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| 1976 |
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El 8 de abril, dentro de la tercera Semana Internacional, en Jalapa, y cuando Daniel se enfrascaba en ardorosa competencia con Raúl González, Márquez de la Mora adujo que Bautista botaba en exceso y le decretó su primera descalificación.
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| Montreal |
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| Daniel Bautista Rocha |
| Oro en Atletismo / Caminata
20 km |
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Ficha Técnica |
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Daniel Bautista
Atletismo
Medalla de oro
Juegos Olímpicos Montreal, 1976
Fecha de nacimiento: 4 de agosto de 1952
Especialidad: Caminata 20 km.
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Montreal, Canadá
23 de julio de 1976
Juegos de la XXI Olimpiada.
Que sea aquí, hoy.
Que llegue, al fin, la primera medalla de oro que, en una
justa olímpica, conquiste nuestro atletismo... Han
sido ya muchos los años de infructuosa espera.
Que no se rinda Daniel Bautista.
Que no ceje ante el acoso brutal de los tres marchistas de
la República Democrática Alemana: Hans Reimann,
Peter Frenkel y Karl Hainz Stadtmüller.
Que venza el pequeño moreno de ensortijado cabello.
Que se imponga a los tres rubios gigantescos.
Que responda al aliento del público.
Que no desmaye. Que escuche los gritos arrancados de voces
que se quiebran por el llanto y la emoción del entrenador
polaco Jerzy Hausleber y del fisiatra Arturo Alfaro: “¡Vamos,
Negro, vamos!...”
Que se agiten, con más fuerza aún, las banderitas
mexicanas que ondean en las tribunas.
Y que nadie pierda un paso de este tramo final de la competencia.
Quienes por el oro comprometen este último suspiro
avanzan ya sobre la pista de tartán rumbo a la meta.
Bautista marcha al frente del pequeño grupo de cuatro.
Frenkel, campeón cuatro años atrás, en
Munich 72, juega su última carta y va tras el mexicano.
Inútil. No resiste el paso. Y ya es rebasado por Reimann
quien resopla, quien acelera, quien se lanza a la caza. Qué
angustia.
Ya. Ha sido aquí, hoy.
Ha sido Daniel Bautista.
Campeón olímpico en los 20 kilómetros
de caminata.
Daniel,
récord mundial
Es una gélida mañana ésta, de mayo de
1975 en Bydgoszcs, Polonia. Pero un registro estremece al
mundo de la caminata: un desconocido mexicano llamado Daniel
Bautista ha roto la marca mundial en los 20 kilómetros.
¡Ha sido superada, al fin, la barrera de la hora y 23
minutos en esta distancia! Bautista ha cronometrado una hora
y 22... Y ha dado, a los marchistas del orbe entero una voz
de alarma.
Daniel:
“Lo sabía... Sabía que estaba en el camino.
Que nadie podría ya detenerme”.
Daniel Bautista Rocha nació el 4 de agosto de 1952
en la estación El Salado, San Luis Potosí, aunque
de hecho es regiomontano porque cuando tenía apenas
dos años, su padre -Daniel Bautista Otero- decidió
radicar en Monterrey por la cercanía con Texas y la
pizca de verduras y legumbres. Así que se llevó
a su esposa, doña Tomasa Rocha y a sus hijos -Lucio,
David y Daniel; después nacerían Eusebio, María
y Balbina- a radicar en las orillas de la capital neoleonesa:
en Nuevas Colonias, municipio San Nicolás de los Garza.
El día
que casi muere
En las vacaciones escolares, Daniel acompañaba a su
papá a la frontera. Y era uno más de aquellos
chiquillos que día a día permanecía en
Río Bravo a la espera de sus padres, que como mojados,
cruzaban la frontera y se iban a la pizca. En una ocasión,
cuando el futuro andarín tenía como 12 años,
se metió a nadar en el río. De repente, las
corrientes se hicieron más fuertes; Daniel fue arrastrado
por ellas y estuvo a punto de perecer ahogado. El trauma vivido
ese día tuvo consecuencias: Bautista le tiene pavor
al agua.
El sargento
Pedraza y 1968
“En ese año se celebraron en nuestro país
los Juegos Olímpicos. Yo estaba todavía en la
secundaria y nomás acababan las clases y me iba volando
a mi casa para ver en la televisión las competencias.
Lo que más me impresionó fue ver a José
Pedraza. ¡Fue increíble! Ahí nació
en mí el gusto por la caminata. Después de ver
el esfuerzo del sargento y su coraje al no poder vencer a
los rusos, fue cuando me dije: "Yo también seré
marchista".
Ni los
ve ni los oye
Todo comenzó a cambiar aquella fría mañana
de mayo de 1975, en Bydgoszcz, cuando Bautista impuso marca
mundial en los 20 kilómetros.
Dijo entonces Hausleber:
Daniel salió a caminar con su peculiar estilo, sin
ver a los rivales y con una sola idea: vencer en el menor
tiempo posible.
Los reporteros preguntaron a Bautista cuál había
sido la táctica empleada para ganar. Respondió
así:
“Ir al frente... ¡Y al diablo el último!”
