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| 1936 |
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Vivió para el boxeo amateur.
Decía del pugilismo profesional:
-Es la lacra del boxeo. Acaba con el deporte y con
el deportista
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| Berlín |
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| Fidel Ortíz Tovar |
Bronce en Boxeo / 50.8 a 54 kilogramos |
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Fidel
Ortiz en guardia, un año antes
de los Juegos Olímpicos.
ARCHIVO EL UNIVERSAL
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Ficha Técnica |
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Fidel
Ortiz
Boxeador
Medalla de bronce
Juegos Olímpicos: Berlín,
1936
Fecha de nacimiento: 10 de octubre de
1908
Lugar de nacimiento: México, D.F
Fecha de fallecimiento: 9 de septiembre
de 1975, DF
Categoría: de 50.8 a 54 kilogramos
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Octubre 10, 1908. Nace en esta
ciudad Fidel Ortiz Tovar.
Vivió para el boxeo amateur.
Decía del pugilismo profesional:
-Es la lacra del boxeo. Acaba con el deporte y con el deportista.
Fue sucesivamente boxeador, entrenador y réferi.
Sostuvo 272 combates a lo largo de 19 años. Sufrió
sólo seis derrotas.
Cuarenta de los 67 años de su existencia fueron dedicados
-en un ciclo que comenzó en
Amsterdam 1928 y finalizó
en México 1968-al pugilismo olímpico: acudió
a cinco Juegos -dos como púgil, dos como mánager
y uno como juez-.
Ganó una medalla de bronce.
Le llamaban Fídelón.
Dijo de él -1952- Raúl Talán quien fuera
su compañero de equipo en la Olimpiada de 1928:
-No sólo en las guerras hemos tenido héroes;
también en algunos campos los civiles han sido héroes
en alguna ocasión y dado gran prestigio a su patria;
uno de ellos es Fidel Ortiz, sin duda alguna el boxeador aficionado
que más ha destacado en México.
Dice de él Raúl Ratón Macías,
quien fuera su discípulo:
-Pasé fugazmente por su vida. Lo conocí cuando
fue mi entrenador en la Olimpiada de Helsinki 1952. Después,
al dedicarme por completo al boxeo profesional, le perdí
la huella. Nunca más lo volví a ver. Y lo sentí
porque era un hombre bueno, muy simpático y generoso.
Dice de él Max Tejeda Vega, entrenador de atletismo
en Berlín 36 y después reportero deportivo:
-Fidel no tenía aspecto de boxeador. Era muy tranquilo.
También honrado y respetuoso. Y muy sano: no tomaba
ni fumaba.
Dice de él el contralmirante Víctor Faugier
Córdoba, ex esgrimista y en alguna ocasión presidente
de la Federación Mexicana de Remo:
-Era un hombre muy alegre. Le gustaba cantar. En ocasiones
lo hacía con el grupo Trovadores de la Sierra, pues
era muy amigo de Gil Avendaño, el requinto. Frecuentemente
se juntaban e iban a animar las fiestas.
Dice de él Francisco Cabañas:
-Era un valiente del ring...
El día que lo descubrieron
Sucedió dos años
antes de tenerlo como compañero de equipo en aquella
aventura olímpica de 1928: Raúl Talán,
el boxeador, descubrió a Fidel Ortiz, el boxeador.
Veintiséis años más tarde, Raúl
Talán lo relataría en su libro ¡En el
Tercer Round!
Así: En 1926 fuimos al deportivo a ver unas peleas
y nos encontramos con que eran puros peleadores del toma y
daca y preguntamos a nuestro acompañante y amigo, Ernesto
Barben, de la palomilla de Santa María:
-Si todos los boxeadores son como éstos, yo me canso
de ser campeón...
-Espérate -contestó Ernesto-, todavía
falta la estrella en donde aparecerá Fidel Ortiz, entonces
a ver qué dices.
Y tras de una presentación relativamente sencilla,
subió Fidel Ortiz al ring, saludándole el público
con una gran ovación. Era Fidel un jovencito delgado,
muy blanco y con apariencia inofensiva, pero con una mirada
de águila. Del otro lado subió un prietote a
quien también ovacionaron mucho.
Decían que
pegaba como patada de mula y había noqueado a muchos.
Hacía algún tiempo habíamos visto una
película de la pelea de Jack Dempsey contra el francés
George Carpentier de quien tan sólo tendrán
recuerdos los hombres que ahora peinan canas. Bueno, pues
Fidel era un Carpentier chiquito. Boxeaba rapidísimo,
de elegante figura, valentía, punch y resistencia,
aparte de una escuela muy de él, en que cabeceaba el
más mínimo jab.
