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Foto: Archivo EL UNIVERSAL |
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Durante 40 interrogatorios le pidieron a Vera Caslavska
que se retractara. Era 1969, la Primavera de Praga se
veía muy lejana. Apenas un año antes había
sido elegida la segunda mujer más popular del
mundo y tenía en su poder 10 medallas olímpicas,
siete de ellas de oro.
Estaba en la cúspide de su carrera y popularidad.
Pero el régimen quería que retirara su
firma del manifiesto democratizador “Dos mil palabras”.
Pero ella se negó. Como represalia, durante cinco
años no pudo encontrar trabajo. En 1974, gracias
a la valentía personal de los directivos del
club Sparta de Praga empezó a entrenar clandestinamente
a las gimnastas adolescentes. Siempre que acudían
a las instalaciones del club visitantes oficiales, Caslavska
debía esconderse.
Vaya destino para una gimnasta cuatro veces campeona
del mundo y 11 veces campeona de Europa.
Y vera tiene una historia especial con México.
Ella se casó aquí, donde fue una de las
grandes figuras de los Juegos Olímpicos. Y también
se divorció aquí. Aquí consiguió
su primer trabajo formal después de que la marginaron
en su país.
Vera Caslavska nació en 1942 en el seno de una
familia de cuatro hijos. De niña fue bastante
traviesa y quizás más impetuosa y espontánea
de las demás chicas. Frecuentó un curso
de ballet en el Teatro Nacional de Praga y practicó
el patinaje artístico. Fue tan sólo a
los 15 años que empezó a dedicarse a la
gimnasia.
Gracias a su perseverante carácter, la joven
gimnasta conquistó dos años después
el título de campeona de Europa en barra horizontal.
Al prepararse para los Juegos Olímpicos de Tokio
1964, Vera Caslavska pasaba ocho horas diarias en el
gimnasio y durante los entrenamientos realizó
4 mil 320 saltos.
Con sus gráciles y precisos movimientos, Caslavska
compuso en Tokio un poema gimnástico, conquistando
tres medallas de oro en gimnasia deportiva. Electrizó
al público de las Olimpíadas con audaces
piruetas en la barra horizontal y hechizó a los
espectadores con sus ejercicios a manos libres que ejecutó
al son del poema sinfónico Vltava, de Federico
Smetana.
Cuando faltaban algunas semanas para los Juegos Olímpicos
de México, Checoslovaquia fue invadida el 21
de agosto de 1968 por las tropas del Pacto de Varsovia.
La invasión fue llevada a cabo para aplastar
las reformas democráticas de la Primavera de
Praga.
En verano de 1968 Vera Caslavska había suscrito
el manifiesto "Dos mil palabras", redactado
por el escritor Ludvík Vaculík. El documento
exigía que las reformas en Checoslovaquia avanzasen
más rápidamente. Con la firma Caslavska
asumía un compromiso político que iba
a marcar profundamente su vida.
En vísperas de las Olimpíadas de México
la deportista tenía presente que su eventual
triunfo supondría un inestimable aliento al pueblo
checoslovaco, humillado por la ocupación soviética.
Vera Caslavska triunfó en las Olimpíadas
de México. En el abarrotado Auditorio Nacional
sonó cuatro veces el himno nacional checoslovaco
que la gimnasta escuchó en el podio con lágrimas
en los ojos.
La medalla de México
Antes de cada competición, Vera Caslavska acariciaba
en la villa olímpica de México su vestido
de novia. A los 26 años estaba decidida a abandonar
el deporte de alta competición, casarse y tener
hijos.
La boda de Vera Caslavska con el atleta checo Josef
Odlozil, en la Catedral en el Zócalo de la Ciudad
de México, fue muy aparatosa. Cien mil personas
acudieron para asistir a la ceremonia nupcial.
Al regresar a Checoslovaquia, Vera Caslavska fue recibida
como la reina de la gimnasia y como gran símbolo
de que la Primavera de Praga no se marchitaría.
La gimnasta regaló las réplicas de las
cuatro medallas de oro conquistadas en México
a cuatro máximos representantes del proceso democratizador
de la Primavera de Praga, encabezados por Alexander
Dubcek.
A finales de los 70 el presidente de México,
José López Portillo, solicitó oficialmente
a las autoridades checoslovacas que Vera Caslavska entrenara
a las gimnastas mexicanas.
La deportista trabajó en México de 1979
a 1981 con su marido Josef Odlozil que entrenaba a los
atletas mexicanos. Caslavska ganó popularidad
con su programa televisivo "Haga gimnasia con Vera".
Durante la estancia en México se deterioraron
las relaciones de Vera Caslavska con su marido. El matrimonio
acabó por divorciarse.
Cuando llegó en noviembre de 1989 la Revolución
de Terciopelo, Vera Caslavska pudo salir de su marginación
que duró veinte años. El presidente Václav
Havel la escogió como su asesora para los asuntos
sociales y el deporte. Fue elegida presidenta del Comité
Olímpico nacional.
En 1993 se abatió sobre Vera Caslavska una inesperada
y cruel tragedia familiar. Su hijo Martín hirió
en una riña a su ex marido Josef Odlozil de tal
modo que éste fallecía un mes después.
El joven fue condenado a cuatro años de prisión,
pero benefició de un polémico indulto
del presidente Havel.
Vera Caslavska, atormentada por el drama familiar, cayó
en un abatimiento síquico del que no logró
sacarla ni la elección al Comité Olímpico
Internacional. En 2001 renunció a este cargo,
retirándose definitivamente de la vida pública.
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