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| 1960 |
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La actuación en Roma brindó a Juanito el título de mejor deportista mexicano, del año, al superar en una votación pública. |
| Roma |
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| Juan Botella Medina |
Bronce en Clavados / Plataforma
de 10 metros |
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Juan
Botella (izq.) junto a los estadounidenses
Gary Tobian (centro) y San Hall
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Ficha Técnica |
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Juan Botella
Medina
Clavadista
Medalla de bronce en clavados
Juegos Olímpicos: Roma, 1960
Fecha de nacimiento: 4 de julio de 1941
Lugar de nacimiento: México, D.F
Fecha de fallecimiento: 17 de julio de
1970, México, D.F.
Prueba: Plataforma de 10 metros
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Roma, Italia
29 de agosto de 1960
El general Lázaro Cárdenas,
presidente de México, concede asilo político
a los republicanos españoles. El matrimonio Botella
Medina aprovecha el gesto y como muchos de sus compatriotas,
el 1 de junio arriba a Veracruz por barco. Al día siguiente
se traslada a la ciudad de México y un año después
obtiene la naturalización
Desde el origen..
Julio 4, 1941. Nació el segundo varón de la
familia Botella Medina. Robusto de finas facciones. Se llamará
Juan. Juanito. Será un predestinado. Diecinueve años
más tarde —lunes 29 de agosto de 1960—
conquistará el bronce en trampolín de tres metros,
en los Juegos Olímpicos de Roma.
Finalista
olímpico a los 15 años
Ya era, a los 14 años, una de las figuras nacionales
en aquella época de grandes clavadistas
Y, al cumplir los 15. El 30 de noviembre clasificó,
al lado de los hermanos Capilla, a la final de la prueba de
trampolín en Melbourne 1956
Al día siguiente, Joaquín ganaba la medalla
de bronce, Alberto finalizaba en noveno y Juanito décimo.
El 7 de diciembre, alternando con rivales cuyas edades oscilaban
entre los 24 y 26 años —a quienes opuso clavados
tan espectaculares como el de 2.5 vueltas en holandés,
2.5 atrás, 3.5 al frente y 2.5 adentro con dos giros—,
Juanito repitió el décimo sitio en plataforma
aquella, prueba en la que Joaquín Capilla alcanzó,
por fin, el oro olímpico. Alberto, como en trampolín,
ocupó el noveno puesto
Para Joaquín eran los honores. Para Juanito, la admiración.
Técnicos soviéticos y estadounidenses intentaron
levarlo a sus respectivas escuelas atraídos por los
saltos de Botella por su bote en el trampolín y por
su perfecta coordinación de movimientos.
Un fuera de serie: Gaxiola y Girón Álvaro Gaxiola recuerda
de Juanito: “Fue un clavadista fuera de serie. Un muchacho
a quien su familia alentó desde muy pequeño para
los clavados y con Mario Tovar como guía, muy pronto
logró notables resultados. Puede decirse que a los 11
años era ya un clavadista consumado. Ejecutaba saltos
que ni Joaquín Capilla hacía. Lo mejor que tenía
era el control y también su dominio del bote. Tenía
un don natural para caminar en el trampolín y se elevaba
como nadie”
Carlos Girón, quien observara varias películas
de Juan Botella en acción. Opina: “Ha sido el clavadista
con más facultades que haya visto. Tenía un talento
extraordinario y un ritmo sin igual; parecía que flotaba
en el aire. Era el Louganis de su tiempo. Se elevaba como pocos
y hacía lucir muy bien los clavados las vueltas y los
giros. Simplemente hacía lo que quería en la tabla”.
La gloria olímpica
El 27 de agosto, Juanito y Gaxiola clasificaron para la final
del trampolín de tres metros en Roma 1960. Botella
pasó en tercer lugar con 106.96 puntos, detrás
de Gary Tobian —107.33— y San Hall —l07.49—;
en sexto Gaxiola —93.47—
Lunes 29: la final
Al día siguiente, el diario EL UNIVERSAL publicó
una extensa crónica de su enviado, Raúl Oropeza
Decía encima del encabezado: “Ganó México
una medalla de bronce en Trampolín, el título
de la nota: “Juanito Botella obtuvo honroso tercer lugar”.
