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2004

 

 

"No, no soy una corredora tramposa, eso quiero dejarlo muy claro, ese momento ha sido uno de los más desagradables de mi vida, porque era mentira y me habían metido en un problema que no era mío".
Atenas
  Ana Gabriela Guevara E.

  Iridia Salazar Blanco Oscar Salazar Blanco
   

Belem Guerrero Méndez

Plata en ciclismo/Carrera por puntos

Belem Guerrero (de rosa) con la colombiana María Luisa Calle (fondo) y la española Gema Pascual, durante la carrera por puntos de los Juegos Olímpicos Atenas 2004

  Ficha Técnica
 


» LA ESTRATEGIA
» ¿Una estrategia personal?
»SU TRICICLO APACHE…
» NO ERA SU MOMENTO…
» CUANDO LE GANABA A LOS NIÑOS…
» LO BUENO Y LO MALO
» ¡Y LAS BICICLETAS!
» PRIMERA MUJER MEXICANA EN LA RUTA OLÍMPICA…
» UNAS MONEDAS...

Para Belem, su concurso en Atenas tenía que ser a la mexicana.

Había estado en Atlanta 1996 y Sydney 2000.

“La tercera era la vencida...”, así lo presentía la perseverante ciclista, quien tendría su cita mas importante el 25 de agosto de 2004.

El escenario: el velódromo de Oaka.

La prueba ciclista: carrera por puntos.

“Estoy dispuesta a todo, voy a pelear como una leona”… fue su convicción antes de salir a Europa el 24 de julio a su último campamento antes de los Juegos Olímpicos de Atenas.

A su lado, el entrenador cubano Oscar Echevarría, su hermano Daniel –mecánico- y la psicóloga Marcela Martínez, además de dos baúles metálicos que resguardaban las dos bicicletas que utilizaría en la justa helénica en el mes de agosto y con las que entrenaría en Valencia, España.

Belem no se equivocó… porque fue precisamente como una “leona” la manera en que peleó hasta el último instante las catorce unidades que la llevaron al podio olímpico el 25 de agosto del 2004.

Fueron diez sprints que la llevaron a conseguir una medalla histórica en el ciclismo nacional al convertirse en la primera mujer mexicana en lograr un metal en justas veraniegas además de terminar con el ayuno de 20 años sin una presea olímpica en ciclismo.

Belem no pudo contener las lágrimas de la emoción que estremeció su interior al saberse ganadora de la segunda presea olímpica de la delegación aquel 25 de agosto del 2004, metal que con gran humildad dedicó a su país, pero sobre todo, que tenía un gran significado, una promesa cumplida a su padre, don Camilo, antes de viajar a la tierra de los dioses.

Ataviada de rosa y acompañada por su equipo multidisciplinario de trabajo, encabezado por el entrenador Oscar Echevarría, Belem Guerrero arribó con una hora de anticipación a la pista olímpica, para después ubicarse a las 16.50 horas en la línea de salida pintada en la pista de madera de 250 metros del Velódromo Olímpico ateniense, en donde con coraje y determinación, se jugó con todo su tercera participación en justas veraniegas.

En el primer embalaje, la mexicana se quedó lejos de los puntos, sin embargo tenía su propia estrategia. Para el segundo campanazo, Belem dio su primer ataque, manteniendo el ritmo impuesto por la australiana Katherine Bates, quien se adjudicó las primeras cinco unidades, seguida de la estadounidense Erin Mirabella y de la rusa Olga Slyussareva.

Concluidas las primeras veinte vueltas, la becaria del Compromiso Integral de México con sus Atletas, -fideicomiso de excelencia que respaldó en todo momento su preparación-, sumó sus primeros cinco puntos, para ubicarse en la tercera posición de la clasificación general hasta ese momento, de forma tal que se mantuvo entre el pelotón, demostrando resistencia y movimientos inteligentes para desplazarse de atrás, hacia delante, buscando la mejor ubicación.

Para el cuarto sprint, la veterana colombiana Maria Luisa Calles se subió al primer sitio, con 11 unidades, la siguió Belem Guerrero con 10, un punto de diferencia era el reto a vencer. La situación no cambiaba y la ciclista mexicana se mantenía en los puntos, así hasta la mitad de la competencia.

En los dos últimos embalajes, Belem Guerrero luchó como nunca lo había hecho por estar en el podio. La rusa ya tenía en su poder 19 unidades, arriba de ella, con 12, la italiana Vera Carrara. Sin embargo, en el último sprint, Guerrero Méndez se fue sola, acompañada de los dioses de olimpo, entró en tercer sitio para dos puntos más, mientras Carrara se fue en blanco. De esta forma, Belem concluyó su participación olímpica con catorce puntos, detrás de la rusa Slyussareva, quien se coronó con la medalla de oro y por encima de la colombiana Maria Luisa Calle.

Belem Guerrero quedó en segundo lugar general con 14 unidades ¡la de plata era para México!, y con ello alivió el ayuno de 20 años en que no conseguía una medalla olímpica desde aquél bronce obtenido por Manuel Youshimatz en Los Ángeles 1984.

Emocionada por su actuación, Belem, quien en el 2004 se ubicó como la número uno en la clasificación mundial declaró: “quiero disfrutar esta medalla con la gente que me ha apoyado, los que están detrás de mi, la gente humilde y hasta los más grandes, es trabajo de todos, no solo mío”.

El rostro de la medallista olímpica mexiquense se iluminaba al decir: “No importó la estrategia ni el desgaste, nada de eso. La medalla está ahora en mis manos y hay que disfrutarla. Me siento muy halagada de estar con las corredoras favoritas de todo el mundo, y simplemente se demostró que sí se puede. Sé que di todo, hice mi mejor esfuerzo, estaba muy cerca del oro, pero también fue difícil tratar de conseguir la plata o el bronce, así es que nada más me dije, ‘estoy aquí y tengo que cerrar con todo, morirme en la raya, porque no va a ver otra vez’. En Sydney se me escapó por un punto, por lo que tenía que forzar todo, mi espíritu, mi alma, el corazón”.

“Esta medalla es muy especial para mí, una medalla que refleja una prueba inteligente y que vió todo México. La gente sabe lo que me esforcé”.

Ante las expectativas de si al saborear la plata olímpica, diría adiós al ciclismo como lo había manifestado los últimos meses, indicó: “No creo. Se los diré después, voy a descansar un poco después de esta medalla y ya les diré el próximo año”.

LA ESTRATEGIA

–Fue una prueba muy disputada. Tenía que ser agresiva, correr con mucha inteligencia y con una estrategia muy bien definida.

–Me acuerdo muy bien de las últimas cinco vueltas, que fueron las definitivas, ya que estaba empatada con la colombiana María Luisa Calle con 12 puntos, y sabía que el último sprint sería definitivo. Y lo fue. Porque en los últimos mil metros todas le metimos, y yo sólo me le pegué a la colombiana, que era la que me podía quitar la medalla.

Cuando faltaban dos vueltas, se empezó a pelear la posición de punta para lanzarse por los puntos, hasta que salí de la última curva, le metí todo, ya que la alemana Katrin Meinke y la cubana Yoanka González, que ya no significaban peligro, se habían ido adelante. Sabía que tenía que acumular puntos y afortunadamente me ubiqué en la tercera posición para sacar dos unidades y con ello obtener la medalla.

Allá en Grecia, rodeada de cientos de periodistas de varios países que la vitorearon, la mexiquense asentó: “Sabía que podía estar en el podio, pero sólo lo podría conseguir actuando con inteligencia y una estrategia bien definida”.

¿Una estrategia personal?

–Tenía que desgastar a mis rivales. Cuando Sarah Ulmer se dio a la fuga nos sorprendió a todas, pero ella no pudo hacer muchos puntos, así que cuando regresó al grupo la sentí muerta. Me di cuenta de que era ya una oponente menos para el final. La gran favorita estaba fuera, mientras yo me sentía muy fuerte y me decía: ‘tengo que morirme en la raya porque no va a haber otra vez’.

Y di mi máximo esfuerzo en una competencia que, en verdad, estuvo muy reñida. Allá en Grecia, cuando se le recordaron las penurias que padeció, Belem –cuya amplia sonrisa contagió a todos, principalmente los periodistas de habla hispana– acertó a decir:

–Esta medalla es muy especial. Espero que todo México la goce. El oro estuvo cerca, pero tengo
la plata que es bienvenida...

Y apuntó, serena:

–Aunque antes haya sufrido lo que haya sufrido, ahora ya no me duele. Esta medalla se la merecen todos los que han estado cerca de mí e incluso, los que no, ya que es una medalla fruto del trabajo de muchos, no sólo mío. Los que pusieron trabas en el camino, sin darse cuenta, me obligaron a esforzarme más. No puedo amargarme el día con eso; no este momento, en el que estoy muy feliz.

En efecto, el sinuoso trayecto que recorrió la pedalista rumbo a la presea olímpica hubieran doblegado a cualquiera, menos a ella. Discriminaciones, desinterés y falta de recursos. Previo al año 2000, silenciosa, alejada de los reflectores, Belem soportó estoicamente las desigualdades marcadas por las autoridades que presidían la Federación Mexicana de Ciclismo, pero en este nuevo ciclo olímpico, contaba con el apoyo directo e incondicional de las autoridades deportivas de México y del Programa CIMA que respaldó su preparación rumbo a Atenas.

A pesar de los problemas, Belem Guerrero no ha perdido su sencillez, e incluso, agradece a quienes no confiaron en ella.

–No es tiempo de reclamos –dice Belem–. Doy gracias a quienes trataron de frenarme, porque gracias a ellos me hice más fuerte. También debo dar las gracias a quienes creyeron en todo momento en mí, como la CONADE y CIMA, me dolió mucho que después de Atenas se mal interpretara que no había tenido apoyo de ellos. Incluso que no tenía bicicletas para competir, pero es momento de aclararlo.

Una televisora hizo una campaña para obsequiarme una bici pero jamás fue porque no tuviera con qué competir, a lo mejor se manejó mal la información, yo estaba dedicada a lo mío, a mis competencias. No sabía lo que sucedía en México y lo que menos quería era perjudicar a quienes realmente estuvieron conmigo en las buenas y en las malas.

Con la presea de plata en las manos de Belem, el técnico cubano Oscar Echevarría también tomó revancha de anteriores agravios, ya que tras un intenso trabajo de cuatro años con el equipo de ruta -que culminó en los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996- fue despedido por el entonces titular de la federación, Herón Soberanes, quien no tomó en cuenta que en el terreno estadounidense hicieron acto de presencia los ciclistas profesionales, encabezados por el español Miguel Induráin, lo que impidió al resto -incluidos los mexicanos- aspirar a más.

Hoy, Echevarría gozaba del momento. Callaba, como Belem, varias bocas.
Sereno, coherente, sin mayores aspavientos, Oscar relató la actuación de su menudita ciclista, de apenas 1.60 metros de estatura:

–La estrategia fue la agresividad desde el principio. Le dije a Belem: ‘No vamos a desperdiciar el principio ni esperar lo que suceda con las demás’. Es decir: no depender del resto, sino hacer lo propio. La instrucción era acumular puntos desde el primer sprint y lo cumplió. Belem es una gran ciclista y una de sus principales virtudes es que corre por todos lados de la pista. Muchas son fuertes, pero no se meten a la candela –pelear en el grupo– y cuando una atleta no se mete, tiene que sacar la potencia. Belem tiene ambas virtudes.

Su triciclo Apache …

Aquel triciclo Apache parecía tener vida.

Era conducido de un lugar a otro de la casa, ubicada por el rumbo de Chalco. Todos los días era el mismo ajetreo de los pequeños traviesos de la casa.

Isabel, la hermana mayor, quería probar las habilidades de la conductora, su fuerza, su osadía. Y la retó: “A que no puedes jalar la televisión con tu triciclo”.

–A que sí –respondió la pequeña Belem.

Isabel la miró retadora; Belem, desafiante.

Estaba convencida de que podía responder a la apuesta.

Las hermanas Guerrero tomaron un resorte. Ataron un extremo al triciclo y el otro a las patas del televisor.

–A la una... a las dos... a las ¡tres! –gritaron a coro.
Belem pisó con fuerza el pedal derecho... y nada. Lo intentó con el izquierdo, pero el televisor ni se movió, mientras sentía que las ruedas traseras se le coleteaban.

–Ahora sí –dijo convencida Belem–. ¡Ahí voy!

De pronto, ¡crasssh!. Seco fue el sonido.

Doña Elena, madre de las dos traviesas, entró corriendo a la sala atraída por el ruido. Y su sorpresa: el costoso televisor yacía en el suelo, con el cinescopio destrozado, así como las pequeñas figuras de porcelana que la adornaban.

Las risas de las niñas cesaron.

No era su momento …

El 21 de septiembre de 2000, Belem se ubicó en el quinto sitio de la prueba de puntos de los Juegos Olímpicos de Sydney, disputada en el velódromo techado de Dunc Gray.
Dijo allá, apenas se bajó de su bicicleta:

–Se hizo lo que se pudo, No estoy satisfecha, hubiera querido más.
Belem sumó 12 puntos y quedó empatada con la alemana Judith Arndt. Subieron al podio la italiana Antonella Belluti, con 19 puntos; Leontin Zijlaard (Holanda), con 16 y Olga Slyusareva (Rusia) con 15.

Agregó Belem: “Mejoré mi lugar en Atlanta ‘96 donde quedé undécima con sólo 4 puntos... pero hoy quería más. Yo traté de iniciar las fugas, pero las demás no quisieron jalar parejo... Hice mi mejor esfuerzo pero no fructificó”.

Cuando le ganaba a los niños …

Recuerda Belem, con un dejo de nostalgia:

–Un señor siempre estaba en las tribunas del velódromo, me seguía con la mirada. Un día me prestó la bicicleta de uno de sus hijos, y no lo pensé dos veces: acepté. Así fue que durante muchos días llegaba al velódromo e iba directa a pedirle prestada la bici. Pero un día la rompí, choqué con ella. Incluso mi papá estaba algo chiveado, quería pagársela, pero ese señor no quiso. Supongo que le agradaba mi entusiasmo. Nunca supe su nombre, pero tampoco he dejado de agradecerle su ayuda.

Pero el entusiasmo de Belem no contagió a otros extraños, al contrario. Muchos padres de familia se oponían a que la niña compitiera con los demás infantes. Y más porque los trofeos de primer lugar no eran para ellos, sino para Belem.

–En una ocasión –rememora Belem– me pasó que ya en la línea de salida en las carreras infantiles hubo unos papás que me cargaron con todo y bicicleta y me sacaban de la pista. ¿Cómo una niña les iba a ganar a sus hijos? Yo sólo me ponía a llorar.

Cinco años después, su dominio de la jaca de acero era evidente.

A los 14 años era ya campeona nacional de pista en la categoría de mayores, y el Festival Olímpico Mexicano fue el escenario para probar que ya estaba lista –ganó las ediciones de 1990, 1991 y 1993– para alcanzar sitios mejores.

Y, como muchos deportistas, las carreras de ruta fueron necesarias para ir ganando algunos premios económicos. En el caso de Belem, éstos le permitieron hacerse de su primera bicicleta, ya con las medidas adecuadas.

–Era una bici negra, con puntitos rosas fluorescentes –recuerda.

Hoy, casi una docena de bicicletas han sustituido a la Bimex primera. Unas fueron regaladas bajo el patrocinio de Bettina Benotto, otras de la firma Turbo, unas más de la empresa Química San José y otras del consorcio italiano Acca Due Lorena, además de las que le ha comprado CIMA y TV Azteca.


Lo bueno y lo malo

30 de agosto. Burdeos, Francia.

Es el Campeonato Mundial de Ciclismo en el veloz velódromo techado de madera. Bello, impecable,magnífico. Está en el programa la prueba de puntos, o lo que es lo mismo: adrenalina, inteligenciay habilidad en la pista.
Belem revive, con emoción, aquel momento imborrable:

–Entré a la pista con frialdad, fuerza y ganas de tener un buen resultado. La adrenalina corría en
mí, la sentía. Todo empezó tranquilo y, cuando íbamos a la mitad, me lancé por la punta pese a
sentir ligeros dolores en las piernas. Sentía que el corazón latía como nunca y que la respiración iba al ciento por ciento.

En el giro 75, vino un accidente:

En el grupo, la bicicleta de Belem tocó a otra corredora dentro del grupo y, por la velocidad que
llevaba, derrapó la jaca de acero. En la rodilla y brazo izquierdos se registraron raspones, le ardían las heridas. Rápidamente recibió el auxilio del médico y del mecánico. Los comisarios aplicaron el reglamento: le concedieron tres vueltas de recuperación.

Prosigue Belem en su relato:

–Sentía un dolor de cabeza impresionante, no tanto por el golpe, sino porque había perdido algunos lugares y las piernas ya no me querían responder. Todo era confuso. Lo único que hice fue concentrarme y continuar. La desesperación que sentía por conseguir el triunfo me estaba minando...

La española Teodora Ruano aprovechó la debilidad de Belem y en el giro 85 aceleró el ritmo. Tres giros más tarde, Teresa tenía una vuelta de ventaja que le aseguraba la medalla áurea.

Lo único que le quedaba a la mexicana era pelear por la medalla de plata o la de bronce... y ella fue por la mejor.

–Acabé muerta, completamente cansada. Se aprende a disfrutar del dolor de las piernas, del cuerpo cortado como cuando tienes una gripe. En el podio sentía un nudo en la garganta. Se me salieron las lágrimas, todavía sentía miedo, angustia. Gané ciertamente una medalla de plata, pero pudo ser la de oro.

–El público se levantó, me aplaudió como nunca –ni en México me había pasado algo así–, me reconocían como una de las mejores del mundo.

El día siguiente fue de descanso total. Durmió 12 horas seguidas, incluso sin comer.
Al regresar a México, el recibimiento fue íntimo, en familia.

Con arroz y un guisado de pipían.

–Mis hermanos me felicitaron, me decían: “mis respetos, te admiramos”.
Y, también, del trago amargo; una piedra más en su camino:

–Unos días antes de salir a Francia, la inmiscuyeron en un lío de dopaje en el que estaban
envueltos varios ciclistas mexicanos, sin embargo, ante tantas fallas y anomalías en los controles
antidopaje aplicados en la justa mesoamericana, se rechazaron tales resultados y la Unión Ciclista

Internacional avaló su participación en el Campeonato Mundial de Burdeos.

Este es un recuerdo que duele en la memoria de Belem Guerrero por la falta de interés y apoyo de las autoridades correspondientes por limpiar su nombre.

–No, no soy una corredora tramposa, eso quiero dejarlo muy claro, ese momento ha sido uno de los más desagradables de mi vida, porque era mentira y me habían metido en un problema que no era mío. En verdad estaba apachurrada por lo que algunos hablaban de mí. En Venezuela me hicieron varios exámenes antidopaje: cuando gané la de puntos, uno; cuando quedé en tercer lugar en persecución, otro; y nunca encontraron nada, pues no había nada que encontrar. No tenía nada que deber ni de temer, pero hubo gente que me quiso hacer daño, manchar mi nombre, poner en entredicho mi carrera.

–Y la mejor prueba para esclarecer este asunto fue que la UCI me autorizó a competir en el Campeonato Mundial de Burdeos, una instancia internacional diferente a la ODECABE.

¿Y las bicicletas?
El 11 de agosto, Belem arribó por la noche a Atenas, procedente de Valencia, España... ¡sin sus bicicletas! Un desesperado SOS sobrevino en la delegación mexicana.

A la mente de algunos vino el recuerdo de lo sucedido a la también ciclista, Nancy Contreras, que también extravió su bicicleta previo a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se celebraron en República Dominicana.

Empezaron las deducciones: la línea Iberia las dejó en Valencia o se extraviaron en el aeropuerto de Atenas, que registraba un gran movimiento de personas y de equipajes. Pero el jueves 12, la alegría volvió al rostro de Belem. Tenía en su poder las bicicletas de ruta y de pista, no así la maleta con ropa y objetos personales.

Incluso, se dio tiempo para bromear ante el inesperado suceso:

–Huelo como europea –dijo con una sonrisa–. Estoy preocupada por la ropa, el desodorante y todo eso, pero qué le hacemos, estamos en Europa. Estoy acostumbrada a eso.

Bromeaba, pues el equipo español le prestó una, la de repuesto, que rápidamente armó su hermano Daniel. Incluso, el jueves rodó por la tarde.

–Ahora mi problema es comprar algo de ropa para no tener que lavar diario, como lo hice anoche, mi ropa interior –dijo Belem. Tras este incidente, había que enfocarse en la prueba dominical, la ruta.

Primera mujer mexicana en la ruta Olímpica …

El uniforme rosa con el que Belem Guerrero pasó a la historia en Atenas, deslumbró desde la competencia de ruta. Desafiando la tierra de los dioses, la mexiquense hizo su presentación en la extenuante prueba de ruta, misma que terminó después de 3 horas 33 minutos 35 segundos, ubicándose en el sitio 46 y formando parte del selecto grupo de 50 mujeres que sí pudieron concluir el certamen.

Sin sufrir ninguna caída como se rumoró en la competencia, Belem Guerrero demostró su casta en las pruebas de resistencia y se convirtió en la primera mujer mexicana en concluir una prueba de ruta en Juegos Olímpicos, sobreponiéndose al fuerte calor que reinaba a las 15:00 horas de aquel 15 de agosto, cuando inició la competencia, además del fuerte viento que soplaba en las calles y sitios turísticos en los que se trazó el recorrido de 118.8 kilómetros que constó la ruta femenil en la ciudad helénica y que implicó nueve vueltas al circuito.

La seleccionada nacional peleó cada peldaño, tras salir en la posición número 61, ya que al no contar con un equipo, su participación fue relegada detrás de las mejores especialistas de ruta del mundo, junto con sus homólogas de El Salvador y Guatemala, que como ella rodaron como únicas representantes de su país.

En el recorrido se pudo observar a Belem Guerrero por algunos instantes peleando codo a codo con la rusa Olga Slyussareva, una de sus rivales en la prueba por puntos, que en esta ocasión fue medalla de bronce, sin importarle haber salido en una posición tan retrasada, por lo que su mejor ubicación fue cuando ocupó el lugar número 13 al cumplirse el kilómetro 36.6, aunque después se relegó al sufrir molestias por una posible mala hidratación, que le advirtieron posibles calambres.

Unas monedas...

Quedaban, pues, horas para su gran cita: el 25 de agosto de 2004.

Pero, aún quedaba un imponderable. Una situación que, de no salvarse, pudo cambiar el curso de la historia...

Sucedió que, por un momento, Belem corrió el riesgo de no competir.

Daniel, su hermano y mecánico, se dio cuenta de que la bicicleta de Belem no pesaba los 6.800 kilogramos reglamentarios; le faltaban unos gramos. ¿Qué hacer? La amenaza de la báscula, la rigidez de los reglamentos y el tiempo que apremiaba urgía encontrar una solución.

Daniel recordó que traía unas monedas mexicanas en su maleta.

Las juntó cuidadosamente. Eran cinco monedas de cinco pesos, que tal vez pensó en utilizar como souvenirs, pero en ese momento eran los 30 gramos que se requerían para salvar el problema.Y así, juntas, las envolvió y las pegó con cinta de aislar en el manubrio.

Exacto fue el peso. Belem pudo competir. Y ganar la medalla de plata...

Esos 25 pesos fueron, tal vez, la gran diferencia entre la presea y la desolación.

Ese amuleto, ingenio de Daniel debido a la circunstancia, fue definitivo.

Cada cual había hecho su parte. Tocaría a Belem escribir su historia, su tercer momento olímpico; su pase a la gloria. Y, por fin, llegó el día; su hora cero.

Así se repartieron los puntos, al final del a carrera:
1.- Olga Slyusareva, Rusia, 20.
2.- Belem Guerrero, México, 14.
3.- María L. Calle, Colombia, 12.
4.- Erin Mirabella, Estados Unidos, 9.
5.- Vera Carrara, Italia, 8.
6.- Sarah Ulmer, Nueva Zelanda, 8.

Tres días después, una gran decepción para el ciclismo: el Comité Olímpico Internacional dio a conocer que la colombiana María Luisa Calle Williams había dado positivo en el examen antidopaje y que, por lo tanto, había que entregar la medalla de bronce obtenida en la lid. Calle, de 35 años, utilizó la sustancia heptaminol, por lo que la presea de bronce quedó finalmente en manos de la estadounidense Mirabella.

Si Calle había decepcionado a los colombianos, la demostración de humildad y enorme esfuerzo desplegado por Belem cautivó a los mexicanos. Pero cabe señalar: en octubre de 2005, la UCI decidió otorgar nuevamente la presea a Calle, debido a varias anomalías en las pruebas antidopaje en la justa olímpica.

Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

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