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Nota y traducción de Alberto Román
Héroe político, maestro intelectual y gigante literario,
Émile Zola (1840-1902) fue también un hombre vulnerable,
atrapado en el drama que supone llevar una doble vida: la del marido
insatisfecho y la del amante sumido en el anhelo. En esta correspondencia
inédita con su adorada Jeanne Rozerot, conocemos otra faceta
del novelista quien, a pesar de su fama, contempló la felicidad
a través de un catalejo, desde la ventana del estudio donde
escribió: “Poco me interesan la belleza y la perfección.
Lo único que me importa es la vida, la lucha, la intensidad.”
En la entrada
correspondiente al jueves 21 de noviembre de 1889 del Diario de
los hermanos Goncourt, puede leerse lo siguiente: “Hoy Paul
Alexis, que vino en compañía de Oscar Méténier
para revisar el primer acto de Charles Demailly, me confirmó
la sospecha de que Zola tiene una casa chica. Él le habría
confesado que su mujer tiene grandes cualidades como ama de casa,
pero no menos cosas refrigerantes que lo habrían llevado
a buscar un poco de calor en otra parte. Y me habló de la
vuelta a la juventud, de la furia por los placeres de todas clases,
y de la satisfacción de las vanidades mundanas en este viejo
letrado que últimamente le preguntaba a Céard si en
doce lecciones podría aprender a montar a caballo para poder
dar un paseo por el Bosque. ¡Vaya, no me imagino a un Zola
ecuestre!”.
El julio de 1888, Jeanne Rozerot, una joven lavandera de 21 años,
con ojos claros, cabello negro y un talle muy fino, entra a trabajar
en la casa de los Zola. La casa del escritor la habitaban su esposa,
Alexandrine Meley, con quien se había casado en 1870, y el
propio Émile, pues la pareja nunca pudo tener hijos. El autor
de Los Rougon-Macquart tiene 48 años y atraviesa por ese
momento propio de su edad que Alexandrine, con sus dolores reumáticos
y su humor cada vez más agrio, no puede ayudar a superar.
Además, a Zola le encantan los niños. Montada la escena,
Zola se somete a régimen de adelgazamiento y a dar largos
paseos en bicicleta por el campo para tonificar los músculos,
pues la visión de Jeanne le hace perder el seso. Por fin,
el 11 de diciembre los amantes consuman su amor, que al año
siguiente de 1889 resultará en el nacimiento de Denise, y
en 1891 culminará con la llegada de Jacques.
Es después del nacimiento de este hijo tan deseado por el
escritor que Alexandrine se da cuenta de todo. Los dos años
siguientes serán un infierno. Al tiempo en que Émile
Zola se convierte en el escritor más importante de la literatura
francesa, el autor asistirá a las espantosas crisis nerviosas
en que se hunde su esposa, quien le ha prohibido volver a ver a
su amante. Al final, la promesa de no abandonarla y de mantener
su situación conyugal logra establecer una precaria entente
que acompañará todo lo que le queda de vida al escritor,
quien desde entonces deberá llevar con el cuidado más
extremo una vida doble. Por su parte, Jeanne gozará siempre
del cuidado y el cariño de su amante, que la instala en un
departamento del barrio parisino de Saint-Lazare y en una casa de
Cheverchemont, que Zola puede ver con catalejo desde la ventana
de su estudio en Médan. El domingo 14 de mayo de 1893 escriben
los Goncourt: “Esta noche hablamos en casa de Daudet de la
desdichada Mme. Zola, que pasea melancólicamente a los dos
hijos que su marido tuvo con su doncella”.
Las cartas que se presentan aquí forman parte de las doscientas
que se conservaron de la correspondencia entre Zola y Jeanne Rozerot,
inéditas hasta ahora por deseo expreso de Jacques, que no
quiso verlas publicadas antes de nuestro siglo. Cubren los últimos
diez años de la vida de Émile Zola; las cartas anteriores
fueron destruidas por Alexandrine un día que furiosa irrumpió
en Saint-Lazare, y las respuestas de Jeanne parecen haber sido destruidas
por orden expresa de ella. Su valor no es sólo el del testimonio
de una pasión amorosa sino el del diario íntimo que
acompaña al escritor en su trabajo, en sus viajes de investigación,
a lo largo del affaire Dreyfus. Gallimard las acaba de publicar
en una edición de Brigitte Emile-Zola y Alain Pagès
que se acompaña de numerosas fotos inéditas.
Émile Zola murió en 1902, probablemente asesinado
por la extrema derecha que no le perdonó su papel en el escándalo
antisemita. Jeanne, Denise y Jacques asistieron a su funeral perdidos
entre la multitud. A Jeanne Rozerot la enterraron sus hijos doce
años más tarde llevando el collar de siete perlas
que fue el primer regalo de Émile. Su bisnieta es la que
ahora presenta y edita sus cartas. (A.R.)
París, martes 16 de agosto de 92.
Querida mujer, heme aquí en París de donde al fin
puedo escribirte largo y tendido. Acabo de hacer un viaje de diez
días, como una ráfaga, para reponernos un poco de
la terrible crisis que se produjo luego de los hechos que conoces.
Después de tres días en Le Havre, Honfleur y Trouville,
nos fuimos a casa de la prima y con los Fasquelle. Pero no me gustan
ni Fécamp ni Etretat, pues aborrezco las playas pedregosas.
Ustedes están mucho mejor en Cabourg. Esta mañana
regresamos de Médan y volveremos a salir el jueves por la
noche, esta vez por seis semanas. Nos quedaremos entre ocho y diez
días en Lourdes, para luego ir a Marsella y a Aix-en-Provence,
parando en cada ciudad que nos encontremos por el camino; finalmente
pasaremos una semana en los alrededores de Niza y regresaremos a
París el 9 de octubre.
Durante todo este largo viaje no te preocupes si no recibes otra
cosa que mensajes muy cortos, escritos de prisa, pues me resulta
muy difícil escribirte ahora que la lectura de nuestras cartas
ha demostrado la existencia de nuestra correspondencia. Haré
todo lo posible para mantenerte al corriente y por lo demás
basta con que sepas que estoy bien de salud y que no te olvido.
Tú por tu parte podrás escribirme por lista de correos
a las direcciones que te daré. Así que desde ahora
te suplico que me escribas el sábado 20 y el miércoles
24 a Lourdes (Hautes-Pyrénées); siempre por lista
de correos con las iniciales que convinimos. Una vez que esté
allá te diré adónde deberás escribirme
después y en qué fechas. Me encantaría hablar
contigo para contarte todo lo que ha pasado desde aquel pavoroso
día de nuestra partida. Sería demasiado largo para
escribírtelo y además hay cosas que ni siquiera quiero
escribir. En resumen, creo que las cosas irán mejor en el
futuro. Ahora que la calma más o menos ha retornado, gracias
al viajecito que acabamos de hacer, juzgo con la cabeza fría
la nueva situación y en verdad espero que el invierno próximo
tendremos un poco más de tranquilidad. Yo te explicaré
todo esto de viva voz, hablaremos largamente, intentaremos organizar
la situación lo mejor posible. Ya está decidido que
los asuntos de interés serán arreglados, que me aseguraré
a favor de los niños y que su parte será legalmente
determinada en mi sucesión. Tú y yo nos arreglaremos
siempre y, pase lo que pase, sabes que jamás podrán
separar nuestros corazones. Tal vez aún tengamos algunos
días malos en el futuro. Pero tú me has prometido
ser fuerte, jamás desanimarte, amarme a pesar de todo; y
sinceramente tengo muchas esperanzas, pues no podemos ser más
desdichados de lo que lo hemos sido y veo el porvenir menos obscuro.
Espera entonces a que llegue el mes de octubre sin inquietud, no
pienses en estas cosas, ponte en mis manos sin olvidar que yo velo
por la felicidad de ustedes tres. Yo quiero que sean felices. Si
de nuevo en esta ocasión evité un escándalo,
si he impedido una separación violenta, es que no quiero
poner un remordimiento en nuestro cariño, es que si yo me
portara mal jamás me lo perdonaría. Tengo un deber
que cumplir que cumpliré hasta el final; pero aun al precio
de mi sufrimiento, por lo menos quiero comprar la felicidad de ustedes
tres. Vivan tranquilos, diviértanse, hagan una buena provisión
de salud, pues mi única alegría es saberlos alegres
y de buena salud [...] Yo continuaré enviándote mis
cartas a la casa Vallette, hasta que me hayas enviado tu nueva dirección.
