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Los 110 mil espectadores en el Estadio Olímpico, como millones de televidentes en el mundo, lo aplaudieron, lo vieron triunfar y cruzar feliz la línea de meta, como también lo vieron arruinado y acabado, cuando se enteró de la tarjeta roja.
Atlanta

Bernardo Segura Rivera

Bronce en Atletismo / Caminata 20 km

Bernardo Segura (de lentes) sigue de cerca el paso de Miguel Ángel Sánchez, también de México, en la prueba en Atlanta.
ARCHIVO EL UNIVERSAL

  Ficha Técnica
 

Bernardo Segura Rivera
Atletismo
Medalla de bronce
Juegos Olímpicos Atlanta 1996
Fecha de nacimiento: 11 de febrero de 1970.
Lugar: Estado de México.
Disciplina: Caminata 20 km

» Los últimos metros…
» La descalificación de Rodríguez
» Bernardo no quiso arriesgar
» Los jueces, los malditos jueces
» Y la historia de la amonestación ‘fantasma’
» La fama involuntaria

Atlanta, Estados Unidos
26 de julio de 1996

A los Juegos Olímpicos del Centenario acudió Bernardo Segura, con el récord mundial en 20 kilómetros como su principal carta de presentación... Y las ilusiones propias de un novato en las lides olímpicas.

Sería, a la postre, el único mexicano en regresar al país con metal.

La crónica del diario EL UNIVERSAL:
ATLANTA.– De una historia parecida a aquella del infausto túnel de Moscú ‘80 que, sin embargo, arrojó para México su primera medalla en estos Juegos Olímpicos del Centenario: bronce con Bernardo Segura y la descalificación de Miguel Ángel Rodríguez, a las puertas de la gloria, en los 20 kilómetros de caminata.
Kilómetro 18.

Ya sólo quedan en pugna seis marchistas.

Son dos rusos: Rishat Shafikov e Ilya Markov; dos mexicanos: Bernardo Segura y Miguel Ángel Rodríguez; el ecuatoriano Jefferson Pérez y el australiano Nick A’Hem.

Ya. La lucha será entre ellos. Las primeras medallas del atletismo serán para los andarines, en la prueba de 20 kilómetros de marcha. Y los seis se enfilan a lo que será la última vuelta al circuito de dos kilómetros que se ha instalado a las afueras del estadio olímpico, en la calle lateral del Freeway 75, la arteria principal que parte esta ciudad de norte a sur.

Ellos seis han sido los mejores...

En el camino han dejado atrás a andarines de la talla del ruso Schennikov, quien ha sido medallista olímpico y campeón mundial; al español Valentín Massana, quien tiene en su foja el título mundial de Stuttgart y marcas de gran valía; al ganador de la medalla áurea de Barcelona 92, el español Daniel Plaza, e incluso al actual campeón mundial de Gotemburgo, el italiano Michel Didoni. Nadie puede dudar que, los que van al frente, no lo hayan hecho a base de esfuerzo, de caminar sobre terreno ondulado, con duros jalones que desde el inicio reventaron al grueso del pelotón de 61 marchistas que salieron desde muy temprano tras la victoria.

Los últimos metros…
Y ya queda muy poco. Muy poco. Kilómetro 18.5.

Ya ha empezado a ceder el ruso Shafikov, quien ha sido el gran líder de la prueba, por casi 12 kilómetros. Camina exhausto. Pero su compatriota Markov toma la punta, la estafeta de la prueba que por momentos se ha vestido de azul, blanco y rojo, los colores rusos. Markov, heredero de las glorias de ex andarines como Vladimir Golubnichy, Nikolai Smaga, Anatoly Solomin y últimamente Mikhail Schennikov, va al frente, pero tras él se desprende el mexicano Miguel Ángel Rodríguez, que jala en su intento a Segura y al ecuatoriano Pérez.

Ya, que la lucha es infernal.

Ya, que la lucha es por las medallas...

Porque ha tronado Shafikov y, es evidente, vendrá el ataque final ante los gritos de aliento de cientos de espectadores –gran parte de mexicanos– que se han reunido en la angosta banqueta de la calle donde se ha instalado el circuito. Ahí, a pocos metros, se encuentran dos medallistas olímpicos mexicanos, ambos marchistas: Raúl González y Carlos Mercenario, quienes ahora son comentaristas y rivales en las pantallas, quienes comentan las incidencias de la prueba y del paso de nuestros tres andarines: Segura, Rodríguez y Daniel García. Este último, sorpresivamente, se ha quedado muy rezagado en compañía de Valentín Massana, Daniel Plaza, Giovanni Perrichelli y los alemanes Daimer e Ihly.

