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Era Pilar la primera mujer mexicana ganadora de una medalla olímpica.
Y era también, la primera esgrimista de América —y única, hasta el momento— que subiría al podio.
México
  Felipe Muñoz Kapamas
Ricardo Delgado Nogales Antonio Roldán Reyna
  José Pedraza Zúñiga
Alvaro Gaxiola Robles
  María Teresa Ramírez G.
Agustín Zaragoza Reyna Joaquín Rocha Herrera

Pilar Roldán Tapia

Plata en Esgrima / Florete Individual

Pilar Roldán (izq.) en acción durante los Juegos Olímpicos

  Ficha Técnica
 

Pilar Roldán Tapia
Esgrima Medalla de plata Juegos Olímpicos México, 1968.
Fecha de nacimiento: 18 de noviembre de 1939 Lugar de nacimiento: México DF
Disciplina: Florete individual

» Leyó Los Tres Mosqueteros y… ¡al esgrima!
» Y su papá se volvió esgrimista
» El maestro de esgrima
» Dos Juegos Olímpicos
» El grupo más duro
» El duelo por la medalla de plata

Ciudad de México
20 de octubre de 1968


Sólo de tenis se hablaba en esa casa.
Ángel Roldán, El Güero, había sido uno de los mejores raquetistas en el ámbito nacional e inclusive, fue seleccionado mexicano Copa Davis —1934— y jugó al lado de Esteban Reyes, Eduardo Tapia y Eduardo Mestre.

Su esposa María Tapia, La Chata, fue triple medallista en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador, 1935: campeona en singles y en mixtos —al lado de Alfonso Unda— y medalla de plata en dobles —con Fernanda Cedillo—. En 1954, cuando esos juegos fueron disputados en México, ganó otras dos medallas de plata: en dobles —con Rosa María Reyes— y en mixtos —con Anselmo Puente—.

Tenista tenía que ser pues, Pilar Roldán Tapia, su hija.

Ella lo traía en la sangre. Fue su deporte de siempre.

Por eso no resultó extraño verla, apenas a los seis años de edad, empuñando una raqueta en las mesas de arcilla del Junior Club. Pero...

Leyó Los Tres Mosqueteros, y… ¡al esgrima!
Pilar Roldán: “Todo comenzó como un juego... nada más que quien lo protagonizaba aquí, era una niña y no un niño. Esa niña era yo. Tenía como 10 años y había descubierto algo que me cambiaría la vida: Los Tres Mosqueteros. Primero leí la obra de Alejandro Dumas; después vi aquella inolvidable película en la que Gene Kelly protagonizaba a D’Artagnan. Y entonces nació en mí una pasión desmedida por la esgrima. Recuerdo que tenía un traje con capa y lo utilizaba para disfrazarme de mosquetera y jugar a los espadachines”.

Poco después de cumplir los 13 años de edad, —1952— Pilar pidió a sus padres que le permitieran tomar clases de esgrima. Quería saberlo todo acerca del florete. Y tuvo fortuna, a finales de ese año el profesor italiano Eduardo Alajino, de reconocida calidad a nivel mundial, decidió radicar en México.

Y su papá se volvió esgrimista
12 de marzo de 1955. Tarde histórica para el deporte de México.
Porque veintidós naciones del continente se han unido para disputar aquí los II Juegos Panamericanos.

Y se visten de todos colores las tribunas del estadio de Ciudad Universitaria para presenciar la ceremonia de inauguración. Desfilan gallardos los vistosos contingentes deportivos. México, país sede, cierra la parada. Su delegación es encabezada por Joaquín Capilla; el clavadista porta con altivez el lábaro patrio.

Visten nuestros deportistas un uniforme rojo y blanco. Saco y pantalón los varones; saco y falda las damas. Una de éstas es la jovencita Pilar Roldán, apenas a los 15 años de edad, campeona invicta en florete. Está nerviosa, no puede ocultarlo; tampoco oculta su orgullo. Porque detrás de ella desfilan también sus padres: la tenista María Tapia y el ahora esgrimista Ángel Roldán.

