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| HISTORIA DEL MARATON |
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| Más de un siglo de trampas,
engaños y traiciones |
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Foto: Archivo EL UNIVERSAL |
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El maratón, la prueba más esperada de
atletismo en los Juegos Olímpicos tiene más
de un siglo de historia de trampas, engaños y
traiciones.
La historia del maratón olímpico de 1904
en San Luis, Estados Unidos, sería increíble
hasta para un guionista de Hollywood.
El cubano Félix "Andarín" Carvajal
perdió todos sus ahorros en un juego de dados
y llegó a la línea de partida con pesados
zapatos de vestir, pantalones largos y una boina. Fue
líder y al final llegó cuarto, tras comer
manzanas verdes y sufrir dolores de estómago.
Un corredor zulú llamado Lentauw, quien había
participado en una muestra sobre la guerra de los Boers,
fue corrido de la ruta por los perros.
El neoyorquino Fred Lorz termino primero, pero admitió
más tarde que había contratado un taxi
para la mitad del recorrido.
Finalmente, el ganador fue Thomas Hicks, quien durante
la carrera consumió dosis de estricnina y brandy
para darse fuerza.
Además de trampas y engaños, el maratón
produjo en más de un siglo algunas de las historias
más coloridas de triunfos y fracasos en la historia
de los juegos modernos.
El pastor griego Spiridon Louis se convirtió
en un héroe en 1896 al ganar el primer maratón
moderno.
Mercaderes intentaron llenarlo de regalos. Se conformó
con un caballo y un carro para transportar agua hasta
su aldea.
Afortunadamente no sufrió la suerte de su compatriota
Pheidippides, quien en 490 A.C. corrió de Maratón
Atenas para anunciar la victoria sobre los persas en
la batalla de Maratón, El mensajero gritó
"Regocijados, hemos ganado" y murió
del esfuerzo.
El canadiense Billy Sheering recién pudo, participar
en la Olimpiada de Atenas en 1906 cuando un camarero
de un club le donó 75 dólares de una apuesta
que ganó en las carreras de caballos.
Cuando Sheering ganó la carrera, recibió
de premio una estatuilla de Atenas y un cordero.
Pero el maratón será siempre recordado
por la trágica historia del italiano Dornado
Pietri, quien debe ser uno de los perdedores más
desafortunados de la historia.
En los juegos de 1908, en Londres y al borde de sus
fuerzas, Pietri perdió el equilibrio en la recta
final, se incorporó y volvió a la pista,
pero corriendo en la dirección equivocada.
Como seguía tambaleándose y perdiendo
el rumbo funcionarios olímpicos se compadecieron
de él y lo guiaron hasta la línea de llegada,
aunque debió ser descalificado.
Sin embargo, el drama en maratón queda de manifiesto
en la historia del coreano Sohn Keechung, quien aprovechó
su victoria en la Olimpiada de Berlín en 1936
para denunciar la ocupación de Corea a manos
de Japón.
Sohn fue obligado a adoptar un nombre japonés
y sufrió la humillación de sellar su triunfo
con el himno japonés y la bandera japonesa durante
la ceremonia de entrega de medallas.
Pero aparentemente, la vida le dio a Corea la oportunidad
de remediar el daño en las Olimpiadas de Barcelona
'92 cuando su compatriota, el sudcoreano Hwang Youngcho
derrotó al japonés Koichi Morishita en
una lucha titánica.
En su regreso a casa, Hwang puso la medalla de oro alrededor
del cuello de Sohn, y el anciano dijo, "Ahora puedo
morir sin nada que lamentar". |
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