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Y lo digo así porque en 1980 no gané como una consecuencia de lo que ese día, sino por el gran trabajo realizado largo de cuatro años. Y eso es lo que importa; no que si fue de oro o de plata la medalla |
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| Carlos Girón |
| Plata en clavados |
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Carlos
Girón en un entrenamiento en la
fosa de clavados del Comité Olímpico
Mexicano en 1984. ARCHIVO/EL UNIEVRSAL
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Ficha Técnica |
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Carlos Girón
Clavadista
Medalla de Plata
Juegos Olímpicos Moscú,
1980
Fecha de nacimiento: 3 de noviembre de
1954
Lugar de nacimiento: Nogales, Sonora
Especialidad: trampolín de 3 metros.
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Fueron hechos que marcaron su
vida. Que lo impulsaron hasta una medalla olímpica.
Acapulco,
1964
Su delgada voz era un cántico a los turistas:
- ¡Hey, mister, one coin
to the water!
Y los turistas arrojaban las
monedas al mar.
Era, entonces, una parvada de
chiquillos la que se tiraba de cabeza en el malecón.
Había que llegar primero; alcanzar la moneda que ganaba
fondo.
Carlos Girón era uno
de ellos. Tenía apenas 10 años de edad.
Allí, en el bello puerto
del Pacífico, había aprendido a nadar...
- Tragué cantidades industriales
de agua salada, me hundí cientos de veces en el oleaje,
pero lo hice: aprendí a nadar. Porque sólo así
podía estar con mis amigos, de vagos, cuando salíamos
de la escuela. Pero nadar no me atraía; lo que más
me gustaba era tirarme del trampolín, de las rocas,
del malecón... Porque lanzarte de clavado es como volar,
y el encuentro con la masa sólida, y la sumersión...
Todo eso es indescriptible. Yo me lanzaba muy bien. Desde
entonces sentí una fascinación especial por
ir de cabeza, el cuerpo en libertad, al encuentro con el agua.
México,
D.F., 1968
Dos años antes ha obtenido ya Girón el campeonato
Centroamericano Infantil de clavados -El Salvador-. Ahora
participa en los ensayos de la ceremonia inaugural del torneo
de clavados de los Juegos Olímpicos a celebrarse en
México.
- Se trataba de representar
a un clavadista de cada país que acudía al torneo
olímpico. A mí me tocó el de Estados
Unidos. Me gustó actuar. Lo sentía. Me posesioné
tanto del personaje que pensaba que en verdad era yo quien
se encontraba a unos minutos de la competencia.
Después me preguntaba
a mí mismo:
"¿Cuándo
llegaré a esto?" Y cuando lo platicaba con Jorge
Rueda, me decía él: "Llegarás, sé
que llegarás... ¡Juntos lo lograremos ... !
Dicen que la historia de los
clavados se divide en tres nombres: Joaquín Capilla,
Klaus Dibiasi y Greg Louganis...
Munich
72
Ahora se disputa la final de la plataforma de 10 metros. Y
Dibiasi, campeón olímpico cuatro años
antes, en México, es el líder.
Pero enfrenta la tenaz oposición
de este joven mexicano de apenas 17 años que, hace
apenas un mes y medio, sorpresivamente lo ha derrotado en
la tradicional competencia de Suecia.
Llegan al último clavado
separados por una mínima diferencia: Dibiasi aventaja
por sólo tres puntos.
Un buen lanzamiento y...
Dos vueltas y media de holandés.
El mejor clavado de Girón. Cientos de veces ejecutado
con gran limpieza.
Pero ahora... ¿Tal vez
la presión? El giro es demasiado fuerte y muy alto.
Girón cae casi de espaldas.-Puntuación mínima.
Del segundo lugar se va hasta el octavo. De la posibilidad
de una medalla de oro, a las manos vacías; al espíritu
vacío... A dos horas de llanto, solitario, en su vestidor.
A las ganas de mandar todo al demonio... Y, finalmente, al
encuentro con un niño, mexicano también, que
pacientemente esperó hasta verlo aparecer por aquella
puerta. Le dijo, entonces:
- Híjole, Carlos... ¡Qué
padres clavados te echaste! Y ese último también
estuvo padrísimo... Lo que debe de haber pasado fue
que la alberca estaba muy arriba; si hubiera estado un poquito
más abajo, te sale derechito, derechito.. .
Girón:
- Fueron las palabras mágicas.
Me levantaron; me puse a reír. Fue algo muy impactante
para mi el ver a ese pequeño que, pese a todo, me felicitaba.
Fue mi punto de partida para olvidar la terrible falla. Lo
dicho por ese niño y por Jorge Rueda me hicieron prometerme
a mí mismo que nada me apartaría de mi gran
ilusión: conquistar una medalla olímpica.
