|
 |
• |
1932 |
|
| • |
1936 |
| • |
1948
|
| • |
1952 |
| • |
1956 |
| • |
1960 |
| • |
1964 |
| • |
1968 |
| • |
1972 |
| • |
1976 |
| • |
1980 |
| • |
1984 |
| • |
1988 |
| • |
1992 |
| • |
1996 |
| • |
2000 |
| • |
2004 |
|
|
 |
| 1968 |
|
Era Pilar la primera mujer mexicana ganadora de una medalla olímpica.
Y era también, la primera esgrimista de América —y única, hasta el momento— que subiría al podio.
|
| México |
|
|
|
 |
| Pilar Roldán Tapia |
Plata en Esgrima / Florete Individual |
|
 |
 |
|
|
Pilar
Roldán (izq.) en acción
durante los Juegos Olímpicos
|
| |
Ficha Técnica |
| |
Pilar Roldán Tapia
Esgrima
Medalla de plata
Juegos Olímpicos México, 1968.
Fecha de nacimiento: 18 de noviembre de 1939
Lugar de nacimiento: México DF
Disciplina: Florete individual
|
|
 |
|
|
|
Ciudad de México
20 de octubre de 1968
Sólo de tenis se hablaba en esa casa.
Ángel Roldán, El Güero, había sido
uno de los mejores raquetistas en el ámbito nacional
e inclusive, fue seleccionado mexicano Copa Davis —1934—
y jugó al lado de Esteban Reyes, Eduardo Tapia y Eduardo
Mestre.
Su esposa María Tapia, La Chata, fue triple medallista
en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador,
1935: campeona en singles y en mixtos —al lado de Alfonso
Unda— y medalla de plata en dobles —con Fernanda
Cedillo—. En 1954, cuando esos juegos fueron disputados
en México, ganó otras dos medallas de plata:
en dobles —con Rosa María Reyes— y en mixtos
—con Anselmo Puente—.
Tenista tenía que ser pues, Pilar Roldán Tapia,
su hija.
Ella lo traía en la sangre. Fue su deporte de siempre.
Por eso no resultó extraño verla, apenas a los
seis años de edad, empuñando una raqueta en
las mesas de arcilla del Junior Club. Pero...
Leyó Los Tres Mosqueteros,
y… ¡al esgrima!
Pilar Roldán: “Todo comenzó como un juego...
nada más que quien lo protagonizaba aquí, era
una niña y no un niño. Esa niña era yo.
Tenía como 10 años y había descubierto
algo que me cambiaría la vida: Los Tres Mosqueteros.
Primero leí la obra de Alejandro Dumas; después
vi aquella inolvidable película en la que Gene Kelly
protagonizaba a D’Artagnan. Y entonces nació
en mí una pasión desmedida por la esgrima. Recuerdo
que tenía un traje con capa y lo utilizaba para disfrazarme
de mosquetera y jugar a los espadachines”.
Poco después de cumplir los 13 años de edad,
—1952— Pilar pidió a sus padres que le
permitieran tomar clases de esgrima. Quería saberlo
todo acerca del florete. Y tuvo fortuna, a finales de ese
año el profesor italiano Eduardo Alajino, de reconocida
calidad a nivel mundial, decidió radicar en México.
Y su papá se volvió
esgrimista
12 de marzo de 1955. Tarde histórica para el deporte
de México.
Porque veintidós naciones del continente se han unido
para disputar aquí los II Juegos Panamericanos.
Y se visten de todos colores las tribunas del estadio de Ciudad
Universitaria para presenciar la ceremonia de inauguración.
Desfilan gallardos los vistosos contingentes deportivos. México,
país sede, cierra la parada. Su delegación es
encabezada por Joaquín Capilla; el clavadista porta
con altivez el lábaro patrio.
Visten nuestros deportistas un uniforme rojo y blanco. Saco
y pantalón los varones; saco y falda las damas. Una
de éstas es la jovencita Pilar Roldán, apenas
a los 15 años de edad, campeona invicta en florete.
Está nerviosa, no puede ocultarlo; tampoco oculta su
orgullo. Porque detrás de ella desfilan también
sus padres: la tenista María Tapia y el ahora esgrimista
Ángel Roldán.
