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2004

 

 

Juegos de la vigésima octava olimpiada. Todo ha quedado atrás: Ha llegado el momento de la verdad para la atleta sonorense de 27 años... La final de los 400m planos.
Atenas
  Belem Guerrero Méndez
  Iridia Salazar Blanco Oscar Salazar Blanco
   

Ana Gabriela Guevara

Plata en Atletismo | 400 m planos

Ana Guevara entra detrás de Tonique Williams en la final de los 400 metros en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004

  Ficha Técnica
 

Ana Guevara
Atletismo
Medalla de plata
Juegos Olímpicos Atenas, 2004
Fecha de nacimiento: 4 de marzo de 1977
Lugar de nacimiento: Nogales, Sonora
Especialidad: 400 metros planos

» Atenas
» Ana Guevara ha paralizado al país
» Estoy feliz: Barreda
» Sueños limitados en el basquetbol
» El atletismo, una puerta inesperada
» No todo fue fácil en el camino...
» Ella y Raúl Barreda
» El día que conoció a Michael Johnson
» Inicia la “Anamanía”
» El jackpot en Berlín
» Sí, ¡Campeona!

Atenas
Atenas, Grecia.

24 de agosto de 2004.

Y mientras goza Atenas de su doceavo día olímpico y las luces sobre la bahía siguen embelesando a los millones de turistas, tanto por sus antiquísimas construcciones como por sus hoy modernas Instalaciones deportivas, esta ciudad de contrastes está presente este día en los millones de corazones mexicanos que esperan, de la corredora sonorense, la victoria olímpica.

Este día, Ana Gabriela Guevara se convertiría en una diosa de plata.

“He soñado con esto toda mi vida…desde que era niña soñé con este momento”, dijo emocionada Ana Gabriela en su consagración como subcampeona olímpica en los 400 metros planos.

Momento histórico en el que por fin se observó llorar a la sonorense, quien se había prometido nunca hacerlo frente a las cámaras. Ni siquiera el día en que ganó la medalla de oro en el Campeonato Mundial de París, en el 2003, donde faltó una estrofa más al himno nacional para derramar esa lágrima que se quedó en el filo de sus ojos en el estadio Saint Denis.

Pero en Atenas, la emoción era mayor. La plata sabía a oro, y si había roto todos los mitos y vencido las adversidades de una lesión que la hizo cada día más fuerte, porqué no dejar explotar el corazón el día en que su nombre pasó a la inmortalidad.

Pq del deporte mundial pueden presumir de tocar la cima con tan pocos años de empezar a practicar su disciplina. El caso de Ana Gabriela Guevara es único en el deporte nacional y su impresionante desarrollo en el atletismo ha llamado la atención en México y en el mundo.

En casi seis años de trayectoria ha logrado consolidarse como la mejor exponente de los 400 metros en la clasificación de la Federación Internacional de Atletismo, superando a competidoras con muchos más años corriendo la distancia. En poco tiempo, su delgada comenzó a verse constantemente en el podium en diferentes países y eventos internacionales.

Ana Guevara ha paralizado al país
El periódico El Universal dijo: “Nunca antes el corazón de los mexicanos latió tan veloz por un lapso de 49 segundos. Jamás un país encontró refugio dentro de una deportista, como sucedió con México y Ana Gabriela Guevara, la atleta de plata mejor esculpida del mundo; la primera medallista en pruebas de velocidad que este país de más de 100 millones de habitantes ha dado.”

“El Estadio Olímpico de Atenas vivió una jornada memorable. Fue una carrera de dos mujeres con seis competidoras más que fueron meras espectadoras de los 400 metros planos sobre una pista de tartán en la que cada zancada era un suspiro ganador, un llamado a la gloria.”

“Ana sucumbió cuando las piernas no le respondieron a su corazón. Se quedó atrás en los últimos 50 metros, en el momento en que media docena de atletas le veían la espalda a ella y a Tonique Williams, la poderosa velocista de Bahamas, quien sólo escuchaba la respiración de la atleta mexicana.”