Y sólo queda un medio giro, escasamente un kilómetro.

La descalificación de Rodríguez
Kilómetro 19.

Se desprende Miguel Ángel. Deja a Segura y a Jefferson, pero antes de entrar y penetrar en el alto túnel, abajo del Freeway 75, su figura se pierde con la tarjeta roja que le ha mostrado el juez árbitro.
Rodríguez, quien se enfilaba a la medalla de oro, queda varado. Llora. La "maldición" de los túneles nuevamente se ensaña con los andarines mexicanos, como en aquel infausto túnel moscovita frente al río Moscova, en 1980, en el que la figura de Daniel Bautista se perdía como en ultratumba y se desvanecía la momentánea ilusión de la medalla de oro olímpica.

Tres tarjetas rojas al atleta número 1935.

Tres círculos rojos sobre Miguel Ángel Rodríguez en un kilómetro.

Tres manchas que, de pronto, aparecieron en el amplio pizarrón de los jueces que, en un inicio, permitieron que los andarines "corrieran" a placer y sólo a unos cuantos empezaron a eliminar, como para facilitar su labor. E incluso al final, en la amplia pantalla del estadio, se mostraba cómo varios andarines –principalmente los rusos– "flotaban" y ellos estaban sin mácula en el pizarrón de amonestaciones y descalificaciones.

Bernardo no quiso arriesgar
Ya sin Rodríguez en el campo de batalla, el ecuatoriano Jefferson Pérez apuró el andar. Estaba limpio, había caminado al igual que Miguel Ángel. A su lado, Bernardo reculó. No quiso arriesgar.
Desde muy temprano había aparecido sobre su número, el 1937, una tarjeta, y minutos después otra. No cometería la imprudencia de retar a los dos andarines punteros, Pérez y Markov, quienes irían ya sin presión al abordaje de los últimos metros, ya a las afueras del estadio.

Y así entraron...

Al frente, con una marca de una hora, 20 minutos y 7 segundos, Jefferson Pérez dio a Ecuador la primera medalla olímpica en su historia; hace meses, apenas, le había dado la primera medalla áurea a su país en Juegos Panamericanos; y cuatro años atrás, además, le había dado el título mundial juvenil. Le siguió Ilya Markov, para agenciarse la medalla de plata, con un tiempo de una hora, 20:16, y la de bronce, para Bernardo Segura, con 1h,20:23. Daniel García terminó en la decimonovena posición con 1h,24:10.

Los jueces, los malditos jueces
“Estoy entero. Pude haber dado más, pero es una lástima por los jueces. Esto no es una sorpresa...

“Ojalá y hubieran descalificado ya fuera al ruso o al ecuatoriano. Miguel y yo hubiéramos hecho el 1-3, hubiera sido mejor”.

Bernardo caminó casi toda la prueba en el filo de la navaja, con una primera amonestación apenas a los cuatro kilómetros.

“Por un momento pensé que era preferible llegar en cuarto lugar a que me descalificaran. Cuando se fugaron los rusos, yo ya llevaba dos amonestaciones. No puedo –enfatiza– quitarme de la mente la escena de ver a Miguel llorando. Me afectó, pero a la vez me motivó a apretar más. Creo que entre los dos pudimos hacer grandes cosas, pero así es esto”.
Bernardo grita. Envía besos a todo México...

“Esta medalla es el reconocimiento a once años de sacrificios, años de entrega al deporte. Es una recompensa que me motiva a superarme”.

Explicó que para esta prueba tuvo una preparación de entre ocho y diez mil kilómetros, bajo la conducción del entrenador Adrián Navarro que, hoy, sin embargo, no ha estado con él en el vestidor.

“Han sido once años de carrera deportiva y, por lo pronto, lo único que quiero es descansar...
“Ya gané una medalla, tengo un récord mundial y lo único que me falta es una medalla del campeonato mundial de atletismo. Ya cumplí con dos sueños y Dios quiera que pueda ganar esa medalla que me falta para poder cerrar una carrera deportiva que, en lo general, ha sido exitosa”.

Y la historia de la amonestación ‘fantasma’
“¿Qué pasa, es cierto que un juez me descalificó?”, dijo incrédulo Bernardo Segura.