Se produjo así el hecho insólito, sin precedentes
y que hasta la fecha no ha vuelto a repetirse: padres e hija
compitiendo por su país en unos Juegos Panamericanos.
Ninguno de los tres conquistó una medalla en esa ocasión.
La jovencita de entonces lo haría 13 años más
tarde, también en suelo nacional. Y en Juegos Olímpicos.
Pilar Roldán, medalla de plata en florete, se convirtió
en la primera mujer mexicana en subir a un podio olímpico.
El maestro de esgrima
Los personajes centrales
de su existencia eran sus padres y su hermana menor, María
de Lourdes, quien nació cuatro años después
que ella.
Hasta que llegó Alajmo.
Pilar: “Cuando descubrí la esgrima me di cuenta
de que podía combinarla perfectamente con mi otro deporte.
El tenis me servía para tener fuerza en los brazos
y coordinación en los desplazamientos, mientras que
la esgrima aportaba mejores reflejos y mayor seguridad en
mí misma”.
Ya don Ángel Roldán y María de Lourdes
se habían añadido al grupo de aprendices de
esgrima cuando, apenas al año y medio de la primera
clase de Pilar, le dijo el maestro Alajmo: “Ya estás
lista... Vamos a competir”.
La inscribió en un torneo de segunda fuerza. Pilar
lo ganó sin perder un solo duelo. Y en noviembre de
1954, unos días después de haber cumplido los
15 años, fue registrada en el torneo selectivo para
integrar el equipo mexicano de esgrima que competiría
en los Juegos Panamericanos de 1955.
Y aquel 12 de marzo desfiló Pilar al lado de sus padres.
Pilar: “No ganamos medalla, pero nuestra unión
se hizo más fuerte”.
Todo cambió a partir de 1959.
Dos Juegos Olímpicos
Pilar Roldán participó
en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956 y se metió
hasta las semifinales. Después, consiguió llegar
a Roma 1960, en la que fue designada abanderada de la delegación
mexicana.
En la justa italiana terminó octava.
No fue inscrita para los juegos de Tokio 1964. Se consideró
que el esgrima en México no tenía nivel. Pilar
nunca lo aceptó. Tenía razón.
1963 fue un año de buenas nuevas.
La primera: nació Ingrid, su segundo hijo.
La segunda: el 18 de octubre, al finalizar la reunión
del Comité Olímpico Internacional en Baden
Baden,
se lanzaba la noticia a través de los teletipos:
¡México sería la sede, en 1968, de los
juegos de la XIX Olimpiada!
En 1965 fue contratado el entrenador polaco Jerzy Buczak y
su presencia en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano
dio a Pilar nuevos ánimos.
Pilar: “—Él me hizo conocer pequeños grandes
secretos de la esgrima. Fue otro gran maestro en mi vida”.
Pilar participó —1966— en la II Semana
Deportiva Internacional, en la que logró el segundo
sitio. No obstante en la III, al año siguiente, no
pasó a la ronda de finales; en cambio, alcanzó
la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg.
Y de ahí fue directo a la Olimpiada en México.
El grupo más duro
Los combates de esgrima
se programaron del 15 al 25 de octubre. La sede sería
la moderna instalación construida exprofeso para la
justa: la espectacular sala de armas Fernando Montes de Oca,
en los terrenos de la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca.
En florete individual, las representantes de México
serían las hermanas Roldán y Rosa del Moral.
Y para la prueba por equipos, ellas tres se unirían
Sonia Arredondo y Linda Béjar.
Sábado 19 de octubre. 8:30 horas. Acción.
Pilar: “Era mi turno...”
Roldán formó parte de un grupo terrible en el
que se encontraban entre otras la italiana Giovanna Mascíotta,
la soviética Zabelina, la húngara Sakovics y
la rumana Oiga Szabo.
Pilar: “Cada combate fue muy diferente, ya que mi estilo
no se ajustaba a ningún patrón de ataque, defensa
y contraataque, sino que se adecuaba al de mis rivales. Esto
me convino, finalmente, ya que por lo regular las tiradoras
tienen casi siempre un mismo estilo de atacar.