“Fueron momentos de gargantas desgarradas y nervios rotos, de venas por explotar y sudación fría, de piernas engarrotadas y manos hechas nudo, de ojos fuera de su órbita y voces atoradas en dos frases... “¡Venga Ana!”, eso gritaba la centena de aficionados mexicanos en el estadio, lo hacían los miles en Europa, los millones en América; todos quienes soñaban, al igual que Ana Gabriela, con la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de Atenas.”

“Atrás había quedado el balazo de salida que aceleró la vida de Ana. Un recuerdo era ya la imagen de la mexicana con el dedo en la nariz, solicitando el silencio en el Olimpo, instantes que las cámaras del estadio reprodujeron en sus pantallas para comprobar quién es la reina. Ana mandó callar y la corte obedeció...”

“Por ello dio la vuelta olímpica con la bandera nacional sobre sus hombros, cubriéndola con su manto como lo hiciera ella durante meses con la fe de una delegación que al fin vio su primera medalla oficial.”

“Lo hizo mientras Williams la abrazaba y las luces de los flashes alumbraban sus figuras debajo de una sentida ovación.

La mexicana sonreía y saludaba. La de Bahamas lloraba y levantaba los brazos para agradecer a los dioses. El público aplaudía en la tribuna donde algunos lloraban, mientras que en las dos pizarras electrónicas aparecían los tiempos oficiales.”

“Tonique Williams la mujer que este año aprendió los secretos de la alquimia para convertir cualquier metal en oro, se llevó la presea áurea con un tiempo de 49.41 segundos. Ana Guevara llegó segunda con 49.56, mientras la rusa Natalia Antyukh, ya sin reflectores, se colgó el bronce con 49.89.”

“Es la historia de Ana en la final olímpica de los 400 metros lisos. La crónica de una noche en Grecia donde Atenas la ovacionó por tomar su estandarte, compartirlo junto al de México y cargarlo cerca de su pecho, ahí, dentro de su alma. La velada en que Ana silenció un estadio con sólo pedirlo; el cuento del histórico martes 24 de agosto, día de la plata mexicana, la mejor del mundo.”

Y fue así, como impulsada de principio a fin por el coro de ¡México, México!, la campeona mundial Ana Gabriela Guevara entregó hasta el último suspiro en la final de los 400 metros planos para adjudicarse la medalla de plata de los Juegos Olímpicos de Atenas, en cuya pista la sonorense hizo historia al inscribir su nombre en el cielo del olimpo.

Codo a codo con la bahamesa Tonique Williams, la seleccionada nacional peleó el título olímpico que aspiraba conseguir en la pista ateniense, sin embargo, una diferencia de fracciones de segundo a unos metros de llegar a la meta, desvaneció la tonalidad del metal áureo por el argenta, ante la velocista que interrumpió su racha invicta de 29 carreras y que en Atenas superó por tercera ocasión a Guevara.

Antes de iniciar la carrera, y motivada por la ovación de los miles de mexicanos en el estadio, quienes la vitorearon desde su salida del túnel al carril número tres de la pista, a las 22.40 horas tiempo local, Ana Guevara solicitó el silencio de los aficionados a través de la pantalla gigante del estadio, en la que minutos antes había sido anunciada como la actual campeona mundial de los 400 metros planos -2003-, sin embargo, el nerviosismo de algunas competidoras, provocó una salida en falso.

A las 22.46 horas, ante un silencio sepulcral que demostró el respeto de los más de 70 mil personas que explotaron en un alarido tras el disparo de salida que enfrentaba a la mexicana a su destino, Ana Guevara puso en práctica la estrategia planeada días antes con su entrenador Raúl Barreda, quien observó desde las gradas el desempeño de su pupila, para después reunirse con la familia de Ana, principalmente con sus hermanos Daniela, Jaime y César, quienes se mezclaron en medio de un grupo de aficionados que aplaudió el paso de la sonorense en lo que fue el segundo compromiso olímpico de su trayectoria.