El sumario: “Decidió arriesgarlo todo en el último
salto en un desesperado intento por obtener una calificación
mejor y nervioso por los gritos de aliento en su favor, cuando
su concentración reclamaba silencio absoluto, falló”
La crónica:
Roma, 29 de agosto. Estrujante, positivamente angustiosa para
quienes presenciamos la final de los saltos ornamentales desde
el trampolín de tres metros, fue la lucha sin tregua,
casi desesperante, que se entabló entre nuestro compatriota
Juanito Botella y los clavadistas estadounidenses Tobian y
Hall, por el primer lugar, lucha que se definió en
el último salto triunfando Gary Tobian y clasificando
Hall en segundo y Juanito en un honroso tercero, seguido por
Álvaro Gaxiola, quien realizando también un
supremo esfuerzo, quedó en cuarto
Al iniciarse las pruebas definitivas, Botella y los “primos”
del norte, estaban separados por la mínima diferencia
de menos de un punto, figurando Hall en primero. Tobian en
segundo y el nuestro en tercero
Vino la primera, ante la expectación de la multitud
que presenciaba tan tremendo duelo bajo los rayos de un sol
abrasador y una aclamación ensordecedora rubricó
el ascenso del mexicano al primer sitio por la impecable realización
de su salto. La puntuación quedó entonces así:
Botella 128.29; Tobian 125.15 y Hall 123.11
La expectación aumentaba y nuestro corazón latía
tumultuosamente como si intentara salirse del pecho para impulsar
a Juanito en su valiente pelea contra los colosos del trampolín,
mientras, poco a poco se iba haciendo un silencio casi místico
en espera del segundo salto, cuyas puntuaciones alternaron
nuevamente la posición de los competidores. al pasar
Tobian al sitio de honor, con 148.67 puntos; Botella al segundo,
muy cerca del líder con 147.46 y Hall tercero, con
145.21
La muchedumbre, entusiasmada por la proeza que estaba realizando
el mexicano, prorrumpió en estentóreas “vivas”
en su honor, alentándolo para el salto final. en el
que parecía que Juanito podría alcanzar un galardón
máximo para México. A estas alturas, nuestra
emoción llegaba a su límite y nuestros nervios
se sentían rotos aniquilados por la enorme tensión
que sufrían ante la feroz pugna entablada por los tres
clavadistas en busca de la victoria.
El último salto y error
Vino el desenlace. Hall
realizó un impecable mortal de dos vueltas y media,
que le valieron 21.87 puntos. para alcanzar un total de 167.08,
pero la medalla se le fue de sus manos porque. Tobian, con
idéntico ejercicio, aún sin lograr mayor precisión.
Obtuvo 21.33 que lo elevaron a 170.00 para toda la prueba
Llegó el turno a Botella. Con un salto igual al de
sus competidores hubiera estado en condiciones de pelearle
el primer lugar a Tobian, o por lo menos, de sobrepasar a
Hall para arrebatarle el segundo; pero el coraje de nuestro
muchacho, su amor propio, su deseo incontenible de ofrecerle
a México un triunfo indiscutible y diáfano,
lo llevó a realizar un esfuerzo supremo intentando
un dificilísimo salto mortal con dos vueltas y media
hacia atrás que de tener éxito, lo hubiese llevado
a la más sensacional victoria de nuestros colores
Desgraciadamente no fue así. Ejecutados limpiamente
el salto y los giros, su entrada en el agua no fue perfecta
y la calificación de los jueces llegó sólo
a Los 14.84 puntos, para sumar en total 162.30, que le valieron
una merecidísima medalla de bronce
Por nuestra parte. sinceramente nos resistíamos a creer
que Botella había perdido: gallarda y honrosamente
una brillante oportunidad para conquistar un áureo
trofeo, con el que ya consentíamos volver a nuestra
patria
El gesto valiente y decidido, se comentó elogiosamente
no sólo entre quienes en carne propia vimos el dramático
desenlace, sino en todos los que se dieron cuenta del intento
supremo de Juanito, por imponerse sobre sus tremendos rivales.
Las lágrimas que lo desconcentraron
Continúa la crónica:
Entre abrazos y felicitaciones, pudiendo dar rienda suelta
a nuestro entusiasmo, frenado ante la incertidumbre de la
durísima competencia, llegamos hasta Juanito que, pálido
y visiblemente agotado por el esfuerzo cumplido, nos dijo:
“estoy un poco decepcionado... Creí que llegaba
a imponerme; estaba seguro de cumplir el salto que me había
impuesto para llevarme una medalla de oro, pero fallé.
No trato de justificarme —agregó—, pero
sinceramente los gritos de aliento de mis amigos, sus imponentes
“vivas” que retumbaban en mis oídos como
cañonazos, precisamente en el momento en que necesitaba
más silencio para concentrarme en lo que iba a realizar,
me conmovieron infinitamente; las lágrimas pugnaban
por salir de mis ojos y mis facultades mermaron, cuando más
necesitaba de ellas”
Un poco más calmado, declaró a los periodistas
que lo asediaban con sus preguntas: “Tengo 19 años
y creo que iré a Tokio, para intentar conseguir lo
que hoy no pude lograr para mi México querido”
Así cayó el telón de este positivo drama
deportivo, en el que nuestro chamaco desempeñó
tan magistralmente un principalísimo papel. Sus 10
saltos fueron: clavado simple al frente, canguro de Angora
(al frente en posición B), canguro de holandés
(inverso simple), salto hacia adentro, clavado con medio giro.
3.5 vueltas al frente en C, 2.5 vueltas atrás, 2.5
en holandés. 2.5 adentro, y vuelta y media atrás
con 2.5 giros
Carlos Girón: “Para esos, años, era una
tabla muy difícil, Incluso yo incluí varios
de esos saltos en mi competencia en los Juegos de Moscú
de 1980. Es decir. 20 años después.
La única medalla mexicana
Pese a todo, fue la de Juanito la única medalla conseguida
por la delegación mexicana en Roma.
Doña Gloria, mamá de Juanito: “El día
que Juan ganó fue un momento inolvidable. Yo estaba
en casa cuando una vecina, la esposa del profesor Ramón
G. Velázquez, me avisó. ¿Cómo
describir la alegría? No, no es posible”
Don Claudio, el papá: “A mí, ya lo he
dicho, me dio gusto por varias razones. Principalmente, porque
siempre entendí que el deporte es una actividad que
ayuda a formar el carácter del individuo. Yo practiqué
natación, alpinismo y atletismo y por eso inculqué
en mis hijos el amor por el deporte. Cuando Juan ganó,
por mi mente atravesó fugazmente el pensamiento de
que España había perdido un medallista, pero
fue superado por la gran alegría, ya lo he dicho, de
haber dado a México un triunfador olímpico”
La actuación en Roma brindó a Juanito el título
de mejor deportista mexicano, del año, al superar en
una votación pública —realizada por el
diario La Afición— a personajes como el ciclista
Porfirio Remigio —ganador de la XV Vuelta a México—,
la esgrimista Pilar Roldán —finalista en la Olimpiada—,
el automovilista Ricardo Rodríguez —segundo en
Las 24 Horas de Le Mans—, el bolichista Tito Reynolds
—campeón mundial— y el tenista Rafael Osuna
—campeón de dobles en Wimbledon.
Los nervios, la depresión y
adiós Tokio 64
Ofelia Botella: “Desde esos años Juan padecía
de los nervios. Había tenido que enfrentar un gran
número de presiones: primero, su carrera, muy difícil;
después, los clavados, en los que tenía que
sobresalir para seguir contando con la beca en Ohio State
y también las constantes peticiones de que se convirtiera
en ciudadano estadounidense hicieron mella en él. Casi
no dormía, estudiaba todo el día y al mismo
tiempo trabajaba y planeaba sus competencias. Eso fue demasiado
para él y le entró como un agotamiento nervioso
—”entraba en profundos estados de depresión”,
dirá su amigo Jorge Telch
En tal virtud, mis padres se opusieron a que siguiera en Columbus
y a principios de 1964 decidieron traerlo a México.
Por esa razón no participó en el selectivo para
los Juegos Olímpicos de Tokio. Ya en México,
Juanito fue tratado médicamente y después decidió
volver a los clavados.
La muerte prematura
...Hasta el final
Julio 17, 1970. Es viernes. Juanito Botella trabaja intensamente,
sobreponiéndose al sueño y al cansancio, en
la elaboración de su tesis, esa que lo separa del título
de arquitecto. De repente, hace crisis el viejo padecimiento:
estalla la hipertensión y Juanito, el medallista olímpico
muere
Tenía apenas 29 años de edad
Ofelia Botella: “Juan vivió intensamente. Su
muerte nos afectó a todos. Porque fue buen hijo, buen
hermano, gran amigo, magnífico estudiante y un excelente
clavadista. Fue, en tan corto tiempo, un hombre brillante;
un hombre que entró a la historia por méritos
propios”.
Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos
Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL. |