| 2004 |
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"No, no soy una
corredora tramposa, eso quiero dejarlo muy claro,
ese momento ha sido uno de los más desagradables
de mi vida, porque era mentira y me habían
metido en un problema que no era mío". |
| Atenas |
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Belem Guerrero Méndez
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Plata en ciclismo/Carrera por puntos
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Belem
Guerrero (de rosa) con la colombiana María
Luisa Calle (fondo) y la española
Gema Pascual, durante la carrera por puntos
de los Juegos Olímpicos Atenas
2004
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Ficha Técnica |
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Para Belem, su
concurso en Atenas tenía que ser a la mexicana.
Había estado en Atlanta
1996 y Sydney 2000.
“La tercera era la vencida...”,
así lo presentía la perseverante ciclista, quien
tendría su cita mas importante el 25 de agosto de 2004.
El escenario: el velódromo
de Oaka.
La prueba ciclista: carrera
por puntos.
“Estoy dispuesta a todo,
voy a pelear como una leona”… fue su convicción
antes de salir a Europa el 24 de julio a su último
campamento antes de los Juegos Olímpicos de Atenas.
A su lado, el entrenador cubano
Oscar Echevarría, su hermano Daniel –mecánico-
y la psicóloga Marcela Martínez, además
de dos baúles metálicos que resguardaban las
dos bicicletas que utilizaría en la justa helénica
en el mes de agosto y con las que entrenaría en Valencia,
España.
Belem no se equivocó…
porque fue precisamente como una “leona” la manera
en que peleó hasta el último instante las catorce
unidades que la llevaron al podio olímpico el 25 de
agosto del 2004.
Fueron diez sprints que la llevaron
a conseguir una medalla histórica en el ciclismo nacional
al convertirse en la primera mujer mexicana en lograr un metal
en justas veraniegas además de terminar con el ayuno
de 20 años sin una presea olímpica en ciclismo.
Belem no pudo contener las lágrimas
de la emoción que estremeció su interior al
saberse ganadora de la segunda presea olímpica de la
delegación aquel 25 de agosto del 2004, metal que con
gran humildad dedicó a su país, pero sobre todo,
que tenía un gran significado, una promesa cumplida
a su padre, don Camilo, antes de viajar a la tierra de los
dioses.
Ataviada de rosa y acompañada
por su equipo multidisciplinario de trabajo, encabezado por
el entrenador Oscar Echevarría, Belem Guerrero arribó
con una hora de anticipación a la pista olímpica,
para después ubicarse a las 16.50 horas en la línea
de salida pintada en la pista de madera de 250 metros del
Velódromo Olímpico ateniense, en donde con coraje
y determinación, se jugó con todo su tercera
participación en justas veraniegas.
En el primer embalaje, la mexicana
se quedó lejos de los puntos, sin embargo tenía
su propia estrategia. Para el segundo campanazo, Belem dio
su primer ataque, manteniendo el ritmo impuesto por la australiana
Katherine Bates, quien se adjudicó las primeras cinco
unidades, seguida de la estadounidense Erin Mirabella y de
la rusa Olga Slyussareva.
Concluidas las primeras veinte
vueltas, la becaria del Compromiso Integral de México
con sus Atletas, -fideicomiso de excelencia que respaldó
en todo momento su preparación-, sumó sus primeros
cinco puntos, para ubicarse en la tercera posición
de la clasificación general hasta ese momento, de forma
tal que se mantuvo entre el pelotón, demostrando resistencia
y movimientos inteligentes para desplazarse de atrás,
hacia delante, buscando la mejor ubicación.
Para el cuarto sprint, la veterana colombiana Maria Luisa
Calles se subió al primer sitio, con 11 unidades, la
siguió Belem Guerrero con 10, un punto de diferencia
era el reto a vencer. La situación no cambiaba y la
ciclista mexicana se mantenía en los puntos, así
hasta la mitad de la competencia.
En los dos últimos embalajes, Belem Guerrero luchó
como nunca lo había hecho por estar en el podio. La
rusa ya tenía en su poder 19 unidades, arriba de ella,
con 12, la italiana Vera Carrara. Sin embargo, en el último
sprint, Guerrero Méndez se fue sola, acompañada
de los dioses de olimpo, entró en tercer sitio para
dos puntos más, mientras Carrara se fue en blanco.