Si los baños le hacen bien a Denise, báñala
lo más frecuentemente posible. Y déjala jugar con
los charcos, aun si pierde su pantalón en el mar. Se le comprará
otro y eso es todo. Las noticias que me das de ella hacen latir
mi corazón, pues pienso en la alegría que me daría
verla crecer. Pobre dulzura mía, no hay hora en que no piense
en ella y todos los niños que pasan me la recuerdan. Y también
a mi pobre Jacques, a quien no podré ver cuando dé
sus primeros pasos en la arena. Me parece, como tú me lo
escribes, que será muy dulce y muy afectuoso. Cada vez que
pienso en él lo veo volver la cabeza con esa timidez que
lo distingue. Y me invade una emoción tal que los ojos se
me arrasan de lágrimas. ¡Ah, los hijos queridos! Que
sean buenos contigo, que te den mucha alegría, para que por
lo menos te consuelen ya que no puedo estar junto a ti. Ten mucho
valor, querida, mucha bondad y mucha ternura.
[…] Querida mujer, a punto de salir te estrecho tiernamente
entre mis brazos, junto con nuestros dos pequeños. Me hace
bien hablar largamente contigo, pues sin duda durante mucho tiempo
no podré hacerlo. Tendrás noticias mías y estate
segura que todo lo que no tendré tiempo de decirte lo pondré
en un beso. Y ya veremos en octubre. Las cosas tendrán que
arreglarse de una u otra manera. Ustedes son mis tres hijos, mis
dos nenas y mi niño: déjense llevar por mí
y duérmanse en mis brazos con la certeza de que siempre tendrán
un despertar feliz. Mil besos.
Médan, sábado 31 de diciembre de 92.
Feliz año, querida; no me atrevo a decir como la buena gente
feliz año y que sea mejor que el anterior. Nuestros años
no son más buenos y me desespera no verlos mejorar. Esperemos
de todas formas que la vida tenga piedad de nosotros y que algún
arreglo feliz pueda producirse. En todo caso, querida, lo que te
deseo es que seas muy indulgente, muy paciente y muy sumisa. No
podremos salir de nuestros pesares si no es con mucha bondad. La
rebelión sería nociva y nos dejaría en la peor
de las desgracias. Hay que pensar que todo recae sobre mí.
Por lo demás, yo sé cuán razonable eres tú
y no te escribo para regañarte. Por el contrario, sólo
tengo gratitud para contigo por la manera tan prudente en que has
asumido tu difícil existencia. Tan sólo me ha parecido
que en estos últimos tiempos la paciencia a veces se te agota.
Sería una enorme inquietud para mí saberte menos buena,
menos decidida a someterte, por la propia felicidad de nuestros
hijos. Ahora que llega el año nuevo es necesario que sea
el año más feliz posible para todos nosotros. Apelo
a tu inteligencia y a tu buen corazón; estoy muy seguro de
que me amas demasiado para causarme la más mínima
pena. Así que feliz año, querida, y que nuestros hijos
se porten bien, que crezcan rápido en fuerza y en inteligencia.
Que nada demasiado malo nos suceda y que seamos recompensados por
amarnos y por amarlos. Suceda lo que suceda yo estaré siempre
ahí para defenderte, para asegurarte una vida feliz. Tengo
una pena enorme, pero cuento contigo para aliviar mis pesares.
El año comienza bien y el tiempo sigue soberbio. Aquí
tenemos hasta diez grados de frío durante la noche, pero
en la mañana el sol brilla sobre el campo blanco por el hielo
y es verdaderamente soberbio, esta llanura toda blanca con árboles
tan completamente blancos que uno podría pensar que están
hechos de azúcar cande. Resulta entonces muy bueno caminar,
cuento con dar algunos paseos. Eso me distraerá [...] Hoy
no te ruego que los beses porque yo mismo voy a hacerlo en las cartas
que les escribiré. 1 Habrá que leérselas diciéndoles
que su papá los quiere mucho, aún más de lo
que se los dice. Feliz año, querida, beso tus ojos hermosos
y te mando todo lo que puedo de mi corazón. Tú eres
la madre de mis hijos y ese es el motivo por el cual me eres sagrada,
el motivo por el cual te amo tanto. No pasa ni una hora sin que
yo piense en ti y cualesquiera que sean los sufrimientos que tenga
que soportar a causa de ti y de nuestros hijos jamás podré
agradecerte lo suficiente habérmelos dado. Te amo y te beso.
Médan, miércoles 28 de junio de 93.
Querida mujer bien amada, ¡qué vuelta al campo la noche
del lunes! Llegué a Villennes en medio de un aguacero. La
carreta inglesa me esperaba, pero ya se había transformado
en barco. Tenía agua hasta los tobillos; jamás me
había caído un chaparrón tan fuerte. Mas todo
esto me inquietaba por ti, así que miré para su casa
a la hora en que pensé debían subir la cuesta. Había
muchas nubes. En fin, tal vez ustedes hayan podido regresar entre
dos chubascos. Pensaba en mi pobre pequeño Jacques que estaba
un poco molesto y temía que su estado empeorara si se mojaba
demasiado. ¿Lo habrás cuidado bien y está mejor,
no es cierto? Además acabo de verlo, a mi pequeño
Jacques, en la ventana de la querida casa de ustedes. Tú
lo sostenías entre tus brazos y me lo mostrabas, muy alto.
También lo vi ayer martes. Las once de la mañana es
muy buena hora, no podremos dejar de vernos una sola vez. Tú
estás a la sombra, no debes sufrir el sol. Sólo que
esta mañana el aire no estaba lo bastante claro y las vi
mal, a Denise y a ti, porque seguramente llevaban ropa obscura.
Jacques, en cambio, estaba todo de blanco. No puedes imaginarte
cómo me late el corazón cuando los veo a los tres,
tan lejos. Se me llenan los ojos de lágrimas. Mi corazón
vuela hasta donde están ustedes y me pongo al mismo tiempo
muy feliz y muy triste. Creo estar con ustedes y sin embargo, ¡estamos
tan poco tiempo juntos! La prima vendrá sin duda el sábado
con sus dos hijos (2). Pero como volverán a irse el lunes,
los acompañaremos y no iré solo a París. Así
que no nos veremos sino hasta la tarde en tu casa. Trataré
de llegar a las tres para contar con dos buenas horas para estar
contigo y con mis dos queridos pequeños. Esta esperanza de
verlos así, una vez por semana, me impide hundirme en la
desesperación más absoluta. Dile a Denise que es necesario
que se aprenda bien sus letras. Si el lunes próximo me las
dice sin equivocarse le daré el regalo que ella quiera. Es
una vergüenza que una niña de casi cuatro años
no se sepa sus letras. Es necesario que sea muy prudente y muy estudiosa
para que nos sintamos orgullosos de ella. Todavía no logro
sentirme lo suficientemente bien. Voy a intentar dedicarme con mayor
ahínco al trabajo para no sufrir demasiado durante este interminable
verano. Yo que me hacía una ilusión de poder descansar
luego de tanto trabajo, no sueño más que en volver
a París, de estar ya en octubre para volver a verlos. De
todos modos tengo que ser razonable y no fatigarme demasiado. Yo
sé que me amas, que me esperas y que sería conveniente
que tomara la vida con más alegría. Te prometo hacer
un esfuerzo enorme para ser feliz de todos modos. Querida mujer
bien amada, he depositado mi confianza en ti y debe bastarme saber
que tengo en tu corazón y en los corazones de mis dos queridos
hijos un refugio de paz y de consuelo. Ustedes son mis tres hijos
adorados, pienso en ustedes como en la única felicidad, la
única alegría que me queda. Te lo he dicho con frecuencia:
si ustedes me faltaran, todo se vendría abajo. Frente a la
pena más minúscula, me refugio con el pensamiento
entre ustedes. Me sostiene saber que en alguna parte hay tres corazones
pequeños que se han entregado a mí y ya no se separarán
de mi lado. Esta es la razón por la cual tienen que amarme
muy fuertemente, mis queridos tres hijos, para ayudarme a vivir
e impedirme sufrir demasiado. He soñado contigo esta noche,
querida mujer bien amada. Te acuerdas de la noche en que subí
para sorprenderte, y en que besé tu hermosa trenza que nunca
había visto así. Sueño con ella desde entonces,
sueño con esa trenza tan tibia y que huele tan bien. Pues
bien: esta noche la he tenido en mis labios y la trenza me perfumaba
por completo y yo estaba como bañado en tus cabellos vivos.
Mis tres queridos hijos: los beso con toda la fuerza de mi pobre
viejo corazón que sufre tanto. ¡Hasta el lunes! ¡Hasta
el lunes! ¡Hasta el lunes! Tendremos un almuerzo encantador
y nos besaremos muchísimo para que tengamos una buena provisión
de besos para toda la semana próxima.
A Madame Rozerot en Cheverchemont par Triel
París, viernes 13 de julio de 1894.
Querida mujer bien amada, no hay por qué preocuparse si me
has visto un tanto enfermo el día de ayer. No es nada grave
y la molestia es tan sólo que me duele mucho cuando me atacan
estas crisis (3). Estoy pagando sin duda mi enorme trabajo del invierno
pasado. Además, y esto es cierto, no soy feliz. Esta división,
esta vida doble que estoy obligado a vivir termina por desesperarme.
Por lo mismo te ruego que seas buena conmigo y que no te enfades
cuando las cosas no salen según nuestros deseos. Yo había
acariciado el sueño de hacer feliz a todo el mundo a mi alrededor,
pero descubro que esto es imposible y yo soy el primer afectado.
Cuando ayer por la noche llegué de nuevo a mi casa, estuve
muy triste. ¡Yo que había disfrutado por adelantado
el ir a verlos! Apenas si pude hablarte, no pude decirte todo lo
que me hubiera gustado decirte, apenas besé a mis pobres
bebés. Esta mañana aún me pregunto si es cierto
que los he visto a los tres. Y lo peor de todo es que yo no quisiera
llevarles sino alegría en las raras ocasiones en que voy
a verlos. Ayer no les llevé más que tristeza. Estoy
desolado y muy enojado conmigo mismo. Atravieso por un mal momento.
Si trabajo es porque no sé qué hacer, pues no tengo
el corazón para pasearme o distraerme de otra manera. Así
que me aburro y tomo un libro. Espero que este estado cese; quiero
estar muy bien la próxima semana cuando los vuelva a ver
en París. Prefiero también encontrármelos a
solas [...]Hay que estar alegres y tener buena salud, querida mujer
bien amada. No te preocupes por el pobre hombre que soy. Tú
eres joven y no debes entristecerte. Acuérdate que yo te
quiero con todo mi corazón y no te preocupes por lo demás.
Lo que no puede cambiar es el cariño que les tengo. Cuando
me veas triste, preocupado, sufriendo, ten la seguridad de que no
tienes nada que ver en ello; y la única manera de aliviarme
es que no te entristezcas por mi estado, que me conserves en ti
mi rinconcito de felicidad siempre joven y siempre contento. Es
necesario que sigas siendo mi alegría.
Besa por mí fuertemente a mis dos pequeños, querida
mujer bien amada. Denise es cada vez más gentil, más
afectuosa, y Jacques crece como un hermoso muchacho. La idea de
que nos amarán y serán nuestra alegría me consuela
de muchas cosas. Y es necesario que sean también casi todo
para ti, ya que no puedes tenerme. Son el querido lazo que nos mantiene
unidos y que nadie puede romper.
Les mando un beso de todo corazón a mis tres hermosos hijos.
Quiéranme bien aun cuando no los haga tan felices como quisiera.
Le mando un beso a Jeanne, le mando un beso a Denise, le mando un
beso a Jacques, por orden de estatura, y los guardo a los tres en
mi corazón. Hasta el miércoles.
Norwood,
jueves 27 de octubre de 98.
