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“Perder ante el guatemalteco hubiera sido la hecatombe. Nadie me lo hubiera perdonado”.
Moscú
  Carlos Girón Gutiérrez   Equipo de Equitación tres días   Equipo de Equitación Salto

Joaquín Pérez de las Heras

Bronce (2) en Equitación / Premio de las Naciones y Salto Individual

Joaquín Pérez de las Heras tuvo una muy larga carrera olímpica, desde los Juegos de México 1968.

  Ficha Técnica
 

Joaquin Perez de las Heras
Equitación
Dos medallaa de bronce
Juegos Olímpicos Moscú, 1980
Fecha de nacimiento:25 de octubre de 1936
Especialidad: Prueba de las Naciones y Salto Individual

» El engaño de Mariles
» Con Carlos y Raúl Salinas, de gira
» El camino a Munich 72
» Mal y de mala
» El encuentro con Alimon
» El fogueo antes de Moscú
» La primera medalla
» El poderío de Alimony

Joaquín Pérez de las Heras acababa de cumplir 11 años.

Y entonces montó a Arete.

Le habían dicho que tenía que cabalgar sobre los lomos de aquel alazán tostado que tan bien lucía al ser conducido por su primo, Ricardo Guash Jr., quien iniciaba ya en las competencias ecuestres.

Lo encontró Joaquín, un día, en la inmensidad de lo que fuera el rancho La Naranja -propiedad de don Manuel Ávila Camacho y ya entonces sede del club Hípico Francés, que era administrado por su tío, Ricardo Guash. Este era también un gran caballista; podía ser seleccionado nacional. Sólo que, en aquel entonces, 1947, el deporte ecuestre era dominado totalmente por los militares. Ellos tenían la palabra. Y el poder.

“¡Ven acá, Marra!”, gritó don Ricardo a su sobrino. “¡Vamos trépate en esta belleza y sabrás lo que es bueno!”

Joaquín: “Era realmente un supercaballo; un animal fortísimo, un tanque... Era un caballo muy agradable de montar, dócil, aunque siempre tuvo problemas con la ría”.

No habría muchas oportunidades más de montar a Arete, caballo predilecto de Casimiro Jean, presidente del club.

El engaño de Mariles
Un día, en el Hípico Francés se presentó aquél teniente coronel llamado Humberto Mariles, ya famoso caballista, quien estaba a cargo de la selección nacional ecuestre que se preparaba con miras a los Juegos Olímpicos de Londres 1948. Montó el militar a Arete. Y quedó prendado de él.

Joaquín: “Le gustó tanto el alazán, que Mariles le dijo a mi tío: "si consigues que me lo presten ¡te llevo con el equipo a Europa!". Y mi tío, que nunca había sido seleccionado, que nunca había salido de México a competir, de inmediato habló con Jean, que era su gran amigo. Este cedió a Arete.
Pero Mariles no cumplió su palabra: organizó su equipo y se fue sin mí tío; lo dejó colgado. Yo era un niño todavía, pero nunca perdoné aquel engaño”.

Meses después, Mariles y Arete llegaban a la cumbre olímpica.

En la casa de don Ricardo Guash no hubo muchas sonrisas.

Joaquín: “Yo quería mucho a mi tío, quien, al morir mi padre, 1945, no nos dejó en el abandono. Junto con mi madre y mis dos hermanos menores, Enrique y Leonel, nos fuimos a vivir a su casa. Él fue un segundo padre para mí. Lo quería y lo admiraba. Por eso me dolió lo que le hizo Mariles y no me gustó que éste consiguiera la medalla. Entonces me fije dos propósitos: ser honesto en todos los actos de mi vida, y ¡conquistar una medalla olímpica!”

Invertiría 32 años en lograr lo segundo.

Y no fue una; fueron dos las preseas que ofrendaría a la memoria de su tío.

Joaquín Pérez de las Heras, doble medallista de bronce: en salto individual y en el Premio de las Naciones, Moscú '80. Juegos de la XXII Olimpiada.

Con Carlos y Raúl Salinas, de gira
1968: Cada vez más cerca, los XIX Juegos Olímpicos.

Los Juegos Olímpicos de México.

Joaquín: “Don Raúl Salinas Lozano, padre de Raúl y Carlos Salinas de Gortari, quería que sus hijos fueran a Europa, que se foguearan, con el objeto de buscar su inclusión en el equipo olímpico. Así lo habló con Leopoldo Peralta, presidente de la federación, pero como ésta no contaba con mucha experiencia en viajes y concurso, se invitó a Saucedo Carrillo -que había formado parte de los equipos para los Juegos Olímpicos de 1948 y 1952- y a Manuel Mendívil Yocupicio, que era el jinete modelo de Peralta.

“Pero faltaba un tercero con experiencia. Peralta no me quería, pero don Raúl, que me había visto en una competencia cuando se inauguró Cocoyoc y quedó muy impresionado cuando en un desempate salté un murote a 1.90 metros, le preguntó: "¿Por qué no va el Marra?". Don Leopoldo tuvo que llamarme; a regañadientes, pero lo hizo. Yo tenía a Nancel, así que pedí permiso al señor Emilio Azcárraga para quien trabajaba adiestrando sus caballos, y nos fuimos.