Ataviada por un traje rosa, impulsada por su coraje, y con una técnica depurada día con día desde que inició en los 400 metros planos después de su intervención en la Olimpiada Nacional de 1996, Ana Guevara no pudo resistir el cierre de Tonique Williams, a quien observó cruzar la meta en primer lugar con un tiempo de 49.41, para después empujar su cuerpo hacia la línea de meta, y frenar el crono en 49.56, seguida por la rusa Natalya Antyukh, medalla de bronce con 49.89.

Terminado el duelo, de inmediato Ana buscó a la bahamesa para reconocer su título olímpico. En una emotiva vuelta olímpica, en la que pudo encontrarse con su madre Ana María, con sus hermanos y amigos, así como miles de aficionados que le aplaudieron su esfuerzo y le entregaron un sombrero de mariachi, Ana se dirigió a la zona mixta para iniciar el mar de entrevistas y esperar ansiosa la premiación.

Fue el podio de Atenas que logró arrancar lágrimas del rostro de Guevara. Ella había prometido no hacerlo en público para no demostrar una imagen de flaqueza al pueblo mexicano, pero que en esta ocasión, ante los sentimientos encontrados de Ana, el escenario olímpico conmovió al máximo a la mexicana, quien dejó atrás el quinto lugar de Sydney 2000, y que en esta ocasión solamente quince centésimas le impidieron escuchar el himno nacional en la tierra de los dioses.

Sus primeras palabras después de tan ansiado momento fueron: “estoy tranquila, porque se que los tiempos no fueron rápidos, estoy con muchos deseos de continuar. La carrera estuvo muy bien planificada, la platique mucho con Raúl –Barreda-, creo que así estaba destinado, está de más dar algún detalle, la idea era mantenerse siempre cerca de ella –Tonique- y a distancia de las demás corredoras, sin apresurarme de ir más rápido al frente, y este fue el resultado, salimos juntas en la recta, la diferencia no fue mucha, y tampoco los tiempos estuvieron fuera del alcance”.

Sin añorar la temporada perfecta del 2002 y 2003, contenta de vivir ese momento que estaba destinado para ella mencionó: “a lo mejor hubiera sido completamente distinto, pero el destino no podemos cambiarlo y estoy contenta por el resultado”.

Recordó que el 2004 fue un año difícil, ya que tuvo que empezar la temporada prácticamente en el mes de mayo después de sufrir una tendinitis en el tobillo izquierdo –en febrero-, que cimbró los planes, las expectativas, y que la llevó a vivir el día a día: “alcanzar el nivel para estar en la pelea fue difícil, pero el nombre de México siempre lo traeré y bajo presión y bajo cualquier circunstancia estaré dispuesta a estar aquí de nuevo”.

Del apoyo del público en el estadio, sin saber que había paralizado en México a todo el país, declaró: “fue realmente electrizante entrar al estadio y ver ese número de banderas mexicanas, toda la cantidad de porras que había, escuchar los gritos, el “Cielito Lindo”, fue increíble, pero son momentos únicos que quedarán grabados en mi vida, estos últimos segundos antes de llegar al final del camino olímpico”. Al tener la medalla de plata de los XXVIII Juegos Olímpicos de Atenas en sus manos, Ana Guevara dijo: “he soñado con esto toda mi vida, desde que era niña soñé con este momento”.

Reviviendo la carrera ya fuera de la pista, la calificó de “muy pareja, muy constante, no había mucha diferencia, salimos juntas los trescientos metros fueron muy parejos, solo había que esperar el final, creo que llegamos juntas a la recta, y el cierre fue lo que definió las posiciones”.

Dueña del escenario, como siempre, afirmó: “Me siento bien, no pude hacer más, Tonique viene muy fuerte, siempre de atrás. Estaba conciente después de mi lesión que esto podía suceder, así es el deporte, drástico, dramático y regocijante, las cosas así tenían que ser y hay que continuar simplemente”.

