Olimpedia/mexicanos
 
 

 

1932
Los Ángeles
1936
Berlín
1948
Londres
1952
Helsinki
1956
Melbourne
1960
Roma
1964
Tokio
1968
México
1972
Munich
1976
Montreal
1980
Moscú
1984
Los Ángeles
1988
Seúl
1992
Barcelona
1996
Atlanta
2000
Sidney
2004
Atenas
1968

 

 

Quedé a paso y medio de él, con una rabia infinita por no haber sido capaz de ganar...
México
  Felipe Muñoz Kapamas
Ricardo Delgado Nogales Antonio Roldán Reyna
  Pilar Roldán Tapia
Alvaro Gaxiola Robles
  María Teresa Ramírez G.
Agustín Zaragoza Reyna Joaquín Rocha Herrera

José Pedraza Zúñiga

Medalla de plata en Atletismo / Caminata 20 km

José Pedraza estrecha la mano de Nikolai Smaga, medalla de plata. En lo alto del podio VIadimir Golubnichy, ambos soviéticos. ARCHIVO EL UNIVERSAL

  Ficha Técnica
 

José Pedraza Zúñiga
Atletismo
Medalla de plata
Juegos Olímpicos México, 1968
Fecha de nacimiento: 17 de septiembre de 1937
Lugar de nacimiento: Michoacán
Fecha de fallecimiento: 1 de junio de 1998.
Disciplina: Caminata de 20 km

» El consentido de la abuela
» No sin el cobijo de mi bandera...
» Del lugar 12 al podio olímpico
» ¿Flotó? ¡A quién le importa!
» El error de los 50km
» Por los pantalones de un general

Ciudad de México
14 de octubre de 1968

José Pedraza era un fanático del basquetbol y de las carreras. Y del Ejército. Por eso, a los 15 años ingresó a Transmisiones.

El equipo se deshizo —1955— y varios de sus integrantes, entre ellos, Pablo Colín y yo, nos fuimos al Venados, equipo de atletismo que manejaba el profesor Eutiquio del Valle Alquicira, quien era muy admirado en el medio. A mí me gustaba correr los mil 500; sentía que esa era mi prueba.

Pasaron los años. Hasta que en una tarde de agosto de 1964, la vida comenzaría a cambiar para Pedraza.

Se escuchó la voz de Eutiquio del Valle: ¡Caramba soldadotes, veo que ya se van!

—Sí, maestro...

—Los felicito, hicieron una buena carrerota, pero me gustaría que probaran en la caminata.

—No profesor, mejor nos vamos, dijo Pedraza.

—Nada de eso. A ver... ¡Fuera botas!

El profesor buscó a Esperanza Girón.

—A ver Esperanza, enséñales a estos soldadotes qué es caminata.

Pedraza: “Ella dio unos pasos en la pista y que empieza a caminar, a mover las caderas. La verdad nos dio risa, —pero le entramos.

Cuatro años después, Alquicira era una entre aquellas miles de personas que poblaron las tribunas del estadio de Ciudad Universitaria y que, trepidantes, atestiguaban ese inolvidable cierre de la prueba de los 20 kilómetros de marcha en los Juegos de México 68.

Porque allí va el sargento Pedraza, con un ataque rabioso en los 300 metros finales. Marcha en el tercer lugar. Se lanza su figura morena sobre los rubios soviéticos VIadimir Golubnichy y Nikolai Smaga.

Ya, ya, mírenlo, mírenlo... ¡Se acerca! ¡Se acerca ... !

El consentido de la abuela
Nació José Pedraza —21 de marzo de 1937— en el rancho La Mojonera, Michoacán.
Recuerda: “No hacía más que correr cuando chiquillo. Era Pepito, sí, el consentido de la abuela, doña Francisca Sánchez.
Como a las cuatro de la mañana llegaba la abuela hasta su cama.

—Ándele muchacho, ya alevántese vamos a visitar a su tía al rancho San Ciro.
Nomás a 17 kilómetros de distancia

Pedraza: “Y nos íbamos, caminando. A mí me gustaba correr por tramos. Nosotros, chamacos de rancho, no teníamos ni idea de qué era el atletismo, pero desde chiquillos, mis hermanos y yo organizábamos nuestras carreritas”.

Había aprendido a admirar a aquellos soldados que patrullaban la zona, le infundían un gran respeto. Así que un día, sin meditarlo mucho, dejó el pueblo y se inscribió en Transmisiones, en el Campo Militar.

Y soñó con competir en los Juegos Olímpicos.

Primer éxito en caminata. los Centroamericanos de 1966 en Puerto Rico.

Pedraza: “Fue mi primer viaje fuera de México. Y era también, la primera vez que en este tipo de Juegos se disputaba la caminata. Los 10 kilómetros los gané”.

En los primeros meses de 1967, ya con Jerzey Hausleber al frente, el equipo nacional de caminata hizo su debut en Europa.

No sin el cobijo de mi bandera...
Pedraza: “Llegamos a una competencia en Postdam, Polonia, y en la ceremonia inaugural ondeaban las banderas, menos la de México. Y protesté. Mi actitud enardeció al público, que empezó a gritarnos, pero cuando gané, todos me aplaudieron... En la premiación, ondeaba en lo alto nuestro bello lábaro patrio... ¿Cómo competir en el extranjero sin mi bandera?

