|
 |
• |
1932 |
|
| • |
1936 |
| • |
1948
|
| • |
1952 |
| • |
1956 |
| • |
1960 |
| • |
1964 |
| • |
1968 |
| • |
1972 |
| • |
1976 |
| • |
1980 |
| • |
1984 |
| • |
1988 |
| • |
1992 |
| • |
1996 |
| • |
2000 |
| • |
2004 |
|
|
 |
| 1984 |
|
Nunca había estado en un momento así en mi vida. Recordé aquel coro que mi madre cantaba a mi padre agónico |
| Los Angeles |
|
|
|
 |
| Raúl González
Rodríguez |
| Oro y plata en Atletismo
/ Caminata 50 y 20 km |
|
 |
 |
|
|
Raúl González
celebró así tras cruzar
en solitario en la prueba de los 50 km
de caminata de Los Ángeles 84
|
| |
Ficha Técnica |
| |
Raúl
González Rodríguez
Atletismo
Medallas de oro y de plata
Juegos Olímpicos Los Ángeles,
1984
Fecha de nacimiento: 29 de febrero de
1952
Lugar de nacimiento: China, Nuevo León
Especialidad: Caminata 50 km. y 20 km.
|
|
 |
|
|
|
Los Ángeles, Estados
Unidos
11 de agosto de 1984
Los Ángeles, California, 11 de agosto de 1984.
Juegos de la vigésimo tercera Olimpiada.
Casi las doce horas de este día intensamente caluroso.
Se bailan de sol las tribunas del Memorial Coliseum, Stadium.
Y se espera ya el arribo del ganador de los 50 kilómetros
de caminata, nada menos que la prueba más larga y más
agotadora de los Juegos.
Allí viene... Camina solitario.
En el jersey blanco está inscrito su número
de competidor: 639 con letras mayúsculas: MEXICO.
Y no, no es sólo sudor ese que se desliza por las morenas
mejillas y muere en el espeso mostacho. También es
llanto.
Llora el que en unos instantes será campeón
olímpico.
De alegría, por supuesto.
-¿0 no es así...?
-No precisamente- dice
Raúl González, intacto aquel vivido recuerdo.
Hurguemos-pues, en su interior.
Raúl: “Al acercarme al estadio, sabedor de que
dominaba la competencia, de que la victoria estaba tan cercana,
me invadió una extraña sensación en la
que se mezclaban la alegría del triunfo y una inmensa
nostalgia. En esos momentos no podía escuchar los gritos
de la gente. Seguía en una lucha interminable por llegar.
Al dar la vuelta para entrar al túnel del estadio,
no pude contener mi emoción. Nunca había estado
en un momento así en mi vida. Recordé aquel
coro que mi madre cantaba a mi padre agónico”:
“Yo sé. Yo sé que el puede. Bendecirme
a mí...
“Mis lágrimas brotaban suavemente y se perdían
en mi cara desencajada y sudorosa. Realizando un esfuerzo
máximo, salí del túnel para entrar a
la pista. Me encontré con el grito espontáneo
y lleno de asombro de los espectadores que llenaban el estadio.
Di la vuelta a la pista con el paso lleno de ansiedad por
llegar, mientras que la gente, de pie, aplaudía y no
dejaba de gritar. Allí iba yo, al encuentro con mi
destino, hundido en mis emociones desbordadas, dando los últimos
pasos de muchos miles de kilómetros de entrenamiento
para llegar.
“En los metros finales me invadió el llanto.
Y no pude contenerlo. Al dar el último paso, al cruzar
la meta, me cubrí la cara con las manos y luego levanté
los brazos al cielo para dar a Dios las gracias por todo...
Por todo eso que sentí en ese instante. Por todo eso
que Él me permitía vivir tan intensamente... ¡Lo
había logrado y no lo creía! ¡No podía
creer lo que estaba viviendo!”
Por fin.
Raúl González: campeón olímpico.
Quince años después de haber tomado aquella
decisión de convertirse en competidor de caminata.
Doce años después de haber participado en sus
primeros Juegos Olímpicos: Munich 72.
Y siguieron Montreal 76 y Moscú 80.
La cita con la historia se cumpliría en Los Ángeles.
Era la cuarta oportunidad. La última...
Hacía apenas una semana que Raúl había
conquistado la medalla de plata en los 20 kilómetros.
Pero, filosofa... La medalla de plata es importante, más
no es sino sólo un premio al esfuerzo del deportista;
es la de oro la que consagra.
¿Cuántas historias hay detrás de una
sola medalla de oro?
Cuidaba las cabras del abuelo
Raúl nació
el 29 de febrero de 1952 en China, Nuevo León, pueblo
de largas temporadas de calor y de sequía. Tierra de
campesinos que aman la esencia misma de la vida y la cultivan
a pesar de la adversidad.