De esta forma, Belem concluyó su participación
olímpica con catorce puntos, detrás de la rusa
Slyussareva, quien se coronó con la medalla de oro
y por encima de la colombiana Maria Luisa Calle.
Belem Guerrero quedó
en segundo lugar general con 14 unidades ¡la de plata
era para México!, y con ello alivió el ayuno
de 20 años en que no conseguía una medalla olímpica
desde aquél bronce obtenido por Manuel Youshimatz en
Los Ángeles 1984.
Emocionada por su actuación, Belem, quien en el 2004
se ubicó como la número uno en la clasificación
mundial declaró: “quiero disfrutar esta medalla
con la gente que me ha apoyado, los que están detrás
de mi, la gente humilde y hasta los más grandes, es
trabajo de todos, no solo mío”.
El rostro de la medallista olímpica
mexiquense se iluminaba al decir: “No importó
la estrategia ni el desgaste, nada de eso. La medalla está
ahora en mis manos y hay que disfrutarla. Me siento muy halagada
de estar con las corredoras favoritas de todo el mundo, y
simplemente se demostró que sí se puede. Sé
que di todo, hice mi mejor esfuerzo, estaba muy cerca del
oro, pero también fue difícil tratar de conseguir
la plata o el bronce, así es que nada más me
dije, ‘estoy aquí y tengo que cerrar con todo,
morirme en la raya, porque no va a ver otra vez’. En
Sydney se me escapó por un punto, por lo que tenía
que forzar todo, mi espíritu, mi alma, el corazón”.
“Esta medalla es muy especial
para mí, una medalla que refleja una prueba inteligente
y que vió todo México. La gente sabe lo que
me esforcé”.
Ante las expectativas de si al saborear la plata olímpica,
diría adiós al ciclismo como lo había
manifestado los últimos meses, indicó: “No
creo. Se los diré después, voy a descansar un
poco después de esta medalla y ya les diré el
próximo año”.
LA ESTRATEGIA
–Fue una prueba muy disputada.
Tenía que ser agresiva, correr con mucha inteligencia
y con una estrategia muy bien definida.
–Me acuerdo muy bien de
las últimas cinco vueltas, que fueron las definitivas,
ya que estaba empatada con la colombiana María Luisa
Calle con 12 puntos, y sabía que el último sprint
sería definitivo. Y lo fue. Porque en los últimos
mil metros todas le metimos, y yo sólo me le pegué
a la colombiana, que era la que me podía quitar la
medalla.
Cuando faltaban dos vueltas,
se empezó a pelear la posición de punta para
lanzarse por los puntos, hasta que salí de la última
curva, le metí todo, ya que la alemana Katrin Meinke
y la cubana Yoanka González, que ya no significaban
peligro, se habían ido adelante. Sabía que tenía
que acumular puntos y afortunadamente me ubiqué en
la tercera posición para sacar dos unidades y con ello
obtener la medalla.
Allá en Grecia, rodeada
de cientos de periodistas de varios países que la vitorearon,
la mexiquense asentó: “Sabía que podía
estar en el podio, pero sólo lo podría conseguir
actuando con inteligencia y una estrategia bien definida”.
¿Una estrategia personal?
–Tenía que desgastar
a mis rivales. Cuando Sarah Ulmer se dio a la fuga nos sorprendió
a todas, pero ella no pudo hacer muchos puntos, así
que cuando regresó al grupo la sentí muerta.
Me di cuenta de que era ya una oponente menos para el final.
La gran favorita estaba fuera, mientras yo me sentía
muy fuerte y me decía: ‘tengo que morirme en
la raya porque no va a haber otra vez’.
Y di mi máximo esfuerzo
en una competencia que, en verdad, estuvo muy reñida.
Allá en Grecia, cuando se le recordaron las penurias
que padeció, Belem –cuya amplia sonrisa contagió
a todos, principalmente los periodistas de habla hispana–
acertó a decir:
–Esta medalla es muy especial.
Espero que todo México la goce. El oro estuvo cerca,
pero tengo
la plata que es bienvenida...
Y apuntó, serena:
–Aunque antes haya sufrido
lo que haya sufrido, ahora ya no me duele. Esta medalla se
la merecen todos los que han estado cerca de mí e incluso,
los que no, ya que es una medalla fruto del trabajo de muchos,
no sólo mío. Los que pusieron trabas en el camino,
sin darse cuenta, me obligaron a esforzarme más. No
puedo amargarme el día con eso; no este momento, en
el que estoy muy feliz.