Todo mundo entendió el mensaje: no, no sería
fácil en Montreal.
Pero aún faltaba un compromiso: los Panamericanos de
México 75.
Por lo pronto, en el torneo selectivo Daniel invirtió
los papeles: el fue el ganador, seguido de Domingo Colín
y Raúl González, aunque éste se había
especializado en los 50 kilómetros. Serían,
pues, Bautista y Colín los elegidos para la prueba
de los 20 kilómetros.
No defraudarían: oro y plata -respectivamente- para
ellos.
Bronce para el ahora ex campeón Larry Young.
Comenzaba a escribirse la historia de quien es considerado
como el mejor deportista mexicano en la década de los
setenta.
Conforme se aproximaba la cita olímpica, crecía
en Daniel la confianza en sí mismo:
“Era otra persona, otro competidor, distinto en forma
total a aquel incipiente andarín de finales de 1972.
Ahora ya era conocido y disfrutaba de los apoyos incondicionales
de las autoridades deportivas, que veían en mí
a un posible medallista. Por mi parte, gozaba compitiendo”.
El día
de la gloria
Arribamos el 23 de julio de 1976. Escenario: Estadio Olímpico
de Montreal, Canadá.
Prueba de los 20 kilómetros de marcha.
Favoritos: el alemán Frenkel, campeón olímpico
y sus demás compatriotas. En un segundo plano: soviéticos
e ingleses. ¿Mexicanos?... Quizás. Pero los
europeos no dejan de mirar, con recelo. a esos tres andarines
de morena piel: Daniel Bautista, Domingo Colín y Raúl
González.
Daniel Bautista narra lo que sucedió aquella tarde:
“Yo tenía la táctica de siempre: ir adelante.
Y así lo hice. Raúl y yo comenzamos a jalar.
en los primeros kilómetros. A cada paso imprimimos
mayor velocidad, tratando de separarnos lo más posible,
pero cuando Colín se sumó al grupo atrajo a
los alemanes, quienes, a partir de ese momento, jamás
se doblegaron.
“A los 12 kilómetros sólo quedaba yo en
punta. Poco antes, Raúl se había quedado y Colín
fue descalificado. Pero los alemanes seguían ahí,
tercos a unos metros.
“Cuando faltaban como cinco kilómetros, Frenkel
empezó a jalar. Supongo que los alemanes pensaron que
me iba a poner nervioso y que me quedaría atrás,
pero no.
“La lucha sicológica también fue muy fuerte.
Cada vez que se me acercaban me decían muchas cosas.
Eran como gruñidos. Yo no los entendía. Nada
más me reía de ellos; jamás descansaron.
No administraron sus fuerzas, sino que se alternaron tratando
de derribarme. Eso los obligó a gastar energías
que yo sí podía cuidar para el peligroso cierre.
¡Adiós,
alemanes!
“Cuando faltaban como dos kilómetros les dije
"adiós". Ya ni los vi; con sólo sentir
su respiración, muy agitada, sabía que no me
podían vencer. Frenkel, como campeón, quiso
apretar, pero no pudo. Lo imitó Reimann, pero tampoco
me pudo detener. Y así llegamos al estadio... ¡Qué
bonito sentí al escuchar el ruido de la gente, los
gritos y los aplausos de reconocimiento! Ahí me olvidé
del cansancio, de mis adversarios y apuré el paso para
terminar. Lo que más ansiaba era llegar a la meta,
ya en primer lugar.
Daniel cruzó la raya final con los brazos en alto.
Detuvo los cronómetros en una hora y 24 minutos y 40
segundos. Nueva marca olímpica. Le siguieron los alemanes
orientales Reimann (1h 25:13), Frenkel (1h 25:29) y Stadtmüller
(1h, 26:50). Raúl González (1h 28:18) finalizó
en quinto sitio.
Cuatro
años de triunfos
Los andarines mexicanos se convirtieron en modelo a seguir.
Y en virtud del éxito de los sistemas implantados por
Jerzy Hausleber, técnicos y entrenadores de todo el
mundo volvieron la mirada hacia nuestro país. ¿Qué
está sucediendo allí? Numerosas solicitudes
fueron aprobadas y así, el Centro Deportivo Olímpico
Mexicano albergó durante largas temporadas a marchistas
y técnicos de la Unión Soviética, de
Alemania Democrática, de Italia, de España,
de Francia... Todos querían saber el secreto mexicano.
Recuerda Daniel una anécdota al respecto:
“En cierta ocasión, un entrenador francés
se acercó misteriosamente a nosotros y nos dijo: "tengo
todo de ustedes, lo sé todo"... Enumera: "sé
a qué horas entrenan, los kilómetros que recorren,
las repeticiones que hacen, sus prácticas en el volcán,
sus campamentos de altura, las distancias, todos sus datos
físicos y técnicos. Como ven, lo sé todo"
y sonrió triunfalmente. Pero Pedro Aroche, que estaba
con nosotros, le contestó: , lo sabes todo... ¡Qué
bueno que así sea! Lo único que te falta es
tener unos buenos burros, como nosotros, para que esos conocimientos
se te traduzcan en éxitos".