Infancia humilde aquella, pero plena de felicidad en el rancho
de los abuelos. Había que hacer labores de casa, estudiar
y cuidar el rebaño de cabras del abuelo, aquel hombre
forjado a la antigua, tan duro pero tan humano. Era de sus
cabras de donde salía aquel dulce de leche que hacía
la abuela, quien, al caer la tarde, se metía a la cocina
y preparaba aquellas suculentas empanadas de carne.
La vida se hizo más difícil cuando don Heriberto
González Quintanilla decidió que la familia
se mudaría a Río Bravo, Tamaulipas, en la frontera
norte del país, para incorporarse a la pizca del algodón.
El padre de Raúl construyó una casita con lámina
de cartón en las afueras del Río Bravo, en aquel
entonces un ejido. Ahí vivieron por varios años.
Raúl: “Y conforme mejoraba nuestra situación
económica, también aumentaba el número
de mis hermanos”.
Cuando se agotaron los campos de algodón, don Heriberto
se contrató como bracero. Y así, juntó
un pequeño capital que le permitió instalar
un modesto taller mecánico.
Mientras tanto, Raúl había culminado su primaria
y allí, en Río Bravo, cursó la secundaria
y la preparatoria. Mostraba ya su profundo interés
por el deporte. Había practicado el boxeo, el beisbol
y el futbol, pero lo que le apasionaba era la carrera.
Raúl: “Había descubierto que lo que más
me gustaba no eran los deportes de conjunto, sino los individuales,
en los que todo depende de uno mismo, en los que el que invierte
esfuerzo y corre los riesgos es solamente uno y en los que,
los malos resultados no se comparten”.
Opté pues, por correr... Porque era como luchar contra
mí mismo, contra mis errores mis defectos...
La vida de un andarín
“En caminata, una sesión de entrenamiento es
algo especial. Algunas se prolongan por varias horas y uno
se queda solo, con todo el tiempo para pensar, para motivarse
y para analizar constantemente su desarrollo. A veces salíamos
al despuntar el alba y regresábamos entre la una y
las dos de la tarde, dependiendo del lugar donde se hubiese
realizado el entrenamiento.
“Apenas teníamos tiempo para nadar un poco antes
de comer y así desintoxicar los músculos. Al
término de cada comida teníamos el tiempo necesario
para realizar la segunda sesión de entrenamiento, que
era normalmente de 4 a 5 de la tarde, con 10 kilómetros
diarios de aflojamiento en forma suave. Después se
imponía el masaje, luego de un baño de tina
con agua caliente para relajar aún más los músculos.
“Y ya llega la hora de la cena y a dormir para recuperase
y poder enfrentar el entrenamiento del día siguiente.
Muchos fueron los días en los que me repetí
con insistencia durante las prácticas: "Tengo
que llegar más allá de donde los demás
han llegado". Tanto me lo repetía, que se me hizo
una costumbre y un hábito para todas las cosas que
emprendo. Siempre he querido ser el mejor en lo que hago y
sé bien, bien que lo sé, que para llegar a serlo
no basta con desearlo...”
El camino de un campeón
Acción...
Tercer lugar en el Campeonato Centroamericano -Kingston, 1971-
y buenos resultados en una gira de competencias del equipo
nacional por Estados Unidos.
Y en el Campeonato Nacional - en esa ocasión considerado
como eliminatoria oficial para los
Juegos Olímpicos
de Munich 72 falló en su prueba: la de los 20 kilómetros
y tuvo que realizar un esfuerzo titánico para clasificar
como campeón, en la de los 50.
Munich 72...
Raúl:
Se cumplía la primera ilusión de mi vida. Participar
en unos Juegos Olímpicos representaba, a mis 20 años,
un sueño cristalizado, una primera meta lograda a base
de esfuerzos y una inmensa necesidad de ser alguien... De
ganar.
Registró, en Alemania, un tiempo de 4h 26' 13":
vigésimo sitio. Aceptable, en virtud de su novatez.
1973: Raúl González mejora todas sus marcas.
Es campeón nacional en 20 kilómetros.
En el otoño europeo sorprende a la crítica italiana,
al finalizar segundo en el Giro di Roma apenas a unos metros
del alemán Bernd Kannenberg, campeón olímpico
en Munich y poseedor de los récords mundiales de 20
y 50 kilómetros... En Inglaterra vence a los locales
en la distancia de 10 kilómetros.
1974: Medalla de oro en la prueba de los 20.11 kilómetros
de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en
Santo Domingo, donde conoce a una linda chica: Yvette quien
ahora es su esposa y madre de sus tres hijas. Después,
nueva gira exitosa por tierras europeas.