“En general, la gira fue muy provechosa para todos, aunque Mendívil Yocupicio y yo sobresalimos. Gané un Gran Premio en Suiza y en un torneo de parejas, ahí mismo triunfé con Yocupicio. En lo que cabe a los hermanos Salinas les fue bastante bien, pues eran dos buenos jinetes, aunque todavía novatos. Raúl llevó a El Mexicano, un excelente caballo, mientras que Carlos tenía una yegüita llamada la Xihuitl. Allá compró al Agualeguas”.

De los jinetes que se habían preparado en Europa, sólo Joaquín Pérez de las Heras -sobre Nancel pudo lograr su inclusión. El equipo olímpico fue integrado por Ricardo Guash, Fernando Hernández Izquierdo y Joaquín y su esposa, Elisa Fernández de Pérez de las Heras.

Después se sumaría una inadecuada programación.

Resultado: fracaso.

Casi un estrepitoso fracaso.

El camino a Munich 72
Ahora hay que mirar hacia Munich y sus XX Juegos Olímpicos en 1972.

En 1970 se produce una nueva gira a Europa. Viajan Joaquín y su esposa; Jesús Gómez Portugal y los hermanos Raúl y Carlos Salinas, quienes cuentan ya con más experiencia y con tres buenos caballos para concursar: Agualeguas, El Mexicano y Valedor.

Los caballistas nacionales realizan buenas montas en Francia y Alemania pero, sin duda, el mejor resultado es el cuarto lugar que obtiene la señora Fernández, con Eleonora: cuarto sitio en el campeonato mundial de salto femenil, en Copenhague.

Ese equipo se convierte en la base de la selección nacional que en 1971 compite en los Juegos Panamericanos -Cali Colombia y conquista la medalla de plata.

Y Elisa Fernández alcanza el triunfo en la prueba individual.

Estos eran jinetes y cabalgaduras: Elisa Fernández, sobre Eleonora; Carlos Salinas de Gortari, en Agualeguas; Joaquín Pérez de las Heras, con Nancel, y el capitán Rubén Higareda sobre Acapulco. Raúl Salinas de Gortari, con El Mexicano, suplente. Su entrenador: Rubén Uriza.

Mal y de malas
Ya estaban a sólo un año de Munich.

Pérez de las Heras logra su clasificación.

Todo está listo...

Pero azota al país una epidemia de encefalitis equina y los caballos mexicanos no pueden ser embarcados a tiempo. La federación realiza gestiones para que en la capital de Baviera presten corceles a sus jinetes.

Joaquín resume así su impresión de aquellas monturas: Buenas, sí, pero no para un concurso olímpico.

Los nuevos caballistas olímpicos son: Joaquín y su esposa, Higareda y Hernández Izquierdo. Como suplentes: Carlos Aguirre y Rubén Uriza Jr.

Munich 72: nada para recordar.

Si acaso: Joaquín y Elisa empatan en el vigésimo sitio y califican a la segunda ronda. Pero ya en la vuelta final y ante obstáculos de más de 1.60 metros, los caballos alemanes se niegan a saltar y son eliminados.

El encuentro con Alimony
Alimony era un hermoso caballo que vivía en un rancho californiano. Su dueña se había quedado con él, ganándolo en un juicio de divorcio a su ahora ex esposo, un rico agricultor, ganadero y criador de caballos. Alimony fue adiestrado por John Harris, uno de los mejores instructores del sur de Estados Unidos y amigo de Pérez de las Heras, a quien recomendó su compra.

Pero Alimony no era un caballo barato.

El que lo compró fue José Gómez Sáinz, quien -años sesenta fuera presidente de la federación ecuestre.
Pero el caballo estaba desperdiciado. Nadie había sido capaz de llevarlo al éxito. Alimony era montado por hijos de Gómez Sáinz o por Adolfo Lecuona.

Lánguidamente transcurría, en las caballerizas, la vida de Alimony.

Hasta que...

Joaquín: “Como Juanito Gómez Sáinz no se acomodaba con él y Lecuona iba a salir de México, me recomendaron que lo pidiera. No fue difícil. A nadie le interesaba Alimony, así que empecé a montarlo. Rápidamente nos identificamos y que empiezo a tener éxito con él. Gané en la temporada regular aquí y quedé seleccionado para los Juegos Olímpicos de Moscú 1980”.

El fogueo antes de Moscú
Con Joaquín irían a los Juegos su primo Ricardo Guash; Gerardo Tazzer, Jesús Gómez Portugal y Alberto Valdés Jr.

Joaquín: “Lo primero que hicimos fue planear una gira de fogueo a Europa. Normalmente se hace una excursión, pues el mejor entrenamiento es la competencia. Participar en cuatro o cinco pruebas diferentes es vital antes de un concurso tan importante como unos Juegos Olímpicos.

