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Nunca había estado en un momento así en mi vida. Recordé aquel coro que mi madre cantaba a mi padre agónico
Los Angeles
  Ernesto Canto Gudiño
Héctor López Colín
  Daniel Aceves Villagrán
Manuel Youshimatz S.
   

Raúl González Rodríguez

Oro y plata en Atletismo / Caminata 50 y 20 km

Raúl González celebró así tras cruzar en solitario
en la prueba de los 50 km de caminata de Los Ángeles 84

  Ficha Técnica
 

Raúl González Rodríguez
Atletismo
Medallas de oro y de plata
Juegos Olímpicos Los Ángeles, 1984
Fecha de nacimiento: 29 de febrero de 1952
Lugar de nacimiento: China, Nuevo León
Especialidad: Caminata 50 km. y 20 km.

» Cuidaba las cabras del abuelo
» La vida de un andarín
» El camino de un campeón
» La marca del mundo

Los Ángeles, Estados Unidos
11 de agosto de 1984


Los Ángeles, California, 11 de agosto de 1984.
Juegos de la vigésimo tercera Olimpiada.
Casi las doce horas de este día intensamente caluroso.

Se bailan de sol las tribunas del Memorial Coliseum, Stadium.

Y se espera ya el arribo del ganador de los 50 kilómetros de caminata, nada menos que la prueba más larga y más agotadora de los Juegos.

Allí viene... Camina solitario.

En el jersey blanco está inscrito su número de competidor: 639 con letras mayúsculas: MEXICO.
Y no, no es sólo sudor ese que se desliza por las morenas mejillas y muere en el espeso mostacho. También es llanto.

Llora el que en unos instantes será campeón olímpico.

De alegría, por supuesto.

-¿0 no es así...?


-No precisamente- dice Raúl González, intacto aquel vivido recuerdo.
Hurguemos-pues, en su interior.

Raúl: “Al acercarme al estadio, sabedor de que dominaba la competencia, de que la victoria estaba tan cercana, me invadió una extraña sensación en la que se mezclaban la alegría del triunfo y una inmensa nostalgia. En esos momentos no podía escuchar los gritos de la gente. Seguía en una lucha interminable por llegar. Al dar la vuelta para entrar al túnel del estadio, no pude contener mi emoción. Nunca había estado en un momento así en mi vida. Recordé aquel coro que mi madre cantaba a mi padre agónico”:

“Yo sé. Yo sé que el puede. Bendecirme a mí...

“Mis lágrimas brotaban suavemente y se perdían en mi cara desencajada y sudorosa. Realizando un esfuerzo máximo, salí del túnel para entrar a la pista. Me encontré con el grito espontáneo y lleno de asombro de los espectadores que llenaban el estadio. Di la vuelta a la pista con el paso lleno de ansiedad por llegar, mientras que la gente, de pie, aplaudía y no dejaba de gritar. Allí iba yo, al encuentro con mi destino, hundido en mis emociones desbordadas, dando los últimos pasos de muchos miles de kilómetros de entrenamiento para llegar.

“En los metros finales me invadió el llanto. Y no pude contenerlo. Al dar el último paso, al cruzar la meta, me cubrí la cara con las manos y luego levanté los brazos al cielo para dar a Dios las gracias por todo... Por todo eso que sentí en ese instante. Por todo eso que Él me permitía vivir tan intensamente... ¡Lo había logrado y no lo creía! ¡No podía creer lo que estaba viviendo!”

Por fin.

Raúl González: campeón olímpico.

Quince años después de haber tomado aquella decisión de convertirse en competidor de caminata.

Doce años después de haber participado en sus primeros Juegos Olímpicos: Munich 72.
Y siguieron Montreal 76 y Moscú 80.

La cita con la historia se cumpliría en Los Ángeles.

Era la cuarta oportunidad. La última...

Hacía apenas una semana que Raúl había conquistado la medalla de plata en los 20 kilómetros.
Pero, filosofa... La medalla de plata es importante, más no es sino sólo un premio al esfuerzo del deportista; es la de oro la que consagra.

¿Cuántas historias hay detrás de una sola medalla de oro?

Cuidaba las cabras del abuelo
Raúl nació el 29 de febrero de 1952 en China, Nuevo León, pueblo de largas temporadas de calor y de sequía. Tierra de campesinos que aman la esencia misma de la vida y la cultivan a pesar de la adversidad.