En efecto, el sinuoso trayecto
que recorrió la pedalista rumbo a la presea olímpica
hubieran doblegado a cualquiera, menos a ella. Discriminaciones,
desinterés y falta de recursos. Previo al año
2000, silenciosa, alejada de los reflectores, Belem soportó
estoicamente las desigualdades marcadas por las autoridades
que presidían la Federación Mexicana de Ciclismo,
pero en este nuevo ciclo olímpico, contaba con el apoyo
directo e incondicional de las autoridades deportivas de México
y del Programa CIMA que respaldó su preparación
rumbo a Atenas.
A pesar de los problemas, Belem
Guerrero no ha perdido su sencillez, e incluso, agradece a
quienes no confiaron en ella.
–No es tiempo de reclamos
–dice Belem–. Doy gracias a quienes trataron de
frenarme, porque gracias a ellos me hice más fuerte.
También debo dar las gracias a quienes creyeron en
todo momento en mí, como la CONADE y CIMA, me dolió
mucho que después de Atenas se mal interpretara que
no había tenido apoyo de ellos. Incluso que no tenía
bicicletas para competir, pero es momento de aclararlo.
Una televisora hizo una campaña
para obsequiarme una bici pero jamás fue porque no
tuviera con qué competir, a lo mejor se manejó
mal la información, yo estaba dedicada a lo mío,
a mis competencias. No sabía lo que sucedía
en México y lo que menos quería era perjudicar
a quienes realmente estuvieron conmigo en las buenas y en
las malas.
Con la presea de plata en las
manos de Belem, el técnico cubano Oscar Echevarría
también tomó revancha de anteriores agravios,
ya que tras un intenso trabajo de cuatro años con el
equipo de ruta -que culminó en los Juegos Olímpicos
de Atlanta, en 1996- fue despedido por el entonces titular
de la federación, Herón Soberanes, quien no
tomó en cuenta que en el terreno estadounidense hicieron
acto de presencia los ciclistas profesionales, encabezados
por el español Miguel Induráin, lo que impidió
al resto -incluidos los mexicanos- aspirar a más.
Hoy, Echevarría gozaba
del momento. Callaba, como Belem, varias bocas.
Sereno, coherente, sin mayores aspavientos, Oscar relató
la actuación de su menudita ciclista, de apenas 1.60
metros de estatura:
–La estrategia fue la
agresividad desde el principio. Le dije a Belem: ‘No
vamos a desperdiciar el principio ni esperar lo que suceda
con las demás’. Es decir: no depender del resto,
sino hacer lo propio. La instrucción era acumular puntos
desde el primer sprint y lo cumplió. Belem es una gran
ciclista y una de sus principales virtudes es que corre por
todos lados de la pista. Muchas son fuertes, pero no se meten
a la candela –pelear en el grupo– y cuando una
atleta no se mete, tiene que sacar la potencia. Belem tiene
ambas virtudes.
Su triciclo Apache …
Aquel triciclo Apache parecía
tener vida.
Era conducido de un lugar a
otro de la casa, ubicada por el rumbo de Chalco. Todos los
días era el mismo ajetreo de los pequeños traviesos
de la casa.
Isabel, la hermana mayor, quería
probar las habilidades de la conductora, su fuerza, su osadía.
Y la retó: “A que no puedes jalar la televisión
con tu triciclo”.
–A que sí –respondió
la pequeña Belem.
Isabel la miró retadora;
Belem, desafiante.
Estaba convencida de que podía
responder a la apuesta.
Las hermanas Guerrero tomaron
un resorte. Ataron un extremo al triciclo y el otro a las
patas del televisor.
–A la una... a las dos...
a las ¡tres! –gritaron a coro.
Belem pisó con fuerza el pedal derecho... y nada. Lo
intentó con el izquierdo, pero el televisor ni se movió,
mientras sentía que las ruedas traseras se le coleteaban.
–Ahora sí –dijo
convencida Belem–. ¡Ahí voy!
De pronto, ¡crasssh!.
Seco fue el sonido.
Doña Elena, madre de
las dos traviesas, entró corriendo a la sala atraída
por el ruido. Y su sorpresa: el costoso televisor yacía
en el suelo, con el cinescopio destrozado, así como
las pequeñas figuras de porcelana que la adornaban.
Las risas de las niñas
cesaron.