Aquel 22 de septiembre, en Sidney, tras una hora, 18 minutos y 58 segundos –tiempo que duró la prueba de 20 kilómetros de marcha–, explotó la fiesta, el júbilo y la gloria durante 12 minutos, con un Bernardo Segura en el trono, vitoreado, con la bandera empuñada y acompañado por Noé Hernández –también mexicano– que se había colado al tercer sitio, en la tradicional vuelta olímpica.

Pero en la entrevista para la televisión, justo después de hablar con el Presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, de pronto todo se derrumbó para él, se desplomó, se vino abajo con la tardía descalificación.

Los 110 mil espectadores en el Estadio Olímpico, como millones de televidentes en el mundo, lo aplaudieron, lo vieron triunfar y cruzar feliz la línea de meta, como también lo vieron arruinado y acabado, cuando se enteró de la tarjeta roja.

“¿Que un juez me descalificó? ¿Es cierto? ¿Sí?...”

Cuando la respuesta fue afirmativa, Bernardo se dio vuelta, azotó la bandera que lo cobijaba en el piso, exclamó palabras altisonantes. Sintió que se hundía, caminó sin rumbo en el área de atletas, se sentó recargado en una pared, se levantó, se recargó cabizbajo sobre la valla metálica, todo sin encontrar consuelo.

La Zona Mixta era un hervidero...

Los reporteros, camarógrafos y fotógrafos se remolinaron. Y empezaron los empujones cada vez que Segura se acercaba a los reporteros con la finalidad de obtener nueva información; pero nada. Todo se convirtió en hermetismo, en silencio...

Aparecieron Felipe Muñoz, jefe de la delegación, y Mario Vázquez Raña, presidente del Comité Olímpico Mexicano (COM), quien ingresó al área de atletas. Ninguno habló; sólo pidieron esperar.
Ya en la zona de competidores encontraron a Bernardo, tirado en el piso, acabado, abatido, sin aliento. Al lugar también llegó el presidente de la Comisión Nacional del Deporte (Conade), Ivar Sisniega, y el titular de la Federación Mexicana de Atletismo (FMA), Antonio Villanueva, buscando, también, una respuesta a lo sucedido en la prueba.

Recriminaciones. Rumores. Amenazas. Especulaciones. ¡Nada concreto! Segura se levantó del piso, se vistió, agarró su maleta y caminó a la salida. Sus ojos estaban enrojecidos por el llanto silenciado por el público. Era el reflejo, el otro lado de la moneda: el adiós a la medalla, al triunfo y a la gloria, cuando minutos antes todos hablaban de su triunfo, de sus logros... Ahora, lo hacían sin remordimientos– de su fulminante descalificación.

La fama involuntaria
Va y viene Bernardo en su casa, en la calle. Urge a todos a moverse, a llevar un paso rápido como si la vida fuera una eterna competencia, una caminata para que la disfrute el más veloz. Regaña al que se queda, al que se mueve con lentitud y lo incita a ir deprisa, ya sea familiar, amigo, vecino o visitante. Bernardo: “Ha sido el recibimiento más inolvidable de los que me han dado. Y eso que han sido varios.

“Desde que fui campeón en los Juegos de la Buena Voluntad en 1994, o medallista olímpico, o cuando el campeonato mundial. Han sido varios...”

No olvida aún el trance del despojo de la medalla de oro en Sidney 2000... pero tampoco es un "fantasma en mi vida".

“No me llenó de frustraciones ni amarguras. Así es el deporte. Creo que conseguí lo que me había propuesto: ganar una medalla olímpica, algo que no cualquiera realiza. La conseguí en Atlanta ‘96 y estoy más que satisfecho. Lo que venga después es ganancia...

“Tampoco me marcó para siempre la descalificación de Sydney. En su momento fue dolorosa, pero no voy a llorar siempre por eso, pues me redituó mucho más que si la hubiera ganado: toda la gente me reconoció, me hice más famoso de lo que hubiera querido, aunque nunca he buscado la popularidad.

“Yo espero que este resultado me haya servido para ser una mejor persona; no se me acabará el mundo. Unos Juegos Olímpicos no son la vida misma.

Si bien en otras ocasiones Segura había quedado fuera de la competencia por descalificaciones, indica que "duele más cuando son Juegos Olímpicos y muchísimo más cuando se gana".

Bernardo tomaría parte en un ciclo olímpico más. En 2003, conquistó la medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo. Oro en el Grand Prix de Tijuana y en el 2004, plata en la Semana Internacional de Caminata en Ciudad Victoria. Logró su clasificación en la delegación olímpica mexicana para Atenas 2004, pero su participación en los 20 km de caminata quedó inconclusa al retirarse de la competencia antes de llegar a la meta.

Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

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