El francés entendió muy bien la respuesta y
se alejó, cabizbajo, mientras nosotros nos moríamos
de la risa.
A partir de entonces, sólo la estrella mexicana brillaría
en el firmamento mundial de la caminata.
Con Daniel al frente.
Porque ya no eran sólo las tres primeras grandes victorias
-Bydgoszcz, México 75 y Montreal 76-, sino que Bautista
hilvanó una importantísima cadena:
1977, 78 y 79:
Las descalificaciones
comienzan
¿Qué hacer?
Estos mexicanos han roto todos los moldes.
¿Cómo vencer a Bautista, quien. en tan sólo
unos años ha revolucionado el andar de los marchistas
y junto con sus compañeros, ha convertido a la de caminata
en una prueba rápida y de constante evolución?
Pregunta sin respuesta.
Hasta que el controvertido juez mexicano Alfonso Márquez
de la Mora -más que conocido por su exagerado afán
de notoriedad ofreció a los europeos una solución:
El 8 de abril, dentro de la tercera Semana Internacional,
en Jalapa, y cuando Daniel se enfrascaba en ardorosa competencia
con Raúl González, Márquez de la Mora
adujo que Bautista botaba en exceso y le decretó su
primera descalificación.
El mundo entero abrió los ojos.
Se había descubierto la fórmula.
Una descalificación en México y por mexicanos,
a sólo un año de Moscú...
¿Por qué no podría ser descalificado
en Europa?
Comenzaron a circular en el medio de la caminata algunas fotografías
tomadas por un reportero gráfico de LEquipe las que,
por el ángulo en el que fueron disparadas, hacen aparecer
a Daniel botando en una rampa, sin tener contacto con el piso.
Las fotografías circularon rápidamente por Europa,
y una amenaza se cernió sobre los andarines mexicanos
y en especial, sobre Bautista.
Daniel llegó a Moscú y su olimpiada con un récord
impresionante a partir de aquella marca en Bydgoszcz: 19 victorias
-entre ellas tres marcas mundiales, una medalla de oro olímpica,
dos panamericanas y dos centroamericanas-, un segundo lugar
y dos descalificaciones.
Era el favorito lógico.
Pero...
Ese puente
de Moscú
Moscú 24 de julio de 1980.
Prueba olímpica de los 20 kilómetros de marcha.
Hay un boicoteo -de algunos países de Occidente- contra
los juegos.
Pero eso no importa porque los mejores andarines del mundo
se encuentran en la línea de salida. Y como cuatro
años antes en Montreal, Bautista, González y
Colín integran el equipo mexicano.
Sobre ellos está depositada la atención.
Ya parten...
Bautista toma la punta desde la salida misma. Le sigue un
grupo compacto, pero es él quien marca la pauta, el
ritmo de la prueba.
Y allá va, Daniel siempre al frente.
En el kilómetro 12, los jueces descalifican a Colín.
González, sofocado, se rezaga más adelante.
Mientras tanto, en la delantera, Daniel sostiene una ardua
batalla con el soviético Anatoly Solomin.
Detrás
de ellos, el italiano Mauricio Damilano se mantiene a la expectativa.
Ya están a dos kilómetros del final. Se escucha
el clamor del estadio. Los punteros avanzan por el circuito
aledaño al río Moscova. Daniel, quien conserva
el liderato, entra a un largo puente. Todos lo ven entrar
pero nadie lo ve salir, porque el juez polaco Kirkov decreta
su descalificación. Instantes más tarde, entre
el juez mexicano Márquez de la Mora y el italiano Tossí,
eliminan a Solomin. Y queda listo el escenario para que un
sorprendido Damilano se encuentre con una medalla de oro.
Cero medallas.
Y cero también en la prueba de los 50 kilómetros,
en la que participarían Bautista y González,
acompañados ahora por Martín Bermúdez.
Sólo abandonos: Martín en el kilómetro
24; Daniel, en el 32, Raúl, en el 37.
Entonces, el retiro
“¡Me voy de la caminata! ¡Ya no quiero saber
más de esto!”, dijo Daniel.
Y se fue.
Es un campeón olímpico que sigue trabajando
por el deporte.
“¡Me retiré porque comprendí que
en la caminata no sólo hay que vencer a los rivales
sino convencer a los jueces”.
¿Por qué se fue, Daniel?.
“Por la conjugación de muchos factores. El deporte
es hermoso y la competición también, pero estaba
ya cansado de las largas concentraciones, de vivir solitario
en un cuarto del CDOM, mientras que mi familia me esperaba
inútilmente -Daniel casó con María Dolores
Ortiz y son padres de Daniela, Nayelli, y Jorge de Jesús-...
Lo extrañaba todo”.
-¿No influyó lo que sucedió en Moscú?
Quizás haya sido la gota que derramó el vaso,
pero era una decisión que yo había madurado
meses atrás.
Fragmentos de textos tomados
del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado
por la Conade y EL UNIVERSAL. |