No era su momento …
El 21 de septiembre de 2000,
Belem se ubicó en el quinto sitio de la prueba de puntos
de los Juegos Olímpicos de Sydney, disputada en el
velódromo techado de Dunc Gray.
Dijo allá, apenas se bajó de su bicicleta:
–Se hizo lo que se pudo,
No estoy satisfecha, hubiera querido más.
Belem sumó 12 puntos y quedó empatada con la
alemana Judith Arndt. Subieron al podio la italiana Antonella
Belluti, con 19 puntos; Leontin Zijlaard (Holanda), con 16
y Olga Slyusareva (Rusia) con 15.
Agregó Belem: “Mejoré
mi lugar en Atlanta ‘96 donde quedé undécima
con sólo 4 puntos... pero hoy quería más.
Yo traté de iniciar las fugas, pero las demás
no quisieron jalar parejo... Hice mi mejor esfuerzo pero no
fructificó”.
Cuando le ganaba a los niños …
Recuerda Belem, con un dejo
de nostalgia:
–Un señor siempre
estaba en las tribunas del velódromo, me seguía
con la mirada. Un día me prestó la bicicleta
de uno de sus hijos, y no lo pensé dos veces: acepté.
Así fue que durante muchos días llegaba al velódromo
e iba directa a pedirle prestada la bici. Pero un día
la rompí, choqué con ella. Incluso mi papá
estaba algo chiveado, quería pagársela, pero
ese señor no quiso. Supongo que le agradaba mi entusiasmo.
Nunca supe su nombre, pero tampoco he dejado de agradecerle
su ayuda.
Pero el entusiasmo de Belem
no contagió a otros extraños, al contrario.
Muchos padres de familia se oponían a que la niña
compitiera con los demás infantes. Y más porque
los trofeos de primer lugar no eran para ellos, sino para
Belem.
–En una ocasión
–rememora Belem– me pasó que ya en la línea
de salida en las carreras infantiles hubo unos papás
que me cargaron con todo y bicicleta y me sacaban de la pista.
¿Cómo una niña les iba a ganar a sus
hijos? Yo sólo me ponía a llorar.
Cinco años después,
su dominio de la jaca de acero era evidente.
A los 14 años era ya
campeona nacional de pista en la categoría de mayores,
y el Festival Olímpico Mexicano fue el escenario para
probar que ya estaba lista –ganó las ediciones
de 1990, 1991 y 1993– para alcanzar sitios mejores.
Y, como muchos deportistas,
las carreras de ruta fueron necesarias para ir ganando algunos
premios económicos. En el caso de Belem, éstos
le permitieron hacerse de su primera bicicleta, ya con las
medidas adecuadas.
–Era una bici negra, con
puntitos rosas fluorescentes –recuerda.
Hoy, casi una docena de bicicletas
han sustituido a la Bimex primera. Unas fueron regaladas bajo
el patrocinio de Bettina Benotto, otras de la firma Turbo,
unas más de la empresa Química San José
y otras del consorcio italiano Acca Due Lorena, además
de las que le ha comprado CIMA y TV Azteca.
Lo bueno y lo malo
30 de agosto. Burdeos, Francia.
Es el Campeonato Mundial de
Ciclismo en el veloz velódromo techado de madera. Bello,
impecable,magnífico. Está en el programa la
prueba de puntos, o lo que es lo mismo: adrenalina, inteligenciay
habilidad en la pista.
Belem revive, con emoción, aquel momento imborrable:
–Entré a la pista
con frialdad, fuerza y ganas de tener un buen resultado. La
adrenalina corría en
mí, la sentía. Todo empezó tranquilo
y, cuando íbamos a la mitad, me lancé por la
punta pese a
sentir ligeros dolores en las piernas. Sentía que el
corazón latía como nunca y que la respiración
iba al ciento por ciento.
En el giro 75, vino un accidente:
En el grupo, la bicicleta de
Belem tocó a otra corredora dentro del grupo y, por
la velocidad que
llevaba, derrapó la jaca de acero. En la rodilla y
brazo izquierdos se registraron raspones, le ardían
las heridas. Rápidamente recibió el auxilio
del médico y del mecánico. Los comisarios aplicaron
el reglamento: le concedieron tres vueltas de recuperación.