El hombre del pegue se pasó abanicando el aire los
tres primeros rounds (se hacían las peleas a cuatro,
de dos por uno). Fidel parecía un bailarín de
ballet, se recostaba contra las cuerdas, daba pasitos hacia
los lados y en otras ocasiones cabeceaba y cabeceaba que daba
gusto ver aquello.
¡ah, jijo! -dijimos emocionados- esto ya es diferente,
¿pero tendrá punch-
No lo acabábamos de decir cuando soltó un derechazo
recibiendo, que en términos de boxeo se llama right
cross counter y cayó el moreno para no levantarse más.
¡Podían haberle contado hasta mil!
Cuando terminó su conteo el Tapatío (que era
el réferi imprescindible en el deportivo), Fidel Ortiz,
muy caballeroso, ayudó a levantar a su contrario y
personalmente ayudó a volverlo en sí.
Salimos encantados de esas peleas y desde entonces no faltamos
a una y mucho menos en las que anunciaran a Fidel Ortiz.
Sus primeros Juegos Olímpicos
No surge el deporte como
expresión popular en México.
Han pasado dos años desde que nuestro país acudió
por vez primera a una cita olímpica. Pero los grises
resultados obtenidos en París -IX Juegos Olímpicos,
1924- en nada contribuyeron al desarrollo del deporte.
Tampoco entusiasmó que México fuese sede de
los 1 Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe, ese
mismo año de 1926. Porque nada más compitieron
atletas de nuestro país, de Cuba y de Guatemala -estuvo
vedada la participación de las mujeres-, quienes tomaron
parte en ocho deportes.
Ahora es 1928. Año olímpico.
Así que muy pocos se interesan cuando el Comité
Olímpico Mexicano da a conocer una lista de menos de
50 atletas nacionales que competirán en los Juegos
Olímpicos a celebrarse en la lejana Amsterdam.
Y pasó inadvertida aún por quienes allí
disputaban algún encuentro, la fotografía oficial
de la delegación, tomada una soleada mañana
de domingo en el Estadio Nacional. Nuestros deportistas se
presentaron con el uniforme de competencia: una camiseta blanca
-con el escudo nacional en el centro del pecho- y un short
negro. Un par de tarahumaras -José Torres y Samuel
Terrazas- fueron escogidos para disputar la prueba de maratón.
Y por vez primera en la historia deportiva de nuestro país,
se había integrado un equipo de boxeo. Fueron cuatro
los peleadores seleccionados: Alfredo Gaona, peso mosca; Fidel
Ortiz, gallo; Raúl Talán, pluma y Carlos Orellana,
ligero. Todos ellos representaban al Club Deportivo Internacional.
El día que parten por tren hacia Veracruz -donde abordarán
el barco que los llevará a Europa-, en la estación
Colonia les despide un joven boxeador también miembro
del Club y que es toda una promesa. Se llama Francisco Cabañas,
Cabañitas, quien jugara un papel importante en el futuro
de ellos; especialmente en el de Fidelón...
Primera Olimpiada para Ortiz...
Diría Fidel, años después: “En
Amsterdam teníamos oportunidad de ganar un buen lugar,
porque éramos un grupo de muy aceptables boxeadores.
Sólo que todos padecíamos del mismo mal: nuestro
estilo era más propio del pugilismo profesional que
del amateur, y como no teníamos ni un manager o un
asistente que nos aconsejara, ni conocíamos las reglas
internacionales del boxeo amateur, fuimos rápidamente
eliminados. Ese mal fue determinante en nuestra derrota, y
lo peor fue que nos acompañó en posteriores
olimpiadas.
Pero ‘Fidelón’
no desmayó.
Prosiguió su carrera
y pacientemente esperó a que se cumplieran los cuatro
años que lo separaban de la nueva Olimpiada: Los Ángeles,
1932.
No obstante, en el torneo selectivo para esa competencia,
y ante la gran sorpresa colectiva, ‘Fidelón’
fue eliminado por Sabino Tirado. Sería éste
quien viajara a la ciudad californiana, en un equipo en el
que el peso mosca era Francisco Cabañas.
Primer seleccionado para Berlín
‘Fidelón’
fue el primer boxeador seleccionado para competir en los XI
Juegos Olímpicos, a disputarse en Berlín, 1936.
Segunda Olimpiada para Ortiz...
Volvería el destino a unirlo con Cabañitas quien,
no obstante ser menor que él -y que el resto de los
púgiles escogidos para ese torneo-, fue designado entrenador
nacional gracias obviamente a la medalla conquistada cuatro
años atrás.
La preselección de boxeo fue encabezada por dos de
aquellos que Fray Nano llamó Leones en los Juegos Centroamericanos
de El Salvador: Fidel Ortiz y Emilio Ballado. Tiburcio de
la Rosa, Rafael Esparza, Lorenzo Delgado y Sabino Islas completaban
el equipo, que entrenaba en las instalaciones de la YMCA.
