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| 1980 |
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“Perder ante el guatemalteco hubiera sido la hecatombe. Nadie me lo hubiera perdonado”. |
| Moscú |
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| Joaquín Pérez
de las Heras |
| Bronce (2) en Equitación
/ Premio de las Naciones y Salto Individual |
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Joaquín
Pérez de las Heras tuvo una muy
larga carrera olímpica, desde los
Juegos de México 1968.
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Ficha Técnica |
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Joaquin Perez de las Heras
Equitación
Dos medallaa de bronce
Juegos Olímpicos Moscú,
1980
Fecha de nacimiento:25 de octubre de 1936
Especialidad: Prueba de las Naciones y
Salto Individual |
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Joaquín Pérez
de las Heras acababa de cumplir 11 años.
Y entonces montó a Arete.
Le habían dicho que tenía que cabalgar sobre
los lomos de aquel alazán tostado que tan bien lucía
al ser conducido por su primo, Ricardo Guash Jr., quien iniciaba
ya en las competencias ecuestres.
Lo encontró Joaquín, un día, en la inmensidad
de lo que fuera el rancho La Naranja -propiedad de don Manuel
Ávila Camacho y ya entonces sede del club Hípico
Francés, que era administrado por su tío, Ricardo
Guash. Este era también un gran caballista; podía
ser seleccionado nacional. Sólo que, en aquel entonces,
1947, el deporte ecuestre era dominado totalmente por los
militares. Ellos tenían la palabra. Y el poder.
“¡Ven acá, Marra!”, gritó
don Ricardo a su sobrino. “¡Vamos trépate
en esta belleza y sabrás lo que es bueno!”
Joaquín: “Era realmente un supercaballo; un animal
fortísimo, un tanque... Era un caballo muy agradable
de montar, dócil, aunque siempre tuvo problemas con
la ría”.
No habría muchas oportunidades más de montar
a Arete, caballo predilecto de Casimiro Jean, presidente del
club.
El engaño de Mariles
Un día, en el Hípico
Francés se presentó aquél teniente coronel
llamado Humberto Mariles, ya famoso caballista, quien estaba
a cargo de la selección nacional ecuestre que se preparaba
con miras a los Juegos Olímpicos de Londres 1948. Montó
el militar a Arete. Y quedó prendado de él.
Joaquín: “Le gustó tanto el alazán,
que Mariles le dijo a mi tío: "si consigues que
me lo presten ¡te llevo con el equipo a Europa!".
Y mi tío, que nunca había sido seleccionado,
que nunca había salido de México a competir,
de inmediato habló con Jean, que era su gran amigo.
Este cedió a Arete.
Pero Mariles no cumplió
su palabra: organizó su equipo y se fue sin mí
tío; lo dejó colgado. Yo era un niño
todavía, pero nunca perdoné aquel engaño”.
Meses después, Mariles y Arete llegaban a la cumbre
olímpica.
En la casa de don Ricardo Guash no hubo muchas sonrisas.
Joaquín: “Yo quería mucho a mi tío,
quien, al morir mi padre, 1945, no nos dejó en el abandono.
Junto con mi madre y mis dos hermanos menores, Enrique
y Leonel, nos fuimos a vivir a su casa. Él fue un segundo
padre para mí. Lo quería y lo admiraba. Por
eso me dolió lo que le hizo Mariles y no me gustó
que éste consiguiera la medalla. Entonces me fije dos
propósitos: ser honesto en todos los actos de mi vida,
y ¡conquistar una medalla olímpica!”
Invertiría 32 años en lograr lo segundo.
Y no fue una; fueron dos las preseas que ofrendaría
a la memoria de su tío.
Joaquín Pérez de las Heras, doble medallista
de bronce: en salto individual y en el Premio de las Naciones,
Moscú '80. Juegos de la XXII Olimpiada.
Con Carlos y Raúl Salinas, de
gira
1968: Cada vez más
cerca, los XIX Juegos Olímpicos.
