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Munich 1972
EL ATAQUE DE LO IRRACIONAL
Un integrante del comando de Septiembre Negro en el edificio que ocupó la delegación israelí en la Villa Olímpica.
Archivo EL UNIVERSAL

Pasaban de las 4 y media de la mañana del 5 de septiembre, cuando un ligero ruido de arañazos en la puerta rompió el silencio de la madrugada, el referee israelí de lucha, Yossef Gutfreund, despertó sobresaltado para presenciar el inicio de la peor de sus pesadillas.

Del otro lado de la puerta que se abría, un sigiloso enmascarado cargado un rifle de asalto AK-47 buscaba adentrarse al apartamento número uno de la Villa Olímpica de los Juegos de Munich 1972, donde estaba alojada parte del equipo israelí.
El referee gritó con todas sus fuerzas para alertar a sus compañeros y aprovechó sus 135 kilogramos de peso para bloquear la puerta y evitar que el intruso que iba acompañado de otros siete miembros del grupo terrorista Septiembre Negro se metieran al departamento.

Las acciones de Gutfreund permitieron a su compañero, el entrenador de halterofilia Tuvia Sokolovsky, escapar por la ventana. No obstante fue imposible evitar del todo el allanamiento, entonces, el entrenador de lucha Moshe Weinberg, peleó contra los intrusos, quienes le dispararon en la mejilla.

Herido fue forzado a merodear junto con los enmascarados para ayudarlos a buscar otros rehenes. Al pasar por el apartamento 2, Weinberg les mintió a los secuestradores al decirles que los residentes del apartamento no eran israelíes. En vez de eso los llevó al apartamento 3 donde los terroristas acorralaron a seis luchadores y halteristas como rehenes adicionales.

Mientras los atletas del apartamento 3 eran dirigidos al de los entrenadores, Weinberg herido, atacó una vez más a los secuestradores dejando que Gad Tsobari escapara por el garage del estacionamiento. El corpulento Weinberg dejó inconsciente a uno de los intrusos y cortó a otro más con un cuchillo de mantequilla antes de ser asesinado por un disparo.

El halterista Yossef Romano, un veterano de la Guerra del Sexto Día, también atacó e hirió a uno de los intrusos antes de ser asesinado. Los terroristas se quedaron con nueve rehenes. Gutfreund, el más corpulento de todos, fue atado a una silla, como si fuera una momia. El resto fue alineado en las dos camas del cuarto de Springer y Shapira y atados por los tobillos y muñecas y luego unos a otros.
El cadaver de Romano, lleno de balas, fue dejado a los pies de sus compañeros como advertencia. Otro de los miembros del equipo israelí, el marchista Shaul Ladany había sido alertado por los gritos de Gutfreund y escapó al brincar del balcón para correr hacia el patio trasero del edificio. Los otros cuatro residentes del Apartamento 2, Henry Hershkowitz y Zelig Stroch, así como los esgrimistas Dan Alon y Moshe Yehuda Weinstain, además del jefe de la delegación israelí Shmuel Lalkin y los otros dos doctores del equipo, pudieron esconderse y luego huyeron del edificio.
Las dos mujeres del equipo israelí, la velocista Esther Shachamarov y la nadadora Shlomit Nir, estaban alojadas en otra parte de la Villa Olímpica, inaccesible para los terroristas. Tres miembros más del equipo israelí, dos veleristas y un oficial, estaban hospedados en Kiel.

LOS ANTECEDENTES

El sicólogo forense alemán Georg Sieber le había pedido a los expertos de seguridad olímpica que pensaran en 26 casos posibles de ataques para ayudar a planear la seguridad. En la situación 21 se predecían casi todos los espeluznantes eventos del 5 de septiembre, pero fue descartado por los especialistas al considerarlo absurdo.
Antes de los secuestros, los Juegos Olímpicos de 1972 en Munich estaban entrando en su segunda semana y había ánimo jovial en el aire. El comité organizador había propiciado una atmósfera amigable en la villa olímpica para ayudar a borrar las memorias de los tiempos de milicia en la época de guerra alemana y específicamente de aquellos juegos de Berlín 1936 que habían sido explotados por el dictador nazi Adolfo Hitler para hacerse campaña.

En el documental Un Día en Septiembre, se afirma que la seguridad en la villa de atletas era intencionalmente relajada y que los atletas a menudo iban y venían de la villa sin presentar identificación. Muchos atletas se brincaban puntos de seguridad y escalaban sobre la reja que rodeaba la villa.

No había seguridad armada por ningún lado, un hecho que había preocupado al jefe de la delegación israelí Shmuel Lalkin antes de que su equipo llegara a Munich. En entrevistas posteriores Lalkin dijo que había expresado su preocupación con las autoridades correspondientes sobre el alojamiento de sus atletas.
Estaban acomodados en una parte relativamente aislada de la Villa Olímpica. Un pequeño edificio cerca de una puerta, lo que hacía que sintiera que su equipo era particularmente vulnerable a un asalto del exterior.

Las autoridades alemanas aparentemente le aseguraron a Lalkin que seguridad extra se encargaría de cuidar al equipo israelí, pero Lalkin duda que estas medidas adicionales se tomaran.

La participación del equipo israelí en los juegos que se celebraron en Alemania tenía un especial significado, sobre todo porque habían pasado 27 años después de la Segunda Guerra Mundial y los horrores del holocausto nazi aún estaban frescos en la memoria colectiva. Varios de los miembros del equipo israelí habían perdido familiares en el holocausto y veían en estos Juegos la oportunidad de demostrar una forma de resistencia y desafío a los asesinos nazis.

 
 
 
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