Del lugar 12 al podio olímpico
Y llegó el día olímpico: 14 de octubre de 1968.

Esa tarde, el estadio México 68 lucía pletórico.

Pedraza: Nunca calculamos que, al salir del estadio, uno de los andarines iba a pisarme y a safarme el zapato. Cuando vi que el grupo se me adelantó como 40 metros perdí la cabeza. Competí tan a lo loco, que al llegar a los primeros 5 kilómetros ya estaba en la punta, con el grupo en el que se encontraban Golubnichy, Smaga, Reimann, el japonés Saito y el estadunidense Rudy Haluza. Iba al parejo de ellos, pero ni mi respiración ni mis pulsaciones estaban bien y poco a poco fui perdiendo terreno.

A los 12 kilómetros marchaba en el décimosegundo lugar, pero no me encontraba a mí mismo; parecía que no sabía caminar. Un grito de Hausleber me hizo reaccionar. Entonces apreté y paulatinamente empecé a mejorar hasta que en el kilómetro 16, pasé al tercer lugar, detrás de los soviéticos. En esos momentos me sentí feliz: “Ya tengo una medalla... Pero voy por más”. Estaba seguro de que los alcanzaría antes de la subida al estadio, pero entonces surgió otro problema: me tropecé antes de la subida y para no cometer un faul, tuve que hincar la rodilla en el piso. ¡Qué mala suerte!. . . Otra vez, cuando ya los tenía a unos cuantos metros, los soviéticos volvían a escapárseme. Perdí como seis metros, distancia que a esas alturas, es ya muy importante.
Cuando llegamos al estadio, ellos aprovecharon la bajada. Sabían que yo nunca me había distinguido por ser un buenazo para recorrer las pendientes, así que me vi forzado a dar más y más.

La llegada de los soviéticos a la pista causó, estupor. La de Pedraza, un alarido. La prueba se redujo, ya, a esos 300 metros.

¿Flotó? ¡A quién le importa!
Pedraza atacó con rabia.

Hay quienes dicen que violó los reglamentos de la caminata en esa violenta acometida final. Lo cierto es que, centímetro a centímetro, Pedraza iba reduciendo la ventaja de los soviéticos.

Es la primera curva. Smaga cede ante el brutal acoso. Es rebasado por Pedraza. Pero va tras él. Y el mexicano tras Golubnichy.

Pedraza: “Cuando pasé a Smaga me dije: ‘Sí puedo, sí puedo’ y concentré mi atención en Golubnichy. Sentí que lo alcanzaba. Pude escuchar su muy agitada respiración. Pero en los últimos 50 metros, él dio el resto; ese que yo había perdido cuando me pisaron y ya no pude alcanzarlo.
Quedé a paso y medio de él, con una rabia infinita por no haber sido capaz de ganar...

Sólo dos segundos entre primero y segundo; tres entre segundo y tercero.

Pedraza agradecía la ovación.

Pero lo hacía con un lamento interior: “Me había preparado para ganar... Y comprendía que esa medalla de plata era la consecuencia de mis propios yerros.

El error de los 50km
Tres días después, los 50 kilómetros.

Una locura, dirá Pedraza: “Un gran error en la programación. Otro error de mexicanos: el profesor Molina Celis las colocó tan cerca una de la otra, porque nunca entendió que la caminata podía dar varias medallas a nuestro país.

“A los 22 kilómetros iba vomitando. Tenía deshecho el hígado. Sentía que todo se me movía. Cuando se me acercaban para darme indicaciones, ni las escuchaba. A los 40, una vez que me recuperé, me encontraba en el sitio 32; cuando entramos al estadio marchaba en décimo y finalmente llegué en octavo, a 17 minutos del ganador, el alemán oriental Christoph Hohne.

La medalla de plata de José Pedraza fue la única que México ganó en el certamen atlético de los Juegos.

Por los pantalones de un general
¿Y después?

Terminaron los Juegos y yo seguí en el deporte hasta que mi director, José Suástegui Salgado, un viejo general, me lo permitió. Debo decir que, si por él hubiera sido, yo jamás hubiera llegado a los Juegos. Mi general Marcelino García Barragán era quien directamente me extendía los permisos. Él sí entendía la posición que tenía nuestro país como anfitrión de la Olimpiada.

Cuando después de mis vacaciones, me presenté al cuartel a las 7:45 de la mañana del 22 de diciembre de ese nuestro año olímpico, el general Suástegui se me quedó mirando socarronamente y me dijo: “¡ah, qué muchachito, mire nomás qué bonito se ve! Vamos a ver si es cierto... ¡A ver, oficial de guardia, que éste reciba la guardia! ¡A ver si es tan bueno como dicen!”.

Recibí la guardia el 22, y el 23 quedé arrestado. Salí hasta el 17 de abril, nada más por sus pantalones...

Pero estaba tan desanimado por todo lo que había sucedido que, pese a haberme ganado un lugar, ya no quise Ir a los Juegos Centroamericanos Y del Caribe. Luego murió mi esposa y pues menos. Me negué a ir a los panamericanos de Cali en 1971 y también a los Olímpicos de Munich. No había entrenado lo suficiente.

“Al deporte le di todo. Me gustó desde que era niño y jamás lo practiqué con desgano. Primero fui corredor y luego marchista y en todos esos años tuve satisfacciones y penurias”.

Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL