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Ya, todo ha concluido. Víctor Estrada Garibay ha desquitado su decepción inicial. Ha dejado en el camino al representante de Chile, Felipe Soto; al de Costa de Marfil, N’Guessan Sebastien Konan, y al de Suecia, Roman Livaja.
Sidney
  Soraya Jiménez Mendívil Noé Hernández Valentín
  Fernando Platas Alvarez
Cristian Bejarano Benítez
  Joel Sánchez Guerrero

Víctor Estrada Garibay

Bronce en Taekwondo / Menos de 80 kg.

No es la que quería, pero al final el esfuerzo de Víctor alcanzó para la medalla de bronce.
ARCHIVO EL UNIVERSAL

  Ficha Técnica
 

Víctor Estrada Garibay
Taekwondo
Medalla de bronce
Juegos Olímpicos Sydney, 2000
Fecha de nacimiento: 28 de octubre de 1971
Lugar de nacimiento: México D.F.
Categoría: Menos de 80 Kilogramos varonil

» El diálogo interno de Víctor
» Los reclamos que no debió hacer
» El manotazo de papá
» Fue otro en los combates
» El merequetengue de la prensa
» Impresionante currículum
» El día previo a la competencia

Sydney, Australia
29 de septiembre de 2000

Dos competencias vivió el taekwondoín Víctor Estrada Garibay aquel 29 de septiembre del 2000, en la arena de Sydney, sede de los primeros Juegos Olímpicos del siglo XXI.
Víctor ya no podrá situarse en lo más alto del podio olímpico. La inesperada derrota ante el cubano lo ha dejado fuera. Atrás ha quedado su impecable historial. Atrás, también, han quedado sus sueños e ilusiones.

Su realidad es muy diferente a la que, durante poco más de años, se cifró: Tendrá que esperar que el cubano Ángel Valodia Matos Fuentes no sea derrotado por el sueco Román Livaja para continuar en la competencia... Y en los combates restantes tendrá que ir con todo; jugársela cada segundo ante rivales que, como él, saben que no hay un mañana. Que debe ser hoy, o nunca…

Todos aquellos que siguieron la carrera deportiva del mexicano no encuentran los argumentos para explicar su derrota... Lo cierto es que, según el formato de competencia, Víctor tendrá que buscar sólo la medalla de bronce.

El diálogo interno de Víctor
El desánimo entre los mexicanos es general.

Pero no, no tanto como en el mismo Víctor.

Tal vez esas tres horas y media de receso en sus combates sirvan para que se recupere... Es el mejor pronóstico.

Recuerda Víctor algunas escenas en el vestidor: "Para mi fortuna tuve el apoyo de muchos amigos. Uno de ellos fue el coach italiano, quien se me acercó y me abrazó... Me dijo: ‘Víctor, no te preocupes, sé como te sientes... Para nosotros eres el mejor aunque no tengas la medalla de oro. Ve por esa medalla de bronce, no la dejes... te la mereces’.

Pero, admite Víctor: "Me decía: ‘si se cae todo, que se caiga’. El ego estaba lastimado…

Recuerda: "Iba caminando al área de descanso y la verdad, no me caía el veinte. Me tardé mucho en el vestidor. Allá, en el fondo, me senté en el suelo y me puse a llorar. Como que no lo creía. Pensaba que era una pesadilla. Y empecé a reflexionar: ‘¿qué hice mal?’; y empecé a recorrer el pasado.

Soy muy creyente y creo que lo que a uno le pasa es porque lo mereces, porque la vida te las puso en el camino. Y me preguntaba: ‘¿Qué hice mal?" Y, como si me sirviera de consuelo en esos terribles momentos, me decía: ‘no he sido un mal hijo...’

¿Por qué? No me merezco esto. El punto era de casi un reclamo a Dios. Según lo sentía, no merecía lo que me había sucedido, y durante una hora me mantuve solo, me puse una toalla en la cabeza y no quería que nadie me hablara. Lo que menos quería era oír palabras de aliento. Lo que quería era reflexionar solitario, conmigo mismo, encontrar una respuesta convincente.

"¿Qué me pasó?... Ciertamente sabía que no estaba todo muerto. Sabía del repechaje, que iría hasta donde llegara el cubano... ¿Y si él también era derrotado? Obviamente se caía lo que yo quería: la medalla de oro. Si yo hubiera sido un competidor que iba a unos juegos a ver lo que caía, lo que ganara, seguramente hubiera estado muy tranquilo, pero yo fui a los Juegos Olímpicos de Sydney por una medalla de primer lugar. Para mí era terrible lo que me había pasado".