Sin sentir su resultado como un “fracaso” por no conseguir el oro, Ana Guevara señaló: “di mi mayor esfuerzo, cuando dejas todo adentro de la pista no puede haber un descontento porque he dado todo, y en la preparación también, al final conseguimos el objetivo, mi sueño de consagrar una medalla olímpica en mi carrera deportiva”.

Estoy feliz: Barreda
Vestido de rojo y con su clásica gorra, se observó la sombra discreta de Raúl Barreda en la zona de las gradas en las que se conglomeraron integrantes de la delegación, familiares de Ana y aficionados mexicanos en el estadio olímpico de Atenas, a quienes dijo: “estoy contento de haberle dado una medalla a México que venía trabajando con mucho gusto y dedicación”.

“Estoy contento con la medalla que hemos ganado con Ana Gabriela en este certamen olímpico y para México es la primera medalla en su historia en velocidad de una corredora de 400 metros planos”.

Tonique y Natalia Antyukh se unieron a la felicidad de Ana:

–Ella lo dio todo y yo lo hice también. Estoy feliz porque ella colaboró para ser la atleta que soy”,

–asentó la corredora de Bahamas.

Compartir el podio con Ana Guevara fue, para la rusa Antyukh, muy significativo.

–Realmente he admirado a Ana. La vez primera que competí contra ella fue en Norwich, Inglaterra, y me sentí como una bebé al lado de esa gran mujer.

Sueños limitados en el basquetbol
La historia de Ana Guevara en el deporte inicia en el básquetbol, tras señalar: “me inicié en un deporte de conjunto que practiqué por seis años y de 1993 a 1997 formé parte de la selección de Sonora, sin éxito de poder alcanzar la camiseta de seleccionada nacional, lo cual me orilló después a cambiar de disciplina”.

Como basquetbolista en las canchas de Nogales comenta con nostalgia Ana Guevara: “Soñé muchas cosas, soñé con que se diera la WNBA. Soñé con ir a Estados Unidos a jugar, soñé con llegar a Juegos Olímpicos como basquetbolista, alucinaba cosas jugando básquetbol, imaginaba muchas cosas adentro de la cancha”.

Ferviente admiradora del basquetbolista estadounidense Michael Jordan, la hoy especialista de los 400 metros planos, en esa época de su vida “Alucinaba, porque la verdad son alucinaciones, a veces no creemos que la mente puede alcanzar cosas tan extraordinarias, y bueno, siempre tuve una meta, un objetivo y ese nunca cayó, que era el representar a mi país”.

En el deporte ráfaga, Ana Gabriela recuerda: “jugué como seleccionada de Nogales, fui seleccionada estatal una sola vez, fui designada la jugadora más valiosa, la quinta ideal, conseguí lo que quería en básquetbol, pero nunca llegué a portar la camiseta nacional, y todo lo que tenía no me conformaba, no era lo que yo quería, quería más, quería lograr la meta que me había propuesto”.


El atletismo, una puerta inesperada

En 1996 se presentó la oportunidad para que la originaria de Nogales asistiera a la primera Olimpiada Juvenil en la Ciudad de México, a la que “fui sin ser nadie en el atletismo, sin conocer absolutamente nada de lo que era correr, pero me emocionaba el reto, me emocionaba la adrenalina de asistir, llegué a la etapa estatal, estuve en el nacional y gané dos pruebas, los 400 y 800 metros, otorgándole dos medallas a Sonora”.

En la capital, una vez concluida la Olimpiada Juvenil de 1996 recibió la invitación para incorporarse a la selección nacional, lo que para Ana Guevara “fue una sorpresa, porque no era nadie en el atletismo y de la noche a la mañana ya era seleccionada nacional”, por lo que asistió al campeonato iberoamericano como parte del relevo 4x400 femenil, en cuya competencia logró ganar medalla de bronce, clasificando al mundial juvenil que se llevaría a cabo en Sydney, Australia, en el mes de agosto de ese año.