Los Juegos Olímpicos de México.
Joaquín: “Don Raúl Salinas Lozano, padre
de Raúl y Carlos Salinas de Gortari, quería
que sus hijos fueran a Europa, que se foguearan, con el objeto
de buscar su inclusión en el equipo olímpico.
Así lo habló con Leopoldo Peralta, presidente
de la federación, pero como ésta no contaba
con mucha experiencia en viajes y concurso, se invitó
a Saucedo Carrillo -que había formado parte de los
equipos para los Juegos Olímpicos de 1948 y 1952- y
a Manuel Mendívil Yocupicio, que era el jinete modelo
de Peralta.
“Pero faltaba un tercero con experiencia. Peralta no
me quería, pero don Raúl, que me había
visto en una competencia cuando se inauguró Cocoyoc
y quedó muy impresionado cuando en un desempate salté
un murote a 1.90 metros, le preguntó: "¿Por
qué no va el Marra?". Don Leopoldo tuvo que llamarme;
a regañadientes, pero lo hizo. Yo tenía a Nancel,
así que pedí permiso al señor
Emilio
Azcárraga para quien trabajaba adiestrando sus caballos,
y nos fuimos.
“En general, la gira fue muy provechosa para todos,
aunque Mendívil Yocupicio y yo sobresalimos. Gané
un Gran Premio en Suiza y en un torneo de parejas, ahí
mismo triunfé con Yocupicio. En lo que cabe a los hermanos
Salinas les fue bastante bien, pues eran dos buenos jinetes,
aunque todavía novatos. Raúl llevó a
El Mexicano, un excelente caballo, mientras que Carlos tenía
una yegüita llamada la Xihuitl. Allá compró
al Agualeguas”.
De los jinetes que se habían preparado en Europa, sólo
Joaquín Pérez de las Heras -sobre Nancel pudo
lograr su inclusión. El equipo olímpico fue
integrado por Ricardo Guash, Fernando Hernández Izquierdo
y Joaquín y su esposa, Elisa Fernández de Pérez
de las Heras.
Después se sumaría una inadecuada programación.
Resultado: fracaso.
Casi un estrepitoso fracaso.
El camino a Munich 72
Ahora hay que mirar hacia
Munich y sus XX Juegos Olímpicos en 1972.
En 1970 se produce una nueva gira a Europa. Viajan Joaquín
y su esposa; Jesús Gómez Portugal y los hermanos
Raúl y Carlos Salinas, quienes cuentan ya con más
experiencia y con tres buenos caballos para concursar: Agualeguas,
El Mexicano y Valedor.
Los caballistas nacionales realizan buenas montas en Francia
y Alemania pero, sin duda, el mejor resultado es el cuarto
lugar que obtiene la señora Fernández, con Eleonora:
cuarto sitio en el campeonato mundial de salto femenil, en
Copenhague.
Ese equipo se convierte en la base de la selección
nacional que en 1971 compite en los Juegos Panamericanos -Cali
Colombia y conquista la medalla de plata.
Y Elisa Fernández alcanza el triunfo en la prueba individual.
Estos eran jinetes y cabalgaduras: Elisa Fernández,
sobre Eleonora; Carlos Salinas de Gortari, en Agualeguas;
Joaquín Pérez de las Heras, con Nancel, y el
capitán Rubén Higareda sobre Acapulco. Raúl
Salinas de Gortari, con El Mexicano, suplente. Su entrenador:
Rubén Uriza.
Mal y de malas
Ya estaban a sólo un año
de Munich.
Pérez de las Heras logra su clasificación.
Todo está listo...
Pero azota al país una epidemia de encefalitis equina
y los caballos mexicanos no pueden ser embarcados a tiempo.
La federación realiza gestiones para que en la capital
de Baviera presten corceles a sus jinetes.
Joaquín resume así su impresión de aquellas
monturas: Buenas, sí, pero no para un concurso olímpico.