Infancia humilde aquella, pero plena de felicidad en el rancho de los abuelos. Había que hacer labores de casa, estudiar y cuidar el rebaño de cabras del abuelo, aquel hombre forjado a la antigua, tan duro pero tan humano. Era de sus cabras de donde salía aquel dulce de leche que hacía la abuela, quien, al caer la tarde, se metía a la cocina y preparaba aquellas suculentas empanadas de carne.

La vida se hizo más difícil cuando don Heriberto González Quintanilla decidió que la familia se mudaría a Río Bravo, Tamaulipas, en la frontera norte del país, para incorporarse a la pizca del algodón. El padre de Raúl construyó una casita con lámina de cartón en las afueras del Río Bravo, en aquel entonces un ejido. Ahí vivieron por varios años.

Raúl: “Y conforme mejoraba nuestra situación económica, también aumentaba el número de mis hermanos”.

Cuando se agotaron los campos de algodón, don Heriberto se contrató como bracero. Y así, juntó un pequeño capital que le permitió instalar un modesto taller mecánico.

Mientras tanto, Raúl había culminado su primaria y allí, en Río Bravo, cursó la secundaria y la preparatoria. Mostraba ya su profundo interés por el deporte. Había practicado el boxeo, el beisbol y el futbol, pero lo que le apasionaba era la carrera.

Raúl: “Había descubierto que lo que más me gustaba no eran los deportes de conjunto, sino los individuales, en los que todo depende de uno mismo, en los que el que invierte esfuerzo y corre los riesgos es solamente uno y en los que, los malos resultados no se comparten”.
Opté pues, por correr... Porque era como luchar contra mí mismo, contra mis errores mis defectos...

La vida de un andarín
“En caminata, una sesión de entrenamiento es algo especial. Algunas se prolongan por varias horas y uno se queda solo, con todo el tiempo para pensar, para motivarse y para analizar constantemente su desarrollo. A veces salíamos al despuntar el alba y regresábamos entre la una y las dos de la tarde, dependiendo del lugar donde se hubiese realizado el entrenamiento.

“Apenas teníamos tiempo para nadar un poco antes de comer y así desintoxicar los músculos. Al término de cada comida teníamos el tiempo necesario para realizar la segunda sesión de entrenamiento, que era normalmente de 4 a 5 de la tarde, con 10 kilómetros diarios de aflojamiento en forma suave. Después se imponía el masaje, luego de un baño de tina con agua caliente para relajar aún más los músculos.

“Y ya llega la hora de la cena y a dormir para recuperase y poder enfrentar el entrenamiento del día siguiente. Muchos fueron los días en los que me repetí con insistencia durante las prácticas: "Tengo que llegar más allá de donde los demás han llegado". Tanto me lo repetía, que se me hizo una costumbre y un hábito para todas las cosas que emprendo. Siempre he querido ser el mejor en lo que hago y sé bien, bien que lo sé, que para llegar a serlo no basta con desearlo...”

El camino de un campeón
Acción...

Tercer lugar en el Campeonato Centroamericano -Kingston, 1971- y buenos resultados en una gira de competencias del equipo nacional por Estados Unidos.

Y en el Campeonato Nacional - en esa ocasión considerado como eliminatoria oficial para los
Juegos Olímpicos de Munich 72 falló en su prueba: la de los 20 kilómetros y tuvo que realizar un esfuerzo titánico para clasificar como campeón, en la de los 50.
Munich 72...

Raúl:

Se cumplía la primera ilusión de mi vida. Participar en unos Juegos Olímpicos representaba, a mis 20 años, un sueño cristalizado, una primera meta lograda a base de esfuerzos y una inmensa necesidad de ser alguien... De ganar.

Registró, en Alemania, un tiempo de 4h 26' 13": vigésimo sitio. Aceptable, en virtud de su novatez.
1973: Raúl González mejora todas sus marcas. Es campeón nacional en 20 kilómetros.

En el otoño europeo sorprende a la crítica italiana, al finalizar segundo en el Giro di Roma apenas a unos metros del alemán Bernd Kannenberg, campeón olímpico en Munich y poseedor de los récords mundiales de 20 y 50 kilómetros... En Inglaterra vence a los locales en la distancia de 10 kilómetros.

1974: Medalla de oro en la prueba de los 20.11 kilómetros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Santo Domingo, donde conoce a una linda chica: Yvette quien ahora es su esposa y madre de sus tres hijas. Después, nueva gira exitosa por tierras europeas.