Querida Jeanne bien amada, estoy feliz por las buenas noticias que
me das de los niños, y sobre todo por Jacques, que me preocupaba
por los primeros días de habituarse al liceo. Me cuentas
cómo fue su primer día de clases y ya es un gran adelanto
que haya regresado contento. Si no jugó de inmediato durante
el recreo largo, estate segura que pronto lo hará y que incluso
ya no pensará más que en jugar. Pero lo que me preocupa
más es su estado de salud (4). Estoy tan desesperado como
tú de que este niño coma tan mal. Pídele al
doctor (5) de mi parte que lo examine bien y sé muy firme
a la hora de hacerlo seguir el régimen que indique. Sobre
todo, tenme perfectamente al corriente de su salud y de la manera
en que se comporta en el liceo, si puede quedarse en noveno, si
no se aburre, si juega con sus compañeros, si regresa contento
por la tarde, en fin: todo. Denise es también una muchacha
muy graciosa. Dile que la felicito por su medalla de plata. Y para
el año próximo debe ganarse la medalla de oro. Respondo
aparte a su bonita carta. (6) Le responderé a Jacques en
cuanto me escriba. Me preguntas qué pienso de los últimos
acontecimientos y si volveré pronto. Por desgracia, temo
que aún permaneceremos algún tiempo en la incertidumbre.
Tú viste lo que pasó el martes, el gabinete derribado,
las calles alborotadas por los bandidos. (7) Luego de pensarlo no
estoy demasiado a disgusto con esto, el gabinete no era tan bueno
y el que va a reemplazarlo no será mucho más malo.
En todo caso, cualquiera que sea, estará obligado de todas
formas a desembarazarse legalmente del asunto. Lo importante es
saber lo que va a pasar hoy en el Tribunal supremo (8). Naturalmente
no sé nada al respecto, así que no puedo decirte cuáles
son mis esperanzas y mis temores. Creo, no obstante, que tendrán
que acabar de todas formas con el asunto, y acabar con nuestra victoria.
Siempre he pensado que mientras más se deterioren las cosas
más seguro será nuestro triunfo. Así que no
te preocupes si oyes decir que las cosas van muy mal: quieren decir
que nos irán muy bien. En cuanto a prever la fecha de mi
regreso, es muy difícil. Acuérdate lo que te expliqué:
que más valía quedarme otras seis semanas aquí
para que la victoria fuera segura. Si el Tribunal supremo se decide
a iniciar una investigación, esto significa un mes más,
pero al mismo tiempo es la luz completa, el triunfo seguro. Si decide
inmediatamente la revisión, las cosas marcharán con
mayor rapidez, pero los obstáculos serán más
grandes. Así que desea no verme de inmediato, para estar
segura de volverme a ver triunfante. Estaremos un poco más
seguros la semana próxima. De todas maneras temo que no podré
volver a París antes de dos meses. Sé muy valiente,
retoma tu vida tranquila con tus hijos, cuídalos, vigila
sus estudios y tus días estarán tan ocupados que podrás
esperarme con resignación. Yo también sufro mucho
de estar separado de ustedes y sólo me da fuerzas el pensar
que nos amamos tiernamente y que todas estas estúpidas desgracias
tienen que acabar.
El tiempo se descompone mucho aquí, pero de todas formas
salgo todos los días. Trabajo y tengo buena salud. Les mando
saludos cariñosos a los Alexis. Continúa siendo prudente
con ellos, pues temo alguna tontería hecha sin malicia. Me
parece que ahora todo está arreglado en tu casa, así
que no tenemos que padecer todos esos detallitos de instalación
que nos inquietaban. Tenme al tanto de todo.
Tus cartas me llegan ahora al día siguiente del día
en que las pones en el correo, en el momento en que me sirven el
té, hacia las cuatro y media. Y me traen un poco de ustedes,
la única gran alegría de mi jornada. Y entonces beso
las cartas con fuerza porque no puedo besarte yo mismo. Les mando
todo mi corazón, mis dos queridos y mi Jeanne bien amada.
Norwood,
jueves 18 de mayo de 99.
Querida mujer bien amada, antier martes recibí la visita
de Clemenceau, quien comió y pasó la tarde conmigo
(9). Me ha traído excelentes noticias de Francia, que por
lo demás ya conocía. Cada día los hallazgos,
las nuevas revelaciones aseguran aún más nuestra victoria.