Los reclamos que no debió hacer
Después de ese combate, al mediodía, vino ese receso de tres horas y media.

Y vino el reencuentro con su familia, el mejor bálsamo para restañar esa herida.
Víctor recuerda el momento de verse ante sus padres, a las afueras del gimnasio olímpico de Sydney:

"Estaban los dos con los ojos enrojecidos. Mi papá me abrazó y después lo hizo mi mamá. Y fue ella quien me gritó: ‘Ve por esa medalla de bronce...’ Y me puse a chillar con ellos. Los tres decidieron, por el momento, olvidar el asunto. Lo mejor: irse a comer…

Víctor: "Yo seguía lastimado, herido, indignado conmigo mismo. Como siempre: uno busca culpables”.

Cuando uno gana, todo sale bien, pero cuando pierdes hay mil culpables. Hubo detalles de jueces, en efecto, pero el que propició todo eso fui yo. El que hizo crecer al cubano fui yo. Quizá esa actitud mía al estar reclamando al réferi me perjudicó. A los jueces, que también son humanos, simplemente, les caes mal. Seguramente piensan: ‘me estás haciendo quedar mal y echando al público en mi contra’ y su respuesta es simple: ‘ahora menos te doy’. Así es esto.

El manotazo de papá
En un principio, en aquel restaurante frente al gimnasio –exclusivo para atletas y familiares–, nadie quiso tocar el tema de los combates.

Pero anota Víctor: "Recuerdo que yo empecé a decirles que ya no quería seguir, que a lo mejor me volvía a pasar lo de los jueces, pero mi papá dio un manotazo en la mesa y dijo: ‘¡Basta ya: vas por esa medalla!’.

Fueron sólo unas palabras, unas cuantas palabras, pero muy efectivas. A la salida del restaurante, tocó el turno a su madre.

Relata Víctor aquella escena: "Me dijo: ‘Víctor, si tu no vas por esa medalla, si tiras la toalla, si no intentas ganar, te vas a arrepentir toda la vida. Tal vez ahora, por esa herida que tienes en el alma, no lo veas tan claramente, pero más tarde te vas a arrepentir. Y te vas a decir: ¿porqué no lo intente? ¿Porqué no fui por ella?. Quizá para ti la veas menos, pero no te olvides que esto es cada cuatro años, que es una medalla y que tal vez no vuelvas a estar en unos Juegos Olímpicos. Así que ¡ve por ella! ¡Quítate tu orgullo y gana esa medalla!

"El tono fue más fuerte, casi de regaño, de frente. Mi mamá siempre había sido así. Es la fuerte de la casa y en los momentos más importantes de mi vida, ella siempre había sido enérgica. Me decía que yo no era el Víctor que ella conocía, y me reclamaba: ‘Desde que saliste al área de combate no peleaste como tu sabes’.

Fue otro en los combates
Víctor hizo caso a las recomendaciones, y por la tarde, fue otro en el área de combate; fue el competidor que todos conocen, sumando victorias, mostrando un dominio abrumador sobre sus rivales. El Víctor que sus padres conocían. El Víctor que la gente del taekwondo esperaba…

El Víctor Estrada que, en el abismo de la derrota, tenía que volver a concentrarse para rescatar una medalla olímpica.

Ya, todo ha concluido. Víctor Estrada Garibay ha desquitado su decepción inicial. Ha dejado en el camino al representante de Chile, Felipe Soto; al de Costa de Marfil, N’Guessan Sebastien Konan, y al de Suecia, Roman Livaja. Y ya espera la premiación: tener en sus manos la medalla de bronce.
Recuerda, ya más relajado: "La sensación fue diferente. Me dije: ‘Qué bueno que ya se acabó este día’. Eran las 21:30 horas.