Sin embargo, y "por problemas económicos",
a la capital germana únicamente viajarían Fidel,
Ballardo, Delgado e Islas.
Pero Fidel no será sólo un púgil: ha
recibido el alto honor de ser el abanderado oficial de la
delegación mexicana.
Así, el 29 de junio de 1936 partió el contingente
nacional. Salió de la estación de Buenavista,
rumbo a Veracruz; ahí abordó el buque Orinoco,
que lo llevó a España y de ahí a Hamburgo.
Y del puerto alemán viajó nuevamente por ferrocarril
hasta arribar a la antigua capital de Prusia y del Imperio.
El desfile ante el Fuhrer
1 de agosto de 1936.
Parecen renacer, en el país todo, aquellos ímpetus
guerreros que murieron aplastados en
1918.
Pero hoy es día de paz.
Día de convivencia universal.
Día de colorido.
Y de sonrisas...
Resplandece bajo el típico bigotillo la de Adolfo Hitler,
el Fuhrer. Aún muchos años después el
personaje causa curiosidad a pesar de los horrores que encabezaría
apenas unos años después. Está en el
palco de honor, acompañado del conde Baillet Latour,
presidente del Comité Olímpico Internacional.
Y mientras las tribunas se colman, 4 mil 169 atletas -representantes
de 49 naciones-, esperan que dé inicio el desfile.
Al frente irá el famoso ganador de la primera maratón
olímpica, el griego Spiridyon Louis. El porta la bandera
de su país y en la mano izquierda, una rama de olivo
que entregará al personaje...
Metros atrás, al frente de la delegación mexicana,
camina el general Tirso Hernández, presidente del Comité
Olímpico de nuestro país. Le sigue Fidel, como
abanderado. Y detrás marcha la columna nacional, vestida
de blanco; el suéter es cruzado por una franja verde
en la que, en mayúsculas y con letras rojas, se ha
escrito un nombre: MEXICO.
Ya no es ‘Fidelón’, el chiquillo de 19
años que en Amsterdan 28 desfilara por vez primera
en una ceremonia inaugural olímpica. Es ahora un hombre
de 27 años. Y sabe que difícilmente podría
cumplir otro ciclo olímpico como deportista.
La primera pelea la gana sin golpes
El escenario para el boxeo
es el auditorio Deutschland Hall.
10 de agosto.
Hoy entra en acción Fidel.
Su rival -un púgil africano- no se presenta. Gana ‘Fidelón’
sin cruzar un solo disparo.
El día 12 combaten los cuatro peleadores mexicanos.
Tres de ellos son eliminados.
Sólo sobrevive Fidel Ortiz, quien ha vencido al sudafricano
Hannann.
La siguiente pelea será, nada menos, por el pase a
la final.
Pero el rival será el peligrosísimo estadunidense
Jackie Wilson, un moreno que llega a Berlín precedido
de gran fama.
Y después le tocó el
‘coco’
Escribiría
Talán en ¡En el Tercer Round!:
De Ortiz dijo en una ocasión el general Tirso Hernández,
ex jefe de la Dirección Técnica de Educación
Física y jefe de la delegación que envió
México a los Juegos Olímpicos que se efectuaron
en Alemania en el año 1936:
-En la Olimpiada de Berlín, toda la delegación
estaba pendiente de Fidel Ortiz, queríamos llevarlo
hasta entre algodones para que no se lastimara el muchacho;
sin embargo, cuando queríamos inyectarle animo a Fidel,
él contestaba: "no se apuren tanto por mí,
al fin y al cabo el negro con el que voy a pelear estará
igual o peor que yo". El negro era el famoso peleador
Jackie Wilson, que fue coco de los mexicanos durante larga
época: cuanto mexicano le enfrentaban, cuanto mexicano
vencía, hasta que se topó con nuestro campeón
Nicolás Morán, que le ganó una amplia
decisión entre los aullidos de la multitud que llenaba
el coso de las calles de Perú.
La pelea entre Wilson y Fidel es el día 14.
Duro combate. La puntuación de los dos jueces, europeos,
favorece al estadounidense. El réferi ve ganar al mexicano.
Decisión dividida.
El oro y la plata, por tanto, quedan vedados para Fidel.
El pleito por la de bronce
Tendrá que luchar,
ahora, por una medalla de bronce. El otro semifinalista es
el sueco Cedenberg. El combate se realiza el 15.
¡Para Fidel la medalla!. . . Gana con faciIidad al rubio
peleador europeo, mientras que el italiano Ulderico Sergo
se adjudica la presea de oro: derrota por puntos a Wilson.
Y es Fidel, el único deportista individual que regresa
de aquella olimpiada con una presea.