“Y así lo hicimos. Tuvimos una buena gira. Por lo que a mí respecta, empecé en Wulfrath, Alemania Federal. Alimony saltó bien, derribando una barrita aquí y una allá, pero mejor que eso: me enseñó lo que podía hacer; mostró sus facultades.

“De ahí nos fuimos a competir en Wiesbaden y el caballo saltó muy bien. En un desempate me quedé con el tercer lugar. Alimony había dejado boquiabiertos a todos; hizo gala de poder y tranquilidad. Y de un gran corazón.

“Después pasamos a Aachen. Alimony saltó muy bien; algo excitado, pero muy bien. Empatamos seis jinetes, pero por un segundo ya no pude ir al desempate y quedé en sexto lugar, con una falta en mi primer recorrido y un cero en la segunda. Hacer esto en Aachen era muy satisfactorio, máxime que se trataba como de un campeonato mundial, pues participaron más de catorce países: los que sacudirían a Moscú y algunos otros, como Alemania, Estados Unidos y Francia, que no irían”.

La primera medalla
29 de julio de 1980. Estadio Lenin.

Competencia de salto ecuestre: Gran premio de las Naciones.

El boicoteo estadounidense afecta esta prueba, como en ningún otro deporte. Se resienten notables ausencias: Estados Unidos, Canadá, Alemania Federal, Francia, Inglaterra...

Por los resultados obtenidos en la gira previa a la Olimpiada, los jinetes mexicanos eran considerados entre los favoritos para adjudicarse la medalla de oro, ya que los países del bloque socialista nunca habían destacado en esta prueba.

Pero los soviéticos presentaron un equipo bien preparado y, además, aprovecharon muy bien su calidad de anfitriones. Aleccionaron perfectamente a sus jinetes sobre tipo de obstáculos y recorrido. Estos se llevaron la presea dorada con 20.25 puntos en contra.

Polonia, encabezada por Jan Kowalczyk, ganó la de plata con 56 faltas.

Y México, con Alberto Valdés Jr., Jesús González Portugal, Gerardo Tazzer y Joaquín Pérez de las Heras, la de bronce, con 59.75... Menos de una barra los separó de la presea de segundo lugar.
Joaquín: “¡México no había ganado una de bronce; había perdido, por lo menos, la de plata! Días después, la prueba individual: Joaquín: - Una medalla es una medalla; sin embargo, no estábamos conformes. Estábamos conscientes de que habíamos fallado”.

El poderío de Alimony
Pero había otra oportunidad para él. Participaría en la prueba individual.

Domingo 3 de agosto.

El estadio Lenin vive las últimas horas de euforia olímpica. La prueba ecuestre individual cerrará los juegos de la XXII Olimpiada.

Hay esperanzas de que el mejor binomio mexicano, el de Pérez de las Heras y Alimony, pueda tener, por fin, la actuación esperada por todos. Son ya 30 los años de experiencia del jinete nacional -con participaciones en tres Juegos Olímpicos: México, Munich y Montreal-.

Joaquín: “No me presioné, aunque sabía que tenía que ganar una medalla. Mi preocupación era Alimony: estaba muy excitado, nervioso, muy deseoso de saltar... Una reacción muy natural de los caballos. Lo único que podía hacer era darle confianza, dejarlo trotar un poco para no perder el control. Así lo hice, pero no se compuso. Tras mis dos recorridos terminé con 12 faltas. Tuve problemas con un obstáculo, un vertical que tumbé dos veces”.

Al concluir los recorridos, el polaco Jan Kowalczyk, con Artemor, sólo tuvo ocho puntos en contra: medalla de oro. El soviético Nicolai Korolkow, con Espadrón, le siguió con 9.50: medalla de plata. Y, empatados, Pérez de las Heras y el guatemalteco Oswaldo Méndez Herbruger, con 12 faltas.

¡Había que ir al desempate!

Joaquín: “Perder ante el guatemalteco hubiera sido la hecatombe. Nadie me lo hubiera perdonado”.

El recorrido se recortó: ya no fueron 14 los obstáculos, sino sólo siete, aunque más altos. Y ahora el tiempo sería determinante. Lo fue...

Primero salió Méndez Herbruger, quien montaba a Pampa...

¡Pista limpia, con 43.59 segundos! Tocó el turno al mexicano. Clavadas estaban en él y en su cabalgadura las miradas expectantes de cien mil personas. Eran los últimos suspiros de otra epopeya olímpica...

Joaquín: “Solté a Alimony. Lo dejé ser. ¡Y saltó como nunca! Tan seguro, tranquilo y poderoso como antes. Increíble que, hasta ese momento, ya al final, respondiera de esa forma. En el último obstáculo oí el ruido del casco de una pata pegar en una barra, pero ya no voltee. Pensé que todo estaba perdido y acicateé a mi caballo. Casi desbocado cumplí los últimos metros. Cuando paré volteé a ver el obstáculo... No había caído... ¡Pero fueron cuatro segundos de angustia! Sólo faltaba saber el tiempo realizado. En un tablero apareció la leyenda: 43.23 segundos. ¡Había ganado la medalla de bronce por 36 centésimas de segundo! Ya. El podio. A olvidarlo todo...

Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

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