Se produjo así el hecho insólito, sin precedentes y que hasta la fecha no ha vuelto a repetirse: padres e hija compitiendo por su país en unos Juegos Panamericanos.

Ninguno de los tres conquistó una medalla en esa ocasión.

La jovencita de entonces lo haría 13 años más tarde, también en suelo nacional. Y en Juegos Olímpicos.

Pilar Roldán, medalla de plata en florete, se convirtió en la primera mujer mexicana en subir a un podio olímpico.

El maestro de esgrima
Los personajes centrales de su existencia eran sus padres y su hermana menor, María de Lourdes, quien nació cuatro años después que ella.

Hasta que llegó Alajmo.

Pilar: “Cuando descubrí la esgrima me di cuenta de que podía combinarla perfectamente con mi otro deporte. El tenis me servía para tener fuerza en los brazos y coordinación en los desplazamientos, mientras que la esgrima aportaba mejores reflejos y mayor seguridad en mí misma”.

Ya don Ángel Roldán y María de Lourdes se habían añadido al grupo de aprendices de esgrima cuando, apenas al año y medio de la primera clase de Pilar, le dijo el maestro Alajmo: “Ya estás lista... Vamos a competir”.

La inscribió en un torneo de segunda fuerza. Pilar lo ganó sin perder un solo duelo. Y en noviembre de 1954, unos días después de haber cumplido los 15 años, fue registrada en el torneo selectivo para integrar el equipo mexicano de esgrima que competiría en los Juegos Panamericanos de 1955.

Y aquel 12 de marzo desfiló Pilar al lado de sus padres.

Pilar: “No ganamos medalla, pero nuestra unión se hizo más fuerte”.
Todo cambió a partir de 1959.

Dos Juegos Olímpicos
Pilar Roldán participó en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956 y se metió hasta las semifinales. Después, consiguió llegar a Roma 1960, en la que fue designada abanderada de la delegación mexicana.

En la justa italiana terminó octava.

No fue inscrita para los juegos de Tokio 1964. Se consideró que el esgrima en México no tenía nivel. Pilar nunca lo aceptó. Tenía razón.

1963 fue un año de buenas nuevas.

La primera: nació Ingrid, su segundo hijo.

La segunda: el 18 de octubre, al finalizar la reunión del Comité Olímpico Internacional en Baden
Baden, se lanzaba la noticia a través de los teletipos:

¡México sería la sede, en 1968, de los juegos de la XIX Olimpiada!

En 1965 fue contratado el entrenador polaco Jerzy Buczak y su presencia en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano dio a Pilar nuevos ánimos.

Pilar: “—Él me hizo conocer pequeños grandes secretos de la esgrima. Fue otro gran maestro en mi vida”.

Pilar participó —1966— en la II Semana Deportiva Internacional, en la que logró el segundo sitio. No obstante en la III, al año siguiente, no pasó a la ronda de finales; en cambio, alcanzó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg.

Y de ahí fue directo a la Olimpiada en México.

El grupo más duro
Los combates de esgrima se programaron del 15 al 25 de octubre. La sede sería la moderna instalación construida exprofeso para la justa: la espectacular sala de armas Fernando Montes de Oca, en los terrenos de la Ciudad Deportiva de la Magdalena Mixhuca.

En florete individual, las representantes de México serían las hermanas Roldán y Rosa del Moral. Y para la prueba por equipos, ellas tres se unirían Sonia Arredondo y Linda Béjar.
Sábado 19 de octubre. 8:30 horas. Acción.

Pilar: “Era mi turno...”

Roldán formó parte de un grupo terrible en el que se encontraban entre otras la italiana Giovanna Mascíotta, la soviética Zabelina, la húngara Sakovics y la rumana Oiga Szabo.

Pilar: “Cada combate fue muy diferente, ya que mi estilo no se ajustaba a ningún patrón de ataque, defensa y contraataque, sino que se adecuaba al de mis rivales. Esto me convino, finalmente, ya que por lo regular las tiradoras tienen casi siempre un mismo estilo de atacar.

