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| 1968 |
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“Los primeros saltos me habían salido muy bien y me mantenía en segundo lugar. Cuando llegaron los últimos cuatro, los libres, yo mismo me motivaba: ‘ahora sí, la medalla no se me escapa’". |
| México |
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| Álvaro Gaxiola
Robles |
Plata en Clavados | Plataforma 10 metros |
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Álvaro
Gaxiola en la plataforma, en busca de
un sueño.
ARCHIVO EL UNIVERSAL
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Ficha Técnica |
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Álvaro
Gaxiola Robles
Clavadista
Medalla de plata
Juegos Olímpicos México,
1968.
Fecha de nacimiento: 26 de enero de 1937
Lugar de nacimiento: Guadalajara, Jalisco.
Fecha de fallecimiento: 18 de agosto de
2003.
Especialidad: Plataforma de 10 metros |
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México, Distrito Federal
26 de octubre de 1968.
Enero de 1968.
Insistía, ante su marido, Sylvia Widell de Gaxiola:
-¿Por qué no lo intentas... No creo que te cueste
mucho trabajo.
-Pero... Ya han pasado más de tres años desde
mí último salto.
Aquel salto...Recordarlo era volver a encerrarse en sí
mismo. Era vivir nuevamente el intenso drama.
Septiembre de 1964... A sólo un mes de la XVIII Olimpiada,
en Tokio.
Fosa de clavados de Ciudad Universitaria.
Practica Álvaro Gaxiola, seleccionado nacional, los
clavados con giros; esos, los que dan medallas. De repente,
lo inesperado: falla ligeramente el cálculo pero, en
el deporte y en especial en éste, en el que el cuerpo
cae a gran velocidad y en caprichosas maniobras al encuentro
con el agua, un error de milímetros puede ser mortal.
Sólo un rozón, por fortuna. Pero madera y metal
rasgan la piel de la cara del clavadista. Y producen una aparatosa
herida que sin ser muy peligrosa, sin causar dolor, requiere
a cambio de 20 puntos de sutura que zigzaguean desde lo alto
de la frente hasta la nariz. Y producen, sobre todo, la gran
pena: Álvaro Gaxiola queda fuera del equipo
Recuerdos, dolorosos recuerdos
Y llegaban también aquellos, los que lo remontaban
hasta los Juegos Olímpicos de Roma en 1960: cuarto
lugar en trampolín; tan próximo a las medallas
y tan lejano a la gloria olímpica.
Le devolvía a la realidad la voz de su esposa:
-Pero conservas la calidad... Y en esta ocasión los
Juegos van a ser en tu país. Me sentiría muy
orgullosa si lo intentaras.
-Ya estoy muy viejo para esto ?nació el 26 de enero
de 1937?. No se te olvide que estoy por cumplir 31 años.
Tenía 10 meses para recuperar el estado físico,
atlético, técnico y mental de que requiere para
la competencia un deportista olímpico. Faltaban 10
meses para los Juegos Olímpicos de México 68,
poco tiempo y sin embargo, el suficiente...
Se decidió. Al día siguiente, causó la
gran sorpresa en el doctor Eduardo Hay, en ese entonces presidente
del Comité Olímpico Mexicano:
-Quisiera conseguir un lugar en el equipo nacional...
Nueve meses después, el 26 de octubre de 1968, Álvaro
Gaxiola se encontraba en el podio de los ganadores. con una
medalla de plata conquistada en la plataforma de los 10 metros.
Infancia futbolera
El futbol lo era todo en la infancia de Álvaro Gaxiola.
No obstante las frecuentes invitaciones de su hermano Alejandro
?dos años menor? para que se le uniera en las prácticas
de la natación, él había pedido a sus
padres, Álvaro Gaxiola Dávalos y Elisa Robles
de Gaxiola, que lo inscribieran en las fuerzas infantiles
del club América.
Jugaba como centro delantero.
“Mi mayor sueño era jugar en la primera división
y con el América. ¡Con ningún otro! Hasta
la fecha no sé por qué le iba yo a ese equipo”...
Ingresó a las fuerzas infantiles de¡ club capitalino
y recuerda entre otros a Juan Arrieta, al Negro Figueroa,
al Yuca Iturralde, a Juan Bosco y a Pedro Malpica. Ellos fueron
sus compañeros hasta juveniles... Hasta el día
aquel, en el que su destino quedaría enfilado hacia
nuevos senderos.
Sucedió que por invitación de un amigo, a su
hermano Alejandro, quien nadaba en el centro acuático
de la unidad Miguel Alemán le harían una prueba
en el equipo infantil de nado de la UNAM, que entrenaba el
profesor Manuel Herrera, quien había conjuntado bajo
a varios de los mejores nadadores del país.
La prueba se realizaría en la alberca Aragón,
en la avenida de los Insurgentes, muy cercana al cine Manacar.
Y Álvaro, que tenía apenas 13 años, acompañó
a su hermano para desearle suerte.
Y mientras Alejandro se colocaba el traje de baño,
Álvaro quedó curioseando a la orilla de la alberca.
Hasta que fue descubierto por el maestro Herrera.
-¿Quién es ese joven? ?preguntó el instructor
-Es hermano, de Alejandro.
-A ver jovencito, usted también venga a entrenar.
-¿Yoooooo?
-Sí, usted... A ver: nade de pecho.
“Y pues no me gustó, pero había que apoyar
a mi hermano. Después, cuando él fue aprobado
e ingresó al equipo, la natación se practicaba
en la alberca de Ciudad Universitaria, en donde reinaba un
gran ambiente. En esa escuadra destacaban, entre otros, César
Borja y Miguel Cornejo. Yo ya llevaba seis o siete meses nadando
de pecho, lo que realmente no me gustaba.”
Pero, en una ocasión, se iban a hacer ciertas composturas
a la piscina de Ciudad Universitaria y el equipo entero se
fue a nadar al Deportivo Chapultepec, que era uno de los mejores
en el deporte acuático de la capital. Ahí entrenaba,
sobre todo, la gran gema: el clavadista Joaquín Capilla,
ya famoso por la medalla de bronce lograda en la Olimpiada
Londres de 1948.
En el deportivo Chapultepec, Álvaro Gaxiola se hizo
muy amigo de varios clavadistas y, en especial de Ricardo
Capilla, Juan Botella y Chavo Madrigal, quienes tenían
edades similares a la suya. Y en virtud de que la natación
le aburría y de que era constantemente invitado por
sus amigos a lanzarse del trampolín o de la plataforma,
Gaxiola fue cambiando poco a poco la alberca por la fosa.
No estaban nada mal aquellos, sus primeros clavados.
Gaxiola llamó, inclusive, la atención del ya
reconocido entrenador Mario Tovar quien le preguntó
en una ocasión:
-¿Quieres aprender a tirarte buenos clavados?
-Claro que sí maestro ?respondió Álvaro,
entusiasmado.
-Pues véngase al deportivo.. Pero, eso sí, tendrá
que trabajar mucho para estar aquí.
Las obras de compostura de la alberca de la UNAM llegaron
a su término. El grupo de nadadores universitarios
regresaría, pues, a su lugar de origen.
Y entonces, se presentó a Gaxiola la gran alternativa:
. ¿Futbol, equipo universitario de natación
o de clavados en el deportivo Chapultepec.
“Sentía una gran inclinación por los clavados
y además de la motivación extraordinaria que
representaba estar al lado de Joaquín Capilla. Así
que ya no dudé más.”
Una mañana de agosto de 1951, ante Mario Tovar se presentó
aquel chiquillo rubio de sólo 14 años de edad:
-Maestro, quiero que usted me entrene; quiero ser un buen
clavadista.
Y Joaquín Capilla, campeón panamericano de trampolín
y plataforma ?Buenos Aires, Argentina, 1950? y medallista
de bronce olímpico ?plataforma en Londres?, tuvo a
partir de ese día un émulo más.
Resultado: al mes sostenía su primera competencia.
Participó en los Juegos de la Revolución y quedó
en tercer lugar.
