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Las drogas, un reto para el COI
¿los juegos mas limpios ?
Archivo EL UNIVERSAL

¿Podrían todos los amantes del deporte ofrecer un aplauso al Comité Olímpico Internacional? Difícilmente algún evento deportivo ha escapado al escándalo del dopaje: desde 1987, se atribuyen al menos 25 muertes de ciclistas al estimulante de glóbulos rojos llamado EPO; el velocista canadiense Ben Johnson resultó positivo en la prueba de anabólicos en Seúl en 1988, la nadadora irlandesa Michelle Smith de Bruin fue acusada de alterar un análisis antidoping sin previo aviso dos años después de salir del anonimato y ganar tres medallas de oro en Atlanta en 1996, y la estadounidense Marion Jones, quien ganó cinco medallas (tres de oro) en Sydney 2000, las cuales se vio obligada a devolver al reconocer que se dopó.

Se trata sólo de algunos ejemplos de deportistas olímpicos que se han visto envueltos en la controversia del dopaje. Sin embargo, el COI cada año se esfuerza por hacer de la olimpiada en turno un evento más limpio que un partido de ping pong jugado en un convento.

Para ese fin, cuenta con muchos expertos antidopaje, también de médicos, científicos y técnicos para realizar las pruebas. Pero los verdaderos expertos del dopaje son atletas como el campeón olímpico alemán, Dieter Baumann, ganador de los 5 mil metros en Atlanta y que en 1999 dio positivo en la prueba de nandrolona, un anabólico reconstituyente del cuerpo. Y el atleta cubano de salto de altura, Javier Sotomayor, ganador de la presea dorada en los juegos olímpicos 1992 y cuya orina mostró rastros de cocaína en los Panamericanos de 1999.

Y la velocista jamaiquina, Marlene Ottey, a quien se detectó nandrolona en el organismo en julio de 2000. El ciclista francés Emmanuel Magnien, que mostró rastros de corticoesteroides, y Marion Jones, quien en octubre de 2007 se declaró culpable de haberse dopado durante Sydney 2000, devolviendo las cinco medallas obtenidas y siendo suspendida por dos años. Son también considerados como positivos los atletas que se niegan a realizar una prueba cuando ésta le es solicitada. Tal fue el caso del húngaro Adrian Annus en Atenas 2004, quién dio negativo dos veces, pero de quien se sospechó una manipulación de muestras de orina. Al negarse el atleta a un tercer control fue despojado de sus resultados.

En principio, todos negaron haber consumido deliberadamente sustancias prohibidas (al igual que Johnson y Smith), argumentando, por ejemplo, que dieron positivo debido a que habían ingerido involuntariamente complementos nutricionales.

"Es naturaleza humana querer ser el mejor, y la única manera de hacerlo es con el consumo de estimulantes", señaló Don Talbot, entrenador principal del poderoso equipo de natación de Australia. "No sólo habrá consumo de sustancias detectables, sino que harán uso de las desarrolladas especialmente para no ser detectadas".

Sin embargo, el verdadero escándalo del dopaje no es que los atletas sucumban a las presiones para ir más alto, más rápido y más lejos por medio de la química. El verdadero escándalo es la resistencia de las autoridades deportivas a instituir políticas severas respecto al consumo de estimulantes e imponer sanciones estrictas.

Aunque el COI ha prohibido su uso desde 1967 y realiza exámenes antidopaje a los competidores desde los Juegos Olímpicos de México en 1968, son muchos los casos de rendimiento alterado mediante estimulantes. Un tribunal en Berlín encontró culpables de "dopaje sistemático" a dos funcionarios deportivos de Alemania Oriental que prácticamente inflaron con anabólicos a muchos atletas, la mayoría de los cuales ignoraba la situación, de 1974 a 1989.

La Federación Mundial de Natación, considerada estricta respecto al dopaje, sancionó en la última década a 27 nadadores chinos que dieron positivo del uso de sustancias prohibidas.

El COI, bajo la dirección de Juan Antonio Samaranch, jamás exigió pruebas de dopaje sin previo aviso fuera de la Olimpiada, que es la mejor forma de atrapar a los tramposos, e incluso los exámenes durante los juegos han causado controversia. En Atlanta, desaparecieron tres de cuatro muestras de orina que habían dado positivas.

Inquietudes respecto del compromiso del COI para celebrar juegos olímpicos libres de drogas surgieron en su reunión sobre dopaje en 1999. Barry McCaffrey, jefe antidrogas de la Casa Blanca, dijo que se había topado con "una enorme animosidad por parte de Samaranch y su equipo . Y aunque McCaffrey y otros asistentes demandaron la integración de un organismo independiente dedicado a realizar las pruebas de dopaje, que resultó en la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), ésta es manejada por miembros del COI. Por su parte, el Comité Olímpico de Beijing hará 4,500 controles de dopaje en los Juegos, por encima de los 3,500 que se hicieron en Atenas cuatro años atrás.

Y un test efectivo para detectar la hormona de crecimiento será puesto en marcha, según anunció la Agencia Mundial Antidopaje. El presidente de la AMA, John Fahey, aseguró que "para los Juegos Olímpicos seremos capaces de detectar la hormona del crecimiento". "No hay duda de que hay una prueba efectiva". Y alertó a los deportistas que pretendan doparse de "los riesgos que correrán". Además, la AMA quiere que China establezca el máximo nivel de control en sus puntos fronterizos para evitar la introducción de sustancias dopantes en el país con ocasión de los Juegos el próximo mes de agosto.

 
 
 
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