La lograría ocho años
después, en tierras moscovitas.
Montreal
76: todo un fracaso
Las esperanzas, pues, se cifrarían en Montreal 1976.
Otros cuatro años de
trabajo. Saltos y más saltos; competencia tras competencia.
Aquella caída de Munich quedaba en el olvido.
Carlos Girón ganó
la medalla de oro en los Juegos Panamericanos celebrados en
México, 1975 y todos los anhelos se renovaron. Sería
él, no había duda, quien continuara con aquella
tradición de los clavadistas mexicanos en olimpiadas,
iniciada por Joaquín Capilla y a quien siguieron Juan
Botella y Álvaro Gaxiola.
La preparación fue excelente.
Pero...
Girón: “Parecía
que se había logrado un buen equipo. La calidad de
sus integrantes y el trabajo realizado durante tres años,
así lo hacían suponer. Pero había problemas
internos muy fuertes. Teníamos en contra, nada menos,
a la Federación Mexicana de Natación que presidía
Javier Ostos. Y todo explotó cuando fuimos a Europa
a una gira de fogueo previa a los grandes torneos. Jorge Rueda
tenía muchos problemas, que se agudizaron con la protesta
de quienes se sintieron desplazados en el equipo. Ostos hizo
regresar de Europa a Francisco Rueda, sin permitirle siquiera
competir en una prueba. El grupo se desmoronó. En lo
personal, me sentí deprimido. Había buenos entrenamientos,
pero sin lugar a dudas faltaba disposición para el
trabajo. Estábamos, todos, envueltos por el mal humor.”
Resultado: Girón finalizó
cuarto en plataforma y séptimo en trampolín.
Moscú
80: el camino
Las experiencias de Munich y Montreal aportaron un valioso
cúmulo de vivencias para Girón.
Ahora, más maduro, emprendió
de nueva cuenta el largo camino hacia unos Juegos Olímpicos.
Otros cuatro años hasta llegar a Moscú 1980.
Podría ser la última
llamada...
Girón: “Jorge Rueda y
yo hicimos un trato: trabajar más en serio, superarnos
día a día, manteniéndonos, dentro de
lo posible, lo más ajenos a lo que. sucedía
en nuestro alrededor... Dedicarnos a nuestro objetivo al ciento
por ciento. Y creo que cumplimos”.
“Trabajar más de ocho
horas al día es algo que pocos aceptan. Y nosotros
no descansamos de 1977 a 1980. Competencia tras competencia,
siempre nos esforzamos por mejorar, por vencer. En esos años
gané un ochenta por ciento de los torneos en los que
participé.
“En Estados Unidos se me consideró
como el mejor clavadista, y así fue ratificado por
la revista especializada Swimming World, que me proclamó
número uno en 78, 79 y 80. En ese período vencí
a Louganis y a Portnov, que eran los mejores rivales que podía
encontrar”.
Julio de 1980. Juegos Olímpicos
de Moscú.
La ausencia de los Estados Unidos
afecta al movimiento olímpico. La labor de boicoteo
encabezada por el presidente Carter, al que siguieron varios
mandatarios, opacó los juegos moscovitas.
Girón: “Para mí
fue impresionante que no acudiera Estados Unidos. Fue un shock
el saber que no estarían sus atletas. Pero me reconfortaba
el hecho de recordar que en anteriores competencias había
vencido a sus representantes, y estaba seguro de que en Moscú
también hubiera hecho patente mi superioridad. Y lo
digo así porque en 1980 no gané como una consecuencia
de lo que ese día, sino por el gran trabajo realizado
largo de cuatro años. Y eso es lo que importa; no que
si fue de oro o de plata la medalla, sino que fue el premio
a la constancia, al esfuerzo cotidiano, a las intensas jornadas
en la alberca. Importa saber que lo que diste entró
eco en las personas, y que te encuentras la satisfacción
personal de haber triunfado. De pronto sientes que todo ha
sido un sueño, una ilusión que se resumió
en dos horas de competencia.
El momento
olímpico
Ya pasaron las eliminatorias. Hoy es 23 de julio de 1980.
Carlos Girón llega a
la final en trampolín de 3 metros con una inmejorable
preparación. Cada detalle, técnico, táctico,
físico, atlético y, anímico, ha sido
mil veces revisado y perfeccionado. Tiene la experiencia de
dos olimpiadas y a su lado está quien lo acompaña
desde hace 14 años: Jorge Rueda.
Sólo falta un compromiso:
saltar. Y hacerlo bien, muy bien.
El complejo deportivo de Moscú
luce esplendoroso.
Al lado de la fosa, la alberca
olímpica, en la cual las nadadoras de Alemania Oriental
cosechan victorias y arrancan las exclamaciones de júbilo...
Estas, que destrozan el que debería de ser silencio
sepulcral del escenario de los clavados.
Ya se lanza al agua el primer
finalista...
Ya estamos en plena competencia.
De aquí saldrán tres ganadores.
De inmediato, Carlos Girón,
Alexander Portnov, el italiano Giorgio Cagnotto y el germano
oriental Falk Hoffman se separan del grupo.
La calidad es evidente. Pese
al boicot. Pese a Carter.
Girón se coloca al frente
al culminar la ronda de cinco saltos obligatorios, que ejecuta
con gran limpieza, en este orden: al frente en posición
A, atrás simple en B, inverso simple en B, vuelta y
media adentro en B, y vuelta y media al frente con un giro.
Su más cercano perseguidor es el soviético Portnov.
A continuación, los clavados
libres.
Los de Girón: dos vueltas
y media con un giro, dos vueltas hacia atrás en posición
C, dos vueltas y media hacia adentro en posición C,
una vuelta y medía al frente con tres giros y, finalmente,
tres vueltas y media al frente en posición C.
Girón: “La lucha había
sido muy fuerte. En la penúltima ronda me alcanzó
Portnov. Teníamos los mismos puntos. Y como estábamos
tan adelantados, la pelea por el oro sería entre nosotros
dos. Y llegó el momento decisivo para él. Su
décimo clavado. Dos vueltas y media inversa en posición
B. En esos momentos se había registrado un récord
en la alberca, y hubo una exclamación general. Pero,
de cualquier manera, Portnov se lanzó. Y ¡vámonos!,
que cae de espaldas. Lo había perdido todo. Como yo,
hacía ocho años. Salió cabizbajo de la
fosa. La frustración del público fue evidente.
Pero, de pronto, los delegados soviéticos comenzaron
a protestar. Arguyeron que el grito en la piscina había
perturbado a Portnov. La presión se hizo más
fuerte a cada instante, y los jueces finalizaron por ceder.
Concedieron a Portnov otra oportunidad, y éste la aprovechó
perfectamente. Subió al trampolín y tuvo mucho
tiempo para preparar su salto; lo corrigió y, finalmente,
lo ejecutó muy bien. Y ganó la medalla de oro.
La que ya había perdido. La que me pertenecía”.
Las puntuaciones fueron muy
cerradas: Portnov: 905.02 puntos; Girón: 892.14; Cagnotto:
871.20.
Nadie oficialmente, protestó
por México.
Simplemente, porque México
no tenía un delegado en esa competencia:
En ese entonces, el señor
Javier Ostos Mora presidía no sólo la Federación
Mexicana de Natación, sino la propia Federación
Internacional de Natación Amateur. El se había
arrogado, pues, la función de delegado mexicano. Pero,
en ese momento, se encontró con un grave dilema: ¿cómo
protestar, como delegado mexicano, ante el presidente de la
FINA, si era él quien ocupaba los dos cargos?
Así que, aunque integrantes
de los equipos mexicano, italiano y alemán, se acercaron
a él para pedirle a gritos que interviniera en su calidad
de presidente de la FINA y que evitara aquel atropello, él
selló sus labios. Le recordaban lo sucedido minutos
antes, cuando el propio juez-árbitro -el sueco Olaf
Holanders- había impedido que el alemán Hoffman
repitiera un clavado -que obtuvo buena calificación-
a pesar de que fue distraído por un haz de luz que
penetró por entre las cortinas que cubrían los
amplios ventanales de la fosa. Este Holanders, tan benigno
en el caso Portnov, había sido inflexible con Hoffman.
Ostos, como máxima autoridad
de ese deporte, pudo haber intervenido decisivamente. Pero
algo le maniataba las manos: en esos momentos pugnaba por
su reelección. Y prefirió callar. Su actitud
motivó fuertes reacciones de ira. Ostos Mora fue insultado
por el propio Jorge Rueda, mientras que, a la orilla de la
fosa, indignado, el juez mexicano Antonio Mariscal arrojó
al piso su gafete. Difícilmente se le convenció
de que no abandonara su puesto.
Carlos: “Fue algo demasiado
amargo, porque hasta entonces descubrí que muchas personas
carecen de honestidad en determinado momento y, más
que nada quien estaba involucrada en aquel instante y que
no supo dar la cara para defender no a Carlos Girón,
sino al representante de México, que se encontraba
luchando por una medalla de oro... No tiene caso dar nombres;
no vale la pena. La historia juzga mejor que uno. Para mí,
no tiene valor alguno una persona que no tuvo la honradez
de decir: "primero está mi patria que mi posición
política en el deporte".
Posteriormente, sin digerir
aún el momento vivido, Girón compitió
en plataforma de diez metros, prueba que ganó Hoffman.
Fragmentos de textos tomados
del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado
por la Conade y EL UNIVERSAL. |