Los nuevos caballistas olímpicos son: Joaquín
y su esposa, Higareda y Hernández Izquierdo. Como suplentes:
Carlos Aguirre y Rubén Uriza Jr.
Munich 72: nada para recordar.
Si acaso: Joaquín y Elisa empatan en el vigésimo
sitio y califican a la segunda ronda. Pero ya en la vuelta
final y ante obstáculos de más de 1.60 metros,
los caballos alemanes se niegan a saltar y son eliminados.
El encuentro con Alimony
Alimony era un hermoso
caballo que vivía en un rancho californiano. Su dueña
se había quedado con él, ganándolo en
un juicio de divorcio a su ahora ex esposo, un rico agricultor,
ganadero y criador de caballos. Alimony fue adiestrado por
John Harris, uno de los mejores instructores del sur de Estados
Unidos y amigo de Pérez de las Heras, a quien recomendó
su compra.
Pero Alimony no era un caballo barato.
El que lo compró fue José Gómez Sáinz,
quien -años sesenta fuera presidente de la federación
ecuestre.
Pero el caballo estaba desperdiciado. Nadie había sido
capaz de llevarlo al éxito. Alimony era montado por
hijos de Gómez Sáinz o por Adolfo Lecuona.
Lánguidamente transcurría, en las caballerizas,
la vida de Alimony.
Hasta que...
Joaquín: “Como Juanito Gómez Sáinz
no se acomodaba con él y Lecuona iba a salir de México,
me recomendaron que lo pidiera. No fue difícil. A nadie
le interesaba Alimony, así que empecé a montarlo.
Rápidamente nos identificamos y que empiezo a tener
éxito con él. Gané en la temporada regular
aquí y quedé seleccionado para los Juegos Olímpicos
de Moscú 1980”.
El fogueo antes de Moscú
Con Joaquín irían
a los Juegos su primo Ricardo Guash; Gerardo Tazzer, Jesús
Gómez Portugal y Alberto Valdés Jr.
Joaquín: “Lo primero que hicimos fue planear
una gira de fogueo a Europa. Normalmente se hace una excursión,
pues el mejor entrenamiento es la competencia. Participar
en cuatro o cinco pruebas diferentes es vital antes de un
concurso tan importante como unos Juegos Olímpicos.
“Y así lo hicimos. Tuvimos una buena gira. Por
lo que a mí respecta, empecé en Wulfrath, Alemania
Federal. Alimony saltó bien, derribando una barrita
aquí y una allá, pero mejor que eso: me enseñó
lo que podía hacer; mostró sus facultades.
“De ahí nos fuimos a competir en Wiesbaden y
el caballo saltó muy bien. En un desempate me quedé
con el tercer lugar. Alimony había dejado boquiabiertos
a todos; hizo gala de poder y tranquilidad. Y de un gran corazón.
“Después pasamos a Aachen. Alimony saltó
muy bien; algo excitado, pero muy bien. Empatamos seis jinetes,
pero por un segundo ya no pude ir al desempate y quedé
en sexto lugar, con una falta en mi primer recorrido y un
cero en la segunda. Hacer esto en Aachen era muy satisfactorio,
máxime que se trataba como de un campeonato mundial,
pues participaron más de catorce países: los
que sacudirían a Moscú y algunos otros, como
Alemania, Estados Unidos y Francia, que no irían”.
La primera medalla
29 de julio de 1980. Estadio
Lenin.
Competencia de salto ecuestre: Gran premio de las Naciones.
El boicoteo estadounidense afecta esta prueba, como en ningún
otro deporte. Se resienten notables ausencias: Estados Unidos,
Canadá, Alemania Federal, Francia, Inglaterra...
Por los resultados obtenidos en la gira previa a la Olimpiada,
los jinetes mexicanos eran considerados entre los favoritos
para adjudicarse la medalla de oro, ya que los países
del bloque socialista nunca habían destacado en esta
prueba.