Prosigue Belem en su relato:
–Sentía un dolor
de cabeza impresionante, no tanto por el golpe, sino porque
había perdido algunos lugares y las piernas ya no me
querían responder. Todo era confuso. Lo único
que hice fue concentrarme y continuar. La desesperación
que sentía por conseguir el triunfo me estaba minando...
La española Teodora Ruano
aprovechó la debilidad de Belem y en el giro 85 aceleró
el ritmo. Tres giros más tarde, Teresa tenía
una vuelta de ventaja que le aseguraba la medalla áurea.
Lo único que le quedaba
a la mexicana era pelear por la medalla de plata o la de bronce...
y ella fue por la mejor.
–Acabé muerta,
completamente cansada. Se aprende a disfrutar del dolor de
las piernas, del cuerpo cortado como cuando tienes una gripe.
En el podio sentía un nudo en la garganta. Se me salieron
las lágrimas, todavía sentía miedo, angustia.
Gané ciertamente una medalla de plata, pero pudo ser
la de oro.
–El público se
levantó, me aplaudió como nunca –ni en
México me había pasado algo así–,
me reconocían como una de las mejores del mundo.
El día siguiente fue
de descanso total. Durmió 12 horas seguidas, incluso
sin comer.
Al regresar a México, el recibimiento fue íntimo,
en familia.
Con arroz y un guisado de pipían.
–Mis hermanos me felicitaron,
me decían: “mis respetos, te admiramos”.
Y, también, del trago amargo; una piedra más
en su camino:
–Unos días antes
de salir a Francia, la inmiscuyeron en un lío de dopaje
en el que estaban
envueltos varios ciclistas mexicanos, sin embargo, ante tantas
fallas y anomalías en los controles
antidopaje aplicados en la justa mesoamericana, se rechazaron
tales resultados y la Unión Ciclista
Internacional avaló su
participación en el Campeonato Mundial de Burdeos.
Este es un recuerdo que duele
en la memoria de Belem Guerrero por la falta de interés
y apoyo de las autoridades correspondientes por limpiar su
nombre.
–No, no soy una corredora
tramposa, eso quiero dejarlo muy claro, ese momento ha sido
uno de los más desagradables de mi vida, porque era
mentira y me habían metido en un problema que no era
mío. En verdad estaba apachurrada por lo que algunos
hablaban de mí. En Venezuela me hicieron varios exámenes
antidopaje: cuando gané la de puntos, uno; cuando quedé
en tercer lugar en persecución, otro; y nunca encontraron
nada, pues no había nada que encontrar. No tenía
nada que deber ni de temer, pero hubo gente que me quiso hacer
daño, manchar mi nombre, poner en entredicho mi carrera.
–Y la mejor prueba para
esclarecer este asunto fue que la UCI me autorizó a
competir en el Campeonato Mundial de Burdeos, una instancia
internacional diferente a la ODECABE.
¿Y las bicicletas?
El 11 de agosto, Belem
arribó por la noche a Atenas, procedente de Valencia,
España... ¡sin sus bicicletas! Un desesperado
SOS sobrevino en la delegación mexicana.
A la mente de algunos vino el
recuerdo de lo sucedido a la también ciclista, Nancy
Contreras, que también extravió su bicicleta
previo a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se
celebraron en República Dominicana.
Empezaron las deducciones: la
línea Iberia las dejó en Valencia o se extraviaron
en el aeropuerto de Atenas, que registraba un gran movimiento
de personas y de equipajes. Pero el jueves 12, la alegría
volvió al rostro de Belem. Tenía en su poder
las bicicletas de ruta y de pista, no así la maleta
con ropa y objetos personales.
Incluso, se dio tiempo para
bromear ante el inesperado suceso:
–Huelo como europea –dijo
con una sonrisa–. Estoy preocupada por la ropa, el desodorante
y todo eso, pero qué le hacemos, estamos en Europa.
Estoy acostumbrada a eso.
Bromeaba, pues el equipo español
le prestó una, la de repuesto, que rápidamente
armó su hermano Daniel. Incluso, el jueves rodó
por la tarde.
–Ahora mi problema es
comprar algo de ropa para no tener que lavar diario, como
lo hice anoche, mi ropa interior –dijo Belem. Tras este
incidente, había que enfocarse en la prueba dominical,
la ruta.