“Para ese entonces, Sydney ya tenía la sede de los Juegos Olímpicos del 2000 y ahí creció más mi interés por quedarme en el atletismo, me costó mucho trabajo convencerme pero en el básquetbol era casi imposible que pudiera llegar a mi objetivo que se llamaba ser seleccionada nacional y asistir a una olimpiada”, recordó Ana en el recuento de lo que ha sido su “película” en el deporte.

El momento decisivo en su trayectoria fue “cuando cambié de deporte, y ante aquella sorpresa y fiesta que era Sydney cuando competí en el mundial juvenil –donde logró el doceavo lugar-, sin ninguna preparación, sin ningún conocimiento pleno de lo que era el atletismo, me convencí que era mi deporte, pero más que convencerme, hice una promesa, que volvería ahí en el 2000 a participar en los Juegos Olímpicos”.

A su regreso a México conoció a su actual entrenador Raúl Barreda, con quien afirma “teníamos los dos la misma ilusión, él buscaba una atleta de nivel y yo buscaba un entrenador de nivel, que pudiéramos llevar en conjunto esta idea de participar en Juegos Olímpicos, y ahí empieza otra historia, la de los apoyos, la historia de comenzar a buscar recursos para poder cristalizar ese sueño”.

No todo fue fácil en el camino…

Debió sacrificar familia y lugar de residencia. Ana vivió en 1997 en Ciudad Juárez, becada por la Universidad Autónoma de esta ciudad fronteriza, en donde incluso se pintó el cabello de color verde, haciendo lo que fuera necesario para llamar la atención, aunque “sin éxito porque no tuvimos el apoyo que requeríamos en ese entonces”.

Fue hasta que el Gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, quien otorgó las facilidades para que pudiera retornar a su estado junto con Raúl Barreda “con un apoyo que me permitiera tener el desarrollo que yo quería y empezamos el camino hacia los Juegos Olímpicos”.

Para la primera justa veraniega de su trayectoria destacó: “El camino no fue fácil, fueron meses y años de mucho sacrificio y entrega, porque las condiciones en Hermosillo no son fáciles para trabajar al aire libre en ciertos meses, y aún así teníamos que permanecer en Hermosillo porque era el único lugar en el que podíamos entrenar”.

A esos tiempos difíciles se sumó el que no tuvieran apoyo económico para salir de viaje. “Tampoco para trasladarnos a otra ciudad a entrenar y en el estado no hay un lugar que tenga las condiciones para entrenar como las tiene Hermosillo, y así eran nuestros entrenamientos, bajo un fuerte calor, además de vivir en el estadio Héroes de Nacozari, en el Centro de Alto Rendimiento que se hizo ahí. Nos trasladábamos en camión, en ruta a entrenar a Bachoco, a la Joya, al Río de la Victoria, en condiciones totalmente adversas, pero seguía prevaleciendo la meta de estar en Juegos Olímpicos”.

Sin desistir de su objetivo: “Seguimos tocando puertas, había gente que nos decía abiertamente que no creía que esto pudiera llegar a ser, diciéndome no creemos que tú puedas ser un velocista y mucho menos que llegues a los olímpicos”.

A pesar de ello “seguimos entrenando, luchando y tocando puertas, a final de cuentas nunca se dieron los apoyos en ese tiempo, incluso hubieron momentos de desesperación, de decirse a uno mismo que no tenía necesidad de seguirme esforzando y soportar humillaciones, tampoco que no valoraran lo que hacía, porque sabía que era demasiado tiempo lo que estaba invirtiendo, trabajo y esfuerzo para que no me dieran el valor real que tiene entrenar ocho horas diarias”.

Ese ambiente de incertidumbre cambió la historia en 1999 cuando hace su aparición en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, en donde se convirtió en la primera mujer mexicana en ganar una prueba de velocidad: “Fue una sorpresa para muchos, un suceso en México y a partir de ahí cambiaron las cosas, la gente empezó a conocerme más, en mi estado la gente ya me ubicaba, sabía quien era Ana Guevara”.

