedad. la fuerza que tomé de los rayos del sol,
cómo penetraban mi pecho. las elevadas formaciones de nubes,
y las tormentas en cierne, despidiendo relámpagos en la estratosfera
y sobre los horizontes. todo…
pensé, ¿y si tuviéramos un héroe como
ése? en este mundo. no un salvador, sino un héroe
que pudiera ver esas cosas… ciertamente no lo tenemos. pero
en algún lugar, por lo menos yo lo tengo, necesito saber
que he sido llevado al aire, y habito esa fuente de poder y esperanza
(porque eso es lo que es…) y puedo verla reflejada en unos
ojos de superman, en su mirada cuando se dice a sí mismo
y al perro que está a su lado, quedamente y sin inflexiones
excepto por algo de tristeza y resignación, tan solo…
“bueno, estoy de vuelta”. (él no lo dice, pero
esa es la idea) y al cachorro algo así como, “...por
la pelota”.
Finalmente,
creo que comprendí la obsesión por el superhéroe.
Es el vuelo. Es omitir la puntuación y las buenas maneras,
e incluso la identidad. Los bloggers en sus computadoras son Superman
en vuelo. Rompen las reglas. Se meten a sus casetas telefónicas
virtuales, se ponen sus disfraces, derrotan a sus villanos personales,
y salvan al mundo. Anónimos o no, habitan esa fuente de poder
y esperanza. Luego pueden volver a sus trabajos, sus perros, sus
vidas, y decir algo así como, “...por la pelota”.
La escritura de blog se identifica con lo grandioso, soñador,
privado, de asociación libre, infantil, sexy, chiquito, sucio.
Si los bloggers dicen la verdad o realmente son quienes pretenden
ser, ésa es otra cuestión, pero WTF. Ellos son lo
que escriben. Y eso no lo puedes falsificar. ;-)
Boxer.
Columnista de The New York Times.
Traducción: Delia Juárez G.
Tomado de The New York Review of Books (14/02/2008).
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