Toda esa presión se había terminado. Me decía a mí mismo: ‘se acabó la pesadilla’. Y lo único que hice fue quitarme esas sensaciones. Fui al sitio donde estaba mi papá y él me dio una bandera de México. Mi mamá, que no puede estar junto a él cuando esta peleando, estaba hasta arriba, en la tribuna. Después abracé al profesor Hong. Fue una felicitación entre ambos. Estábamos contentos, pero no muy satisfechos, porque ambos sabíamos que esa medalla de bronce no era lo que se buscaba, lo que queríamos…

"Después, me fui al vestidor. Empecé a quitarme el dobok –uniforme– e inexplicablemente me puse a llorar; sin quererlo me vino un momento de llanto impresionante. Sacaba todo: estrés, rabia, satisfacción. Así duré varios minutos, hasta que llegaron el doctor Héctor Tlatoa y Hong. Y ya a la salida me volvía a encontrar con mis padres y entendí: ‘Dios aprieta, pero no ahorca...’

Mientras tanto, aquí, el público mexicano –atento a las transmisiones televisivas y radiales que reseñaban la sesión de taekwondo en el gimnasio olímpico– iniciaba el festejo, aun por el tercer sitio. En los medios informativos todo era actividad.

Un adelanto: El mexicano Víctor Estrada le dio hoy a México su sexta medalla –y tercera de bronce– en los Juegos Olímpicos Sydney 2000, gracias a que se impuso por 2-1 al sueco Roman Livaja.
Estrada se debió conformar con el bronce pese a que era claro favorito al oro, luego de vencer a Livaja en el combate por el tercer lugar, al que llegó con molestias en una pierna, pero que dominó en el primer y tercer rounds.

Las felicitaciones se prodigaron. Víctor Estrada Garibay era ya medallista olímpico. Sumaba esa presea de bronce a un cúmulo de medallas doradas logradas en su ya larga carrera deportiva de más de 10 años. "Ya eres un medallista...", le decían, mas de inmediato respondía con cierta decepción: "sí, pero es de bronce".

El merequetengue de la prensa
Recuerda Víctor: –"Después vino el merequetengue con la prensa, las televisoras. Felicitaciones y abrazos. Cuando terminó todo, eran como las 2 de la mañana. Mis papás se fueron a su hotel y yo me regresé a mi cuarto en la villa. Ahí, ya solo, saqué la Biblia que siempre llevo en mis viajes y competencias y coloque mi medalla sobre ella, en el buró. Fue como agradecer a Dios lo obtenido.

Afuera de la habitación había una terraza, con una vista preciosa, y me quedé ahí, quieto, observando el firmamento. Me decía: ‘ya se acabo todo esto’. Y di gracias a Dios por ser medallista olímpico. Viví momentos infelices, pero me decía: ‘Estoy aquí. Gracias por haber estado en el podio olímpico’.

Esa noche casi no pude dormir, estaba muy irritado. Aún pensaba en esa pelea con el cubano y esa sensación me duró casi dos semanas. Cuando uno como deportista sabe que pierde bien, cuando el rival es superior, no hay problema, pero cuando sabes que pudiste haber dado más, que pudo ser mejor, te queda una sensación horrible, de una impresionante insatisfacción personal.
Incluso, durante esas dos semanas tuve sueños muy feos.

Impresionante currículum
Había llegado el momento olímpico para Víctor Estrada Garibay, en Sydney. Atrás quedaba su impresionante currículum. Una leve muestra: 1989 Copa del Mundo, Egipto (plata); 1992 Campeonato Mundial Universitario, Guadalajara (oro); 1993 Campeonato Mundial, Nueva York (plata); 1994 Copa del Mundo, Islas Caimán, (oro); 1995 Juegos Panamericanos, Argentina, (oro); 1996 Copa del Mundo, Brasil (oro); 1996 Premio Nacional de Deportes; 1997 Copa del Mundo, Egipto (oro); 1998 Copa del Mundo, Alemania (oro); 1999 Juegos Panamericanos, Canadá, (oro).

Era, pues, un deportista acostumbrado a estar en la cumbre. Se había mantenido entre los mejores del mundo y su jerarquía y calidad habían sido mostradas en todos los foros.
¿Era Estrada Garibay un candidato al podio olímpico? Desde luego

Aún cuando en el deporte las circunstancias son tan especiales y caben los imponderables, sólo un neófito no hubiera tenido fe en él. Y al final, el premio no fue de oro... pero la presea de bronce brilló en Sydney.