A partir de ese año, Ana Guevara se convirtió en un icono para el Gobierno de su estado, a un año de los Juegos Olímpicos de Atenas, siendo Winnipeg un detonante prematuro para la justa veraniega del 2000. Sin embargo, también se presentó el cambio de gobierno en Sonora, significando la salida de Beltrones un revés en su camino: “porque los apoyos que teníamos de él se acabaron, batallamos mucho para retomar esos apoyos, tuvimos que empezar a tocar puertas en México para que nos apoyaran y fue cuando inició el proyecto CIMA –Compromiso Integral de México con sus Atletas-, lo que nos vino a rescatar para salir al extranjero”.

Los resultados, a partir de entonces “Me dieron a conocer más. Los medios de comunicación empiezan a fijarse en mí, y sin duda, en resumidas cuentas, aquel sueño de niña se hace una realidad en el año 2000 en Sydney, Australia”, en cuya justa concluyó en el quinto lugar y la convirtió en la primera mexicana en llegar a una final olímpica en la prueba de los 400 metros planos.

Ella y Raúl Barreda

El destino quiso que Ana se encontrara con el cubano Raúl Barreda. El entrenador cubano ya había estado en México diez años atrás... En aquel verano de 1979, llegó a nuestro país esa orden terminante...

Las autoridades deportivas de Cuba no vieron con simpatía que Barreda puliera de tal manera al corredor mexicano Jesús Águilas, a grado tal de vencer a los mismos isleños en competencias internacionales. Perder Cuba en los 400 metros ni pensarlo. Parecía un sacrilegio. Tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, el ascenso de Cuba en el deporte fue elocuente, debido en gran parte al trabajo planificado y al apoyo de entrenadores y técnicos del bloque socialista. Barreda, quien se graduó de técnico en atletismo clase A en la escuela de Leipzig, en la hoy extinta República Democrática Alemana, era fruto de ese trabajo creado por el polaco Zigmunt Zabierzowski y se convirtió en un técnico con disciplina y capacidad, para explotar las cualidades de sus alumnos, como lo hicieron sus compatriotas Eneas Muñoz, Jorge Cumberbatch y Leandro Civil con los cubanos.

Casualidad o no, Alberto Juantorena, quien ganó las medallas de oro en los 400 y 800 metros en los Juegos Olímpicos de Montreal, también –como en el caso de Ana– había sido basquetbolista. El Caballo pudo ser un buen poste –como lo era Ana– en los tableros, pero el atletismo se lo robó hasta convertirlo en una figura legendaria. A su regreso de Sydney, Ana Gabriela fue otra. Estaba motivada. Sus sueños por el basquetbol se habían terminado. La inspiración que había ejercido Michael Jordan quedó, por un momento, guardada en el cofre de su corazón... Ahora era el atletismo quien la mantenía inquieta, viva…

Recuerda Barreda aquel encuentro en Ciudad Juárez: –Me había invitado el profesor Cosme Rodríguez a que diera unas pláticas de velocidad y así lo hice, a fines de noviembre. Cuando terminaron las ponencias, me hablaron de una estudiante de esa universidad que corría los 400 y 800 metros. Que era deportista, que prometía...

–Pero Ana no estaba en la escuela; llegó casi una semana después. A ella le habían hablado de mí, por lo que me buscó, quería conocerme.

–Ana estaba muy delgada. Le faltaban dos meses para cumplir 20 años y había hecho sólo un poco de atletismo; sin embargo, para tener una mejor apreciación de ella había que verla correr, y me invitó a observarla en un entrenamiento. Mientras Ana corría yo miré el reloj. Le tomé algunos tiempos y francamente me asombré. Hablé con Cosme y le dije: “Esta muchacha es una replica de Imelda González. Sin temor a equivocarme la puedo hacer campeona mundial...”.

Imelda era una corredora que trabajó con Barreda en 1985, y que la llevó hasta la cima en los campeonatos nacionales, pero sus proyectos no encontraron eco en la Federación Mexicana de Atletismo, por lo que se desaprovechó a un talento. Además, el regreso de Barreda a Cuba truncó todos los esfuerzos.

A Barreda le había llamado poderosamente la atención la fortaleza y estatura de la sonorense, así como los tiempos que tenía a pesar de contar con pocos meses de entrenamiento formal. Agrega Barreda: “Tenía un trabajo virgen, no estaba desarrollada. Así que, con sus cualidades, aunadas a mi trabajo y experiencia, podría hacer mucho más, así que cuando terminó su práctica hablé con ella y le ofrecí ¡hacerla campeona mundial”

–Ella se dio cuenta de la fuerza de mis palabras y aceptó. Trabajarían en Ciudad Juárez... por un tiempo. Escasos tres meses, después regresaron a Sonora.

–Me tengo que ir a Hermosillo –dijo Barreda a Ana. Recuerda con una sonrisa el entrenador: –Ana me contestó: ‘Me voy con usted a donde vaya, a China o a Cuba, a donde sea’.

El día que conoció a Michael Johnson
En sus recuerdos de Sydney guarda esta anécdota:
“Estaba en un restaurante con uno de mis patrocinadores, no nos habíamos percatado que estaba ahí cenando Michael Johnson con su esposa, y me comenta Jorge Camacho –amigo y periodista que ha seguido su carrera deportiva desde sus inicios- ahorita va a venir a saludarte…le respondí “si, ajá…estas loco, ni sueñes que va a venir”.

“Lo tiré de a loco, seguí comiendo y cuál fue mi sorpresa, que a los veinte minutos, sin que Camacho fuera y le dijera que estábamos ahí, Johnson estaba frente a mí, y me dijo Ana te felicito por lo que hiciste el día de ayer, cuando la final olímpica de los 400 metros planos en Sydney. Yo le dije, tú eres el que ganaste la medalla de oro, y me dijo: no lo que tú hiciste ayer muy pocos lo pueden hacer en sus primeros juegos”.

“Eso fue todo lo que articulamos, le di las gracias, se fue y ahí quedó ese momento. Yo no conocía a fondo la historia de Michael Johnson. Por supuesto, a los dos o tres días fui al internet a checar su trayectoria. En sus primeros Juegos Olímpicos fue suplente del relevo 4x400, no iba como titular, lo que quiere decir que no corrió en la edición de Barcelona, no corrió la final, sino las eliminatorias. Como finalista, no tuvo medalla, después vinieron los Juegos de Atlanta, y ahí ganó dos medallas de oro e impuso un récord olímpico en los 400 metros planos. Repitió en Sydney triunfos en 400, 200 y 4x400, esto habla de la progresión que llevamos como seres humanos”.

Inicia la “Anamanía”
La temporada de la Golden League del 2002 dio a conocer a Ana Guevara más allá de nuestras fronteras y de Latinoamérica, ya que se trataba de la elite del atletismo internacional, más aún cuando estaban en disputa de varios lingotes de oro.

Los triunfos en Oslo, París y Roma habían mostrado al mundo atlético que las cualidades de Ana y sus impecables triunfos no eran obra de la casualidad. Incluso, si sus victorias en la pista eran arrolladoras, lo más importante eran las marcas que la saeta mexicana hacía. La progresión de sus tiempos dejaba ver que el mundo deportivo tenía ya a una atleta de elite. Y Ana lo mostró en la pista de Mónaco, en la cuarta reunión de la Liga Dorada.

Ese viernes, 19 de julio, en Montecarlo, Ana tuvo su propia noche de gala. La prueba fue decidida después de cruzar los 350 metros. Hasta ese momento, Ana –carril 3– y Lorraine Fenton –4– corrían hombro con hombro, pero al salir de la última curva, la mexicana tomó la delantera y con una decidida acometida sobre la línea de meta, la cruzó para registrar 49,25 segundos, la mejor marca del año.

Una nueva cita se cruzaba en su camino: Zurich, Suiza, el 16 de agosto. Y en la pista del estadio de Letzigrund, Ana Gabriela fue una saeta. La única en recorrer los 400 metros en menos de 50 segundos. Fue una actuación sublime de la mexicana. Ana partió en el carril 4, y de ahí, en una excelsa demostración de poderío, dominó claramente la prueba, sin la presencia de su otrora gran rival, la jamaicana Lorraine Fenton –cuatro derrotas consecutivas ante la mexicana–.