1975: Sobrevienen algunas lesiones y Raúl es superado en la eliminatoria de los 20 kilómetros. Daniel Bautista y Domingo Colín son los representantes de nuestro país en los Juegos Panamericanos que se disputan aquí. Y como la prueba de 50 kilómetros no es programada, Raúl se convierte en un espectador más de los Juegos. Viaja a Santo Domingo, en noviembre, y contrae nupcias con Yvette. Decide vivir en Toluca, para realizar ahí la parte fuerte de su preparación con miras a los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.

La primera batalla es en México porque en virtud de que la prueba de los 50 kilómetros no es programada en Montreal, sólo la de 20. Seis andarines mexicanos, clasificados todos entre los diez mejores de¡ mundo, disputarían tres lugares en el equipo. Se imponen Daniel Bautista -ganador, a la postre, de la medalla de oro- Raúl González -quinto sitio- y Domingo Colín -descalificado-.

25 de septiembre: Primer Lugar en Milton Keynes, en la Copa Lugano, con registro de 4h.04'16". El equipo mexicano de caminata que barre en esa competencia, recibe el Premio Nacional del Deporte.

La marca del mundo
Es en 1978, el 25 de abril: Primer lugar en la Semana Internacional de Caminata, en el autódromo de la Ciudad Deportiva. Tiempo: 3h.45'52". ¡Marca mundial en los 50 kilómetros!, superando el registro del alemán occidental Bernd Kannenberg, campeón en Munich 72.

19 de mayo: Primer lugar en la prueba de pista, en Bergen, Noruega: 3h.52'23".

11 de junio: Nueva marca mundial, ahora en la competencia internacional- de Praga a Prodebady, la justa más tradicional y antigua de la caminata en Europa: 3h.41'19", con registros mundiales en 25, 30, 35 y 40 kilómetros.

Agosto: Plata en los 20 kilómetros de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Medellín, Colombia-, superado sólo por Daniel Bautista.

1979: Principios de año: Raúl externa su deseo de participar en las dos pruebas de caminata. Jerzy Hausleber se opone. Aduce que es difícil abarcar ambas competencias. Y más aún cuando en 20 kilómetros destacan Bautista y Colín. Inconforme pero disciplinado, González acepta competir sólo en los 50 kilómetros en los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico, donde alcanza el primer lugar. Posteriormente, repite la victoria en la Semana Internacional en esta ciudad y luego abandona, en el kilómetro 33, en Valencia, España. No obstante, días después, 25 de mayo, implanta en Bergen, récord mundial en pista, que aún persiste: 3h.41'39".

A continuación, decide establecer un nuevo registro mundial en la Copa Lugano, en Eschborn, Alemania Federal. Imprime un ritmo tan veloz a la competencia, que decae en los últimos kilómetros. Finaliza en cuarto lugar. Martín Bermúdez y Enrique Vera hacen el 1-2.

1980: Marzo: nuevo triunfo en la Semana-Internacional. Dos más: en Rhede, Alemania Federal y en
Bergen, con excelente registro de 3h.43'5l".

Se ha cumplido otro ciclo olímpico.

Se encuentran ya a la vista los Juegos de Moscú.

Todo mundo esperaba cuatro medallas.

¿Gran victoria?

No; debacle total.

Moscú fue sólo el escaparate de las dificultades que habían dividido, que habían desarticulado al equipo de caminata más poderoso de todos los tiempos.

Todo comenzó meses atrás, cuando la proyectada etapa final de entrenamiento, en Bolivia tuvo que ser cancelada por la inestabilidad política existente en aquel país. Desesperado y contra toda lógica, Hausleber decidió un viaje a última hora, a Puno, en el Alto Perú. Las opiniones se dividieron. Era peligroso experimentar en un lugar desconocido. Pero Hausleber cumplió con su objetivo. Y en la madrugada de un viernes de julio, el equipo mexicano de caminata partía hacia Puno, donde llegaría cinco días después de un accidentado viaje, en el que los retrasos de las líneas aéreas provocaron pérdidas de conexiones... Y valiosos días que deberían de haber sido aprovechados en intenso entrenamiento, fueron invertidos en escalas sin fin. El viaje final, de Arequipa a Juliaca, fue a bordo del famoso tren Transandino.

Al final, México regresa con las manos vacías. Pero Raúl aún tendría una revancha. Doble revancha.


Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

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