Y un día, uno se quiso pasar
de vivo…
Escribió
Fray Nano: “En 1940 y como yo pertenecía a la
Marina, en el buque Durango realicé un viaje a Sudamérica.
De regreso pasamos por Barranquilla y ahí recogimos
a Fidel, quien vivió un tiempo en Colombia, donde enseñó
boxeo. En el navío, Fidel se levantaba muy temprano
para hacer sus ejercicios.
Incluso, improvisó un costal. Un buen día, un
cabo que al parecer había sido boxeador en Tampico
y Veracruz, lo retó a intercambiar golpes. Fidel aceptó.
Pensó que se trataba solamente de hacer un poco de
boxeo, de moverse y marcar los golpes, pero no: que recibe
un fuerte trancazo en la cabeza, y que se va al suelo. Los
demás marinos se entusiasmaron al ver al famoso boxeador
ahí, caído”.
Pero eso molestó a Fidel, quien se levantó para
mostrarse en su verdadera dimensión: dueño de
un boxeo rapidísimo de manos, de puntería exacta
y puños poderosos. Y le dio una gran lección
a ese marinero, grandote y moreno, que se quiso pasar de vivo
con él...
Reinstalado en México
Fidel fue maestro de educación física en la
Preparatoria de San Ildefonso, aún sin cobrar por ello.
Después trabajó en Correos y en la Secretaría
de Educación Pública, mientras que en las tardes
entrenaba a un grupo de jóvenes peleadores en un gimnasio
de la colonia Moctezuma. Su labor resultó tan loable
que fue escogido para que se encargara de la dirección
técnica del equipo mexicano de boxeo en los XV Juegos
Olímpicos, en Helsinki 52.
De cuando dirigió al ‘Ratón’
Macías
Tercera Olimpiada
para Fidel...
Llega Ortiz a la capital finlandesa con dos buenos prospectos:
el peso mosca Chucho Tello y un peso gallo del que ya se habla
mucho en el ambiente pugilístico nacional: se llama
Raúl Macías; le dicen el Ratón. El tercer
integrante del equipo es el peso welter José Luis Dávalos.
En su presentación en la Olimpiada, Dávalos
noquea al filipino Tunakan y Macías derrota por decisión
al venezolano Amaya, aunque Tello es eliminado.
Pero el Ratón Macías pierde en su siguiente
combate -30 de julio- ante el soviético Garbussov.
La decisión es muy controvertida y provoca airadas
protestas.
Lo que sucede es algo que desconocen los mexicanos: las reglas
han cambiado en el pugilismo de aficionados. Por acuerdo de
la Asociación Internacional de Boxeo Amateur, a partir
de esos Juegos el púgil deberá marcar el golpe,
sin importar la potencia de éste.
Raúl Macías:
-Yo estaba seguro de que había ganado, pero después
alguien me comentó que me habían quitado muchos
puntos porque mi estilo era como el de un boxeador profesional.
La verdad, ni Fidel Ortiz ni yo sabíamos del nuevo
sistema de competencia, ni cuáles eran puntos y cuáles
eran faules. Hasta después comprendí por qué
el soviético sólo me tocaba mientras que yo
trataba de conectar pocos golpes, pero efectivos.
Y después, a Vicente Saldívar
Pasaron ocho años
y Fidel volvió a ser designado técnico del equipo
mexicano de boxeo. Misión:
XVII Juegos Olímpicos,
en Roma 1960.
¡Cuarta Olmpiada para Fidel!...
Y si en Helsinki había dirigido a Raúl Macías,
quien posteriormente se proclamara campeón mundial
gallo en el terreno profesional, ahora sería entrenador
del zurdo Vicente Saldivar quien años después,
se convertiría en monarca mundial de los pesos pluma.
Además de Saldívar
integraban el equipo Adalberto Hernández, en peso ligero
y Rogelio Reyes, en welter ligero.
Nada para recordar.
Si acaso, aquel despojo que los jueces cometieron contra Vicente
Saldívar, a quien arrebataron una legítima victoria
sobre el suizo Ernest Chervert.
Finalmente, réferi
Dijo Fidel en aquella ocasión:
-Todo mundo comprendió que se había tratado
de un robo. Fidel Ortiz desechó cualquier posibilidad
de volver a ser técnico de un equipo olímpico
de boxeo.
Solía decir: -Ya son muchos los corajes... Ya es suficiente.
Así que un día confió a un amigo:
-Voy a intentar poner mi granito de arena para evitar tantos
despojos. ¡Yo mismo voy a ser réferi y juez!
Fidel formó parte así, del cuerpo de réferis
y jueces que actuó en los XIX Juegos Olímpicos,
en México 68.
¡Quinta Olimpiada para Fidel!
Fragmentos de textos tomados
del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade
y EL UNIVERSAL. |