Primera mujer mexicana en la ruta Olímpica …
El uniforme rosa con el que
Belem Guerrero pasó a la historia en Atenas, deslumbró
desde la competencia de ruta. Desafiando la tierra de los
dioses, la mexiquense hizo su presentación en la extenuante
prueba de ruta, misma que terminó después de
3 horas 33 minutos 35 segundos, ubicándose en el sitio
46 y formando parte del selecto grupo de 50 mujeres que sí
pudieron concluir el certamen.
Sin sufrir ninguna caída
como se rumoró en la competencia, Belem Guerrero demostró
su casta en las pruebas de resistencia y se convirtió
en la primera mujer mexicana en concluir una prueba de ruta
en Juegos Olímpicos, sobreponiéndose al fuerte
calor que reinaba a las 15:00 horas de aquel 15 de agosto,
cuando inició la competencia, además del fuerte
viento que soplaba en las calles y sitios turísticos
en los que se trazó el recorrido de 118.8 kilómetros
que constó la ruta femenil en la ciudad helénica
y que implicó nueve vueltas al circuito.
La seleccionada nacional peleó
cada peldaño, tras salir en la posición número
61, ya que al no contar con un equipo, su participación
fue relegada detrás de las mejores especialistas de
ruta del mundo, junto con sus homólogas de El Salvador
y Guatemala, que como ella rodaron como únicas representantes
de su país.
En el recorrido se pudo observar
a Belem Guerrero por algunos instantes peleando codo a codo
con la rusa Olga Slyussareva, una de sus rivales en la prueba
por puntos, que en esta ocasión fue medalla de bronce,
sin importarle haber salido en una posición tan retrasada,
por lo que su mejor ubicación fue cuando ocupó
el lugar número 13 al cumplirse el kilómetro
36.6, aunque después se relegó al sufrir molestias
por una posible mala hidratación, que le advirtieron
posibles calambres.
Unas monedas...
Quedaban, pues, horas para su
gran cita: el 25 de agosto de 2004.
Pero, aún quedaba un
imponderable. Una situación que, de no salvarse, pudo
cambiar el curso de la historia...
Sucedió que, por un momento,
Belem corrió el riesgo de no competir.
Daniel, su hermano y mecánico,
se dio cuenta de que la bicicleta de Belem no pesaba los 6.800
kilogramos reglamentarios; le faltaban unos gramos. ¿Qué
hacer? La amenaza de la báscula, la rigidez de los
reglamentos y el tiempo que apremiaba urgía encontrar
una solución.
Daniel recordó que traía
unas monedas mexicanas en su maleta.
Las juntó cuidadosamente.
Eran cinco monedas de cinco pesos, que tal vez pensó
en utilizar como souvenirs, pero en ese momento eran los 30
gramos que se requerían para salvar el problema.Y así,
juntas, las envolvió y las pegó con cinta de
aislar en el manubrio.
Exacto fue el peso. Belem pudo
competir. Y ganar la medalla de plata...
Esos 25 pesos fueron, tal vez,
la gran diferencia entre la presea y la desolación.
Ese amuleto, ingenio de Daniel
debido a la circunstancia, fue definitivo.
Cada cual había hecho
su parte. Tocaría a Belem escribir su historia, su
tercer momento olímpico; su pase a la gloria. Y, por
fin, llegó el día; su hora cero.
Así se repartieron los
puntos, al final del a carrera:
1.- Olga Slyusareva, Rusia, 20.
2.- Belem Guerrero, México, 14.
3.- María L. Calle, Colombia, 12.
4.- Erin Mirabella, Estados Unidos, 9.
5.- Vera Carrara, Italia, 8.
6.- Sarah Ulmer, Nueva Zelanda, 8.
Tres días después,
una gran decepción para el ciclismo: el Comité
Olímpico Internacional dio a conocer que la colombiana
María Luisa Calle Williams había dado positivo
en el examen antidopaje y que, por lo tanto, había
que entregar la medalla de bronce obtenida en la lid. Calle,
de 35 años, utilizó la sustancia heptaminol,
por lo que la presea de bronce quedó finalmente en
manos de la estadounidense Mirabella.
Si Calle había decepcionado
a los colombianos, la demostración de humildad y enorme
esfuerzo desplegado por Belem cautivó a los mexicanos.
Pero cabe señalar: en octubre de 2005, la UCI decidió
otorgar nuevamente la presea a Calle, debido a varias anomalías
en las pruebas antidopaje en la justa olímpica.
Fragmentos de textos tomados
del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado
por la Conade y EL UNIVERSAL.
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