“Lo que pasaba conmigo era que con sólo observar en un asalto a mis rivales, podía diseñar una serie de ataques que posteriormente ponía en práctica. Casi nunca repetía; todo brotaba en mí según se desarrollara el asalto”.

Ya no era aquella chiquilla de Melbourne y Roma. Ahora, próxima a cumplir 29 años, la señora Roldán exhibía el aplomo que otorgan los largos años de competencia; en cada lance parecía superar toda expectativa.

Después de un largo día de combates y cuando Pilar clasificó a semifinales.

Los combates decisivos

Domingo 20 de octubre. Semifinales.

Por fin, una tiradora mexicana se ubica entre las ocho mejores del mundo olímpico esta jornada matutina, dos de ellas quedarán eliminadas. Las seis restantes entrarán nuevamente en acción por la noche y entonces los duelos serán decisivos: sólo tres competidoras podrán subir al podio.

Hay un ambiente de gran expectación en la enorme sala, en la que reluce la docena de pistas; en la que. ya los jueces ocupan sus mesas... Sala de tableros amarillos, sillas color naranja, como naranja es el color de ese logotipo —dos armas cruzadas— que ocupa el centro de cada una de las inmensas mantas de plástico transparente que penden del techo.

Silencio. Acción. Drama.

Pilar vence con facilidad a Sakovics y a la italiana Masciotta.

¡A finales!

Sus rivales serán: las soviéticas Novikova y Gorokhova, la húngara Rejto, la francesa Gapais y la sueca Palme.

Sorpresa grande: ha sido eliminada la campeona mundial, Alejandra Zabelina.

Ante el desaliento general Pilar pierde sus dos combates iniciales, ante Novikova y Rejto. Pero devuelve el ánimo al derrotar a Gorokhova y la sala vive momentos de paroxismo cuando la tiradora mexicana derrota también a Gapais.

¡México!, ¡México!, ¡México!...

Nadie mueve un sólo músculo. El silencio es total cuando Pilar se dispone a hacer frente a su adversaria final: la sueca Kerstin Palme. La ganadora puede llevarse la medalla de bronce o inclusive la de plata si es buena su diferencia entre los toques dados y recibidos. La derrotada se hundirá en el quinto sitio; se hundirá en el olvido, pues.

El duelo por la medalla de plata
Ha llegado la hora. Kerstin Palme espera ya al pie de la pista.

Pilar: “Con un rapidísimo desplazamiento, ella se anotó el primer toque. Pero me serené y después hice mía la ventaja, con dos toques consecutivos. Las acciones se tornaron muy parejas y de repente, Palme logró el empate. La gente gritaba en las gradas. Y pese a que una está totalmente concentrada en el combate, no deja de percibir el ruido, el aliento. Yo sentía que no podía defraudar a aquellos miles de compatriotas presentes en el escenario. Habían pasado casi cinco minutos hasta que, por fin, logré el toque de la victoria.

Un rugido saludó la caída de la europea.

Pilar supuso que había conquistado sólo la medalla de bronce.

El público no sabía, a ciencia cierta, el lugar que finalmente ocuparía la esgrimista mexicana.

Hasta que, entre el clamor general, en el tablero electrónico apareció el resultado final:

Para la jovencita Novikova la medalla de oro, con cuatro victorias, una derrota, 19 toques a favor y 11 en contra. Pilar y la húngara Rejto, campeona olímpica en Tokio, cuatro años antes, empataron con tres victorias y dos derrotas. Pero la medalla de plata fue para la mexicana por su mejor diferencia entre toques dados y recibidos: 17-14 contra 14-16.

Un estallido de felicidad cimbró al escenario.

Abrazos. Risas. Gritos.

Era apenas para el país, la segunda medalla obtenida en la justa.

Era Pilar la primera mujer mexicana ganadora de una medalla olímpica.
Y era también, la primera esgrimista de América —y única, hasta el momento— que subiría al podio.

Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

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