“Estaba avanzando muy rápido y entonces cometí
el error de todo principiante que tiene éxito: llegué
al exceso de confianza. Vino una competencia que me hizo ver
mi nivel auténtico. Fue un torneo interuniversitario
en Guadalajara. Ahí me fue muy mal.“
Mario Tovar habló con él inmediatamente. Le
dijo:
-Estás todavía muy chamaco y te encuentras en
plena etapa de aprendizaje, Tienes, cualidades para llegar
a las alturas pero, para ello, tendrás que prepararte
y no sólo como clavadista, sino como persona. Concentrémonos
en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 1954 a realizarse
en Panamá.
Álvaro:
-Lo hice. Me concentré en esa competencia. Me preparé
intensamente y así, apenas al año y medio de
haberme iniciado en los clavados, gané un lugar en
el equipo que competiría en los Centroamericanos ?del
6 al 20 de marzo?.
En la justa de trampolín, Álvaro Gaxiola obtuvo
ante el asombro colectivo, la medalla de bronce. Fue superado
únicamente por sus .compatriotas Manuel Sevilla y por
supuesto, Joaquín Capilla. México también
hizo el 1-2-3 en plataforma: Joaquín y Alberto Capilla
y Rodolfo Perea.
Ingeniero de la Universidad de Michigan
Álvaro se graduó en la Universidad de Michigan
como ingeniero civil, y continuó entrenando.
Durante su estancia en Estados Unidos se dio tiempo para competir
en México, en los Juegos Panamericanos de 1955, en
los que no logró éxito alguno. No obstante,
en 1959 dio la gran sorpresa al triunfar en los Panamericanos
de Chicago donde superó a los estadounidenses Robert
Webster y Gary Tobian.
Era suyo, a pulso, el lugar que Joaquín Capilla dejara
vacante al retirarse después de obtener la medalla
de oro en la justa olímpica de Melbourne 1956.
“Joaquín acababa de alcanzar el éxito,
la medalla por la que había luchado a lo largo de tantos
años. Su retiro constituyó un reto para las
nuevas generaciones. El triunfo que conseguí en Chicago,
en una de mis mejores actuaciones en la plataforma, hizo concebir
esperanzas de que en Roma 1960 podríamos refrendar
lo hecho por Capilla en Melbourne. Juanito Botella y yo éramos
considerados como sus más viables sucesores.”
Pero la actuación de ambos distó mucho de lo
esperado.
Boltella falló su último salto en el trampolín
y rescató con un gran susto la medalla de bronce, después
de haber disputado arduamente la de oro. Gaxiola ocupó
apenas el cuarto lugar.
“Los Juegos Olímpicos de Roma no significaron
nada bueno para mí ni para Juanito. Mario Tovar tenía
una gran confianza en que los dos estaríamos entre
los ganadores, pero al final fracasamos. “
En ese entonces, Álvaro había culminado sus
estudios de ingeniería en la universidad de Michigan
y aunque tenía un buen trabajo en aquel estado de la
Unión Americana, optó por reinstalarse en México,
después de los juegos de Roma.
Y volvió a entrenar y a ser dirigido por Mario Tovar.
En los juegos Centroamericanos y del Caribe ?Kingston, Jamaica,
1962? obtuvo medalla de plata en trampolín y de oro
en plataforma. En la tabla fue superado por Juan Botella,
de quien se vengó en los diez metros; tercero fue Ricardo
Capilla.
Siguió preparándose. La mira, el nuevo objetivo,
era ahora la Olimpiada de Tokio, 1964. Y fue campeón
del selectivo para integrar el equipo de clavados.
Todo iba sobre ruedas, pero...
“Estaba practicando en la fosa de Ciudad Universitaria
los clavados de giros en el trampolín cuando, en uno
de ellos, un error de cálculo me hizo golpearme la
cara con la tabla y caí muy mal al agua. Fue un golpe
de rozón en la frente, que requirió de la inmediata
atención médica. “
Un viaje a Tokio fue cancelado.
El lugar de Gaxiola fue ocupado por su amigo Roberto Madrigal
quien, como él cuatro años atrás, finalizó
en cuarto lugar en la plataforma.
Gaxiola consideró que había llegado el momento
del retiro.
Sobre todo cuando, atendiendo a una especial invitación,
se trasladó a Estocolmo, Suecia, contratado por una
importante compañía telefónica. Ahí
se casó en agosto de 1965. Volvió en el invierno
de 1967.