Ana, desde el disparo, hizo gala de explosividad y desde el primer paso tomó la delantera hasta cruzar la meta. En segundo lugar se ubicó la rusa Osleya Zykina, con 50,44 segundos, seguida de la estadounidense Michelle Collins con 50,75.

El jackpot en Berlín
El oro estaba a la vista...

En Berlín –6 de septiembre– sería el final del largo camino.

Serían los séptimos y últimos 400 metros.

La carrera “buena”, ya que en esa ciudad alemana, Ana Gabriela Guevara podía conquistar el Jack Pot, premio mayor que otorga la Asociación Internacional de Atletismo (IAAF por sus siglas en inglés), a los ganadores de las siete etapas que integran su prestigioso serial de competencias: la Golden League, la Liga Dorada del atletismo mundial.

La mexicana estaba, ciertamente, a un triunfo de repartirse los 50 kilogramos de oro y de adjudicarse otros 15 mil euros, recompensa económica que se otorgaba al triunfador de cada una de las siete etapas de la serie.

Ana, como siempre, serena, precavida antes de la competencia, dijo en aquella ocasión a los reporteros: –Siempre me ha gustado dejar en claro que mi principal objetivo es la Copa del Mundo –a realizarse en Madrid, meses después– pero si llegara a darse el hecho de ganar las siete etapas de la Liga Dorada y con ello llevarme el premio en oro, sería como una recompensa por el trabajo realizado.

Pese a ser la lógica favorita, Ana nunca se confió de sus rivales. No lo haría en esta ocasión, a unas cuantas horas de su cita berlinesa. –Para mí las competidoras nunca dejan de ser peligrosas. Todas queremos ganar y hay que salir con la mente tranquila y hacerlo. Lo que me propongo este viernes no es tanto tratar de hacer la mejor marca, sino realizar una competencia inteligente.

Y Ana no falló, como tampoco lo hicieron Marion Jones en los 100 metros; Hicham El Guerrouj en 1500 metros, ni tampoco el dominicano Félix Sánchez en los 400 metros con vallas, que le precedieron. Una auténtica demostración de poder.

Sí, ¡Campeona!

Con la satisfacción de hilvanar su séptimo triunfo consecutivo en la Liga Dorada, de ser hasta se momento la mejor del mundo en los 400 metros y con 12.5 kilogramos de oro en sus alforjas, para Ana Gabriela Guevara sólo quedaba una meta más ese año: la Copa del Mundo de atletismo, en el estadio de La Peineta, en Madrid, España.

Tenía varios motivos para anhelar la victoria:

Aquel momento de insatisfacción en Sydney.

Aquella espinita de Edmonton.

Aquellas muestras de desprecio a su calidad, principalmente en Europa...

Sí, Ana tenía, se dijo a sí misma, que ganar en Madrid. Lo había hecho en las últimas ocho pruebas; ¿por qué no la novena?

Aquel viernes 20 de septiembre de 2002, una espectacular tromba cayó en el estadio de la Comunidad de Madrid, mejor conocido como La Peineta. Impresionante torrente, acompañado de truenos y relámpagos. Cuando por fin la lluvia cesó, el mundo vio la espectacular victoria de la mexicana Ana Gabriela Guevara; un triunfo con enorme autoridad que se reflejó en la pista y en la gran pizarra:

1.- Ana G. Guevara, México, 49,56

2.- Jearl Miles-Clark, USA, 50,27

3.- Olesy Zykina, Rusia, 50,67

Fue un triunfo, en apariencia, fácil.

Ana cumplió con creces sus objetivos. El principal: el reconocimiento de los críticos europeos del atletismo, como lo señaló en la televisión francesa Patrick Montel: “Ana ha explotado todo este año su potencial y se ha convertido en la mejor referencia de la especialidad”.

Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

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