Encontré a Clemenceau completamente convencido de que la
Corte no puede hacer otra cosa que decidir la revisión; y
como aún expresé alguna reserva, casi se enojó
conmigo. Así que habrá que creerles a nuestros amigos
ya que están tan afirmativos. Por lo demás, me refirió
detalles que sería demasiado largo proporcionarte y que en
efecto prueban que por todos lados nuestra causa ha triunfado [...]
Ayer terminé mi capítulo veintinueve. Todavía
me queda uno por escribir: el treinta y último. Espero haberlo
terminado para el 28, de forma que las emociones de las audiencias
no recaigan en mi trabajo. Esto me hace sentir muy feliz, sentiré
un alivio enorme cuando por fin haya terminado de poner en pie una
obra tan gruesa y que me ha exigido un esfuerzo tan grande. Hay
muchas faltas en el folletón de L’Aurore. Se ve que
no estoy ahí para supervisar la publicación, pero
los lectores nunca se dan cuenta de nada.
Sin embargo es cierto que era la fiesta de nuestra Denise el 15,
el mismo día en que apareció el primer folletón.
Confieso que lo había olvidado por completo. Había
mirado con detenimiento el pequeño almanaque que me enviaste.
Pero el 15 de mayo el santo es Germier. ¿Y quién es
ese Germier? (10) ¡Se trata de un santo extraviado que me
ha engañado! En fin, le darás las más cumplidas
disculpas a nuestra Denise. Como por lo demás no le pude
dar nada a Jacques, se encuentra exactamente en el mismo caso que
él. Son dos pendientes que arreglaré juntos cuando
regrese. Diles que reflexionen y que escojan su regalo por adelantado.
El señor al que has visto en casa de Alexis debe ser Maurice
Guillemot, un muchacho al que conozco desde hace largo tiempo y
a quien me volví a encontrar en Mónaco hace algunos
años (11). Tiene razón de intentar triunfar en su
hijo, pues en lo personal ha fracasado en todo. El señor
Jacques se porta muy bien porque constantemente tiene buenas calificaciones
y está decidido en convertirse en un pianista de primer orden.
Ya le respondo a Denise, su carta tiene una ortografía mucho
mejor (12). Si su lentitud para hacer avances proviene en exclusiva
de su atolondramiento, debería de vigilarse más. En
fin, tienes razón, nuestros hijos son los más hermosos,
los más inteligentes y los mejores.
Aquí el tiempo se ha vuelto a echar a perder. Desde el día
de ayer no ha parado de soplar el viento y de llover. Tuve que dejar
de hacer fotografías. Los castaños y las lilas al
fin han florecido, pero los encuentro delgados. Lo que resulta admirable
es la verdura. Hay avenidas magníficas. Pero poco importa,
estaré más que contento cuando me despida de ellas.
Y como dices, luego de reflexionar con más cuidado, suceda
lo que suceda, no es a Inglaterra que regresaré a pasar las
vacaciones. Tengo más que suficiente.
Estoy muy molesto, muy harto. Pero no te preocupes, sin embargo,
por mi salud, que a fin de cuentas no está mal. Duermo bien
y como bien. Todas las abominaciones que he padecido, todo el largo
trabajo al que vengo de condenarme no me habrán demolido
demasiado. Hay más jóvenes y más inexpertos
que van más mal.
Mi Jeanne bien amada, mi pequeña Denise y mi pequeño
Jacques, los beso con todo mi corazón y les anuncio que pronto
tendremos la gran fiesta.
Román.
Escritor, editor y traductor.
Notas:
La carta que Zola le escribió a Jacques se conservó:
“Feliz año, mi pequeño Jacques, mi hombrecito.
Estás creciendo como un gigante y ya pronto serás
el hombre que más tarde protegerá a tu madre y a tu
hermana. Aún no puedo recomendarte que seas prudente, pues
todavía no sabes que hay que ser prudente. Pero cuando llegue
la hora serás muy prudente, aprenderás bien tus lecciones,
querrás ser la alegría de tu madre. Tal vez un día
tengas que consolarla y a ti es a quien se la confiaría si
yo ya no estuviera aquí. Pero hoy no hay que pensar más
que en la alegría. Pórtate bien, ama a tu hermanita,
llévense bien. Mientras a ella la llevo en mi brazo izquierdo,
yo te tomo con mi brazo derecho y así los tres damos una
vuelta alrededor de la mesa. Yo te amo y te beso con todo mi corazón,
mi hombrecito.”