Y ya aquí, la insistencia de Sylvia, la frenética
lucha contra el espectro de aquella fosa de clavados de Ciudad
Universitaria y ese golpe inoportuno... Hasta que llegó
el momento de decisión:
“En verdad, yo ni siquiera había pensado en competir
en nuestros Juegos. Y de no haber sido por la tenacidad de
mi esposa,Aquí, las cosas habían cambiado.”
Mario Tovar, considerado mundialmente como uno de los mejores
entrenadores, ya no estaba al frente del equipo de clavados.
Los dirigentes, enajenados en su afán de contar con
preparadores extranjeros, habían contratado al estadounidense
Jack Roth, quien trabajaba con un grupo de nuevos clavadistas
como José de Jesús Robinson, Luis Niño
de Rivera, Jorge Telch y varios más.
“Hablé en forma muy directa con el doctor Hay.
Le dije que trabajaba en una empresa de telefonía,
que estaba casado, que tenía una hija, que vivía
a unos minutos del CDOM y que tenía la gran ilusión
de representar a México en los Juegos Olímpicos
de nuestro país. El doctor confió en mí
y me permitió entrenar, sobre todo porque durante mis
estudios en la universidad de Michigan había conocido
a Roth.”
Y hubo que volver a empezar.
Dice Alberto Capilla, quien en esa época fungía
como director de la comisión de clavados:
-Álvaro destacó sobre sus compañeros,
lo que obviamente provocó celos de los clavadistas
más jóvenes que se sentían desplazados.
Esto llevó a Roth a exigir que la Federación
Mexicana de Natación prohibiera que Álvaro continuara...
Pero Javier Ostos, Antonio Mariscal y yo nos opusimos.
Se programó una gira de fogueo para el equipo mexicano
de clavados. Sería durante julio y se competiría
en varias fosas europeas.
Álvaro:
-Pese a que tuve poco tiempo para entrenar a partir del momento
de mi reaparición, califiqué para esa gira.
Entonces fuimos a la competencia de Bolsano, Italia, una de
las más prestigiosas en el medio y ahí derroté
a Klaus Dibiasi, en esos momentos el mejor clavadista del
mundo. Para mí, esa victoria representó mucho,
pues me dio la confianza total de que en octubre, podría
estar en inmejorables condiciones durante los Juegos.
Posteriormente, el equipo compitió en Alemania Oriental
y en la Unión Soviética.
El día más glorioso
Y de ahí, a los XIX Juegos Olímpicos de México
68.
Álvaro:
-Cuando inicié la
competencia estaba muy motivado. Más aún después
de mi primer salto, un simple al frente: me sentí tan
relajado y con tanta confianza que supe al instante, que sí,
que podría finalizar entre los tres primeros.
Noche de algarabía para el público mexicano:
26 de octubre: la final.
“Los primeros saltos me habían salido muy bien
y me mantenía en segundo lugar. Cuando llegaron los
últimos cuatro, los libres, yo mismo me motivaba: ‘ahora
sí, la medalla no se me escapa’. Cumplí
aceptablemente los saltos de vuelta y media al frente con
tres giros, vuelta atrás con dos giros y dos vueltas
y media adentro y alcancé puntuaciones que me daban
el primer lugar faltando sólo el último clavado.
“Si saltaba bien, tenía la medalla. Mi turno
fue primero. Me lancé un clavado, muy bien logrado,
de vuelta y media atrás en extensión. Pero Klaus
Dibiasi ejecutó un salto con más alto grado
de dificultad: dos y media vuelta en holandés; lo sacó
brillantemente y ahí me ganó la medalla de oro.”
Realizado su viejo anhelo, Gaxiola pudo retirarse en paz.
Se convirtió en entrenador. Llegó, inclusive,
a preparar al equipo mexicano que se adiestraba para competir
en los Juegos Olímpicos de Munich 72. Sin embargo,
no pudo estar presente en la competencia: en febrero de ese
año y por cuestiones de trabajo tuvo que trasladarse
a Inglaterra, lo que lo alejó de los clavados
Fragmentos de textos tomados
del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade
y EL UNIVERSAL. |