Pero los soviéticos presentaron un equipo bien preparado
y, además, aprovecharon muy bien su calidad de anfitriones.
Aleccionaron perfectamente a sus jinetes sobre tipo de obstáculos
y recorrido. Estos se llevaron la presea dorada con 20.25
puntos en contra.
Polonia, encabezada por Jan Kowalczyk, ganó la de plata
con 56 faltas.
Y México, con Alberto Valdés Jr., Jesús
González Portugal, Gerardo Tazzer y Joaquín
Pérez de las Heras, la de bronce, con 59.75... Menos
de una barra los separó de la presea de segundo lugar.
Joaquín: “¡México no había
ganado una de bronce; había perdido, por lo menos,
la de plata! Días después, la prueba individual:
Joaquín: - Una medalla es una medalla; sin embargo,
no estábamos conformes. Estábamos conscientes
de que habíamos fallado”.
El poderío de Alimony
Pero había otra
oportunidad para él. Participaría en la prueba
individual.
Domingo 3 de agosto.
El estadio Lenin vive las últimas horas de euforia
olímpica. La prueba ecuestre individual cerrará
los juegos de la XXII Olimpiada.
Hay esperanzas de que el mejor binomio mexicano, el de Pérez
de las Heras y Alimony, pueda tener, por fin, la actuación
esperada por todos. Son ya 30 los años de experiencia
del jinete nacional -con participaciones en tres Juegos Olímpicos:
México, Munich y Montreal-.
Joaquín: “No me presioné, aunque sabía
que tenía que ganar una medalla. Mi preocupación
era Alimony: estaba muy excitado, nervioso, muy deseoso de
saltar... Una reacción muy natural de los caballos.
Lo único que podía hacer era darle confianza,
dejarlo trotar un poco para no perder el control. Así
lo hice, pero no se compuso. Tras mis dos recorridos terminé
con 12 faltas. Tuve problemas con un obstáculo, un
vertical que tumbé dos veces”.
Al concluir los recorridos, el polaco Jan Kowalczyk, con Artemor,
sólo tuvo ocho puntos en contra: medalla de oro. El
soviético Nicolai Korolkow, con Espadrón, le
siguió con 9.50: medalla de plata. Y, empatados, Pérez
de las Heras y el guatemalteco Oswaldo Méndez Herbruger,
con 12 faltas.
¡Había que ir al desempate!
Joaquín: “Perder
ante el guatemalteco hubiera sido la hecatombe. Nadie me lo
hubiera perdonado”.
El recorrido se recortó: ya no fueron 14 los obstáculos,
sino sólo siete, aunque más altos. Y ahora el
tiempo sería determinante. Lo fue...
Primero salió Méndez Herbruger, quien montaba
a Pampa...
¡Pista limpia, con 43.59 segundos! Tocó el turno
al mexicano. Clavadas estaban en él y en su cabalgadura
las miradas expectantes de cien mil personas. Eran los últimos
suspiros de otra epopeya olímpica...
Joaquín: “Solté a Alimony. Lo dejé
ser. ¡Y saltó como nunca! Tan seguro, tranquilo
y poderoso como antes. Increíble que, hasta ese momento,
ya al final, respondiera de esa forma. En el último
obstáculo oí el ruido del casco de una pata
pegar en una barra, pero ya no voltee. Pensé que todo
estaba perdido y acicateé a mi caballo. Casi desbocado
cumplí los últimos metros. Cuando paré
volteé a ver el obstáculo... No había
caído... ¡Pero fueron cuatro segundos de angustia!
Sólo faltaba saber el tiempo realizado. En un tablero
apareció la leyenda: 43.23 segundos. ¡Había
ganado la medalla de bronce por 36 centésimas de segundo!
Ya. El podio. A olvidarlo todo...
Fragmentos de textos tomados
del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado
por la Conade y EL UNIVERSAL.
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