“Lo que pasaba conmigo era que con sólo observar
en un asalto a mis rivales, podía diseñar una
serie de ataques que posteriormente ponía en práctica.
Casi nunca repetía; todo brotaba en mí según
se desarrollara el asalto”.
Ya no era aquella chiquilla de Melbourne y Roma. Ahora, próxima
a cumplir 29 años, la señora Roldán exhibía
el aplomo que otorgan los largos años de competencia;
en cada lance parecía superar toda expectativa.
Después de un largo día de combates y cuando
Pilar clasificó a semifinales.
Los combates decisivos
Domingo 20 de octubre. Semifinales.
Por fin, una tiradora mexicana se ubica entre las ocho mejores
del mundo olímpico esta jornada matutina, dos de ellas
quedarán eliminadas. Las seis restantes entrarán
nuevamente en acción por la noche y entonces los duelos
serán decisivos: sólo tres competidoras podrán
subir al podio.
Hay un ambiente de gran expectación en la enorme sala,
en la que reluce la docena de pistas; en la que. ya los jueces
ocupan sus mesas... Sala de tableros amarillos, sillas color
naranja, como naranja es el color de ese logotipo —dos
armas cruzadas— que ocupa el centro de cada una de las
inmensas mantas de plástico transparente que penden
del techo.
Silencio. Acción. Drama.
Pilar vence con facilidad a Sakovics y a la italiana Masciotta.
¡A finales!
Sus rivales serán: las soviéticas Novikova y
Gorokhova, la húngara Rejto, la francesa Gapais y la
sueca Palme.
Sorpresa grande: ha sido eliminada la campeona mundial, Alejandra
Zabelina.
Ante el desaliento general Pilar pierde sus dos combates iniciales,
ante Novikova y Rejto. Pero devuelve el ánimo al derrotar
a Gorokhova y la sala vive momentos de paroxismo cuando la
tiradora mexicana derrota también a Gapais.
¡México!, ¡México!, ¡México!...
Nadie mueve un sólo músculo. El silencio es
total cuando Pilar se dispone a hacer frente a su adversaria
final: la sueca Kerstin Palme. La ganadora puede llevarse
la medalla de bronce o inclusive la de plata si es buena su
diferencia entre los toques dados y recibidos. La derrotada
se hundirá en el quinto sitio; se hundirá en
el olvido, pues.
El duelo por la medalla de plata
Ha llegado la hora. Kerstin Palme espera ya al pie de la pista.
Pilar: “Con un rapidísimo desplazamiento, ella
se anotó el primer toque. Pero me serené y después
hice mía la ventaja, con dos toques consecutivos. Las
acciones se tornaron muy parejas y de repente, Palme logró
el empate. La gente gritaba en las gradas. Y pese a que una
está totalmente concentrada en el combate, no deja
de percibir el ruido, el aliento. Yo sentía que no
podía defraudar a aquellos miles de compatriotas presentes
en el escenario. Habían pasado casi cinco minutos hasta
que, por fin, logré el toque de la victoria.
Un rugido saludó la caída de la europea.
Pilar supuso que había conquistado sólo la medalla
de bronce.
El público no sabía, a ciencia cierta, el lugar
que finalmente ocuparía la esgrimista mexicana.
Hasta que, entre el clamor general, en el tablero electrónico
apareció el resultado final:
Para la jovencita Novikova la medalla de oro, con cuatro victorias,
una derrota, 19 toques a favor y 11 en contra. Pilar y la
húngara Rejto, campeona olímpica en Tokio, cuatro
años antes, empataron con tres victorias y dos derrotas.
Pero la medalla de plata fue para la mexicana por su mejor
diferencia entre toques dados y recibidos: 17-14 contra 14-16.
Un estallido de felicidad cimbró al escenario.
Abrazos. Risas. Gritos.
Era apenas para el país, la segunda medalla obtenida
en la justa.
Era Pilar la primera mujer mexicana ganadora de una medalla
olímpica.
Y era también, la primera esgrimista de América
—y única, hasta el momento— que subiría
al podio.
Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.
|