1975: Sobrevienen algunas lesiones y Raúl es superado
en la eliminatoria de los 20 kilómetros. Daniel Bautista
y Domingo Colín son los representantes de nuestro país
en los Juegos Panamericanos que se disputan aquí. Y
como la prueba de 50 kilómetros no es programada, Raúl
se convierte en un espectador más de los Juegos. Viaja
a Santo Domingo, en noviembre, y contrae nupcias con Yvette.
Decide vivir en Toluca, para realizar ahí la parte
fuerte de su preparación con miras a los Juegos Olímpicos
de Montreal 1976.
La primera batalla es en México porque en virtud de
que la prueba de los 50 kilómetros no es programada
en Montreal, sólo la de 20. Seis andarines mexicanos,
clasificados todos entre los diez mejores de¡ mundo,
disputarían tres lugares en el equipo. Se imponen Daniel
Bautista -ganador, a la postre, de la medalla de oro- Raúl
González -quinto sitio- y Domingo Colín -descalificado-.
25 de septiembre: Primer Lugar en Milton Keynes, en la Copa
Lugano, con registro de 4h.04'16". El equipo mexicano
de caminata que barre en esa competencia, recibe el Premio
Nacional del Deporte.
La marca del mundo
Es en 1978, el 25 de abril:
Primer lugar en la Semana Internacional de Caminata, en el
autódromo de la Ciudad Deportiva. Tiempo: 3h.45'52".
¡Marca mundial en los 50 kilómetros!, superando
el registro del alemán occidental Bernd Kannenberg,
campeón en Munich 72.
19 de mayo: Primer lugar en la prueba de pista, en Bergen,
Noruega: 3h.52'23".
11 de junio: Nueva marca mundial, ahora en la competencia
internacional- de Praga a Prodebady, la justa más tradicional
y antigua de la caminata en Europa: 3h.41'19", con registros
mundiales en 25, 30, 35 y 40 kilómetros.
Agosto: Plata en los 20 kilómetros de los Juegos Centroamericanos
y del Caribe Medellín, Colombia-, superado sólo
por Daniel Bautista.
1979: Principios de año: Raúl externa su deseo
de participar en las dos pruebas de caminata. Jerzy Hausleber
se opone. Aduce que es difícil abarcar ambas competencias.
Y más aún cuando en 20 kilómetros destacan
Bautista y Colín. Inconforme pero disciplinado, González
acepta competir sólo en los 50 kilómetros en
los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico, donde alcanza
el primer lugar. Posteriormente, repite la victoria en la
Semana Internacional en esta ciudad y luego abandona, en el
kilómetro 33, en Valencia, España. No obstante,
días después, 25 de mayo, implanta en Bergen,
récord mundial en pista, que aún persiste: 3h.41'39".
A continuación, decide establecer un nuevo registro
mundial en la Copa Lugano, en Eschborn, Alemania Federal.
Imprime un ritmo tan veloz a la competencia, que decae en
los últimos kilómetros. Finaliza en cuarto lugar.
Martín Bermúdez y Enrique Vera hacen el 1-2.
1980: Marzo: nuevo triunfo en la Semana-Internacional. Dos
más: en Rhede, Alemania Federal y en
Bergen, con excelente
registro de 3h.43'5l".
Se ha cumplido otro ciclo olímpico.
Se encuentran ya a la vista los Juegos de Moscú.
Todo mundo esperaba cuatro medallas.
¿Gran victoria?
No; debacle total.
Moscú fue sólo el escaparate de las dificultades
que habían dividido, que habían desarticulado
al equipo de caminata más poderoso de todos los tiempos.
Todo comenzó meses atrás, cuando la proyectada
etapa final de entrenamiento, en Bolivia tuvo que ser cancelada
por la inestabilidad política existente en aquel país.
Desesperado y contra toda lógica, Hausleber decidió
un viaje a última hora, a Puno, en el Alto Perú.
Las opiniones se dividieron. Era peligroso experimentar en
un lugar desconocido. Pero Hausleber cumplió con su
objetivo. Y en la madrugada de un viernes de julio, el equipo
mexicano de caminata partía hacia Puno, donde llegaría
cinco días después de un accidentado viaje,
en el que los retrasos de las líneas aéreas
provocaron pérdidas de conexiones... Y valiosos días
que deberían de haber sido aprovechados en intenso
entrenamiento, fueron invertidos en escalas sin fin. El viaje
final, de Arequipa a Juliaca, fue a bordo del famoso tren
Transandino.
Al final, México regresa con las manos vacías.
Pero Raúl aún tendría una revancha. Doble
revancha.
Fragmentos de textos tomados
del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado
por la Conade y EL UNIVERSAL.
|