El día previo a la competencia
Recuerda Víctor el día previo a su competencia olímpica en Sydney: "Estaba muy nervioso, emocionado. Era saber que ya se había cumplido con todo. Que volteabas a ver lo pasado y, ¡caray!, ya no había más. Pensaba y me decía: ‘Han pasado muchos años de mi vida y todo se resume al día siguiente, el día que yo esperaba, el día que había soñado...’ Hay emoción en sus palabras. Y prosigue en su relato: –"Realmente trataba de estar lo más relajado posible. Vi a mi familia, estuve con ellos. Trataba de no pensar más en las peleas ya que las estrategias ya estaban en mi cabeza y, aunque buscaba relajarme un poco, no era posible. Pensaba en la gráfica: que mi primer combate seria contra el iraní, después contra el cubano…

"No, no era una gráfica sencilla, pero recuerdo que fui a la tienda olímpica, desayuné tranquilo, mis papás fueron por la tarde a la Villa y aunque todo mundo trataba de estar tranquilo, se sentía ese ambiente tenso, como que no pasa nada, pero no era así".

Víctor vivía extraños instantes, muy diferentes a los vividos en otras competencias. El taekwondo era ya disciplina oficial del programa olímpico y la tensión no sólo se percibía en el equipo mexicano, sino entre todos los participantes.

Víctor: "Todo mundo estaba intranquilo, así que junto con mis papás fuimos a caminar un ratito".

Por su parte, el entrenador Eun Seok Hong andaba nervioso. Ese día, él se fue a la competencia de 68 kilogramos de hombres y 57 de mujeres. ¿Y cuando te quedaste solo? Víctor: "Lo único que hice fue descansar. ¡Cómo vienen mil recuerdos en esos momentos! Todo lo que hiciste, lo que entrenaste. Vi cartas de mis padres, de mis amigos, de compañeros. Abrirlas, recordarlas; todas ellas con palabras de motivación, de aliento, de leer su mejor deseo: que me enfocara. Que recordara lo que había sacrificado. Mil rollos... Y pensaba: ‘¿Qué pasa si ganas?...
y ¿qué pasa si pierdes?... ¿Qué dirán en la prensa?... Puras tonterías’.

Víctor habla sin descanso, como en aquellas sesiones sobre el tatami golpeando los duros cojines o pateando el palchagi, esa paleta acojinada en forma de raqueta que, a diferencia de otros, a Víctor su firmeza le dura muy poco.

Y continúa: "Me decía a mí mismo: ‘No te preocupes por lo que digan los demás. Es como un juego menta’.

La recomendación del entrenador Hong había sido clara: que entrenara un poco por la tarde para que se quitara el estrés previo a la competencia, pero Víctor no estaba muy convencido de ello.
"Andaba tan nervioso que pensaba que me iba a cansar.

Cuando Seok Hong regresó a la Villa Olímpica, luego de estar en la competencia femenil, Víctor acudió a una sesión de entrenamiento ligero.

–"Como a las 5 de la tarde empezamos a patear un poco, enfocándome en el combate. Sudé, me bañe, traté de dormir temprano, pero no fue con mucho éxito. Son de esas veces que descansas, pero sientes que no estás dormido." Regularmente, Víctor y Hong eran compañeros de habitación pero advertido ya de los fuertes ronquidos del entrenador sudcoreano, Estrada le pidió dormir solo en otra habitación de la Villa para atletas, en alguna de las que habían dejado ya algunos boxeadores. Esa noche, Hong se quedó solo mientras que en la otra lo hicieron las dos competidoras de taekwondo Águeda Pérez y Mónica del Real.

En la cama, con los brazos cruzados atrás de la cabeza, Víctor hacía conjeturas: "Este fue un día bonito, especial, muy padre... No es fácil –aun para muchos competidores– que la familia esté contigo ese día tan importante para ti. La vida me dio la oportunidad de estar junto a ellos. Nada fuera de lo común, pero…

Y prosigue con su relato: "Ese día me fui a la cama como a las 21:00 horas, pero no me pude dormir de inmediato. Eran las 22:30 horas y ya estaba preocupado por el pesaje.

Más aún: inexplicablemente, estaba muy preocupado de que me quedara dormido, jetón. Fue una sensación chistosa: mi cuerpo estaba muy tenso y la adrenalina muy activa. Era como si estuviera drogado, no pude conservar la calma, no estaba tranquilo. Era, en este momento, como un auto que está a punto de encenderse. Me imaginaba ya con el peto, en el área de combate... Todos mis pensamientos estaban enfocados al día siguiente".

Fragmentos de textos tomados del libro Medallistas Olímpicos Mexicanos, editado por la Conade y EL UNIVERSAL.

 

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