2 Amélie
Laborde acompañada de sus dos hijos, Elina y Albert.
3 Estas crisis podían alcanzar una gran intensidad física,
como se lo confió el propio Zola al doctor Toulouse en una
carta escrita el 19 de mayo de 1896: “Por lo que se refiere
a mis problemas neuropáticos, datan de mis veinte años.
[…] De los veinte a los cuarenta años, más o
menos, se produjeron con largos intervalos, uno o dos años,
en la forma de cólicos nerviosos muy dolorosos. […]
Casi siempre en las crisis mayores se vinculaban a una irritación
de las mucosas del estómago y los intestinos. Las crisis
son ahora menos fuertes, pero se han vuelto un estado de malestar
crónico. El esfuerzo, lo mismo intelectual que muscular,
parece agravarlas y aun provocarlas”. (Correspondence, tomo
VIII, no. 317, p. 322.)
4 Jacques padecía,
sin lugar a dudas, los primeros síntomas de la tuberculosis
ósea que tuvo en el curso de los años siguientes.
Su estado de salud se agravó a partir de 1902 y para curarse
tuvo que pasar varias temporadas en Berck-Plage, entre 1903 y 1908.
5 El doctor Henri Delineau.
6 “Tu adorada carta es muy graciosa”, le escribía
Zola a su hija, “y tu papá es muy feliz de ver que
su pequeña no lo olvida. A mí también me hubiera
gustado mucho regresar con ustedes a París, pero imagínate,
¡qué fiesta haremos cuando yo vuelva y qué buena
taza de té me harás con Jacques! Supe que habías
ganado una medalla de plata en tu curso de piano. El año
próximo deberás ganarte la medalla de oro. Hay que
trabajar mucho con madame Dieterlen, para que mamá esté
contenta y me dé buenas nuevas de ti en cada una de sus cartas
[…] Mi querida Denise, ámame como yo te amo, con todo
el corazón. Tu papá que te besa con ternura.”
(Correspondence, tomo IX, no. 235, pp. 342-343.)
7 Después de acalorados debates en la Cámara de Diputados,
la jornada del martes 25 de octubre se terminó con la caída
del gabinete Brisson, mientras en la Place de la Concorde se desarrollaban
violentas manifestaciones nacionalistas; Jules Guérin, dirigente
de la Liga Antisemita, había sido detenido como consecuencia
de una refriega con la policía. Un nuevo gabinete se formó
el 31 de octubre presidido por Charles Dupuy.
8 La sala de lo criminal del Tribunal Supremo se reunía para
comenzar el examen de la demanda de revisión depositada por
la familia de Alfred Dreyfus.
9 Se trata de la segunda visita de Clemenceau, dueño de L'Aurore,
el periódico en el que Zola publicó su célebre
“Yo acuso”.
10 Saint Germier
fue obispo de Toulouse bajo el pontificado de Juan III, a la mitad
del siglo V d.C.
11 Con motivo del viaje por el mediodía francés en
1892, Maurice Guillemot había escrito un artículo
sobre la temporada de Zola en el diario El Monte Carlo, del cual
era redactor en jefe. (Correspondence, tomo VII, no. 317, p. 327.)
12 Zola le escribía a su hija: “Esta vez tu carta es
mucho más hermosa y tiene una ortografía mucho mejor.
Se ve que ahora tomas dictados en los que no cometes más
de cuatro faltas. Sólo que ya no seas atolondrada, es necesario
que tus progresos continúen para que mamá y yo estemos
felices de tener a una niña tan notable. Imagínate
que la Santa Denise no aparece en mi almanaque. Esta es la razón
por la que estoy retrasado y no te felicito sino hasta ahora. Pero
no importa, ¿no es cierto? Porque de todas formas será
necesario que esperes mi regreso para que te dé un beso y
te haga un buen regalo.” (Correspondence, tomo IX, no. 360,
p. 481.)
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Confabulario — título que rinde homenaje
a Juan José Arreola |
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Héctor
de Mauleón, Director / Laura Emilia Pacheco y Juan
Gómez,Editores. Correo electrónico: confabulario@eluniversal.com.mx |
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